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Lo que deja el 21D

SoB, Estado español

Con una importante participación de casi el 80% el independentismo de conjunto (aunque con movimientos internos de relevancia como el fortalecimiento de su ala neoliberal de derecha  Junts per Catalunya con respecto a su socio de la izquierda moderada de ERC y el rotundo retroceso de la izquierda “radical” de las CUP), logró sortear la trampa de las elecciones impuestas por el 155 de Rajoy y mantener con cierta comodidad la mayoría absoluta en un Parlament cuya correlación y configuración de fuerzas se ha modificado sustancialmente. De esta manera el bloque soberanista se impuso al denominado bloque constitucionalista defensor del 155 y de la unidad de la  España franquista y el Régimen del 78.

Estos resultados le permiten tanto al independentismo en general como a Puigdemont en particular, legitimarse de cara a la formación de un nuevo gobierno y a una legislatura que ya nace muy complicada no solo porque tendrá que afrontar la cuestión de cómo continuar el camino iniciado con el procés hacia la independencia y la construcción efectiva de la nueva República en una coyuntura y en condiciones distintas a las de hace dos meses, sino también deberá hacer frente a los problemas sociales más acuciantes que continúan profundizándose y que la crisis no perdona.

Apenas finalizado el escrutinio las primeras declaraciones de Junts per Catalunya y Esquerra Republicana, que juntos obtuvieron un 43% de los votos y suman 66 escaños, fueron en el sentido de proclamarse vencedores y de reclamar para sí el derecho a gobernar Catalunya. Al día siguiente, Puigdemont, cabeza de lista de JxC, alegó la derrota de la Monarquía, del artículo 155, recordó que la República ya está proclamada e interpretó la elección del 21 como la ratificación del referéndum del 1-O a la vez que hizo un llamado a Rajoy a reunirse con él en el extranjero para negociar bilateralmente.

Junts per Catalunya (antigua CDC) es la lista con la que el president cesado, a propósito de la aplicación del 155, se ha convertido en el ganador “moral” de la noche de elecciones. Una fórmula que sin nombres partidarios, con Jordi Sánchez que continúa preso como número dos de la misma, con personalidades de la sociedad civil independentista y cuyo único programa era la restitución del “Govern legítimo”, se demostró tan acertada como efectiva.  Ahora, con su triunfo sobre ERC, que ha quedado en tercer lugar y muy por debajo de sus propias expectativas, Puigdemont se transformó en la figura clave para la formación (o restitución) del nuevo Govern pese a su complicada situación judicial que le impide pisar suelo español debido a su inminente detención por los cargos que se le imputan.

Según el Gobierno y sus aliados el Artículo 155, y las elecciones del 21-D como parte de este, tenía como objetivo principal “restaurar las instituciones, la legalidad y el autogobierno mediante el juego democrático normal dentro los límites marcados por la Constitución y el Estatut como paso imprescindible para volver a la normalidad”, lo que vale decir que su intención de derrotar electoralmente al independentismo y reemplazarlo en su mayoría en el Parlament quedó totalmente frustrada abriendo un panorama que augura más tormentas y chaparrones que un clima estable y de “normalidad”.

Como el remedio que resulta casi igual que la enfermedad, a Rajoy no le salió bien la jugada y el 155 perdió una batalla muy  importante. Lo trágico-paradójico de la situación es que, además de que se haya ratificado  el president depuesto por el 155, el PP fue el partido menos votado quedando al borde de la extinción y pierde doblemente en Catalunya, pierde como fuerza parlamentaria y pierde hegemonía en la derecha frente a Ciudadanos que sale fortalecido.

Aunque por el momento existe consenso en el bloque independentista de investir a Puigdemont como el candidato más votado lo cierto es que el 155 continúa vigente y sus consecuencias también. De entrada, la mayoría independentista puede estar en riesgo en la sesión constitutiva del Parlament. En su conjunto (Junts per Catalunya, ERC y CUP), los independentistas cuentan con 70 diputados, dos por encima de la mayoría absoluta, fijada en 68 escaños. Hay ocho diputados electos del independentismo (de ERC y JxC) con graves dificultades para participar en la primera sesión. Cinco de ellos (Carles Puigdemont, Clara Ponsati, Meritxell Serret, Toni Comín Y Lluís Puig) se hallan en Bruselas y serían inmediatamente detenidos en caso de regresar a España. Otros tres (Oriol Junqueras, Jordi Sánchez y Joaquim Forn) se hallan encarcelados, con escasas perspectivas de salir en libertad en las próximas semanas.

