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Gira del papa por Cuba y Estados Unidos

Francisco en campaña

Por Claudio Testa, SoB

La gira-show del papa Francisco por Cuba y Estados Unidos compitió por la primera plana de los medios continentales… aunque en Europa y el resto del mundo tuvo menor trascendencia. Entre otras cosas, la oleada de refugiados en Europa y las redobladas atrocidades en Siria, Yemen y Turquía le restaron audiencia.

Sin embargo, eso no le quita importancia en varios sentidos, tanto políticos en general como en lo que respecta a la “interna” de la Iglesia Católica, que está en un complejo proceso de debates y hasta confrontaciones que pueden dar lugar a sorpresas. El próximo partido se disputará en Roma, en el Sínodo de Obispos convocado del 4 al 25 de octubre.

Sesionará bajo el título: “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. Pero bajo este título, que suena “inofensivo”, hay bombas de tiempo que pueden producir estallidos. Si eso va a suceder y qué alcance tendrá, es algo que no podemos responder. Lo indiscutible es que esos puntos de discordia existen y hacen a la supervivencia del aparato burocrático-religioso más antiguo del planeta.

De Roma a Washington, pasando por La Habana

¿Qué tienen que ver esto con la gira del papa Francisco? Mucho.

Es que estas giras apuntan, por un lado, a reconquistar el (inmenso) terreno social perdido por la Iglesia –tanto en Europa como en EEUU y América Latina– bajo los dos últimos papas, el polaco Juan XXIII y el alemán Ratzinger.

Pero, por otro lado, esa reconquista de “popularidad” lograda por el actual papa –aún muy relativa por ser demasiado “mediática” y poco “orgánica”– va a ser puesta en la balanza para dirimir los debates internos de la Iglesia.

Así, en el ring del Sínodo de Obispos del mes próximo, estará, por un lado, la fracción de los que resisten un aggiornamiento. Por el otro, se alineará la fracción encabezada por Bergoglio, que estima esos cambios de vida o muerte para revertir la lenta pero la implacable pérdida de fieles (gente que va a misa y toma los sacramentos) y de vocaciones (gente que desea ser cura o monja).

Y por el tono, los adjetivos y las jugarretas que trascienden en publicaciones católicas, el debate pre-sínodo se va pareciendo cada vez más a una “interna” peronista combinada con intrigas de la Roma del Renacimiento. En la Curia del Vaticano ya circula un violento documento que “critica los supuestos atropellos cometidos por Bergoglio por simplificar los procesos de nulidad matrimonial… Un sector de la Santa Sede lo llama «la ley del divorcio católico» y lo califica de «muy preocupante»“.[1]

Este es el “telón de fondo” que está detrás de las giras del papa Bergoglio. En él, por supuesto, se entrecruzan muchos cables, sobre todo en este último viaje.

El primer tramo, su estancia en Cuba, fue importante pero nada novedoso. Ha sido sólo otro paso más, en sociedad con la burocracia cubana, para aceitar ideológicamente la transición de Cuba al capitalismo, que por abajo marcha ahora a toda velocidad. En esto, la Iglesia, ya desde mucho antes del papa Francisco, apostó a una transición “ordenada”, “evolutiva” y no a un derrumbe catastrófico como el de la ex Unión Soviética. Esto dejó descolocados a los “gusanos” de Miami y a los opositores de derecha en la Isla. Finalmente, el papel mediador de Francisco en los acuerdos con EEUU, fue el broche de oro de esa política.

Raúl Castro, arrodillado en primer fila en todas las misas de Francisco, y Fidel recordando con Bergoglio sus buenos tiempos de alumno de los jesuitas, expresaron esa asociación que no implica que el papa sea “comunista” ni “socialista”.

La problemática Iglesia Católica de los Estados Unidos

Al escribir este artículo, su gira por EEUU aún no ha concluido. Todavía no podemos hacer un balance acabado. Pero lo que es indiscutible es que el nudo de su gira son los Estados Unidos.

Ese nudo tiene varios hilos. En primer lugar, el catolicismo sigue siendo importante en EEUU… pero va en descenso. “Dos décadas atrás, uno de cada cuatro estadounidenses se identificaba como católico. Hoy, es sólo uno cada cinco. Esto es parte de una tendencia más amplia a la secularización.”[2]

Pero este es sólo un problema de una Iglesia que, según el New York Times, está “en conmoción”. Mientras muchas iglesias cierran y las parroquias se fusionan por falta de feligreses, especialmente en el Este y el MedioOeste, en la costa del Pacífico y el Sur las iglesias están llenas a reventar por los migrantes principalmente latinos. La Iglesia ha ido perdiendo sus fieles blancos tradicionales (de origen irlandés, polaco, etc.) mientras incorpora a inmigrantes del Sur. Esto genera tensiones en el país más racista del planeta.

Al mismo tiempo, una parte importante de los obispos sigue a contramano del “giro” papal. Mientras desde Roma se impulsa un moderado y formal giro “progre”, para recuperar a los millones de fieles perdidos por la ridícula excomunión de los divorciados, de las parejas que viven “en pecado”, de los que usan un condón para no embarazarse y/o contagiarse, de las mujeres que abortan, de las personas LGTB, etc., la Iglesia en EEUU impulsa campañas opuestas. ¡A la hoguera con todos ellos!

