En la segunda vuelta, es necesario derrotar a Bolsonaro en las calles y en las urnas

POR ANTONIO SOLER, SoB Brasil

Jair Bolsonaro (PSL) y Fernando Haddad (PT) disputarán en segunda vuelta la elección presidencial con votaciones del 46,62% y el 28,5% respectivamente. Desde el proceso que dio fin a la dictadura militar, esta elección sin duda puede ser caracterizada como una histórica. Desde el Impeachment a Dilma, de la polarización electoral tradicional entre el PT y el PSDB se pasó a una nueva polarización inédita.

La ofensiva reaccionaria que dio lugar al impeachment y a las contrarreformas de Temer, apoyada por todos los partidos tradicionales de la burguesía, por el gran capital y por los grandes medios, terminó construyendo una figura política monstruosa.

Bolsonaro es un diputado del “bajo clero” – ex capitán del ejército que fue expulsado de la fuerza por la participación en un complot para realizar atentados con bomba al final de la dictadura militar – que defiende abiertamente al régimen militar, la tortura, el exterminio, el machismo, el racismo y los ataques a los derechos de los trabajadores. Es producto de la saña de la clase dominante por las contrarreformas y la imposición de una situación reaccionaria que no deje margen alguno para la resistencia de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Pero no es solamente eso. Su ascenso fue producto también de todas las políticas de traición del petismo, del lulismo y del conjunto de la burocracia que  en el gobierno no hizo reformas reales, reprimió las luchas de los trabajadores y la juventud, que ya fuera del poder actuó todo el tiempo para desmovilizar las luchas.

En su táctica electoral, Haddad, en vez de atacar sistemáticamente a Bolsonaro – cuando el PT tenía la mayor cantidad de tiempo en la TV- se ahorró sus críticas a él con el cálculo electoral de que era más fácil derrotarlo en la segunda vuelta que a cualquier otro candidato. Además, cuando el movimiento de mujeres organizó el #Elenão (movimiento unitario de mujeres contra Bolsonaro que reunió a medio millón de personas en Brail el 29 de septiembre pasado), el PT no convocó a la movilización.

Como resultado de esa combinación entre crisis estructural, política ultra-reaccionaria de la clase dominante y de traiciones de la burocracia lulista que desarman a los trabajadores, llegamos a una situación en que por muy poco el neofascismo no ganó la elección en la primera vuelta. Evidentemente que es la lucha de clases que tendrá la última palabra. Pero una victoria de Bolsonaro tendería a colocar una correlación de fuerzas coyuntural mucho más desfavorable para los trabajadores en el próximo período.

El PSOL, a pesar de haber quedado emparedado en estas elecciones por la polarización entre el neofascismo y el reformismo sin reformas, de la total falta de diferenciación con el lulismo, salió fortalecido electoralmente al ampliar su bancada de parlamentarios y tiene la obligación de reorientar su línea política. Para derrotar a Bolsonaro será necesario llevar la campaña a las calles. Ese será el factor decisivo. De no hacerlo, su victoria en segunda vuelta es inevitable. Como partido que se fortaleció en estas elecciones, que tiene prestigio en la vanguardia luchadora y que necesita convertirse en un factor real en la lucha de clases, debemos poner todas nuestras fuerzas en la movilización. Debemos exigir también que la burocracia lulista lleve la campaña electoral a las calles, eso será decisivo.

La tarea no es impulsar una táctica superficial de diferenciación, sino de tener una política que se haga histórica para este momento de gran peligro para los derechos democráticos de las masas, para las conquistas económicas, políticas y sociales de los trabajadores y oprimidos. Derrotar a Bolsonaro en las calles y en las urnas es una tarea histórica para la que tenemos que poner en juego todas nuestras fuerzas.

Anuncios

A un año del 1-O del referéndum de independencia de Catalunya

Por Carla Tog, SoB Estado español

Catalunya vuelve a estar en la escena mundial al cumplirse un año de aquel Referéndum, que a pesar de haber sido declarado ilegal y brutalmente reprimido por el poder del Estado,  movilizó masivamente al pueblo catalán por su derecho a decidir y le dio el triunfo al “SI” a la independencia del Estado español. Vino luego la intervención con el Artículo 155 y con ello la disolución del Parlament,  el encarcelamiento de los miembros del anterior Govern que continúan hoy en prisión acusados de sedición y rebelión y vino la convocatoria a elecciones del pasado 21 de diciembre cuyo resultado favorable al bloque de partidos independentistas  (la suma de Junts per Catalunya, ERC y la CUP)  ratificaba la hoja de ruta hacia la independencia, esta vez de la mano de Quim Torra, hombre de confianza de Puigdemont y nuevo President catalán.

Tras un año de relativa calma y “parálisis” en el procés, moción de censura a Rajoy y asunción del PSOE con Sánchez como nuevo presidente de por medio, la calle vuelve a jugar un importante papel reavivando el conflicto catalán y la crisis político institucional nunca cerrados.