La reciente resolución del Tribunal Supremo de denegar la puesta en libertad de Oriol Junqueras es de una significativa dureza y envía un mensaje inequívoco a toda la sociedad catalana a la vez que complica aún más la constitución del nuevo Parlament de Catalunya, previsto para el próximo 17 de enero. Se baraja la posibilidad de una investidura vía telemática de Puigdemont, quien a su vez condicionó su regreso a un pacto con el Estado que le ofrezca garantías de no ir a prisión pero al momento no hay ninguna propuesta concreta oficial sobre la mesa.

La contracara de estas elecciones. Consolidación de Ciudadanos y polarización

Pero también las elecciones dejaron una contracara de lo anterior. La victoria de Inés Arrimadas ha sido categórica tanto en votos como en escaños aunque trunca en la posibilidad de gobernar. Aun así no hay que menospreciar la cuestión de que los 37 escaños conseguidos denotan que la papeleta de Ciudadanos representó la opción más clara y con más posibilidades contra los “separatistas” convirtiéndose prácticamente en la única alternativa a la Catalunya independentista y aunque no les alcance para formar gobierno, tampoco se debe pasar por alto lo que expresa el hecho de que los tres partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) que respaldaron el artículo 155, obtuvieron  el respaldo de casi 1.900.000 catalanes, esto es el 43,5% de los votos y 57 escaños.

Ciudadanos, que se ha venido alimentando del conflicto en clave nacional, confirmará otra legislatura más haciendo oposición a un Gobierno independentista, pero ahora, en mejores condiciones que antes. Y esto no hace más que sumar inestabilidad de cara al futuro.

El retroceso de la CUP

El ala “izquierda” del independentismo ha perdido 6 diputados quedándose en 4 aplastada, antes que nada,  por la inmensa presión que significó la apelación al voto útil  al que invocaban las dos grandes listas independentistas, sobre todo JxC con Puigdemont de cabeza de lista, contra el Estado español, contra el 155, por la libertad de los presos y por la restitución del gobierno legítimo, campaña que caló y logró aglutinar el apoyo de la mayoría de los votantes del independentismo.

Pero también la CUP paga el costo de no haber asumido ningún planteo independiente ni antes ni durante la campaña electoral. No supo defender y mantener una política independiente y un rumbo diferenciado y separado a la dirección burguesa del procés del PDECat y ERC, sino todo lo contrario ha venido teniendo una política subsumida, y en última instancia, de mano tendida y de confianza en la misma. Un grave error político que tanto la lucha de clases como la democracia burguesa parlamentaria se cobran.

En este sentido, los resultados electorales también han servido para dejar atrás la dependencia de la CUP que tantas disputas supo generar con el partido de Artur Mas e incluso le obligó a renunciar a la presidencia de la Generalitat. Con los cuatro escaños que ha conseguido sólo se necesita de ellos una abstención en segunda votación para la investidura. Lamentablemente, la CUP está en peor situación que antes para condicionar y presionar al nuevo gobierno.

La reaccionaria equidistancia de los comunes

Aunque la bajada es más leve, los Comuns también retrocedieron tres escaños respecto a la candidatura de Catalunya Sí que es Pot. La lista de Domenech paga el precio de su falsa y retrógrada equidistancia de no estar “Ni con la DUI ni con el 155” porque no hay equidistancia entre el tiburón y las sardinas y los votantes cobraron el hecho de haberse posicionado del lado del tiburón y distanciarse de las sardinas, colaborando y siendo funcional con el apuntalamiento y salvaguarda de la España tal cual es que heredamos del Franco.

La necesidad de una salida independiente

Las elecciones nos dejan un escenario abierto, con un independentismo que resiste a la embestida de la derecha y el gobierno y donde JxC refuerza su liderazgo dentro del bloque soberanista respecto a ERC. Nos dejan un Ciudadanos que aumenta su respaldo y legitimidad electoral y social, cuestión que lo confirma como fuerza hegemónica de la derecha en Catalunya y que hará valer a nivel nacional peleándole espacio al PP. Y si el 155 venía a restablecer el orden, la moderación y la distención, estas elecciones, por el contrario, dejan un escenario abierto y un ambiente polarizado política y socialmente perfilando un clima inestable en lo que hace a la gobernabilidad.

