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El laborismo británico de Jeremy Corbyn cuestiona el credo neoliberal

Por Ale Kur

En el Reino Unido, la discusión política nacional sigue dominada por la cuestión del Brexit. El gobierno conservador de Theresa May todavía no consiguió llegar a ningún acuerdo con la Unión Europea acerca qué relación tendrán ambas partes luego de que el Reino Unido se retire formalmente de la U.E., en marzo de 2019. Esto azuza el espectro de un “Brexit duro”, asociado por los medios a una situación de colapso económico.

Inclusive en caso de que se llegara a algún entendimiento entre May y la U.E.,hay fuertes posibilidades de que los propios parlamentarios conservadores voten en contra del mismo y lo hagan fracasar, por considerarlo demasiado blando. Existe la posibilidad muy real del estallido de una gran crisis política que se termine llevando puesto al gobierno, actualmente con niveles muy bajos de popularidad[1].

De esta manera, crecen también las posibilidades de que el Partido Laborista (liderado por Jeremy Corbyn) llegue eventualmente al gobierno en el mediano plazo -o inclusive en el corto, si los acontecimientos se precipitan. En los últimos meses, pese a varias idas y vueltas, las encuestas de intención de voto muestran que por momentos el laborismo es la fuerza dominante, o que por lo menos un empate muy cercano entre ambas.

Este es un dato de gran importancia política, ya que desde que Corbyn conquistó en 2015 el liderazgo del laborismo su partido viene desarrollando un marcado giro a la izquierda, por lo menos en comparación con la línea política dominante en las últimas décadas (el “nuevo laborismo” de Tony Blair, que significó la adaptación completa al neoliberalismo y al imperialismo británico). Por otra parte, el triunfo de Corbyn vino acompañado de un ingreso masivo de jóvenes al Partido Laborista -su tendencia Momentum posee más de 40 mil miembros cotizantes-, dándole al mismo una fuerte dinámica y una nueva composición social.

Esto no quiere decir, sin embargo, que el viejo laborismoneoliberal haya dejado de existir ni mucho menos. Los sectores más conservadores del partido siguen fuertemente arraigados, teniendo una buena cantidad de bancas parlamentarias y un importante peso en la dirección partidaria. Desde esas posiciones, la derecha partidaria intenta permanentemente derrotar a Corbyn y frenar la radicalización del partido –aunque hasta ahora sin demasiado éxito.

La Conferencia Anual del laborismo

En este marco, la semana pasada se llevó a cabo la conferencia anual del Partido Laborista, en la ciudad de Liverpool. Dadas las condiciones políticas generales del país y la “guerra civil” al interior del propio partido, este no puede dejar de ser un evento significativo.

La conferencia estuvo marcada por una radicalización del discurso del corbynismo. En particular, en boca de su “canciller en las sombras”, John McDonnell. En su discurso a la conferencia, McDonellanunció que un futuro gobierno laborista el salario mínimo sería elevado al equivalente de 13 dólarespor hora de trabajo, y se concederían plenos derechos sindicales a los trabajadores desde el día 1 de sus empleos, por más que sean trabajadores temporales o de medio tiempo. Todos los salarios se determinarían por convenios colectivos y se eliminarían los contratos precarios de “cero horas”, así como se suprimiría la diferencia salarial entre varones y mujeres. Todo esto con el objetivo de “volver a inclinar el balance de poder a favor de los trabajadores” al interior de las empresas.

Pero esto es solo el comienzo. McDonell reivindicó tambiénen su discurso la famosa “clausula 4” de los estatutos del partido-añadida en 1918 y eliminada en 1995 por Tony Blair en el marco del giro neoliberal. La cláusula establecía una ligazón orgánica entre el laborismo y el socialismo, poniendo como objetivo “Asegurar a los trabajadores, manuales o mentales, los frutos completos de su trabajo y la distribución más equitativa posible de los mismos sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio, y el mejor sistema que se puede obtener de administración popular y control de cada industria o servicio”. McDonell señaló que, pese a tener 100 años de antigüedad, esta cláusula “es hoy más relevante que nunca”.

