Una ambigua declaración de independencia con final abierto

Después de la declaración de Puigdemont en el Parlament catalán

Una ambigua declaración de independencia con final abierto

 Carla Tog, Barcelona, 11 de octubre 2107 

El día de ayer fue un día muy esperado. Se aguardaba que desde el Parlament el president de la Generalitat declarase la independencia en honor al referéndum del 1-O y a los resultados del mismo. Y así lo hizo, pero bajo una formulación enigmática para inmediatamente después suspender los efectos de la misma y proponer el diálogo…

Pelota para Rajoy  

Veamos lo que dijo Puigdemont ante una multitud que se congregaba ansiosa para presenciar en directo el pleno del Parlament desde las pantallas instaladas en el predio del Arc del triunf. Familias enteras, grupos de amigos, columnas de estudiantes, una treintena de tractores portando esteladas que al llegar fueron recibidos con aplausos y que formaron un pasillo que desembocaba en la pantalla en la que TV3 hacía la transmisión y mucha  prensa internacional, escucharon atentas las palabras del president.

“Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república.

“Esto es lo que hoy corresponde hacer. Por responsabilidad y por respeto.

“Y con la misma solemnidad, el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada”.

De esta manera Puigdemont, contando con la legitimidad que la acción del 1-O expresó y a sabiendas de que se movía entre las amenazas del gobierno (junto a sus aliados incondicionales del PSOE y Ciudadanos) y la expectativa surgida del proceso, con este anuncio pateó la pelota directamente al campo de Rajoy.

Pelota para Puigdemont 

Rajoy recibió el balón e inmediatamente contraatacó el día de hoy.

“Comparezco ante ustedes para informarles de la decisión adoptada por el Consejo de Ministros… Este compromiso de claridad es más importante todavía ante la confusión generada por los acontecimientos que se vivieron ayer en el Parlamento de Cataluña.

“El Consejo de Ministros ha acordado esta mañana requerir formalmente al Gobierno de la Generalidad para que confirme si ha declarado la independencia de Catalunya, al margen de la deliberada confusión creada sobre su entrada en vigor.

“Este requerimiento, previo a cualquiera de las medidas que el gobierno puede adoptar al amparo del artículo 155 de nuestra Constitución, pretende ofrecer a los ciudadanos la claridad y la seguridad que requiere una cuestión de tanta importancia.

“(… )En la respuesta que el presidente de la Generalitat dé a este requerimiento ahí se marcará el futuro de los acontecimientos en los próximos días. Si el señor Puigdemont manifiesta su voluntad de respetar la legalidad y restablecer la normalidad institucional se pondría fin a un período de inestabilidad, tensiones y quiebra de la convivencia.

“Eso es lo que todos quieren y esperan, lo que se le ha venido reclamando con insistencia. Es urgente poner fin a la situación que se está viviendo en Cataluña; es preciso que vuelvan la tranquilidad, la seguridad y el sosiego y que lo hagan a la mayor brevedad posible”.

Se ratifica una vez más el gobierno en su postura. “Independencia” es la palabra que Rajoy no quiso ni quiere escuchar. Ni está dispuesto a aceptarla. Y de ahí no se baja. Pero Puigdemont la dijo aunque dejó su aplicación en stand by…

Por esto mismo, y a pesar de que Rajoy tomó nota de que por ahora para calmar los ánimos y frenar los ímpetus le alcanza con las amenazas y el miedo, y también sabe que Puigdemont no ha sido consecuente y se cuida todavía de las amenazas, es que vuelve a patear la pelota a Puigdemont con el agravante de que la movida va acompañada de la activación del artículo 155 de posible intervención a la autonomía catalana.

La CUP: los límites del parlamentarismo  

No menos curiosa como chocante resulta la actitud de CUP.  Porque luego de apostar y confiar en el juego parlamentario e institucional, apoyando la formación del actual Govern, “en nombre del procés”, ahora se cabrean y hacen el show de “salirse del parlamentarismo” ante el anuncio de Puigdemont; resulta poco creíble a esta altura que pequen de tan ingenuos ante una posible maniobra de capitulación de Puigdemont.

Se dice que la CUP ha quedado “sorprendida y muy enfadada” con el anuncio de Puigdemont y le dan “un mes para que declare la independencia” y que en caso contrario “dejarían de trabajar en la actividad parlamentaria”, con lo cual Puigdemont quedaría sin mayoría en el Parlament y deberían convocarse a nuevas elecciones catalanas.

Sin embargo, esto no va de enojo ni de caprichos pequeñoburgueses; se resuelve no en el juego parlamentario sino en la movilización en las calles, en la apuesta al desarrollo de los elementos de auto-organización que de manera embrionaria e incipiente se observaron en el 1-O; al problema de ganar a los trabajadores catalanes y del resto del Estado a apoyar el derecho a la autodeterminación.