En vísperas del aniversario del Referéndum, el pasado sábado 29 de setiembre el Consejero de Interior Miquel Buch autorizó y permitió una manifestación y un Acto en plaza Catalunya de la Policía nacional que tenía como fin la condecoración a los efectivos que un año atrás llegaron a Catalunya en barco con la orden de reprimir e impedir el referéndum. Una clara y peligrosa provocación a la vez. Pues la respuesta fue rápida y merecida. Ya por la noche cientos acamparon en San Jaume y se convocaron marchas para impedir que la marcha policial se realizara. Finalmente el acto se realizó bajo la custodia de los mossos cuya intervención fue clave para frenar y contener el asedio permanente de los manifestantes que desde varios puntos desbordaban los cordones y vallas policiales al grito de “fascistas, No pasarán”. Al mismo tiempo y a dúo Casado y Rivera comparecían en los medios criticando a Sánchez de ser un rehén de los “golpistas” y lo conminaban a implementar nuevamente el 155.  Los ánimos estaban caldeados y esta situación ayudó a caldearlos aún más de cara al 1-O.

Y así fue que de la mano de los CDRs ya desde muy temprano por la mañana se realizaron cortes de calles, bloqueos de rutas y peajes, manifestaciones, ocupaciones de plazas y asedio a edificios como el Banco de España, la Bolsa o el Movistar Centre que se repitieron en distintos puntos de la ciudad de Barcelona como en el interior del país. En Girona desde las seis de la mañana los CDR ocupaban la estación del AVE, cortaban las vías y luego irrumpían en un edificio de la Generalitat donde y descolgaban la bandera española y la suplantaban por la estelada.

Asimismo dos manifestaciones multitudinarias se desarrollaron en Barcelona durante todo el día, la convocada por los sindicatos de estudiantes que reunió a más de 300 mil jóvenes estudiantes en plaza Universitat que marcharon  a la Generalitat y la convocada por la ANC que terminó con incidentes en las puertas del Parlament ante el intento de un grupo nutrido que pretendía ingresar al recinto, y si bien los mossos parecieron verse rebasados por unos momentos, no tardaron en llegar los antidisturbios que desalojaron el predio a golpe de porra con enfrentamientos y algunas barricadas.

“Tumbemos el régimen del 78”, “Libertad a los presos políticos”, “Buch dimisión” “República en construcción”, “Independencia y República”, “1-O, ni olvido ni perdón’, “Los Mossos también son fuerzas de ocupación”, “Sin desobediencia no hay independencia”,  eran las frases que se coreaban en las calles  y que portaban las pancartas. De esta manera, lo que se pretendía sólo como una efeméride se convirtió en el catalizador del cabreo y el hartazgo que se percibió y expresó en las calles transformándose en una jornada de exigencia y reclamo.

Ese era el estado de ánimo y el sentimiento en general, cabreo y hartazgo. Cabreo contra la policía nacional y los mossos que reprimen  y  cabreo contra Madrid como expresión del centralismo y la unidad del reino de España que le niega a los catalanes su derecho a decidir. Pero a la vez, también ha sido notorio el hartazgo y el fastidio de un amplio sector independentista ante la “pura retórica” y el “simbolismo” por parte de la dirección del procés y ha expresado su malestar  en las calles de manera más radical que otras veces. Desde las calles se ha interpelado directamente, al Govern en general y a Torra en particular, a dar pasos firmes hacia una estrategia unitaria y conjunta (hoy inexistente) para la implementación concreta de la República mandatada el 1-O que Puigdemont dejó en suspenso.

Con esto una nueva caja de Pandora se destapa en el escenario político sumando inestabilidad y polarización. Y es que no se puede tapar el sol con un dedo porque el proceso ya está andando y el capítulo de Catalunya sigue abierto y sin resolverse.

Le toca a Sánchez ver como gestiona la presión por derecha que le acusa de arrodillarse ante los sediciosos y le  exige el 155 o bien adelantar  elecciones y la presión del independentismo que lo ultima a pronunciarse sobre un Referéndum pactado y vinculante, en todo caso tendrá que demostrar su capacidad para manejar y resolver el conflicto.

Del lado del independentismo y ante la evidencia de que hay más división y contradicciones que unidad estratégica, le cabrá a Torra y al resto de los partidos del bloque del independentismo lidiar con la presión de no frustrar  la exigencia y las expectativas que las calles pusieron de manifiesto.

En todo caso, como aprendices de brujo, de un lado y del otro se juegan mucho ante el peligro, de que en esta situación de inestabilidad y polarización, se filtren y desborden las masas con sus propias reivindicaciones de manera independiente de los partidos tradicionales y burgueses que no están por una verdadera desobediencia o ruptura consecuente que vaya hasta el final.

Es por esta perspectiva por la que apostamos y peleamos desde nuestras filas. Toca ahora sacar conclusiones y seguir peleando y trabajando para construir desde abajo una alternativa para los trabajadores, las mujeres y la juventud que defienda y pelee en las calles por el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán en el camino de la destrucción del Régimen del 78 y por la construcción de una nueva sociedad sobre nuevas bases.

Por esto se revela como urgente la necesidad de que el procés se dote de una dirección alternativa e independiente que vaya hasta el final verdaderamente, porque no se puede confiar en la actual dirección que ya ha venido demostrando una y otra vez que juega a las escondidas, jugando al borde pero nunca jugándose a fondo por una verdadera ruptura y desconexión con el Estado Español.

Corriente Socialismo o Barbarie, Catalunya

Estado Español