Pero más allá de esta reivindicación genérica, McDonell señaló una propuesta concreta a implementar desde el futuro gobierno laborista. Se trataría de la creación de “fondosde propiedad inclusiva” de los asalariados, a los que las grandes empresas deberían aportar una parte de sus acciones de manera compulsiva, aumentando de esa manera paulatinamente la cuota de propiedad obrera sobre las mismas. Estos fondos generarían una especie de “dividendo” a repartir entre 11 millones de trabajadores asalariados-tocándole a cada uno el equivalente a650 dólares anuales-, y el sobrante sería utilizado para mejorar el financiamiento de los servicios públicos. Además, cada empresa se vería obligada a entregarle a sus trabajadores un tercio de los puestos en los consejos de administración, de tal manera que puedan incidir en las decisiones de las compañías.

Esto se combina con la propuesta de Corbyn de re-nacionalizar sectores de la economía tales como los ferrocarriles, la electricidad, el agua y el servicio postal, revirtiendo las privatizaciones de los gobiernos anteriores. McDonell señaló también que estas empresas estatales no serían gestionadas por un puñado de burócratas como ocurría antes de que fueran privatizadas, sino que estarían sometidas al control de los concejos locales, de los trabajadores y los consumidores.

De esta manera, se acabaría con por lo menos 8 años de austeridad y de caída en el salario real. La explicación dada por McDonell para su plan es que “mientras mayor sea el lío que heredemos, más radicales tendremos que ser”, dando un giro de 180 grados con respecto a la lógica dominante en los partidos socialdemócratas y reformistas del mundo -que ante la crisis, no tienen más respuesta que apretar aún más el cinturón del ajuste.

Las propuestas realizadas por McDonellresultan bastante poco usuales en el marco de gobiernos capitalistas, y más aún en la época neoliberal. Sin embargo, no son del todo novedosas: ya fueron planteadas por algunos gobiernos socialdemócratas (especialmente en el caso de los países escandinavos) en décadas anteriores, terminando todas ellas en fracasos.

La razón de fondo de lo anterior es siempre la misma: es prácticamente imposible arrancar grandes concesiones a los capitalistas -con respecto al manejo de sus empresas y sus ganancias-, mientras no haya un cambio rotundo en las relaciones sociales. Para poder hacer viable una transferencia seria de la riqueza y de la propiedad hacia los trabajadores, es necesario que primero la clase trabajadora le quite todo el poder real a los capitalistas y lo tome plenamente en sus manos. Y esto solo es posible superando los marcos del régimen político y de sus instituciones, avanzando por una vía revolucionaria.Pero el laborismo de Corbyn, al igual que otras corrientes políticas similares, está profundamente atado al régimen tal como existe hoy en día, sin concebir una estrategia de desborde y ruptura. Esa concepción reformista de la estrategia es precisamente la que llevó a un rotundo fracaso a experiencias como el gobierno de Syriza en Grecia.

Pese a todo lo anterior, el discurso de McDonell no deja de ser significativo, aunque más no sea como un síntoma de un nuevo clima político. Es evidente que existe un giro a la izquierda en amplios sectores de la juventud británica, e inclusive del movimiento de trabajadores: sin ello, los discursos radicalizados de Corbyn y McDonell no tendrían ninguna audiencia.

Esta incipiente radicalización política de amplios sectores es un dato de gran importancia, que además empalma con procesos similares en Norteamérica y en otros países. Puede significar el comienzo de una nueva etapa política, con una profundización de la lucha de clases -revirtiendo, aunque más no sea en parte, el periodo de derrotas, desmoralización y escepticismo de las últimas décadas-, así como la existencia de un espacio político mucho más grande para la construcción de organizaciones socialistas en muchos países.¡Una perspectiva más que alentadora para la izquierda internacional!

