El origen del 8 de Marzo

Cuando las mujeres empezaron a escribir la historia

Por Tofi Mazú

Se aproxima el 8 de marzo y el movimiento feminista ya viene preparando un nuevo paro internacional, movilizaciones en todos los puntos del globo, asambleas, documentos y cantidad de actividades. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, al calor de la cuarta ola feminista, ha cobrado una relevancia impresionante en los últimos años; y, hoy día, su organización en Argentina pone a prueba los debates estratégicos que atraviesan al activismo. En ese sentido, creemos que amerita traer a la memoria la historia de esta fecha emblemática.

Las mujeres de la clase obrera

La historia del 8 de marzo está marcada por diferentes acontecimientos que tienen como protagonistas a mujeres trabajadoras y militantes revolucionarias  del siglo XIX y el siglo XX. El primer hito que traza esta línea de tiempo de las mujeres en la lucha de clases data de marzo de 1857, cuando las obreras textiles neoyorkinas salieron a las calles en medio de una huelga masiva para reclamar la jornada laboral de 10 horas, y porque ganaban menos de la mitad que sus compañeros varones; manifestación en la que fueron brutalmente reprimidas por la Policía. Medio siglo más tarde, también en marzo, 15 000 obreras irrumpieron nuevamente en Nueva York con la huelga de las planchadoras. Diez años después, en 1908, tuvo lugar el incendio de la Fábrica Cotton, donde murieron 140 personas –la mayoría de ellas mujeres- en medio de una batalla con las fuerzas represivas, que estaban, como siempre, defendiendo la propiedad privada de los patrones. Todos estos hechos tienen matices en su documentación y hay pequeñas variantes y posiciones encontradas. Pero de lo que no hay duda es del origen proletario de esta fecha. Si hay algo que podemos afirmar, sin duda alguna, es que las mujeres escribieron su historia de lucha contra la opresión sufrida como mujeres y la explotación sufrida como trabajadoras.

El orígen socialista del 8 de marzo

Lenin definió al siglo XX como una época de “crisis, guerras y revoluciones”. Las mujeres, lejos de ser ajenas a su contexto, ocuparon un rol fundamental en los agitados tiempos políticos de ese entonces, donde el orden social establecido no dejaba de ser cuestionado por las y los de abajo. Los partidos revolucionarios de la época habían brindado a las mujeres la posibilidad de hacer política, incluso cuando las leyes de diversos países lo prohibían. Así, se yergue la figura de Clara Zetkin, dirigente de la Socialdemocracia Alemana, una revolucionaria que dedicó su vida a encarar la emancipación de las mujeres, en el marco de la lucha por la emancipación de toda la humanidad.

Zetkin intervino tanto en el movimiento obrero como en el movimiento de mujeres, al calor de la lucha por el sufragio femenino. Dio enormes batallas contra el feminismo burgués, que pretendía dirigir esa batalla sólo en función de sus intereses como privilegiadas: sin pelear por el voto de las mujeres proletarias; un feminismo que bajó sus banderas con el advenimiento de la Primera Guerra Mundial, para apoyar a sus gobiernos en esa carnicería imperialista. Una de las principales preocupaciones de esta dirigente revolucionaria era la organización de las mujeres trabajadoras, la participación política de las mismas y la necesidad de terminar con la barbarie que se vivía en las fábricas y en las casas. A pesar de que en numerosos países la sindicalización de las mujeres estaba prohibida, los partidos revolucionarios fueron uno de los principales canales de expresión de las mujeres de la época, activas huelguistas y luchadoras de la clase obrera, y donde no se claudicó ante los gobiernos burgueses en la lucha por el sufragio. De ese movimiento surge, y no de otro lado, el 8 de marzo.

Fue en la Conferencia de Mujeres de Copenhague de 1910, organizada por la II Internacional Socialista, que Clara Zetkin propuso organizar cada  8 de marzo un Día de la Mujer Trabajadoraen memoria de las obreras textiles que habían caído como Los Mártires de Chicago, peleando por sus derechosSi en 1909 las obreras estadounidenses y sus dirigentes socialistas habían dando un paso enorme en escribir la historia, las y los revolucionarios de ese entonces abrazaron con entusiasmo esa iniciativa, haciendo de esa fecha una emblema, bajo el lema “el voto de la mujer unirá nuestras fuerzas en la lucha por el socialismo”. El primer Día de la Mujer tuvo lugar al año siguiente, en 1911.