Lo hipócrita es que la CUP, que llamó a confiar en Puigdemont y en el juego parlamentario colaborando con la formación del Govern actual, nunca alertó ni preparó al movimiento que votó y salió a las calles ante una probable capitulación, y nunca apostó ni apeló ni se jugó a la movilización para desbordar en las calles y por izquierda el proceso. Por eso no se entiende su estrategia, a qué juega y de qué la juega…

Podemos y Colau, alineados en contra de la DUI 

No podemos dejar de repetir y dar cuenta del rol traidor y entregador de Podemos y Colau. Que han salido corriendo y sin reparos a echar agua al fuego sumándose a la sucia campaña de miedo y amedrentamiento de Rajoy y al coro de llorones de Puigdemont al punto de rogarle de rodillas que ni se le ocurriera declarar la independencia porque esto implicaría que el gobierno activase el protocolo del Art 155…

Y hoy respiraban tranquilos y le agradecían tanto a Rajoy como a Puigdemont el “bajar la tensión”… En síntesis: han venido siendo funcionales a la política del gobierno y enemigos de la causa y las aspiraciones del pueblo catalán.

Escenario abierto

Todo esto deja un escenario todavía abierto. Hay incertidumbre, pero no derrota; hay inquietud, pero no desilusión. Tampoco hay alegría, ni enojo desbordante. Ni euforia, ni decepción. Peligro de capitulación, si, y final abierto…

Porque la expectativa previa al anuncio era inmensa y la gente quería escuchar que desde el altavoz se declarase claramente la independencia; pero tampoco deseaba hacerlo pagando el costo que este paso suponía ante la inamovible y amenazante postura de Rajoy de “sacar los tanques” e intervenir (recordemos que la base social del movimiento independentista es básicamente de clases medias y juvenil).

Porque cierto es que la campaña del miedo caló con las amenazas de represión y el traslado de las casas matrices de bancos y empresas catalanes a otros lugares de España. Y tanto el Gobierno como Puigdemont tomaron nota de esto. No debemos olvidar que el PDdeCAT es un partido burgués hasta la medula y neoliberal, lo que coloca una inmensa contradicción en esta imposible “revolución burguesa” cuyas bases sociales cada vez se desdibujan más.

Aun así, la expectación continúa. Y continúa no sólo por lo que significó y significa el proceso para el sentir de la gente (proceso que se radicalizó a partir de la represión de Rajoy), sino también por el anuncio mismo de ayer de Puigdemont que presentó una formulación de DUI tan compleja como contradictoria.

La realidad que ha quedado evidenciada es que la Declaración de Independencia con efectos suspensivos que formuló Puigdemont es una fórmula que encierra un acertijo político cuyo contenido no está develado aún. La única y verdadera exigencia de Rajoy es que se retire la DUI. Y es por esto que presiona tirándole nuevamente la pelota para que aclare las cosas y los términos.

La propia ambigüedad de la declaración de independencia sumada a la nueva movida de presión del gobierno puede eventualmente llegar a significar una total y absoluta capitulación en caso de aceptar retirar la DUI, pero también puede encerrar una capitulación mediada y en cámara lenta, sin una definición clara del proceso. Eso, por ahora, sólo lo conoce Puigdemont.

Por eso no caben las valoraciones desmoralizantes o derrotistas que ya dan por “muerto” el “procés” ante el titubeo y no definición de Puigdemont.

Porque si de algo también tomaron nota Rajoy y Puigdemont es que aún no hay un sector radicalizado que pueda eventualmente salirse del cauce “normal” de las cosas e inclinar la balanza del lado de la independencia. Pero también saben que por cómo se han ido dando las cosas, las pasiones y la posibilidad de que un sector se radicalice y salga a escena no es nada descartable.

Y a eso hay que apostar y jugarse. A la radicalización, no a la desmoralización y a que bajen los ánimos sin más. Somos conscientes de la dirección burguesa del proceso; somos conscientes del gran déficit que significa que no esté la clase obrera en el centro siendo la protagonista con sus métodos y sus luchas traccionando al resto de la población en esta pelea por el derecho a decidir del pueblo catalán.

Por esto, queda planteado el hecho concreto y el desafío de que al calor de la experiencia el movimiento de masas por la independencia vaya madurando y sacando conclusiones políticas y de futuro. Esto en la perspectiva más de fondo de superar a la actual dirección burguesa y su programa, que en última instancia responden a los grandes grupos económicos.

