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Crisis en la Iglesia Católica chilena

Por Tofi Mazú, SoB, 24/5/18

Nuevamente, por escándalos de abusos y pedofilia…

El viernes 18 de mayo se dio a conocer la renuncia de todos los Obispos chilenos (31 en funciones y 3 en retiro). Esta noticia fue emitida en una rueda de prensa de la Conferencia Episcopal de Chile luego de varios días de reunión con el Papa Francisco y una jornada entera escuchando los testimonios de cantidad de víctimas de abuso sexual y violación que denunciaban al Obispo Juan Barros Madrid por encubridor. El motivo de su dimisión, dicen los pontífices, es “implorar el perdón” de las víctimas… ¿Un poco tarde, verdad? En el mismo sentido resultan repugnantes las palabras con las que prosiguieron: “Gracias a las víctimas por su perseverancia y valentía” ¿Gracias por qué? ¿Por estar hace ya más de una década denunciando que han cargado toda su vida el peso de haber sido abusados y violados por la jerarquía eclesiástica? Estos monseñores intentan lavarse las culpas con pomposas declaraciones, pero saben tan bien como cualquiera que ninguno de ellos saldrá limpio de esta cuestión.

Diversos sectores han salido a galardonar al Papa Latinoamericano por “ponerse al frente de las denuncias” y a deshacerse en elogios al mismo, alegando que es un paso importante en su afán por erradicar la pedofilia de la Iglesia Católica desde que hubo creado la Comisión contra la Pederastia. Sin embargo, no hace falta irse muy lejos en el tiempo para conocer el recorrido de estas denuncias y sus implicancias. Tampoco, para llegar a la conclusión de que la medida del Papa y los Obispos no es otra cosa que una intento de subsistir como institución ante una coyuntura mundial que les es profundamente adversa.

Karadima: Sumo Pontífice de la Pedofilia Chilena

La renuncia de los obispos es el resultado de años de pelea por justicia de las víctimas de Karadima, ex párroco de El Bosque, que protagonizó, tal vez, los actos de violación y abuso de menores más conocidos de la historia chilena. Durante los años 2003, 2004 y 2005, un conjunto de ex feligreses de dicha parroquia había emitido las denuncias contra el mismo y contra quien fuera otrora su secretario, el actual Obispo Barros, por encubridor. En su momento esas denuncias fueron desestimadas por el Cardenal Errázuriz, quien estaba al frente de la Iglesia chilena por ese entonces, hasta que estalló el caso nuevamente en el 2010, ante pruebas irrefutables. En el año 2011 se condenó a Karadima por pedofilia y efebofilia. Errázuriz osó excusarse con esta pobre declaración: “Les restaba valor, porque eran denuncias que llegaban sin prueba, además estaba el prestigio de Karadima por una parte, segundo, era difícil asimilar que personas adultas durante años hubieran sido abusadas” y recalcando que Karadima tenía “fama de santo”. Barros fue absuelto por una corte judicial, a pesar de que los testimonios lo señalaban no solamente por estar al tanto de las violaciones, sino también por estar presente y ser testigo directo de la violencia. Como si esto fuera poco, el impresentable de Errázuriz fue llamado en 2013 por el flamante Papa Francisco a integrar su Comisión contra la Pederastia (no, no es un chiste de mal gusto).

En el año 2015 Bergoglio bendijo a Barros con el cargo (y el sueldazo) de Obispo de Osorno y fue entonces cuando la bronca volvió a estallar. Dos días después de una reunión donde Francisco había hecho alharaca de recibir en Filadelfia a otro grupo de víctimas de abuso sexual a manos del clero, fue increpado en el Vaticano por una multitud indignada ante la doble moral del Sumo Pontífice. Las víctimas de Karadima le reclamaban que destituyera y enjuiciara a Barros. Al calor del Ni Una Menos, el Santo Padre arremetió contra el feminismo y la izquierda para defender a capa y espada al cómplice del párroco de El Bosque: “No existe ninguna prueba en contra del obispo Barros en 20 años (…) O sea que piensen con la cabeza y no se dejen llevar por todos los zurdos que son los que armaron la cosa. Además, la única acusación que hubo contra ese Obispo fue desacreditada por la corte judicial”). Y así, en un abrir y cerrar de ojos, el Papa de Los Pobres volvió a ser el Bergoglio que siempre fue.