La fecha escogida de la primera celebración de esta efeméride del pueblo trabajador fue, en verdad, el 19 de marzo. Era el aniversario de la revolución alemana de 1848, cuando el rey de Prusia se había visto obligado a ceder ante la inminencia de un levantamiento proletario, que contenía en sus reivindicaciones el sufragio femenino. El epicentro de este evento fue, obviamente, Alemania; pero se llevó a cabo también en otros países europeos. Como relata Aleksandra Kollontai -dirigente del Partido Bolchevique- en su texto El Día Internacional de la Mujer, la primera celebración del mismo dio a las mujeres oprimidas la posibilidad de intervenir políticamente en defensa de sus propios intereses, en muchos casos por primera vez en su vida. Las amas de casa, las mucamas, las lavanderas, las tejedoras… todas constituyeron ese “tempestuoso y vibrante mar de mujeres” que Kollontai describe tan detalladamente en su artículo.

Este texto de Aleksandra Kollontai data de 1920, tres años después de que la clase obrera rusa tomara el cielo por asalto. En él, la autora afirma: “El Día de la Mujer Trabajadora se organizó por primera vez hace diez años en la campaña por la igualdad política de las mujeres y la lucha por el socialismo. Este objetivo ha sido alcanzado por las mujeres de la clase obrera en Rusia. En la república soviética las mujeres obreras y campesinas no necesitan luchar por el sufragio o por derechos civiles. Ya han ganado esos derechos: el derecho a voto, a participar en los Soviets y a participar en todas las organizaciones colectivas (…) Pero los derechos por sí solos no bastan. Hay que aprender a usarlos. El derecho a voto es un arma que tenemos que aprender a utilizar en nuestro propio beneficio, y en el de la república de los trabajadores. En dos años de Poder Soviético, la vida misma no ha cambiado en absoluto. Solo estamos en proceso de luchar por el comunismo y estamos rodeados por el mundo que hemos heredado de un pasado oscuro y represivo. Los grilletes de la familia, el trabajo doméstico y la prostitución aún son una pesada carga para la mujer trabajadora. Las mujeres obreras y campesinas solo pueden librarse de esta situación y alcanzar la igualdad real, y no sólo en la ley, si ponen todas sus energías en hacer de Rusia una sociedad verdaderamente comunista.

Rusia fue el primer país donde se consiguió la igualdad jurídica entre varones y mujeres, el primer país donde se legalizó el aborto y donde dejó de penalizarse la homosexualidad. Todo, de la mano de la revolución que en 1917 se planteó construir una sociedad completamente diferente, a imagen y semejanza de las y los explotados y oprimidos. La mayor gesta de la clase obrera nació con las trabajadoras en la calle un 8 de marzo, en esa fecha que había sido instaurada por sus hermanas y hermanos de clase de distintos países del mundo, reunidos en congresos y conferencias socialistas.

Las herederas de las obreras que no pudieron quemar

El movimiento feminista, apoyado en importantísimas organizaciones revolucionarias, ha conquistado a lo largo de la historia cantidad de derechos fundamentales. Sin embargo, como supo afirmar AleksandrLa Roja, la situación de fondo de las mujeres no ha cambiado. Cada conquista del movimiento mejora las condiciones de vida de cada una de nosotras, sí; pero con más de un siglo de lucha encima aún sufrimos el flagelo de los trans-travesti-femicidios; en la mayor parte del mundo no podemos decidir sobre nuestro cuerpo; continuamos en los peores puestos de trabajo; y la casa y el prostíbulo siguen siendo verdaderas cárceles para millones de nosotras y nosotres. Es que aún no hemos cambiado el mundo. El poder no lo tenemos las y los trabajadores. El mundo sigue rigiéndolo ese 1% que vive a costa nuestra. La guerra contra el capitalismo patriarcal que las obreras de la Cotton habían emprendido cuando fueron calcinadas sigue vigente y hoy, en tiempos que se avizoran más tumultuosos, se nos manifiesta con todas sus fuerzas.

