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¡Al frente, vamos!

Por Carlos Vera, SoB Brasil, 29/8/17

“Si el Partido Comunista no buscara las formas de organización que posibilitaran en cada momento determinado las acciones comunes acordadas entre las masas obreras comunistas y no comunistas (socialdemócratas incluso) estaría probando, por sí misma, su incapacidad de conquistar a la mayoría de la clase obrera por medio de acciones de masas. Degeneraría en una sociedad de propaganda comunista y nunca se desarrollaría como partido para la conquista del poder “. (Trotsky – Sobre el frente único – 1922) 

Momento reaccionario y resistencia

El actual momento mundial se caracteriza por los ataques de la burguesía sobre los derechos más elementales de los trabajadores. La crisis que se profundiza por la continuidad de las políticas que la generó, ha llevado a ajustar más el lazo en el cuello de la clase. Aun así, movimientos de resistencia importantes, aunque puntuales, se han levantado alrededor del planeta.

En nuestro territorio, a pesar del avance de algunos proyectos que unifican a la burguesía, incluida la maniobra reaccionaria del impeachment de Dilma, su consecución no es algo fácil.

La exigencia de los sectores que tradicionalmente, desde 1988 principalmente, venden el alma para sustentación del gobierno de turno, cualquiera que sea su color, buscando garantías políticas y financieras de su supervivencia, son parte importante en eso hoy. Pero el peso mayor en los cuidados con que el gobierno busca establecer en ley lo que determina la voz del dueño está en que, el conjunto de explotados y oprimidos, desde el año pasado, dio muestras de su capacidad de movilización y disposición de resistencia.

Es verdad que la burocracia sindical viene funcionando como freno de un voluminoso movimiento de masas capaz de confrontar el ataque burgués generalizado a todo tipo de derecho y de la posibilidad de un amplio debate en la formulación de un programa político de independencia de clase, aunque mínimo.

En ese aspecto, el petismo que congregó a una generación de trabajadores en la lucha sindical y política, sirvió también para deseducar a la clase y matar la conciencia de clase, arrastrándolos a la conciliación más degenerada, continua ejerciendo cierta fascinación.

La CUT y el sector que hoy conforma la CTB se prestaron a ello desmovilizando a la mayoría de la clase en ese período y hoy, lamentablemente, sirven de mampara a los movimientos masivos (como lo hicieron el 30/06), para negociar con el gobierno y junto al resto de la burocracia las garantías de supervivencia de éste así como también, central e indirectamente, por las garantías electorales de Lula.

Lamentamos también que la izquierda revolucionaria aún no ha sido capaz de confluir a la lucha de manera unitaria: el objetivismo, el oportunismo, el sectarismo, apoyado en algunos casos en una visión electoralista, se ha mostrado una importante barrera para ello.

Los ejemplos más grandes son, por un lado, el principismo sectario y auto-proclamatorio del PSTU, que se abstiene de dialogar y educar a las masas para el agravamiento de la lucha de clases y se encasilla en posiciones nada marxistas de que todo frente es reaccionario y sólo un programa que “haga” la revolución es posible (http://www.pstu.org.br/polemica-nao-amos-para-o-mose-lado).

Por otro lado, tenemos el comportamiento de secta del MRT, tan obtuso, que es incapaz de dialogar, como vanguardia, con las agrupaciones del propio socialismo revolucionario, como lo hizo, por ejemplo, atacando (sin ninguna base y mintiendo) el apoyo del MAIS a las candidaturas de Izquierda al Frente por el Socialismo en Argentina (ver http://socialismooubarbarie.org/post/ridiculo-ataque-del-mrt-pts-contra-la-la-frente-al-socialismo-ifs -y-al-más). Es la punta de lanza de los ataques a la unidad de los trabajadores y sus organizaciones.

Es necesario repasar que no somos la vanguardia de la clase, sino una parte de ella, y en este momento diminuta, aún más por el aislamiento de cada sector. Por eso, desde hace tiempo hemos dado una batalla por la unidad de los sectores más avanzados, dentro del PSOL y fuera de él, para que asumamos la responsabilidad de construir un programa político capaz de afrontar al petismo interno a la clase y a la burguesía como un todo en un proyecto de frente de izquierda socialista que dialogue con el conjunto de explotados y oprimidos, ocupando el vacío que se abrió en las jornadas de junio de 2013.