“La Familia”: una horrenda metáfora 

            Envalentonados por la renuncia de los Obispos que conquistaron las víctimas de Karadima, otros y otras se animaron a hablar.  El martes 22 de mayo se dio a conocer la suspensión de 14 sacerdotes en la ciudad chilena de Renacagua. Habían sido señalados por feligreses (menores y mayores) como abusadores y violadores. Estos seminaristas formaban un grupo llamado La Familia (!!!), que funcionaba con una estructura jerárquica liderada por un párroco que se hacía llamar La Abuela, seguido de otros llamados TíasHijas y Nietas. Bajo ese nombre es que buscaban y violaban adolescentes, niños y niñas. No, no es una mala novela surrealista. Es el producto de esta sociedad capitalista y patriarcal. Semejante barbarie se muestra aún más terrible cuando tenemos en cuenta el dato de que la mayor parte de los casos de abuso y violación a menores de edad tiene lugar en el núcleo familiar, develándolo como una mala metáfora de la realidad de muchos niños y niñas.

Ahora bien, la suspensión, arrancada a raíz del escándalo de Barros, no sirve de nada si no se avanza a un jucio. La Iglesia y el mismo Papa deberán responder ante esto.

La crisis de la cristiandad 

            Que la Iglesia Católica está en crisis no es novedad. Hace años que día tras día pierde feligreses, centralmente en Latinoamérica, uno de sus puntos más fuertes. Esto ocurre, por un lado, a causa de “la pegada” de las corrientes evangelistas y evangélicas en Brasil (podríamos decir, un golpe por derecha) y también, al ascenso en masa del movimiento de mujeres, que le pega al Vaticano por izquierda con una fuerza espectacular y en ascenso. Con los derechos de las mujeres en la palestra, resulta repugnante para cualquier mortal una institución que no se ha cansado de tratarnos como incubadoras o versiones terrenales y lujuriosas del mismísimo Demonio. Parte de esto es la organización que crece a diario en los colegios confesionales de nuestro país, donde las pibas y los pibes se les plantan al cura y a las monjas organizando pañuelazos por el aborto legal. El ateísmo y el feminismo crecientes en las nuevas generaciones son un problema para la Iglesia, que es el partido político más grande y antiguo de la burguesía, a la par que uno de los bancos que más dinero mueve. Por eso hace unos años pusieron en el trono de San Pedro a Francisco: el Papa de Los Pobres, al Jesuita, al latinoamericano… un verso que había comprado el kirchnerismo y al que ahora se sumaron el resto de los populistas argentinos de poca monta.

En este contexto es que Bergoglio no pudo seguir haciendo oídos sordos y ubicó a algunos de los pederastas. Si no hacía caer (o al menos tambalear) a la jerarquía clerical del país con más denuncias por pedofilia en el seno de la cristiandad, esto podía derivar en una crisis aún mayor.

La renuncia de los “monseñores”, que aún está pendiente de aceptación a manos del Papa, es un hecho político de importancia. Pero no es nada en sí misma si no se encarcela a los responsables y cómplices, dejando a los niños y niñas a merced de la violencia. Esto es la Iglesia Católica. La misma que fue partícipe de las dictaduras militares en Chile y Argentina. La misma que niega la educación sexual. La misma que persigue a las mujeres en los hospitales para que no accedan a los abortos no punibles. La misma que defiende a los neonazis que golpean homosexuales en ciudades como Mar del Plata. Hay que ponerlos contra las cuerdas, porque por más destitución, renuncia o suspensión que haya, mientras la Iglesia y el Estado sean una unidad, los derechos y la seguridad de las mujeres, niños y niñas van a verse vulnerados. 

