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Rebelión en Haití

El régimen político y la ocupación imperialista en jaque

 

Por Fernando Dantés

Mientras escribimos estas líneas, se siguen sucediendo las movilizaciones masivas que desde hace algunos días copan las calles de Puerto Príncipe y otras ciudades importantes de Haití. Las crónicas hablan de la más grande rebelión popular haitiana en décadas. Los movilizados se cuentan por decenas (y hasta cientos) de miles. La respuesta del gobierno y las tropas de ocupación de la MINUSTAH ha sido, naturalmente, la represión. La resistencia directa a ella y la perseverancia de las masas en rebeldía ha puesto en jaque a las tropas y la efectividad de su represión fue prácticamente nula. Autos y locales partidarios quemados, grandes contingentes de los barrios populares llegando de a miles al centro de la ciudad capital, tal es el escenario.

El motivo inmediato que ha desatado los acontecimientos es la inminencia de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Denunciando fraude, el candidato opositor Jude Célestin se ha negado a participar del comicio que estaba previsto realizarse el 24 de Enero. Desde el año pasado, se venían sucediendo huelgas y manifestaciones de cuestionamiento a los resultados electorales y, cuando iba a concluir un largo proceso electoral, la crisis pegó un salto.

Con la oposición del actual presidente y su candidato, Michel Martelly y Jovenel Moise respectivamente, el Consejo Electoral Provisional se ha visto obligado a posponer las elecciones. La noticia fue recibida por las masas movilizadas como un triunfo. Pero esta concesión no tranquilizó a nadie y ahora el objetivo es otro: la renuncia de Martelly. Sin embargo, lo que está siendo cuestionado es mucho más que un individuo corrupto. La crisis electoral ha sido tan sólo la chispa que prendió fuego un enorme polvorín.

Un régimen político sin raíces populares

Los socialistas revolucionarios siempre hemos denunciado que la democracia burguesa es una máscara que encubre, detrás del engaño de la participación popular, la dominación política de un pequeño sector de privilegiados. Sin embargo, para que tal régimen tenga cierta viabilidad es necesario cierto nivel de “consenso” por parte de amplios sectores populares. Es decir, la democracia capitalista necesita hacer parte de su comedia a un sector mayoritario de la población. Sin esta condición, su existencia es más que inestable.

Una rápida vista de la estadística electoral haitiana, de 1990 (año de las primeras elecciones “constitucionales”) a la fecha, pone en evidencia la enorme distancia entre la comedia “democrática” y la realidad. Un primer dato, en extremo elocuente, es la bajísima participación del padrón habilitado para votar en todas las elecciones realizadas en los últimos 25 años. El año pasado, en ocasión de las elecciones parlamentarias, la participación no llegó… ¡Al 18%! Por más ridículamente bajo que parezca tal porcentaje, no está muy lejos del promedio, con contadas excepciones. Casi todos los procesos electorales han sido cuestionados por fraudulentas, muchos han estado marcados por intentonas golpistas, han sido suspendidos, etc. Cada elección implicó, casi sin excepción, una crisis institucional. Una clara muestra de eso es que en buena parte de las crisis fue necesario reemplazar el órgano encargado del proceso electoral y el recuento de votos sobre la marcha misma de los acontecimientos. Nuevamente ahora, el Consejo Provisional Electoral fue puesto en la mira e inmediatamente después de suspender las elecciones, dos de sus miembros presentaron la renuncia.

Semejante régimen ha logrado sostenerse solamente por la constante intervención del imperialismo (sobre todo el yanqui y, más débilmente, el francés), ya sea de forma directa o a través de la ONU. La caída de la brutal dictadura dinástica pro imperialista de los Duvallier en 1986 dejó en pie la dominación imperialista y su intervención en los asuntos internos del país centroamericano. Las primeras elecciones realizadas constitucionalmente en 1990-91 fueron monitoreadas directamente por un organismo de la ONU. Sin embargo, la presencia de grupos armados, militares y para militares, milicias heredadas de la dictadura duvalierista o armadas por algún grupo burgués de oposición, siguieron marcando la tónica de las cosas.

En estas condiciones, lo más parecido a un presidente “democrático” que ha tenido Haití fue Jean-Bertrand Aristide. Hombre de la Teología de la Liberación, después de años de veleidades “izquierdistas” fue electo presidente en 1991. La participación de las masas en dicha elección, si bien fue alta para Haití, no dejó de ser muy baja: alrededor de la mitad del padrón electoral llegó a las urnas

Pero esta débil “primavera democrática” duró poco: Aristide fue derrocado por un golpe militar ese mismo año. Restaurado con el amparo de tropas yanquis en 1994, su sucesor Preval (miembro de su mismo partido) fue un fiel aplicador de las políticas neoliberales características de esa década. Durante su segunda presidencia, en 2001-2004, hizo un tímido intento de alejamiento de los EE UU e intentó alinearse con Cuba y la Venezuela chavista. Pero este giro duró poco. Un nuevo golpe de Estado lo derrocó en 2004. El Gobierno provisional golpista pidió asistencia internacional para mantener la “estabilidad” y el imperialismo no le retaceó. El país fue ocupado por tropas yanquis y francesas, luego licenciadas con la creación de la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití). Dicha “misión” es en los hechos una ocupación militar directa por parte de tropas de diversos países latinoamericanos, encabezadas por Brasil con la participación de Argentina, para la defensa de los intereses imperialistas y el régimen golpista post 2004. Esta es una grave mancha en el “progresismo” de Lula y los Kirchner. La pantomima de elecciones democráticas que se sucedieron de ahí en adelante estuvieron marcadas a fuego por estos hechos. Martelly, actual presidente en crisis, fue un convencido vocero del golpe del 2004.