El segundo semestre de 2017, recién iniciado, por el conjunto de luchas sindicales (fechas base de varias categorías importantes) y principalmente por los embates necesarios para hacerle frente al proyecto de reforma previsional, acaban por determinar la apertura de un campo sólido para el intento de protagonismo de las masas en las calles y de la construcción de unidad de lucha y política, capaz de conformarse en un nuevo instrumento de orientación con independencia de clase para la juventud, trabajadores y para los diversos movimientos sociales. 

Por las enormes posibilidades de acción: ¡VAMOS!

El momento es de “exigir de manera enfática y sistemática que los aparatos convoquen a la resistencia contra Temer y sus políticas reaccionarias, y cuando no lo hagan, es necesaria la denuncia no menos contundente. Pero para que nuestra táctica de exigencias y denuncias sea efectiva y podamos a través de ellas disputar la hegemonía del movimiento de masas, es necesario que las organizaciones sindicales, populares y partidarias independientes construyan foros que combatan la dispersión en que se encuentra la izquierda socialista.”[1]

A pesar del cuadro fragmentado, el semestre pasado repuntó la disposición de lucha de los jóvenes y trabajadores marcada por la mayor huelga desde 1996, que llevó preocupaciones a la burguesía y demostró internacionalmente la fantochada de un gobierno ilegítimo y metido hasta la médula en la corrupción.

Al lado de eso, en el campo de los movimientos sociales, vimos crecer el protagonismo del MTST en la conducción y participación política de los diversos embates y debates en que la izquierda estuvo involucrada, buscando conformar un frente político (y en eso avanza mucho más que el MST) independiente y crítico de aspectos importantes del lulismo.

En el campo del marxismo revolucionario, los movimientos, artículos y propuestas amplias de debate promovidos por el recién formado MAIS, huyeron al debate viciado anterior proponiendo su ampliación con los ojos dirigidos a la construcción de un instrumento político de los trabajadores que venza el sectarismo e izquierdismo vigentes. Muestra de lo dicho es el encaminamiento de su primer Congreso, no dejando de lado la visión internacionalista que debería tomar el evento. Apostamos a ese proceso y las medidas de fusión con el NOS y la entrada en el PSOL.

En este sentido, la propuesta del MTST, a través del Frente Pueblo sin Miedo, de montaje de una plataforma política, denominada VAMOS, con un carácter de independencia y de búsqueda del protagonismo clasista en las calles, con un programa capaz de afrontar el reaccionarismo, conjuntamente con las luchas sindicales que ya empiezan a aparecer, traen un momento nuevo donde la izquierda socialista revolucionaria no puede ausentarse.

Tenemos que disputar el programa y las masas en una acción unitaria que gane al ala izquierda del movimiento y se convierta en el protagonista y conductor político de un nuevo y rejuvenecido movimiento obrero y social, desgarrado del lulismo y con independencia de clase.

¡Vamos, por un Frente de Izquierda Socialista en Brasil!

[1]  Antonio Soler, “Retomar la lucha en las calles contra Temer y su contrareforma”, 13/08/2017, www.socialismooubarbarie.org

 

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Reanudar la lucha en las calles contra Temer y sus contrarreformas

Por Antonio Soler, SoB Brasil, 13/8/17

Después del rechazo en la Cámara de Diputados de la denuncia de corrupción pasiva contra Temer, presentada por la Procuraduría General de la República (PGR), el gobierno se fortalece para avanzar con sus medidas regresivas, pero la clase obrera y la juventud combativa no están derrotadas, lo que coloca para el segundo semestre posibilidades de una nueva reanudación de la polarización política en las calles.

Un gobierno blindado por el podrido sistema político

Incluso pesando sobre Temer fuertes evidencias de que está en el centro de sórdidos esquemas de corrupción, formación de cuadrilla y lavado de dinero durante el ejercicio de la Presidencia de la República -sacando la participación en otros esquemas durante sus dos mandatos como vicepresidente y durante los otros cargos que ejerció-, la denuncia ofrecida por la PGR fue rechazada por la Cámara de Diputados.[1]

Temer obtuvo esa victoria táctica porque la mayor parte de ese Congreso fue elegida con dinero originado en los esquemas de “caja dos”, propinas y favorecimiento de las grandes empresas. Es decir, están involucrados en los mismos sórdidos esquemas de Temer, por lo que su alejamiento alimentaría el proceso investigado que podría llegar a estos mismos representantes burgueses corruptos. Entonces, se trata de una decisión que obedece a la lógica mafiosa en la que los comparsas intentan protegerse a cualquier costo de investigaciones y posibles penalidades.