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dos millones de manifestantes contra el sistema de jubilación privada

Por Rafael Salinas, 30/3/17

Vuelve a desbordar las calles el movimiento NO + AFPs

El pasado domingo 26, las calles de Santiago y de numerosas ciudades volvieron a colmarse de manifestantes indignados1. En todo el país, la prensa estima unos dos millones que salieron a expresar su repudio al robo descarado que las Aseguradoras de Fondos de Pensiones (AFP) hacen de los aportes de los jubilados.

Las AFPs, como explicamos en artículos anteriores, son una de peores herencias de la dictadura militar-neoliberal de Pinochet, iniciada con el sanguinario golpe de 1973. Aunque formalmente Pinochet dejó el poder en 1990, en verdad su régimen se ha prolongado en muchos aspectos fundamentales, económico-sociales e incluso políticos.

Entre ellos se han destacado dos continuidades particularmente irritantes: la no gratuidad de la enseñanza, sobre todo la superior, y la estafa escandalosa de los “Fondos de Pensiones”, gran negocio de la burguesía parasitaria chilena.

La primera de esas cuestiones motivó periódicamente grandes protestas y movilizaciones estudiantiles, que en el 2011 llegaron a su pico máximo. Esto obligó a dar algunas concesiones, especialmente bajo el actual gobierno de Bachelet.

Ahora, desde el año pasado, llegó el turno de las maldecidas AFPs, que se han convertido merecidamente en blanco de la furia popular.

Ya toda una generación se está retirando bajo el régimen de las AFPs y la estafa la golpea cada vez más brutalmente, incluso a sectores que no eran relativamente mal pagos cuando aún estaban ocupados. Por eso, el año pasado estalló este movimiento masivo.

El actual gobierno de Michelle Bachelet salió al paso con negociaciones y prometiendo “cambios”. Como era de esperar, resultó una estafa… como todas las promesas de la coalición Nueva Mayoría, que tiene la desfachatez de decirse “de izquierda”, integrada por el Partido “Socialista”, el Partido “Comunista”, los demócrata-cristianos y grupos menores.

Bachelet no liquidó las AFPs como era (y es) el clamor popular. El gobierno y sus aliados (incluso algunos como el PC que dice estar contra las AFP), apoyaron la farsa neoliberal de “reforzar la multipilaridad”2. Esos “pilares” aluden a diversas formas posibles de aportes previsionales tanto de los trabajadores, como de las patronales y el Estado. Pero es charlatanería en las nubes que no se refleja en la miseria que cobran los retirados. Es que el único “pilar” que realmente aporta siguen siendo los trabajadores. El Estado tira algunas monedas y el tercer pilar –la patronal– simplemente se lava las manos.

Mientras tanto los parásitos de las AFPs controlan todo… y todo va a sus bolsillos, mientras las pensiones son cada vez más miserables.

Este desastre social del neoliberalismo en Chile lo subrayan incluso entidades que no son precisamente “anticapitalistas”. Entre ellas, el New York Times, que desde hace tiempo advierte que “el sistema de pensiones de Chile, modelo de privatización para muchos, se desmorona”3. O la ultra-neoliberal OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), de la que Chile es miembro. Un estudio de la OCDE lo marca entre sus miembros como el país que paga las pensiones más bajas y pronostica que eso será cada vez peor, dado el sistema de retiro imperante4.

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1.- Ver Rafael Salinas, “Chile – Más de un millón en las calles contra la estafa de la jubilación privada”, SoB n° 394, 25/08/2016  http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8485

2.- Ver en el El Siglo (26/03/2017) –tradicional órgano del PC chileno– el artículo “Más Solidaridad, Multipilaridad, Mejores Pensiones: Nuevo Sistema Mixto”, de la Subsecretaria de Previsión Social, Jeannette Jara Román.