Pero esta Iglesia, es también la que más aporta financieramente al Vaticano. En los sermones, el dinero puede ser “el excremento del diablo”… pero sin los dólares de la Iglesia yanqui no se pueden pagar las cuentas en Roma. ¡No es posible perder su apoyo!

Por último, la frutilla del postre: la Iglesia de EEUU ha sido una de las más comprometidas en los escándalos de pedofilia… y eso sigue flotando en la atmósfera… y en la opinión pública norteamericana.

Para el papa Francisco y su fracción, “hacer campaña” hacia las masas en EEUU… y al mismo tiempo poner en cintura a los sectores díscolos de la Iglesia yanqui tiene importancia estratégica.

Notas:

1.- Ver: “Aguas revueltas ante el Sínodo de la Familia” y “Tensión ante el Sínodo de la Familia: rebelión contra el Papa”, en Vida Nueva ( http://www.vidanueva.es ), 18/09/2015.

2.- “Pope Francis to Find a Church in Upheaval”, New York Times, Sept. 21, 2015.

Obispos USA contra el papa

El truco teológico del papa Francisco para recuperar a las masas de pecadores (divorciados, gays, mujeres que abortan, personas LGTB, etc.) que además han abandonado la Iglesia, es la misericordia. Doctrinariamente, no modifica la nomenclatura de pecados ni tampoco establece el divorcio. Pero, como la misericordia de Dios es infinita, están perdonandos.

Asimismo, para paliar el disparatado rechazo del divorcio –que produce una de las principales sangrías de fieles– establece un mecanismo acelerado y gratuito de “anulación” del matrimonio. Esto ya existía, pero demoraba largos años… y costaba una fortuna.

Pero, esta “flexibilización” de los pecados, y las prestidigitaciones necesarias para conservar la doctrina sin cambiar nada de fondo, ha despertado las iras de un sector de la Iglesia que en EEUU, que tendría cierto eco.

Uno de sus mentores es el arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone. A contramano de la línea que baja desde el papado, Cordileone, en su diócesis, se ha destacado por las campañas anti-gays, y otras iniciativas por el estilo. Un artículo reciente de la revista Newsweek[1] se hacía la pregunta de quién era católico, el papa o el arzobispo, ya que decían cosas muy diferentes.

Otras críticas públicas vienen de un arzobispo estadounidense que, además, ocupó altos cargos en el Vaticano, el cardenal Raymond Burke, arzobispo de Wisconsin. “Hay que estar muy atentos con respecto al poder del Papa. Ese poder no es absoluto. El Papa no tiene el poder de cambiar la enseñanza o la doctrina.”

Otro crítico que se atreve a hablar, es el obispo Thomas Tobin de Providence, Rhode Island. En una carta abierta denuncia que “al tratar de satisfacer las necesidades de la época, como Francisco sugiere, la Iglesia corre el riesgo de peligro de perder su valiente voz, contracultural, profética, que el mundo necesita oír”.[2]

Estos y otros opositores en EEUU se hacen eco de una “carta anónima” en circulación desde Roma: “Tenemos un problema grave en este momento, una situación muy alarmante, donde sacerdotes y obispos católicos están diciendo y haciendo cosas que están en contra de lo que enseña la Iglesia, hablando de uniones del mismo sexo, acerca de la comunión para aquellos que están viviendo en adulterio. […] Y sin embargo, el Papa no hace nada para silenciarlos. Así que la conclusión es que esto es lo que quiere el Papa.”(cit.)

Al terminar este artículo, el papa acababa de llegar a EEUU. No sabemos qué resultará de su gira. Lo más probable es que acalle las voces críticas, apoyándose tanto en su autoridad como en sus condiciones de showman y el sostén de gran parte de los medios. Sin embargo, eso no despeja el signo de interrogación: ¿hasta dónde se mantendrá la unidad de la Iglesia católica?

Notas:

1.- Alexander Nazaryan, “Is The Pope Catholic?”, Newsweek, Sept. 10, 2015.

2.- “Inside the Vatican, sings of a brewing conservative backlash”, Washington Post, Sept. 08, 2015.

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Gira del papa Francisco: la Re-Conquista de América

Por Claudio Testa. – La Iglesia Católica una vez conquistó América (latina). Fue siglos atrás, montada en el caballo de la conquista a sangre y fuego que llevaron adelante los colonizadores españoles y portugueses.

Hace unos días el Papa realizó una gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay que de alguna manera es el intento de una reconquista, aunque esta vez no mataron a nadie.

En efecto, la Iglesia Católica vienen perdiendo terreno desde hace décadas en Latinoamérica, territorio del que tenía casi el monopolio en el rubro de las salvación de las almas.