Ahora el independentismo está llamado a formar gobierno y aunque no se diga ni tome forma concreta aún, la renuncia a la vía unilateral por parte de ERC y JxCat, pone en evidencia la estrategia de la mayoría (burguesa) independentista, que tras el choque de trenes con el Estado y las causas judiciales en marcha, se orienta a centrarse en una vía bilateral de diálogo, negociación y pactos con el Estado central para  llegar a acuerdos. Esta clara marcha atrás y recule revela una estrategia contraria, distinta y alejada a la que protagonizó, impulsó y expresó el pueblo catalán en las calles el 1-O por su derecho a decidir, y que el Estado, Rajoy y la España constitucional atacaron con severa y firme dureza.

Al momento, la cuestión concreta de la hoja de ruta del procés y la construcción efectiva de la República declarada, y suspendida a la vez, ha quedado postergada y subsumida ante el evidente escollo legal, pero sobre todo político, de abordar la cuestión de la formación del nuevo gobierno. Ahora asistiremos como espectadores al paripés del circo pos electoral de pactos, negociaciones por arriba y peleas judiciales transmitidas por TV. Pero en definitiva se trata de un pueblo que demostró en infinitas oportunidades y con un movimiento en las calles su deseo y voluntad de decidir e independizarse del Estado español y de un Gobierno reaccionario y represor, el aparato del Estado y las fuerzas de derecha decididos a negarlo, impedirlo y enfrentarlo.

Pero aunque Rajoy haya decretado la muerte del soberanismo, esto responde más aun deseo que a la tozuda realidad, porque los resultados electorales y sobre todo las fuerzas sociales vivas surgidas del procés que continúan existiendo le tapan la boca sin más.  Que el procés haya quedado muy desgastado y a la espera de que se aclaren las cosas, no quita, ni mucho menos en el escenario próximo que se avecina, resurja con más fuerza en este clima de innegable polarización social y política que se  vive.

Ahora habrá que procesar el balance electoral y ver cómo se desarrollan los hechos. Sin dejar de insistir en la necesidad de continuar trabajando y redoblar los esfuerzos por la cimentación de una alternativa independiente, que ponga el centro en la clase trabajadora, sus intereses, sus métodos y sus luchas, para poder pelear por un programa de clase, que logre ligar la cuestión nacional con los problemas sociales en la perspectiva de generar un proceso donde seamos los trabajadores, las mujeres y la juventud los que podamos discutir y decidir qué República queremos y como la construiremos.

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Ante el 21D – Las elecciones del 155 son una trampa

Socialismo o Barbarie – Estado español

Quisiéramos partir diciendo que estas elecciones son una trampa peligrosa. Porque son la aplicación del Art 155 y por tanto impuestas, convocadas y organizadas por el Régimen y el Estado franquista español con el objetivo de frenar, desviar y encauzar la inmensa movilización, el proceso surgido por abajo y la voluntad y el legítimo derecho del pueblo catalán a votar y decidir. Unas elecciones que suponen un engaño y una estafa al “procés” porque van en el sentido de borrar de la escena las urnas y las calles de la autorganización, la acción y la democracia directa expresadas el 1-O, el 3-O, el 8N y llevar todo al terreno de la mediación de las urnas del Estado de la democracia burguesa para dirimir en ese campo los problemas.

Son una trampa peligrosa porque habilita la posibilidad de perder ante el bloque constitucionalista y eso deslegitimaría el procés y asestaría un gran golpea a la moral de los amplios sectores que se movilizaron.

Y es por todo esto que consideramos un error entrar a participar avalando las mismas.

Lamentablemente desde todas las vertientes del denominado “bloque soberanista” se reconocen como unas elecciones ilegítimas pero siempre hay un pero, que en mayor o en menor medida,  justifica la participación en las mismas, lo que no es más que admitir, obedecer y someterse a la jugada de Rajoy y la derecha españolista.

Puigdemont sostuvo en varias oportunidades que el Govern no esperaba, a la vez que se escandalizaba y denunciaba, la brutal reacción represiva del Estado español frente a la enorme y valiente demostración del pueblo catalán en las calles, pero ahora sin embargo,  acatan y avalan sus reglas e imposiciones.