El movimiento feminista del siglo XXI protagoniza la resistencia a gobiernos como el de Bolsonaro, Trump o Macri. La irrupción callejera de la marea verde hizo temblar en sus cómodos sillones a los parlamentarios del status quo. Las mujeres despedidas, y las compañeras de vida de los despedidos de fábricas con personal masculino, están en la primera fila enfrentando el brutal ajuste del gobierno. A pesar de la banalización que sectores de la burguesía pretenden hacer de nuestro movimiento, de transformarlo en una cáscara vacía que no se plantee el norte de la emancipación, la historia no puede ocultarse. Este movimiento es heredero de aquellas que no bajaron las banderas en pos de la guerra imperialista. Este movimiento es heredero de las que sobrevivieron para vengar a sus muertas en manos de la patronal y el Estado burgués. Este movimiento es heredero de las rusas revolucionarias que salieron a enfrentar a los cosacos del Zar, mientras sus hermanos caían en las trincheras de la guerra imperialista. Este movimiento es heredero de las que lucharon junto a sus hermanos y hermana de clase, unificando las batallas contra un mismo enemigo: este sistema barbárico de opresión explotación.

Las Rojas inscribimos nuestro feminismo en la bandera del socialismo, en la perspectiva de construir un mundo completamente nuevo. Para ello, necesitamos de todas nuestras fuerzas. Las mujeres y las, los y les trans travestis conformamos una trinchera estratégica en la lucha contra este sistema putrefacto, donde empresarios, funcionarios y sacerdotes dictan las leyes. La dictadura del capital gobierna con brazo patriarcal cada vez más evidente y por eso nos ponemos de pie y las feminsitas somo una plaga cada vez más temida por los gobiernos de todo el mundo. Pero por eso mismo, del propio riñón del feminismo resurgen las corrietes reformistas y burguesas, esas que quieren dividirnos, separarnos y atarnos las manos para que no avancemos en cuestionarlo todo. Si antaño el feminismo burgués buscó maniatar a las mujeres obreras para cerrar filas con los gobiernos imperialistas, hoy en Argentina se abrazan con el Vaticano y gobernadores como Manzur. Es por eso que, para nosotras, se vuelve imperiosa la construcción de un #8M independiente, que retome las banderas de quienes supieron construir esta fecha con el objetivo de cuestionar el poder burgués.

Como dijo Rosa Luxemburgo, no tenemos nada que perder a excepción de nuestras cadenas. Las, los y les explotados y oprimidos tenemos, en cambio, un mundo por ganar. Y el movimiento feminista está llamado, hoy más que nunca, a cumplir un rol fundamental en esa tarea emancipatoria. Sigamos haciendo historia.


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¡Por un 8 de marzo de lucha desde abajo!

A llenar las calles

La coyuntura actual se caracteriza por un giro a la derecha en la situación política internacional, ante la cual se impone un clima reaccionario y conservador. Por este motivo, son constantes los ataques contra los derechos de la clase trabajadora, las mujeres y la población LGBTI, es decir, los gobiernos aplican el ajuste, recargan la crisis económica sobre la clase trabajadora y amenazan los derechos democráticos.

Estos ataques reaccionarios producen polarización, pero no se quedan sin respuesta, por el contrario, generan luchas de sectores explotados y oprimidos, en Estados Unidos con la huelga docente en Los Ángeles, en Argentina contra el tarifazo y el ajuste de Macri, en Brasil con el movimiento #Elenão contra Bolsonaro, en Costa Rica contra el combo fiscal, en Francia los chalecos amarillos contra Macron.

La elección de Jair Bolsonaro en Brasil refleja este giro reaccionario con el cual resulta electo un gobierno anti-democrático que ataca los derechos de las mujeres ya adquiridos y obstaculiza nuevas conquistas. Por ejemplo, Bolsonaro avala la brecha salarial entre hombres y mujeres, en un país donde estas ganan alrededor de 25% menos que los hombres y las mujeres negras incluso 60% menos. También, reproduce la cultura de la violación mientras ocurren 135 violaciones diarias y en lo que va del año se registran más de 100 casos de femicidios. Aunado a la anterior, se opone al derecho al aborto  y quiere restringirlo aún más para eliminar este derecho en caso de violación y en riesgo de vida para las mujeres.