Sin embargo, la cuestión va más allá, esos diputados financiados, legal e ilegalmente, por los grandes empresarios, representan de manera fiel los intereses materiales de la clase dominante. A pesar de estar dividida en relación con la viabilidad de mantener a Temer al frente del gobierno federal, la mayoría de ella prefiere la permanencia del gobierno, pues un alejamiento podría poner una coyuntura política aún más inestable, el recalentamiento del movimiento por elecciones directas y la lucha contra las “reformas”.

De esta forma, los representantes del gran capital, incluso comprando un tremendo desgaste político con el rechazo del pedido de juicio contra Temer, prefieren, por ahora, dar apoyo al gobierno. Sin embargo, nuevas denuncias están siendo preparadas por la PGR, nuevos hechos pueden surgir contra Temer y, además, no está descartado que el movimiento de masas en el segundo semestre vuelva a jugar un papel importante en el desenlace de la crisis política.

Contrarreformas económicas y políticas

Como parte de la ofensiva total contra la clase trabajadora, se tramita en el Congreso Nacional la propuesta que instituye el voto distrital, la cláusula de barrera y la financiación pública de campaña.

Con el voto distrital simple -llamado “Distritão”- tendría fin el voto proporcional. Estos son los votos de leyenda que permite a los partidos obreros (PSOL y otros), incluso en condiciones extremadamente desiguales de disputa electoral con los partidos burgueses, elegir representantes. Al pasar esta propuesta, estos votos ya no se computarán.

Con la cláusula de barrera, los partidos que no alcanzan determinado porcentaje de votos pierden tiempo de TV, financiación pública y legalidad. Con el fondo electoral, inicialmente 3,6 mil millones de Reales -además del fondo partidista ya existente- las candidaturas y los partidos que representan los intereses de la ínfima minoría de la sociedad tendrán aún más acceso a los fondos públicos.

Como podemos ver, esta contrarreforma política tiene por objeto impedir la representación en el parlamento de los legítimos representantes de los trabajadores, colocarlos en la marginalidad, proteger y reelegir a los políticos burgueses involucrados en los esquemas de corrupción, alejando aún más a las masas de las decisiones políticas.

Sin embargo, la continuidad de las contrarreformas no queda sólo en el ámbito de la representación política. Gobierno, Congreso y clase dominante, tras el rechazo de la denuncia de la PGR contra Temer, se asoman para retomar la discusión y la tramitación de la “reforma de la previsión” en el Congreso.

Reforma que, sumada a la enmienda constitucional que impuso el congelamiento por 20 años en los gastos primarios[2] y el proyecto de ley que hizo retroceder históricamente la legislación laboral, acaba de constituir el trípode de las contrarreformas económico-sociales de este gobierno.

Éstas, sumadas a las “reformas políticas” en curso, significarán de conjunto, si se efectúan, un retroceso en las condiciones socio-políticas de los trabajadores y de los oprimidos.

Peor aún sería que fueran aprobadas sin que la clase trabajadora resista esos ataques, pues derrotas sin lucha tienen efectos aún más nefastos, pues tienden a ser más profundas materialmente y más duraderas en la conciencia de las masas. 

Frente de Izquierda Socialista para luchar y combatir la hegemonía lulista

Es importante que se diga que el avance de las contrarreformas no se debe a la pasividad de las masas trabajadoras, de la juventud o de los oprimidos. En el caso de los sucesos de resistencia a la ofensiva reaccionaria marcaron el primer semestre, sectores importantes de la clase trabajadora acudieron a las calles en actos, marchas, huelgas, ocupaciones y otras formas de lucha, pero las maniobras de la burocracia acabaron por enfriar las luchas.[3]

Los trabajadores y la juventud no están derrotados y tienden a retomar la resistencia, a pesar de las maniobras de la burocracia sindical. En el segundo semestre, además de contar con la creciente indignación a las contrarreformas, sectores nacionales de peso entrarán en campaña por el salario, pudiendo así ser un punto de apoyo de la lucha contra el gobierno.

Las campañas de los gremios nacionales y de los pesos pesados ​​de la clase trabajadora son parte del calendario sindical nacional y ya han causado conmociones políticas en otros momentos.