[1] Ver al respecto: “Reino Unido – La crisis del “Brexit” agudiza la polarización política“. Por Ale Kur, SoB 480, 2/8/18 http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=11555

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Otro genocidio provocado por la codicia insaciable del capitalismo

El horror del incendio de Londres

Por Claudio Testa, SoB, 23/6/17

No pasa día en que este maravilloso mundo del capitalismo neoliberal no nos sorprenda con un nuevo horror. Cuando no son algunos centenares de migrantes ahogados al huir de la miseria y las guerras, son unos miles de masacrados en alguno de los interminables conflictos que hoy impulsan el más próspero negocio de la coyuntura internacional: la fabricación y venta de armamentos.

A este rutinario show de los horrores –que como los shoppings no cierra ni los fines de semana–, en Londres se le añadió un episodio más original pero no menos terrible: el incendio de la Torre Grenfell (Grenfell Tower) el pasado miércoles 14.

A una semana del incendio, todavía no se sabe con certeza el número de víctimas, muchas reducidas a cenizas y otras muertas al tirarse desesperadas desde las ventanas. Entre ellas hay niños que sus padres prefirieron arrojarlos al vacío, con la esperanza que sobreviviesen.

Era ridícula la estimación inicial de 30 muertos, dada oficialmente por las autoridades del “Royal Borough of Kensington and Chelsea”, municipio del Gran Londres donde estaba la Torre. Se lanzó para calmar las aguas, pero produjo el efecto contrario. Una ola de indignación generó movilizaciones de protesta. Era evidente que desde arriba se quería minimizar el incidente… ya veremos porqué…

Poco después ya se habló de 58 víctimas, con el criterio de dar por muertos a gente denunciada como “desaparecidos” por sus familiares. Ahora, al escribir este artículo, ya se ha elevado a unos 80. Pero esto también dudoso. Es evidente que familias enteras fueron devoradas por la llamas. Y si no tienen parientes en el país que las hayan reclamado y/o no hay registros de su residencia en la Torre, no es fácil contabilizarlas.

Lo que se sabe es que en la Torre vivían entre 600 y 700 personas, y por los relatos de los sobrevivientes y por las condiciones en que estaba el edificio, no fue nada fácil huir a tiempo y ni siquiera enterarse del incendio hasta que las llamas ya habían bloqueado puertas e incluso ventanas.

Pero, junto con el calor de las llamas, lo más notable desde el primer minuto fueron los esfuerzos de las autoridades del municipio para “enfriar” el asunto. Aclaremos: no apagar el incendio, sino barrer bajo la alfombra tanto el número de víctimas como sus responsabilidades como incendiarios.

El gran negocio de los edificios inflamables

Kensington era un municipio aristocrático de unos mil años de antigüedad que en 1965 absorbió al más bohemio de Chelsea. Así se constituyó el citado “Royal Borough of Kensington and Chelsea”. El adjetivo “Royal” indica que tiene un status superior, debido a patrocinio de la corona, que lo coloca por encima de otros lugares donde vive la plebe.

Lo concreto es que gran parte del Royal Borough of Kensington and Chelsea en general, y la zona de Kensington en particular es, a nivel inmobiliario, una de las más costosas del Reino Unido y de Europa. Allí se cuentan tiendas mundialmente famosas como Harrods, cantidad de embajadas, museos y universidades, la sala de conciertos del Royal Albert Hall, etc., etc.

Pero, junto a las calles con comercios de ultra-lujo y los distritos residenciales más caros de Londres e incluso del mundo hay también barrios con altos niveles de pobreza y viviendas sociales.

Por supuesto, la Grenfell Tower estaba en esa última categoría. Construida como “vivienda social” en 1972/74, en 24 pisos contenía 127 departamentos de uno y dos dormitorios. Allí no vivían millonarios como en las otras zonas de Kensington, pero eran confortables. Con casi 70 metros de altura, la Grenfell Tower no era uno de los palacetes de Kensington, pero sí uno de los puntos de referencia más visibles del “Royal Borough”.

