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Un triunfo de Trump que podría ser un boomerang

Por Claudio Testa

En medio del escándalo y las numerosas protestas –en primer lugar de los movimientos de mujeres–Trump logró imponer su candidato en la Suprema Corte, BrettKavanaugh. Este personaje archireaccionario, no sólo está denunciado repetidas veces como violador serial. Además, como juez, tiene el record de las votaciones más derechistas de los tribunales de EEUU. 19 octubre, 2018

Como suele suceder desde que asumió la presidencia,otro escándalo marcó las recientes semanas de la presidencia de Trump. Sin embargo, esta vez ha implicado un contradictorio triunfo para el habitante de la Casa Blanca… es que las consecuencias finales, a mediano o largo plazo, podrían volverse en contra suya.

Por sólo dos votos de ventaja, Trump logró imponer en el Senado a su candidato, Brett Kavanaugh, como nuevo miembro de la Suprema Corte de Estados Unidos. Kavanaugh reemplazará a un juez en retiro, estimado como“peligroso” en cuanto a sus sentimientos hacia Trump. O sea que podría poner en riesgo la continuidad de su presidencia, dando mayoría a los pedidos de “impeachment”de Trump que se van acumulando en la “mesa de entradas”de ese Tribunal.

Por el contrario, su candidato Brett Kavanaugh no sólo le garantizaría una mínima mayoría de por lo menos de un voto en la Corte Suprema de nueve miembros, algo invalorable para obstruir cualquier intento destituyente. Además, Kavanaugh tiene para Trumpel méritode ser el juez ganador del récord de votaciones reaccionarias, de recontra-derecha, de EEUU.[1]

Pero esa identidad política e ideológica tan conveniente para Trump tiene el peligro de profundizar los “desequilibrios”y enfrentamientos en la Suprema Corte… y que desde allí se reflejen y transmitan a todo el mundo político estadounidense.

Con eso, se estaría violando lo que es una norma “histórica” tanto política como jurídica de EEUU. Una norma no escrita pero más efectiva que muchas leyes. A saber, la búsqueda de “equilibrio” y negociaciones entre los “extremos”. Por ejemplo, entre “liberals” o “progressives” versus “conservatives”, y otras polarizaciones.

La historia de EEUU (y no sólo de su Corte Suprema, sino también de sus otros poderes) está llena de esos “equilibrios” y “compromisos”… que se resumen en el refrán “Each deal is an opportunity for profits.” (Cada trato es una oportunidad de hacer ganancias)… Y cuando en EEUU eso no se logró… vino la guerra civil de 1861-1865 por el tema esclavitud.

Por supuesto, esto tiene como condición que los “extremos”, en verdad no lo sean tanto. Por ejemplo, cuando en el siglo pasado se desató el gran movimiento por los derechos civiles de los negros, después de momentos de extrema tensión y fuertes enfrentamientos, la burguesía y el régimen lograron imponer medidas, acuerdos y concesiones que desmovilizaron. Claro que esto no resolvió, de fondo, la “cuestión negra”. Hoy la gran mayoría de la población de color sigue en la miseria, discriminada y víctima de policías racistas que la asesina impunemente… Pero una minoría –encarnada en personajes como Obama– logró ascender socialmente y descomprimir la situación.

Ese método ha tenido una aplicación general para muchos temas. Entre ellos, el del derecho al aborto.En las décadas de la ’60 y ’70 del siglo pasado, en Europa y EEUU, se desarrollaron fuertes movimientos femeninos. Y, lógicamente, entre sus reivindicaciones figuraba el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo; lo que implica la legalización del aborto.

Pero entre Europa y EEUU hubo una diferencia notable, que ahora recobra importancia. En Europa este derecho se fue generalizando mediante leyes votadas en sus respectivos parlamentos. Pero en EEUU, se logró el 22 de enero de 1973 de un modo muy distinto. Fue a través de un juicio que desembocó finalmente en la Suprema Corte, el famoso juicio Roe versus Wade. Por una mayoría de 7 a 2, la Suprema Corte lo legalizó. Y, del mismo modo, ahora puede ponerle obstáculos legales que, de hecho logren ir vaciándolo… Y alertemos que Brett Kavanaugh, el personaje que Trump ha logrado meter a empujones en la Corte Suprema, es uno de los principales operadores en el tema anti-aborto, que ya está en cuestión a través de juicios en algunas cortes estaduales.