Ahora estas campañas necesitan ser encaradas por los trabajadores como un punto de apoyo importante contra la ofensiva reaccionaria, un puente para que retomemos la lucha general por el “Fuera Temer”, contra sus “reformas” y por la construcción de una alternativa política de masas al lulismo. Así, proponer la unificación de asambleas, jornadas de luchas y huelgas, por ejemplo, puede ser una táctica fundamental para retomar masivamente el camino en la movilización directa contra Temer.

No podemos escapar al hecho de que los mayores gremios y el movimiento de masas todavía son dirigidos mayoritariamente por la burocracia. Por eso, no podemos prescindir de la más amplia unidad para combatir las políticas del gobierno.

Es necesario exigir de manera enfática y sistemática que los aparatos convoquen la resistencia contra Temer y sus políticas reaccionarias, y cuando no lo hagan, es necesaria la denuncia no menos contundente. Pero para que nuestra táctica de exigencias y denuncias sea efectiva y podamos a través de ellas disputar la hegemonía del movimiento de masas, es necesario que las organizaciones sindicales, populares y partidarias independientes, construyan foros que combatan la dispersión en que se encuentra la izquierda socialista.

Estamos hablando de una táctica de Frente de Izquierda que sirva para intervenir de forma contundente en el movimiento de masas, para que las tácticas de exigencia y denuncia alcancen sectores más amplios y desenmascaren a la burocracia.

Sin embargo, no podemos restringir la lucha inmediata, necesitamos construir una salida global hacia la crisis estructural y un programa alternativo al lulismo que falló como proyecto político alternativo al de la clase dominante.

Tampoco podemos hacernos al debate electoral, necesitamos construir una plataforma común de la izquierda socialista y nombres que puedan representarla en las elecciones, pues la burocracia ya está con “Lula presidente para 2018” con todo en la calle y la burguesía trabaja con dos o tres nombres y espera una definición más clara en relación a quien queda de pie tras el final de la Operación Lava Jato.

Justamente por la condición estructural de la realidad brasileña, es decir, la de que el movimiento de masas es dirigido ampliamente por una burocracia traidora, es que no podemos prescindir de la más amplia unidad entre las organizaciones sindicales, populares y políticas independientes de los patrones y del gobierno.

La unidad que no puede ocurrir de forma episódica, tiene que darse a través de foros más estructurales, frentes políticos y de lucha que sirvan para intervenir de forma eficiente en el movimiento de masas. Para que podamos hacer exigencias y denuncias contra la burocracia y que al mismo tiempo sirva para que la izquierda surja como alternativa política en la lucha y en las elecciones al lulismo.

El PSOL, por ser la mayor organización política del campo de la izquierda socialista, tiene una enorme responsabilidad en la actual situación política nacional. Su dirección precisa inmediatamente hacer todas las gestiones para convocar a las organizaciones de la izquierda socialista para iniciar los debates programáticos de la forma más amplia posible y para construir ese Frente de Izquierda Socialista, presentar su plataforma política, sus candidatos y sus armas.

[1] Para que el presidente ilegítimo pudiera ser investigado habría que tener al menos 308 votos favorables a la denuncia, lo que representa 2/3 del total de votantes de la Cámara de Diputados.

[2] Con esa enmienda constitucional se estableció que por 20 años los ingresos primarios, aquellos ingresos destinados a la salud, educación e infraestructura, deberán ser reajustados apenas de acuerdo como la inflación del año anterior. Es decir, queda fuera de ese congelamiento presupuestario el pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública, la deuda fiscal de sectores del gran empresariado y otros beneficios al gran capital.

[3] Ejemplo cabal de ello en el primer semestre fueron las maniobras burocráticas en relación con la preparación, fecha y realización de la huelga general marcada para el 30 de julio. Sin embargo, la burocracia (sindical y política) no para ayudar al lado de allí. En la votación de la admisibilidad de la denuncia de la PGR, el PT y demás partidos de oposición burguesa al gobierno podrían no haber garantizado el quórum mínimo para la votación de la denuncia, sin embargo, prefirieron dar condiciones regimentales para que prosiguiera la votación, el resultado ya lo sabemos. Lo que demuestra que el posicionamiento de la burocracia lulista en relación con las banderas de “Por ningún derecho a menos”, “Fuera Temer” y “Elecciones directas” no pasa de marketing político para disputar las elecciones de 2018, o sea, nada tiene que ver con disposición real de lucha.