Esta victoria de la extrema derecha machista amenaza a la clase trabajadora, las mujeres y la población LGBT+. Así, tras la elección, las agresiones y muertes a causa de la homolesbobitransfobia se dispararon, razón por la cual, Jean Wyllys del PSOL (diputado de izquierda y gay) debió exiliarse ante las amenazas de muerte. Los ataques a la clase trabajadora tampoco se hicieron esperar, el primer día de su asunción, Bolsonaro anunció el decreto que disminuye el salario mínimo previsto para este año. Asimismo, las mujeres brasileñas son amenazadas con la flexibilización del porte de armas y la reforma de la previsión, proyectos que afectarán directamente a las mujeres trabajadoras. Además, en su alianza con sectores evangélicos para atacar los derechos de las mujeres, designó como Ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos a Damares Alves, quien es una pastora evangélica, militante contra el aborto y la educación sexual.

Otro ejemplo del giro reaccionario y misógino es el avance de Vox en Andalucía. De todas las condiciones que podía haber puesto para apoyar la investidura de un presidente del PP fue la supresión de las políticas de género porque pretende ocultar la violencia patriarcal entre las otras violencias del ámbito doméstico para despojarla de su carácter estructural, cuando lo primordial no es el escenario, sino la causa, es decir, el patriarcado. En respuesta a las provocaciones misóginas de Vox, hubo multitudinarias movilizaciones de mujeres en Andalucía y en otras ciudades.

En el caso de Centroamérica, también se ha dado un giro a la derecha con gobiernos reaccionarios y conservadores. En Honduras impera una dictadura por parte de Juan Orlando Hernández con la persecución y asesinato de ambientalistas contra el capital transnacional. Por otro lado, el reciente triunfo de la derecha en El Salvador con Bukele (quien mantiene una denuncia por violencia de género) se posicionan más políticas neoliberales y conservadoras en ataque principalmente de los derechos de las mujeres. En Costa Rica, el gobierno de Alvarado se ha caracterizado por implementar políticas en contra de la clase trabajadora, como la reforma fiscal en función de los intereses de la burguesía y sectores empresariales, además, se cuenta con una Asamblea Legislativa tomada por el conservadurismo fundamentalista, quienes han sido los principales opositores de los derechos de las mujeres y población LGBT+. Y por último, en Nicaragua, la dictadura de Ortega-Murilo ha desatado una escala de represión brutal que ha tenido como saldo una gran cantidad de presas y presos políticos. 

El conjunto de gobiernos reaccionarios tiene en común su embestida contra la clase trabajadora, las mujeres y la población LGBT+. Ante lo cual, el movimiento de mujeres se organiza y pasa a la ofensiva en una guerra abierta, como hemos visto con Trump en Estados Unidos, con Bolsonaro en Brasil, con Macri en Argentina y ahora con Vox en España.

Por este motivo, para desacreditar al movimiento de mujeres, los reaccionarios y machistas necesitan descalificarlo, por eso arremeten contra la “ideología de género”, un término acuñado por el Vaticano y adoptado por la extrema derecha. Así, la Iglesia Católica (a través del Papa) provoca al movimiento de mujeres, por ejemplo, recientemente Bergoglio enunció que “todo feminismo es un machismo con falda”, a propósito de las críticas a la Iglesia por la complicidad con los pederastas. Si la Iglesia y el Papa dan este tipo de declaraciones es porque la fuerza de la lucha feminista es indudable y se revela a la opresión de las mujeres que históricamente la Iglesia ha reproducido junto a otras instituciones que sostienen al sistema patriarcal.

En esta coyuntura, el movimiento de mujeres está a la ofensiva, en ascenso y a la vanguardia de las luchas con cada vez más participación de jóvenes, esto se puede percibir a través de la lucha feminista en América Latina y el mundo entero. Algunas de estas peleas significativas son: la enorme y heroica lucha por el aborto legal en Argentina, la lucha de las chilenas contra el acoso sexual en las universidades, las 5 millones de mujeres de India que realizaron una cadena humana de 620 kilómetros en Kerala para exigir sus derechos.