Dicho de otro modo: el derecho al aborto en EEUU, como muchas otras concesiones obtenidas en el siglo pasado, que simultáneamente “descomprimían” tensiones y conflictos, no es el signo bajo el que opera Donald Trump. Ahora, el signo de la época inaugurada por Trump no es la “descompresión”… aunque esto no implica que no dé pasos atrás cuando la fuerza ahorca.

Trump (con asociados como Brett Kavanaugh), en principio va al choque desde la derecha. Pero esa “tensión global” creciente se refleja políticamente de muchas formas, y tiene consecuencias no sólo hacia la derecha. También en el otro extremo, con todas sus limitaciones,se desarrollan fenómenos inéditos hacia la izquierda. Por ejemplo, dentro de las “internas” del Partido Demócrata que se vienen realizando, se está dando la sorpresa de que viejas momias antes imbatibles, son ahora derrotadas por jóvenes que, además, se proclaman “socialistas”.

Kavanaugh, prontuario político y moral

Este saludable mecanismo de enfrentamiento y polarización desde la izquierda funcionó también con fuerza ante la candidatura de Brett Kavanaugh.

Al principio fue solamente político: se difundieron sus actuaciones judiciales archireaccionarias tanto de abogado como de juez.

Su “récord” previo de ser uno de los más reaccionarios de EEUU, quedó al descubierto. Como esto llevaría muchas páginas, veamos algunos temas de actuaciones y votaciones en juicios. [2]

Su debut jurídico-político fue una “investigación” sobre el entonces presidente demócrata Bill Clinton en 1998. El tema fue la relación que mantenía con una joven, Mónica Lewinsky. El texto presentado por Kavanaugh ha sido caracterizado como una “detallada novela pornográfica” para generar escándalo político pre-electoral. En esos momentos, Kavanaugh trabajaba para George W. Bush, quien al ganar luego la presidencia de EEUU inicio las intervenciones y guerras en Afganistán y otras regiones del Gran Medio Oriente, conflictos que aún continúan y han costado millones de víctimas.

Pero Bush no se olvidó de recompensar a su novelista porno Bret Kavanaugh. En el 2003, Bush lo nominó para integrar la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia. ¡Claro que su éxito previo como escritor pornográfico-judicial generó protestas… que como las de ahora fueron desoídas…!

Después de recordar este “debut”, veamos algunas de sus posiciones.

*Ataques al derecho al aborto: Como juez, Kavanaugh ha decidido en infinidad de fallos, restricciones y demoras a los amplios derechos vigentes desde el célebre juicio“Roe versus Wade”, ya citado. Pero este no es un operativo individual. Lo hace confabulado con todo un sector de jueces de derecha que actúan a nivel nacional.

* Ataques a los servicios de salud pública (Affordable Care Act, antes llamado “Obama Care”). Kavanaugh se distingue por tratar de impedir con diversas triquiñuelas “jurídicas” el uso de los servicios de salud gratuitos prestados por el Estado a los sectores más pobres.

* Contra la protección del medio ambiente: Como su patrón, Donald Trump, BrettKavanaugh es un negacionista consecuente del cambio climático y de los peligros de la contaminación. Ha dado piedra libre a las corporaciones criminales que esparcen desechos nucleares (caso Yucca Mountain). Trabajó para anular la reglamentación de la Ley de Aire Limpio.

Impunidad de los crímenes de guerra de las corporaciones de EEUU en el exterior:La corporación yanqui Exxon Mobil, fue llevada a juicio en EEUU por violación de los derechos humanos cometidos en Indonesia. Kavanaugh votó por su rechazo. Los crímenes de esas corporaciones en el exterior no pueden ser juzgados en EEUU.

* No reconocimiento de los crímenes de guerra y legalización de la tortura: Asimismo, en relación las guerras desatadas por EEUU, Kavanaugh votó por no considerar crímenes de guerra tanto las matanzas perpetradas, como los campos de tortura instalados en diversos países, como el de Guantánamo en Cuba.