Aquel 27 de octubre, al calor de las masas y de la expectativa general, se declaró la independencia y se proclamó la República. Pero a la vez, no se tomó ninguna medida concreta ni se llamó a la movilización permanente en las calles para defenderla ante la más que anunciada amenaza de Rajoy de implementar el 155.  Lo cierto es que se declaró la DUI para inmediatamente suspenderla y llamar al diálogo. Puigdemont se fue a Bélgica y Rajoy cumplió cesándolo como president, disolviendo el Parlament y convocando a “estas” elecciones.

No hubo marchas ni llamados a la resistencia real para efectivizar y defender la República, ni para enfrentar al 155 en las calles pero sí hay elecciones. Nada más pasivo que eso y contrario a todo lo que se vino luchando y conquistando en las calles. Vaciar las calles y llenar las urnas, la manera más efectiva y “democrática” de la dirección burguesa del procés para desviar el legítimo derecho del pueblo catalán. Y para eso prepararon a su base, diciéndoles que hay que votar a cualquiera del bloque soberanista con tal de que no gane la derecha y para refrendar en las urnas la República, una República que ellos mismos se encargaron de que sea sólo en el papel.

Y cuando hablamos de direcciones burguesas nos referimos a los partidos y organizaciones que dirigen el procés, ex CIU, (las cosas por su nombre) el partido de Pujol y las retalladas en la era de Artur Mas, ERC (ex aliado del PSC en el Tripartit) y Òmnium y la ANC (organizaciones tradicionalmente conocidas por no ser para nada de izquierdas)

Para lavarse la cara y volver a jugarse la legitimidad y no perder el capital político acumulado hasta ahora, habilitan unas elecciones convocadas por el Gobierno central a las cuales el independentismo llega dividido, pero aun así, éstos prefieren acudir a las urnas aunque sea perdiendo votos porque las calles no son su terreno y hay que calmar y encausar las cosas.

Porque se ha ganado y conquistado mucho más en un día de ejercicio real de democracia directa y autorganización que en toda una legislatura de gestión gubernamental justamente cuando el movimiento, confiando en sus propias fuerzas y en sus propios métodos, desborda, desobedece rompiendo de hecho límites de la democracia burguesa y va más allá de, y a pesar de sus direcciones. Las urnas del 1-O impuestas por la movilización masiva y la acción directa no son lo mismo, ni tienen el mismo sentido ni valor político que las urnas del 21D impuestas por la fuerza del Estado monárquico justamente para anular lo anterior. Por esto mismo presentarse y/o participar de las mismas es un error porque legitima y le hace el juego a esta situación. La única “maldita gran novedad” de las encuestas de estas elecciones es el crecimiento de Arrimadas y C´s cuyo lema electoral es “ahora si votaremos”, claro, son sus elecciones, las del 155.

Ahora se dice que la DUI fue simbólica y que el Govern no estaba preparado para la independencia. Lo cierto es que así como declararon la independencia también así la dejaron morir. Huele a justificación.

Un proceso y una independencia que la dirección burguesa vendió como un camino fácil, low cost, sobre el que se cargaron las tintas y del cual hoy se echan atrás en aspectos importantes como la unilateralidad y proponen un camino totalmente opuesto al recorrido por el 1-O hasta ahora; un referéndum pactado, aun cuando ya queda más claro que el agua el antecedente que el Estado español y Rajoy no dialogan, no quieren ni permitirán la independencia y que para eso cuenta con el apoyo de su socio inestimable desde 1978, el PSOE. Es que cuando las patatas queman y el orden se ve amenazado por el desborde, la pusilánime burguesía retrocede, toma partido y frena al movimiento, cuando no lo combate.

Por supuesto que los socialistas revolucionarios no despreciamos el terreno electoral, pero no es nuestro campo de batalla. Lo cual no quita que cuando decidimos intervenir en este terreno lo hacemos con la intención y el sentido de que sirvan como tribuna popular para poner en el centro y amplificar la voz, las reivindicaciones, los métodos y las luchas de los trabajadores y el movimiento popular. Asimismo lo hacemos con una campaña electoral revolucionaria, roja y un con un programa independiente y clasista y para eso pedimos y pelamos el voto. Pero a la vez, hay elecciones y elecciones y a veces nos presentamos y a veces no.