3.- Pascale Bonnefoy, “El sistema de pensiones de Chile, modelo de privatización para muchos, se desmorona”, New York Times ES, 13/09/2016.

4.- “Chile con las pensiones más bajas de países OCDE”, El Mostrador, 01/07/2016


Chile

Una crisis política y del régimen en el camino a las presidenciales

Chile no sólo vive estas protestas masivas que indican además que es unilateral decir que en América Latina todo va hacia la derecha.

Lo importante y de fondo es que no sólo hay una crisis política del gobierno saliente y su coalición Nueva Mayoría. Asimismo, está cuestionado y deslegitimado el régimen político post-Pinochet y también, aunque desigualmente, sus partidos, sean de derecha o “izquierda”.

Este año, en noviembre, habrá elecciones presidenciales. Inicialmente, el desastre y la decepción con Bachelet y su “Nueva Mayoría”, han llevado agua (y votos) al molino de la derecha. Gracias a ellos, pintan otra vez personajes como Sebastián Piñera, el billonario que en el 2014 salió repudiado del Palacio de La Moneda. Por su parte, la Nueva Mayoría, para competir, comienza a desempolvar otras momias aún más antiguas, entre ellas, José Miguel Insulza, ex Secretario general de la OEA, o Ricardo Lagos, ex presidente en el 2000.

Pero estas elecciones presidenciales probablemente no se van a dar en un cuadro “normal”, sino también de deslegitimación del régimen político.

Hay que tener en cuenta que, en Chile, a diferencia de lo que sucedió en Argentina, no hubo un derrumbe de la dictadura militar. En 1990, Pinochet no sólo se fue tranquilamente a su casa, donde nunca jamás fue molestado. Más grave aún, ha sido que el régimen “democrático” que lo sucedió ese año fue, por un lado, un cambio, pero por el otro, una continuidad de su dictadura. No hubo un derrocamiento de la dictadura, sino un régimen pactado con Pinochet y los amplios sectores de la burguesía que lo habían sostenido.

De allí, por ejemplo, que fueran necesarias movilizaciones estudiantiles y populares enormes para horadar en algo el escándalo de la educación universitaria sólo para ricos, dispuesta por el pinochetismo. Y más aún, para acabar con otro engendro neoliberal-pinochetista el robo de las AFP, lo que todavía no se ha logrado.

Tanto las fuerzas de derecha (agrupadas en la coalición “Chile Vamos”), como las de la supuesta “izquierda” que hoy gobierna con Bachelet (agrupadas en la coalición “Nueva Mayoría”) coinciden en el continuismo del régimen heredero de Pinochet.

Esto ha ido generando un profundo (y justificado) descontento y descreimiento político en los sectores populares y de trabajadores. Reflejo de eso fue la enorme abstención en las elecciones municipales del año pasado. ¡Dos tercios de los electores no fueron a votar! La abstención masiva golpeó principalmente a las listas de la “Nueva Mayoría” y favoreció a las de derecha de “Chile Vamos”.

Pero hubo una excepción importante. En Valparaíso, la segunda ciudad del país, de tradicional peso político, surgió una alternativa de izquierda contra el “bi-frentismo” del régimen. Por el 54% de los votos, ganó la alcaidía Jorge Sharp, un ex dirigente estudiantil secundario y universitario de larga trayectoria. Sharp pertenecía a la organización Movimiento Autonomista, que es independiente de la “izquierda” gubernamental del PS, el PC & Cia., agrupados en “Nueva Mayoría”.

¿De dónde salen estos dirigentes y su corriente? Recordamos que, apoyándose en las grandes movilizaciones que tuvieron su pico en el 2011, esa corriente autonomista encabezada por Gabriel Boric, Sharp y otros líderes estudiantiles desconocidos, logró desbancar a los tradicionales dirigentes del PC en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh). Entre ellos estaba la mundialmente famosa y “mediática” Camila Vallejo.