Saqueo y crisis humanitaria

La actual crisis e indignación de masas hunde sus raíces más profundas más allá del fraudulento régimen político. Éste es una palanca auxiliar importante para sostener en la actualidad el histórico saqueo del que Haití y su pueblo ha sido víctima por parte de Francia y, luego, EE UU. Luego de los catastróficos sismos que la sacudieron en 2010 es común hablar de “crisis humanitaria” para hacer referencia a las tremendas condiciones de vida a las que históricamente han sido sometidas las masas haitianas. Más allá de las consecuencias del propio terremoto, que dejó el saldo de centenas de miles de muertos y más de un millón de personas viviendo en campamentos improvisados, las consecuencias del saqueo imperialista histórico han dejado Haití esquilmado. No hay un solo índice social que no sea dramático. La declaración de nuestra corriente internacional Socialismo o Barbarie de 2010, en oportunidad de la crisis dejada por los sismos, lo resumía de la siguiente forma:

Tras seis años de ocupación militar de la MINUSTAH, las condiciones de vida del pueblo haitiano no solamente han mejorado en lo absoluto, sino que ahora mismo ocurre la inmensa catástrofe que se está viviendo, lo que deja en claro que las fuerzas de la ONU tan sólo han actuado en función de garantizar los intereses del imperialismo en ese país.
“Para explicar de mejor manera esto que acabamos de indicar, basta con repasar algunos índices socioeconómicos de Haití durante la ocupación de la MINUSTAH, que sin lugar a dudas tenderán a empeorarse hasta el infinito tras el terremoto:

* Un 80% de la población vive en la pobreza, lo cual hace de Haití el país más pobre del Hemisferio.
* Aunque el salario mínimo oficial es de 1,80$ diarios, se estima que más de la mitad de las y los trabajadores tan sólo recibe 44 céntimos de dólar al día.
*75 de la población no tiene acceso al agua potable.
*49% de las y los niños haitianos no asiste a la escuela.
* Debido a la miseria extrema, gran parte de la población haitiana se alimenta con “galletas” de barro seco amarillo, el cual mezclan con sal y grasa vegetal con tal de sobrevivir ante la imposibilidad de comprar mejores alimentos.
* Mientras todo esto sucede, el mantenimiento de las fuerzas de ocupación de la MINUSTAH –poco más de 9 mil personas- durante seis años ha significado una inversión de 700 millones de dólares para el gobierno brasileño y unos 3200 millones de dólares para la ONU.” (Declaración de la Corriente Socialismo o Barbarie Internacional sobre Haití “LA RESPONSABILIDAD NO ES SÓLO DE LA NATURALEZA, ES TAMBIÉN DEL CAPITALISMO COLONIAL”  Enero de 2010).

Semejantes índices de pobreza extrema son una consecuencia directa del atrasado tejido económico que han dejado más de dos siglos de expoliación que incluyó el pago de indemnizaciones a Francia por la independencia (pagó que duró más de siglo y medio), décadas de ocupación militar yanqui, destrucción de los bosques, endeudamiento y orientación del débil entramado industrial a la exportación a EE UU. Hoy día, dos tercios de la población haitiana vive de la atrasada agricultura de auto sustento. Es el régimen político que encabeza este infame saqueo el que ahora ha entrado en crisis.

Solidaridad con el pueblo haitiano, por una salida independiente

Es evidente que el imperialismo y sus gobiernos títeres son incapaces siquiera de dar un paso de salida a la crisis crónica que vive Haití. Al contrario, son ellos los primeros responsables. Incluso los más “izquierdistas” representantes políticos del capitalismo haitiano han sido sumamente serviles al saqueo y no han dado un solo paso para transformar nada.

La actual crisis del régimen electoral y político títere, la irrupción de importantes masas que han puesto en jaque el régimen de la MINUSTAH, pueden ser un punto de apoyo para que se ponga en manos de los trabajadores y las masas populares los destinos del sufrido país centroamericano. La organización independiente de las masas es la única capaz de sacar a esas masas de la miseria extrema. La tarea primordial es echar definitivamente a las tropas de la infame MINUSTAH y a su actual presidente títere, tal como están exigiendo las masas que copan las calles. Es necesario que los trabajadores y el pueblo den pasos en que su organización independiente asuma el control de la política, la economía y la ayuda humanitaria (venga de donde venga) de Haití. El régimen político no puede ser reformado, las masas necesitan lograr imponer una Asamblea Constituyente que construya un régimen político que responda a los trabajadores y el pueblo, ya no más al saqueo del imperialismo y los capitalistas nativos.

 ¡Abajo Martelly!

 ¡Fuera las tropas de ocupación de la MINUSTAH!

 ¡Por una Asamblea Constituyente que transforme de pies a cabeza el régimen político, económico y social de Haití!

 

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