En este contexto y siendo concientes de la enorme presión que significa la idea del “voto útil” contra el 155 y para que no gane la derecha y siendo concientes también de que no están dadas las condiciones para plantear un boicot o rechazo activo a esta elecciones impuestas por la monarquía y el PP-SOE reeditando y profundizando el camino de un 8N, la segunda opción, de no presentarse para legitimarlas ni y por tanto rechazarlas con el no voto o la abstención, nos parece la más correcta.

Al final de cuentas el contenido social (paro, salarios, salud, educación, pensiones, precarización, etc, que más o menos pueda haber, y si los hay en algunos casos,  en los programas electorales independentistas, quedan subsumidos y relegados a un segundo plano ante la polarización (no de clase entre burgueses y trabajadores) entre el “Vote contra el 155 y por la Republica” del independentismo versus el “Vote por la unidad de España” de la derecha rancia y fascista.

Y no hay que dejar de señalar la falsa equidistancia “Ni DUI ni 155” de Colau, Domènech e Iglesias, porque hay situaciones en las que no se puede mantener una posición ambigua y oportunista, o se está con el tiburón o se está con las sardinas, y se pusieron del lado del tiburón, y eso no es ninguna equidistancia, hay que sacarlos del medio ponerlos donde se ubicaron, del lado de la defensa y apuntalamiento del régimen del 78 y contra el derecho y deseo del pueblo catalán.

Lamentablemente la CUP que podría haber jugado un rol progresivo en esto, ha venido teniendo un comportamiento más proclive a ser el furgón de cola o más bien el ala izquierda de un movimiento independentista burgués liderado y dirigido por sus partidos (ERC y la antigua Convergencia) y organizaciones  referentes (Òmnium y ANC) que una organización o partido independiente de estas direcciones. Una versión de izquierda ultra reformista y totalmente adaptada a las reglas del juego institucional del parlamentarismo y municipalismo burgués de la democracia capitalista de los ricos, que al final de cuentas, diga lo que diga en mítines, en la prensa o  en sus programas al fin de cuentas son solo palabras y papel mojado, pues en los hechos, siempre terminan  confiando y dándole otra oportunidad a los partidos burgueses, como cuando daban su apoyo a la conformación del Govern de Junts pel Si y a los presupuestos a cambio de la promesa de independencia que hoy reconocen como incumplida. Si la CUP se comportara una corriente independiente (de los partidos burgueses), en todo estarían equivocados y le haríamos la crítica en cuanto a su táctica y estrategia, pero no es así. Se equivocaron, fue un error, y se vuelven a equivocar con su participación en estas elecciones

Pero más allá de lo que los trabajadores, las mujeres y la juventud decidan votar o hacer el 21 también somos concientes de que el proceso no se ha cerrado ni muchos menos ha muerto como ya ha decretado la derecha, sino que continua vivo y abierto, porque el  día 22 los problemas y los debates serán los mismos y se pondrán nuevamente sobre la mesa, porque los CDR continúan organizados y con ganas de movilizarse, hacer cosas, y pelear por la independencia.

Obviamente que a la derecha, más allá del resultado la combatiremos siempre y en todos los terrenos, sobre todo en las calles, con huelgas, cortes de vías y carreteras y con movilizaciones masivas. Como así también  estamos dispuestos a defender el resultado favorable al voto independentista si está verdaderamente dispuesto a ponerlo al servicio de ir hasta el final en poner en marcha y defender la República tomando medidas concretas y abriendo realmente un proceso constituyente donde todos los que vivimos y trabajamos en Catalunya podamos discutir y decidir qué tipo de República queremos y con quienes y para quienes queremos construirla. Porque no queremos cambiar un opresor por otro, no queremos la República catalana independiente burguesa donde la ley y el imperio de la explotación y el saqueo capitalistas continúen operando. 

Por todo esto es que llamamos a rechazar estas elecciones tramposas impuestas por Rajoy y lo decimos no desde una postura escéptica o meramente crítica, sino todo lo contrario, desde una postura militante y revolucionaria para redoblar los esfuerzos desde el mismo día 22 en la apuesta de construcción de una alternativa de independencia de clase (de los partidos y organizaciones burgueses y pro patronales) que ponga en el centro a los trabajadores, sus métodos y sus luchas y que interpele y le tienda la mano al resto de los sectores populares, las mujeres y la juventud no solo de Catalunya sino también del resto del Estado para romper con el Régimen heredero de Franco y caminar en el sentido de la transformación socialista de la sociedad.