Faltaba lo peor: Brett Kavanaugh es un violador serial

Pero este pesado “prontuario” pasó rápidamente a segundo término al estallar el principal escándalo: las denuncias de violaciones y, en general, de ataques sexuales, comenzaron a llover al hacerse pública la candidatura de Kavanaugh a la Corte Suprema.

Primero fueron Christine Blasey Ford y Anita Hill quienes se atrevieron a hablar de las barbaridades cometidas por Kavanaugh y su pandilla de “niños bien” en su juventud, especialmente en sus épocas universitarias, en que operaba con total impunidad. Luego se les unieron en la denuncias otras víctimas de esas pandillas…

El escándalo fue creciendo… pero no impidió que, por dos votos, el Senado de EEUU, elevara a la Corte Suprema a este violador serial.

Lo más importante de todo esto es que se revela como un caso no sólo “personal” sino social, que retrata a todo un sector y a una “norma”: la impunidad de los “niños ricos”que frecuentan los colegios y universidades más costosas… y que consideran a la mujer como un objeto del que pueden disponer y someter a voluntad.

Ese contenido social lo explica bien Miles Kampf-Lassin, un columnista de la revista mensual socialista“In These Times” (October 04, 2018)

“A medida que se obtiene más información sobre el actual candidato a la Corte Suprema del Presidente Trump, es cada vez más claro que, creas o no las afirmaciones de agresión sexual de Christine Ford, Kavanaugh es un emisario de la perversa enfermedad de la «cultura de violación» en nuestro país.

“En términos generales, esa «cultura de violación» es esa norma de violencia y dominio que existe en nuestra sociedad a través de actitudes degradadas hacia la sexualidad y el género. Cuando se trata de Kavanaugh, sus acciones demostraron cómo está en una búsqueda despiadada de poder, dispuesto a arrojar mujeres debajo del autobús si le conviene. Ha sido repetidamente mentiroso bajo juramento… Ha sido cómplice en complots para socavar y deshumanizar a sus acusadoras.

“Kavanaugh opera dentro de una clase y de un sector social: el de los hombres blancos ricos protegidos por un sistema patriarcal que los pone a salvo de cualquier rendición de cuentas. Sus actos encajan en un claro patrón de lo que podríamos llamar la “cultura de la violación”… alentada por esa garantía de impunidad.”

Esta protección de la “cultura de la violación con garantía de impunidad” no sólo funcionó años atrás, cuando se produjeron esos ataques.También se hizo presente ahora en el Senado de EEUU. Acerca de eso, Deborah Ramírez, una de las denunciantes violada por Kavanaugh en la Universidad de Yale, escribió: “Hace treinta y cinco años, los otros estudiantes optaron por reírse y mirar hacia otro lado, mientras Kavanaugh perpetraba contra mí sus actos de violencia sexual… Ahora, que veo a muchos de los senadores hablar y votar, siento que estoy de regreso en Yale, donde la mitad de la sala se estaba riendo y mirando hacia otro lado. Sólo que esta vez, en vez de universitarios borrachos, son senadores estadounidenses quienes deliberadamente ignoran su comportamiento. Así es como las víctimas somos aisladas y silenciadas.”

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1.- En verdad en el ranking de votaciones reaccionarias, Kavanaugh está empatado con otro juez de la “justicia” yanqui, pero éste es menos conocido. Es que Kavanaugh, desde el principio de su carrera judicial, aparece involucrado en temas político-escandalosos.

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La política criminal de Trump ¡Basta de detener y separar a los niños migrantes!

Por Ale Kur, 20/6/18

Estas semanas, el gobierno de Donald Trump protagonizó un nuevo escándalo mundial. Se trata de la detención sistemática de niños migrantes en la frontera con México: ya son más de 2300 los casos de menores que el gobierno de EEUU separa de sus padres y encierra en “centros de detención”. Las imágenes que circulan en la prensa internacional hablan de una práctica barbárica, con los niños de entre cero y doce años hacinados en establecimientos que parecen cárceles.