Como dice una periodista, fervorosa del papa Francisco, “en su gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay, no sólo buscará acercarse a los más necesitados, sino que tendrá el desafío de revitalizar una Iglesia que cada vez pierde más fieles […] En las últimas cuatro décadas, los católicos pasaron del 92% de la población en 1970 al 69% hoy, según un estudio del Pew Research Center”.[1]

La periodista señala el drenaje que le causa “la fuga de fieles hacia el protestantismo”. Esa sangría no es despreciable. Pero hay otra, menos circense y estruendosa que el paso a las sectas auspiciadas en gran medida desde EEUU, la secularización. Este último es un proceso por el cual el catolicismo ya ha quedado desangrado en Europa.

A diferencia de la captación por las sectas evangélicas, que les succionan los sectores más atrasados y de retaguardia de la población, la secularización arrasa con los hombres y mujeres más de vanguardia, los sectores con mayores inquietudes y nivel cultural e ideológico.

Reconquistar terreno en América Latina es decisivo para una Iglesia que en Europa tiene ya pocas chances de hacer lo mismo. Para eso, inteligentemente, Francisco, a diferencia de sus estólidos predecesores, está conduciendo un giro de la Iglesia que se adapte (no sólo aquí sino también mundialmente) a esta época de crisis, descontento generalizado y protestas sociales. Aunque aún no llegue a ser una época revolucionaria, apunta en ese sentido.

Dicho de otra manera, es lo opuesto al período de retrocesos y derrotas de los 80, que culminó con la caída del Muro de Berlín. Para ese período, con su fino sentido de las situaciones, la Iglesia entronizó al reaccionario “papa polaco”, el protector de pedófilos Juan Pablo II (1978-2005). Este papa y su mano derecha (el posterior papa-renunciante Benedicto XVI, Joseph Ratzinger), dieron giro archireaccionario que incluyó, en relación a América Latina la condena de la Teología de la Liberación.

Pero no se quedaron en palabras. A eso añadieron el apoyo abierto y/o el silencio cómplice del asesinato de obispos y centenares de sacerdotes comprometidos en luchas sociales, por parte de las dictaduras militares.

Pero una mano lava la otra. Ahora la víctima más famosa de esa sanguinaria represión, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero de El Salvador, asesinado en 1980, va a ser canonizado. Y el condenado fundador de la Teología de la Liberación, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, ha sido el principal orador de la asamblea general de Cáritas realizada en Roma, en mayo pasado.

Pero lo fundamental no son esos giros de 180º al interior de la Iglesia, sino su vuelco a recuperar terreno en la sociedad latinoamericana y, en general, a nivel mundial. Si a fines de los 70 la política del Vaticano era apoyar las dictaduras latinoamericanas desde Videla en Argentina a la de los asesinos de Romero en El Salvador, ahora apunta a las buenas relaciones con Raúl Castro en Cuba (el Papa fue mediador con Obama), el chavismo en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia y por supuesto –para disgusto de los caceroleros de Recoleta y Barrio Norte– con Cristina K.

Digamos que, del lado del “progresismo” latinoamericano se le retribuye de muchas maneras. Esto va desde el libre juego que tienen en Cuba las corrientes políticas afines a la Iglesia (libertad que no gozan las corrientes de izquierda distintas de la burocracia del PCC) hasta las posiciones más cerriles contra el derecho al aborto (como en Nicaragua, Ecuador, etc.).

 

Notas:

1.- Paula Markous, “Francisco llega a la región con el desafío de revitalizar la Iglesia”, La Nación, 05/07/2015.

¿El regreso a la teoría de la liberación?

Inevitablemente lo que gusta a unos disgusta a otros. El necesario y astuto “giro a la izquierda” de la Iglesia ha levantado ronchas en diversos sectores. Basta ver en los diarios oligárquicos los comentarios de los artículos sobre la gira del Papa. Hubo indignación por definición del dinero como “excremento del diablo”… y no hablemos del crucifijo con la hoz y el martillo que le regaló Evo. Y más aún, cuando Francisco fue a rezar a la tumba del sacerdote que talló este original crucifijo, y que fue asesinado por la dictadura de turno.

Por supuesto, sólo los más idiotas se escandalizan. El proclamado “giro a los pobres” de Francisco, la canonización de Monseñor Romero, la oración ante la tumba del cura que tallaba crucifijos con la hoz y el martillo y otras acciones y declaraciones, no implica hoy el retorno a una actividad militante con rasgos revolucionarios, como fue en su momento el de un sector importante de sacerdotes y fieles latinoamericanos. Hoy, se encuadra en el “asistencialismo de la miseria”, un terreno afín al de los gobiernos “progresistas”.

Tampoco definir al dinero como “excremento del diablo” va llevar al cierre del banco del Vaticano –el IOR, Istituto per le Opere di Religion–. A lo sumo, dados los reiterados escándalos que ha producido el IOR, habrá más cuidado en el lavado de dinero de la mafia y otras operaciones que en su momento motivaron desagradables intervenciones de la justicia italiana y de organismos de control internacional.

Sin embargo, esto no implica que el curso de la Iglesia no sea tormentoso en los próximos tiempos. Como dijimos, el necesario aggiornamiento “populista” que conduce el “papa argentino” levanta ronchas, también al interior de la Iglesia. No es descartable otro cisma, como el que en su momento marcó el giro a la izquierda de los 60.