La Grenfell Tower, con el paso del tiempo se había venido deteriorando, al ritmo del curso del Reino Unido al neoliberalismo, a la destrucción de la industria y el reinado de las “finanzas globales” y una polarización social en que los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, más pobres.

Sin embargo, la Grenfell Tower aunque deteriorada, no había dejado de ser un lugar cómodo y seguro para vivir… hasta que el capitalismo decidió que podía ser una oportunidad de exprimir ganancias.

En el 2012, la administración conservadora del “Royal Borough” decidió una “renovación total” de la Torre, un negociado que costó más de 10 millones de libras esterlinas. Los vencedores en la licitación, para abaratar costos, construyeron una trampa mortal, que además generó muchas críticas y alertas en su momento.

Y no se trata sólo de la Grenfell. En los municipios de todo el Reino Unido, se estima que hay una 40.000 torres como estas, que están siendo sometidas por sus municipios a procesos de “renovación”. ¡O sea, la posibilidad de negociados colosales, que se hacen sin control técnico ni financiero alguno!

Sintéticamente, los revestimientos interiores y exteriores, y las ventanas, fueron substituidas por materiales de polietileno inflamables, materiales que además estaban expresamente prohibidos. El complemento de esta medida criminal fue ahorrar también en los mecanismos interiores de detección de focos de incendio.

Esto explica el hecho que asombró al mundo, de que el incendio –como se aprecia en los videos– se propagase a una velocidad increíble, tanto por dentro como fuera de la torre. Y que, además, muchos de los que estaban al interior del edificio se enteraron cuando ya estaban con las llamas encima, porque no había mecanismos eficientes de detección.

En síntesis: el resultado de esta política de maximizar las ganancias de los protegidos del partido conservador que gobiernan Kensington, fue este incendio, que ya se caracteriza como el que ha provocado más víctimas, en tiempos de paz, en los últimos cien años.

Es por esos hechos que la tragedia de la Grenfell Tower ha sido corretamente calificada de “homicidio corporativo”.

Otro factor que ha generado indignación, es que ahora también salen a luz las consecuencias de las políticas de recortes a los servicios públicos. En este caso de los bomberos. Este sector de estatales ha protagonizado en los últimos años conflictos importantes por la política de reducir tanto los salarios como su equipamiento. El incendio de la Grenfell Tower destapó también las consecuencias de los recortes neoliberales en este sector.

Estallan las protestas

El Royal Borough of Kensington and Chelsea está gobernado por los conservadores de Theresa May, que acaban de recibir una paliza en las recientes elecciones al Parlamento, donde casi pierden la mayoría a manos de los laboristas de “izquierda”, encabezados por Jeremy Corbin.[1]

Lo de la Grenfell Tower echó más leña al fuego del incendio político de los tories. Al difundirse los detalles de los negociados que están detrás de este genocidio –que por supuesto golpea a los trabajadores y los pobres y no a los billonarios de Kensington– una ola de indignación recorrió la isla.

Miles de londinenses, en primer lugar muchos de los sobrevivientes del incendio, salieron a la calle para protestar y denunciar la trama criminal de negociados de los tories.

Theresa May, ha pretendido revivir el papel de la “invencible” reaccionaria Margaret Thatcher. Pero en ese intento está haciendo el ridículo… y ahora la Grenfell Tower significa también su incendio político. Los tories ya le están abiertamente buscando un reemplazante. Se perfila Boris Johnson.

No sabemos si esta jugarreta de cambiar de caras para seguir con la misma política, tendá éxito. Lo evidente es la necesidad de un cambio de fondo. Para eso, sería necesarios que los millones de jóvenes y trabajadores británicos cada vez más indignados contra los tories (y ahora con el genocidio de la Grenfell Tower) no dejen la calle hasta derribarlos.

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1.- Ver: Claudio Testa, “Reino Unido, elecciones al parlamento – Duro golpe a Theresa May y su gobierno conservador”, Socialismo o Barbarie nº 429, 15/06/2017.