Esto viene ocurriendo desde comienzos de mayo, momento en que el gobierno Trump resolvió un giro hacia la “mano dura” con la política migratoria, anunciado públicamente por el fiscal general Jeff Sessions (y defendida por el mismo con citas bíblicas). Con esta nueva orientación, los migrantes indocumentados adultos que cruzan la frontera son considerados automáticamente delincuentes y se les presentan cargos penales, por lo que son trasladados a las cárceles federales de EEUU. Pero como allí no pueden ingresar niños, sus hijos son separados de ellos y recluidos en centros aparte. Ni los hijos ni los padres saben cuándo volverán a verse, ni donde se encuentran sus familiares. Esto produce un enorme sufrimiento humano y deja un profundo trauma en miles de menores, violando todas las convenciones sobre derechos de la niñez y Derechos Humanos.

Por otra parte, esta avanzada se enmarca en un ataque más general de Trump contra los migrantes. Ya en enero de este año el gobierno intentó avanzar contra los derechos de los “Dreamers” (2 millones de inmigrantes indocumentados que arribaron a EEUU en su niñez y que llevan muchos años viviendo arraigados en dicho país), amenazando sus protecciones legales frente a la deportación. Además Trump viene presionando para intentar conseguir fondos para financiar la construcción del muro con México, así como para obtener de conjunto una legislación mucho más dura frente al conjunto de los migrantes. Se trata de un gobierno nacionalista y reaccionario que muestra la peor cara del imperialismo yanqui, intentando erigir una “fortaleza” que deje afuera a las millones de personas a las que la propia política imperialista condenó a la miseria y falta de perspectivas[1].

La indignante situación de los menores detenidos está generando un gran revuelo, tanto dentro como fuera de EEUU, provocando una catarata de críticas al gobierno de Trump. Ya se están realizando algunas movilizaciones en las zonas fronterizas (a las que convocan, entre otros, el Sindicato de Enfermeras de la región), y se están convocando a grandes protestas nacionales para el 30 de junio.

Dentro del espectro político, esto produjo también la reacción de la oposición demócrata e inclusive del propio partido republicano al que pertenece Trump. Sin embargo, se trata de “lágrimas de cocodrilo”, ya que ninguno de ellos está llamando realmente a quebrar la política migratoria del gobierno, y todos ellos fueron cómplices de las leyes restrictivas y deportaciones en masa, tanto del gobierno actual como de los anteriores (Obama, Bush, etc.).

Por su parte, la Iglesia Católica manifestó su repudio a través de la Conferencia Episcopal de EEUU: calificó las medidas de Trump como “inmorales” y “contrariaras a la moral católica”. Resulta llamativa la blandeza de estas calificaciones, si se las compara con las recientes declaraciones del papa Francisco contra el aborto, al que comparó con “lo que hacían los nazis”. Evidentemente, a la Iglesia le recuerdan más al nazismo las mujeres que deciden sobre sus cuerpos que los campos de concentración donde se recluyen a los niños ya nacidos. Tampoco se ve ninguna gran campaña desplegada aquí por los “pro-vida”, mostrando que el verdadero enemigo de los conservadores son las mujeres y no realmente los poderosos que pisotean los derechos de los niños y niñas.

La política reaccionaria de Trump debe ser derrotada con la más amplia movilización popular, tanto en Estados Unidos como en los países de los que provienen la mayor parte de los migrantes, comenzando por México y toda Centroamérica. El “patio trasero” de EEUU debe rebelarse para poner fin a los atropellos sistemáticos del matón del Norte. Por su parte, el movimiento migrante en EEUU ya posee una gran tradición de lucha (como viene mostrando desde la huelga general de 2006), y la juventud progresiva norteamericana una importante tradición de solidaridad, como se viene observando desde la asunción de Trump y el comienzo de sus ataques xenofóbicos y racistas. Es necesario desarrollar al máximo esta resistencia y unidad en las calles, para imponer una salida favorable a los de abajo.

[1] En el caso de México, por ejemplo, además de las relaciones de opresión de siglos de EEUU hacia dicho país, la constitución del NAFTA (como área de libre comercio) significó la quiebra en masa de los agricultores mexicanos, dando lugar a grandes oleadas migratorias.