Años después, en 2016, rectificando las tradicionales (y equivocadas) posiciones autonomistas de no intervenir en las elecciones “burguesas”, lograron en Valparaíso ganar las elecciones a Alcalde, una victoria que resonó en todo Chile1.

Ahora, junto con otras corrientes similares “posmodernas”, autonomistas y anarquistas han lanzado un tercer agrupamiento –el Frente Amplio– para enfrentar a las dos coaliciones tradicionales, “Chile Vamos” y “Nueva Mayoría” en las presidenciales de noviembre. Habría mucha presencia juvenil, proveniente en gran medida de los movimientos estudiantiles y sociales.

Esto es algo que, si se desarrolla, podría romper desde la izquierda el escenario político “bi-frentista” instalado en el Chile post-Pinochet.

El proyecto del Frente Amplio, alcances y límites

Con motivo de la sorprendente victoria de Jorge Sharp en Valparaíso el año pasado, nos preguntábamos si había surgido un “Podemos” chileno. Desde ya, ese fenómeno, y más ahora el Frente Amplio, se parecen mucho al Podemos español, sobre todo en sus inicios.

Sin embargo, la situación de España no es la de Chile. Es una realidad que presenta confrontaciones más ríspidas, más “latinoamericanas” y menos “parlamentarias”, agravadas además por las herencias y continuidades de Pinochet en el actual régimen político y social. Por ejemplo, lo de las AFPs, un “incendio” como no existe en España.

El eje político con que el Frente Amplio va a las presidenciales es el de imponer una Asamblea Constituyente que liquide la actual Constitución y otras “herencias de Pinochet”, que “garantice los derechos sociales” como las pensiones, que “diversifique la economía poniendo por delante la soberanía nacional”, que “recupere nuestros recursos naturales y financieros. La sola recuperación del cobre y los fondos previsionales de los trabajadores, permitiría garantizar el derecho y acceso a la salud, educación y pensiones dignas”, etc.

Desde ya que el programa no es marxista revolucionario, y en muchos aspectos es gaseoso. Pero sostiene un enfrentamiento progresivo y por la izquierda con las dos “coaliciones” tradicionales, “Chile Vamos” y “Nueva Mayoría”, que han continuado en Chile el “pinochetismo después de Pinochet”. Su consigna central de una Constituyente para un cambio radical político y económico-social es igualmente progresiva. Pero hay que advertir que sólo la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y sectores populares podrían imponer una trasformación de esas dimensiones.

A partir de allí, hay que observar también que todo esto tiene sus límites. Nos parece bien que un conjunto de organizaciones de origen autonomista y/o anarquista hayan superado el estéril “abstencionismo” en las elecciones del Estado burgués, y se unan para presentar una alternativa por la izquierda. Pero verificamos en sus documentos y actividades que todo ahora se enfoca en el terreno electoral… y electoralista.

Las luchas del movimiento obrero no aparecen, por ejemplo, en la agenda del flamante Frente Amplio. Es verdad que, en Chile, con la dictadura de Pinochet, la clase obrera y trabajadora sufrió su más terrible derrota y que le cuesta remontar. Ya no encabeza las luchas sociales y políticas. Esto se agrava por la burocracia corrupta de la CUT (Central Única de Trabajadores), en gran medida ligada al PC, que es parte del entramado de colaboración.

Sin embargo, en las últimas semanas, se desarrolló la huelga de los 2.500 mineros de La Escondida, la mayor productora de cobre del mundo, que tuvo amplia repercusión latinoamericana e internacional. Simultáneamente, tuvo lugar la “presentación en sociedad” del Frente Amplio. Pero fue como si ambos acontecimientos sucediesen en dos planetas distintos.

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1.- Ver Rafael Salinas, “¿Surge un ‘Podemos’ chileno?”, SoB, nº 403, 27/10/2016 http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8812