Ante este panorama habrá que esperar la respuesta de Puigdemont en los próximos días y con esta ubicación y esta orientación ir viendo y acompañando el desarrollo de los acontecimientos que si siguen un cauce de conflicto y radicalización pueden profundizar el proceso democrático e independentista lográndose ganancias en su composición de clase y alternativas de dirección.

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De Companys a Puigdemont, dos vidas no paralelas

Por Claudio Testa

El martes pasado, se reunió el Parlament de Catalunya para escuchar la esperada declaración de independencia que había prometido el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont Casamajón. Simultáneamente, muy cerca de allí, en el Passeig de Lluís Compays había sido convocada una gran concentración popular pro independencia.

Mediante pantallas gigantes instalada para la ocasión, la multitud concentrada en el Passeig de Companys siguió la sesión del Parlament… y fue derivando de la euforia y la esperanza, a la desilusión… y muchos a la indignación. Quizás también para algunos el termómetro de la bronca subió algunos grados adicionales por el lugar donde habían citado a la concentración independentista. Sonaba como una burla.

Es que el paseo de Lluis Companys (1882-1940) conmemora a la gran figura histórica del nacionalismo catalán. Aunque de ninguna manera fue un socialista revolucionario, Companys –presidente de la Generalitat de Catalunya en dos ocasiones– fue un luchador por los derechos de una nacionalidad oprimida, la nación catalana… Y pagó eso con su vida…

Cuando estaba exiliado en Francia, fue capturado por la Gestapo en agosto de 1940 y entregado luego al gobierno fascista del “Generalísimo” Franco. Después de ser torturado varias semanas, fue fusilado en el castillo de Montjuïc, Barcelona, el 15 de octubre.

Justamente esta semana –en que se esperaba la proclamación de la independencia de Catalunya– se cumplían 77 años del fusilamiento de Companys por los padres del actual régimen monárquico de Madrid…

Pero se equivocaron quienes suponían que Puigdemont y su eterno acompañante –Oriol Junqueras de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)– iban a seguir el ejemplo de lucha de Companys. Una cosa es tener a Companys en los altares para lograr votos. Otra cosa es jugarse el pellejo cuando es necesario… como lo hacía el fusilado líder del separatismo catalán.

Hace unos 2.000 años, un señor llamado Plutarco escribió una serie de best sellers que lo hicieron famoso: las “Vidas Paralelas”. Narraba las biografías de un par de personajes –uno griego, otro romano– de trayectorias similares; por ejemplo, Alejandro Magno y Julio César. Pero hoy eso no va con Puigdemont-Junqueras, por un lado, y Companys por el otro. No son semejantes ni “paralelos”,

Ya es evidente, salvo un giro de 180º, que ni Puigdemont ni Junqueras quieren enfrentarse hasta las últimas consecuencias al dominio de Madrid, como lo hizo el líder torturado y fusilado del nacionalismo catalán. Para ver las diferencias políticas –y no sólo de su conducta temerosa–, conviene recordar algunos hechos.

Lluis Companys i Jover, no sólo elecciones como sus sucesores

La trayectoria política de Companys es compleja y cambiante. Inicialmente, la figura histórica del nacionalismo catalán, no fue, ni “separatista” ni “catalanista” en sentido estricto. Pero sus ideas republicanas y anticlericales chocaban de todos modos contra los “principios” de la monarquía de los Borbones que reinaba en ese momento en España.

Se involucró desde muy joven en actividades políticas. A los 18 años, en la Universidad de Barcelona, fue fundador de la Asociación Escolar Republicana. Habló también en un acto público anticlerical en la Plaza de Toros.

Licenciado en Derecho, se dedicó al periodismo pero también trabajó como abogado laboralista. Esto le permitiría tender fuertes lazos con dos sectores de importancia social y política fundamental: el movimiento obrero catalán y el de los campesinos arrendatarios (rabassaires).

Esto de ninguna manera significaría que Companys se involucraba en la construcción de organizaciones políticas obreras ni socialistas, o por lo menos de independencia de clase. Pero sí que trataba de conquistar una base social donde hacer pie.

Pero esto implicaba también acciones y actividades políticas nada pacíficas que podía llevar tanto a lograr una banca como ir a parar a la cárcel o al cementerio. En ese escenario, Companys participa en 1917 en la fundación del Partido Republicano Catalán (PRC) y logra una banca de concejal en un distrito de Barcelona.

Ese año y los siguientes son también de grandes luchas obreras ferozmente reprimidas. En 1919/1920, Companys fue encarcelado junto con decenas de dirigentes obreros en un castillo de la isla de Menorca… pero poco después asume una banca de diputado debido a la muerte de su titular… lo que obliga al gobierno a liberarlo.