El movimiento feminista en Argentina destacó mundialmente por la lucha histórica para exigir el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. En el último período ha dado épicas batallas, como las vigilias del 13J y el 8A, donde posicionaron la tradición de lucha para conquistar los derechos de las mujeres. Es así como la fuerza de las mujeres es imparable porque se construye en las calles, en los lugares de estudio y de trabajo, es la fuerza de un movimiento que hace temblar la tierra, un movimiento que puede también avanzar en la lucha contra el capitalismo y el patriarcado.

Desde Las Rojas nos posicionamos como feministas socialistas, es decir, consideramos necesario que el movimiento de mujeres adopte también un carácter anticapitalista para luchar contra el sistema económico que nos explota y condena a la miseria. Nuestra propuesta para la organización de las mujeres consiste en construir un movimiento que luche en las calles junto a la clase trabajadora contra el capitalismo patriarcal, por un mundo sin opresión ni explotación.

Por eso, la pelea por el derecho al aborto es estratégica, no solo es por la libertad de decidir sobre nuestro cuerpo, sino por la capacidad de organización y movilización que despliega para ganar un apoyo social nunca antes visto, para luchar contra las instituciones religiosas que oprimen a las mujeres y LGBT+, contra los gobiernos que utilizan nuestros derechos como moneda de cambio. Por eso, es necesario seguir peleando en Argentina y todo el mundo por el derecho a decidir de las mujeres y personas gestantes, depositando confianza únicamente en nuestra propia fuerza para que la marea verde triunfe y se expanda por América Latina y el mundo entero. Además, esta batalla une al conjunto de las y los de abajo, con la capacidad de derrotar políticamente al gobierno de Macri, en el caso de Argentina, así como a la Iglesia y a los reaccionarios. Por lo tanto, la gran lección que se desprende del ejemplar movimiento de mujeres en Argentina radica en la organización y movilización, ambas claves para avanzar en las luchas y conquistas de sectores explotados y oprimidos.

En este contexto de ofensiva reaccionaria y de fortalecimiento en las luchas de mujeres tendrá lugar el tercer Paro Internacional de Mujeres del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, oportunidad para salir a luchar y pararle la mano a los gobiernos reaccionarios, a los agresores y a los conservadores, para detener las políticas de ajustes que condenan a las mujeres a más violencia estructural, además, para exigir que la Iglesia y el Estado sean asuntos separados, así como el derecho a decidir de las mujeres y cuerpos gestantes. 

Las mujeres del mundo irrumpiremos en las calles para que se escuchen nuestras demandas porque en la lucha contra esta oleada reaccionaria y conservadora requerimos organización, movilización y unidad con sectores explotados y oprimidos. Es crucial seguir fortaleciendo este movimiento de mujeres que se está levantando en el mundo entero, así como crear lazos con la clase trabajadora y la población LGBT+ para enfrentar unificadamente los ataques de los gobiernos y avanzar en nuestros derechos.

¡Sumate con Las Rojas este #8M a esta jornada internacional de lucha contra los Trump, los Bolsonaro, los Vox y sus campañas de odio contra la comunidad LGBT+, por el aborto legal y los derechos de las mujeres, travestis y trans en todo el mundo! ¡Por un movimiento feminista anticapitalista, desde las, los y les de abajo!

 

¡Contra el ajuste de los gobiernos reaccionarios y misóginos!
¡No más violencia estructural contra las mujeres!

¡Basta de ataques a la comunidad LGBT+! ¡No más muertes por homoblesbobitransfobia! ¡Todos los derechos para todas las personas!

¡Por el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito! ¡Educación sexual laica, científica y feminista ya! ¡No a los embarazos subrogados!          

¡Ni Una Menos! ¡Vivas nos queremos! ¡Basta de violencia contra las mujeres,
no más acoso sexual ni femicidios!

¡Por la separación entre Estado e Iglesia!
¡Fuera los curas y pastores de la política!

¡Basta de trata y explotación sexual, no más prostitución!
¡Por el desmantelamiento de las redes!

¡Trabajo y salario digno para todas! ¡Mismo salario por el mismo trabajo!
¡Cupo laboral trans!

¡Todos los derechos para las inmigrantes! ¡Nadie es ilegal!

Estado Español