Ese episodio refleja las condiciones de la lucha política de esa época. El titular de esa banca del PRC, Francesc Layret, compañero de estudios de Companys y cofundador de ese partido, había sido muerto por un “pistolero”. Así se llamaba a los asesinos contratados por la gran patronal catalana y/o el gobierno para deshacerse de dirigentes obreros y rabassaires, o de gente “molesta” como los nacionalistas catalanes del PRC, que además hacían de asesores legales. Layret, aunque de familia burguesa, fue muerto al salir de su casa cuando iba a hacer gestiones por los presos.

La década del ‘20 fue un período de extrema reacción, signada por la dictadura del Gral. Primo de Rivera, bajo el paraguas protector de la monarquía del rey borbón Alfonso XIII… bisabuelo del actual borbón Felipe VI, que vuelve a levantar el garrote contra Catalunya. Los años ‘20 fueron un período de deterioro económico, político y social de la España monárquica.

La Segunda República y el levantamiento de 1934

Todo estalló en los años ’30. Primero, en enero de 1930, cayó el dictador Primo de Rivera que huyó a Francia. Luego, en abril de 1931, hizo las valijas su ex patrón Alfonso XIII. Se iniciaba así la Segunda República… y también un período de revolución/contrarrevolución que se desplegaría en la Guerra Civil de 1936/39.

En relación a Companys, el nuevo período significaría la fundación en 1931 de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido que hoy comparte el gobierno de la Generalitat con Junts pel Sí de Puigdemont.

Pero, desde ya, la Esquerra Republicana de Catalunya de 1931 era muy distinta de la actual… así como Companys, aunque no era un socialista revolucionario, difería radicalmente de los políticos pusilánimes posmodernos… que abundan en la actualidad… también en el nacionalismo catalán.

Una de las tantas demostraciones de eso fue paradójicamente una derrota: la proclamación del Estado Catalán independiente, el 6 de octubre de 1934.

En ese momento, el gobierno de Madrid había sido copado por la derecha (el llamado “bienio negro”). Se había lanzado al ataque contra los trabajadores y también contra Catalunya y las concesiones de autonomía logradas.

En vez de sentarse a llorar –al estilo Puigdemont–, Companys, al frente de la Generalitat, desató una insurrección, proclamando el “Estado Catalán de la República Federal española”. Su llamamiento decía, entre otras cosas:

“Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República han logrado su objetivo y han asaltado el poder.

[…] Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones.

[..] Todas las fuerzas auténticamente republicanas de España, y los sectores sociales más avanzados, sin distinción ni excepción, se han alzado en armas contra la audaz tentativa fascista.

“[..] En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal española, y al establecer y fortalecer la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.

“[..] Catalanes: La hora es grave y gloriosa. Cada uno en su lugar y Cataluña y la República en el corazón de todos. ¡Viva Cataluña! ¡Viva la República! ¡Viva la libertad!

“Lluís Companys, Presidente de la Generalidad…

“Barcelona, 6 de octubre de 1934”

La insurrección fracasó, entre otros motivos porque la CNT, la poderosa central obrera anarquista se mantuvo al margen. Tampoco se coordinaron las acciones con fuerzas de otras regiones, como Asturias, que enfrentaba con las armas en la mano, las medidas reaccionarias y represivas del gobierno español del “bienio negro”[1]. Companys y otros activistas del nacionalismo catalán fueron presos.

En resumen…

Desde el pasado, este acontecimiento, a pesar de no ser un triunfo, pinta una dirección del nacionalismo catalán, encarnada en Lluis Companys, que tiene poco que ver con los pusilánimes posmodernos que hoy ocupan su lugar.

Desde ya, eso no significa que compartimos el programa de Companys ni menos aun sus políticas, especialmente en la Guerra Civil (1936-39). Companys avaló la política de subordinación a las directivas de Moscú vía el PCE, que llevaron a la desmoralización y la derrota del heroico proletariado de Catalunya y del resto de España.

Tampoco recomendamos hacer llamamientos a la insurrección, si las cosas no están bien preparadas y la situación no ayuda.

Pero Companys es muy respetable, en comparación con personajes que declaran la independencia de Catalunya e inmediatamente la “suspenden”, muertos de miedo… y sin tomar la menor medida para organizar y movilizar a los millones de catalanes que apoyan la independencia y que se jugaron el 1º de octubre.

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1.- El “bienio negro” de la República Española se extendió de 1933 a 1935. En las elecciones de 1933 se impusieron los partidos de derecha, por un “voto castigo” a la izquierda republicana, que había defraudado a los electores al no tomar medidas favorables a los trabajadores y sectores populares.

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