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Pedro Sánchez vuelve a ser el secretario general del PSOE

El significado del triunfo de Sánchez

El domingo pasado, con una amplia participación de las bases militantes y en un clima de evidente tensión y seriedad entre los candidatos, el PSOE realizó sus internas para elegir al secretario general en las cuales se impuso con contundencia Pedro Sánchez alzándose con el 50% de los votos  frente al 40% obtenido por Susana Díaz y el 10% de Patxi López (1). Sánchez vuelve a ocupar el cargo después de que dimitiera tras los penosos resultados que obtuvo el PSOE en las últimas elecciones generales del 20D, de su fallida investidura  y de la posterior investidura de Rajoy gracias al “favor” de la abstención del PSOE. Recordemos que en aquel entonces Pedro Sánchez fue el abanderado del “no es no”  a Rajoy contrario a la política impulsada por el sector del aparato y los barones socialistas (con Susana Díaz a la cabeza) que en nombre de la “responsabilidad de Estado” levantaron la abstención para que gobierne el PP.

De hecho, estas no fueron unas elecciones internas cualquiera, lo que aquí está en juego es cómo sacar al PSOE del estado de crisis, fractura y división en la que está, cómo revertir la desafección y el desconcierto de parte de sus bases y votantes comprobado en las derrotas sufridas en las dos últimas elecciones generales y cómo situar nuevamente al partido en el camino de volver al gobierno siendo capaz de disputarle a Podemos todo el terreno perdido por izquierda en la nueva configuración del sistema de partidos en el estado español.  En un contexto de crisis de representatividad y de legitimidad de los partidos tradicionales, del fin del bipartidismo y de las mayorías absolutas donde el PP gobierna casi “in extremis”, acorralado y señalado por la corrupción y dependiendo de pactos y negociaciones.

Estos son los retos que tiene el nuevo secretario general  por delante, las diferencias están en el cómo. Si con un PSOE más moderado y centrado aliándose con la derecha como es la línea de la baronesa Susana Díaz o si lo hace con un PSOE más de “izquierda”, más “radical” como pregona Pedro Sánchez.

Muy claras en este sentido fueron las primeras palabras de Sánchez apenas conocidos los resultados. “Nada termina hoy sino que hoy empieza todo. Vamos y queremos hacer una organización nueva. Vamos a hacer y cumplir con el mandato de las urnas, hacer del PSOE el partido de la izquierda de este país, y mi compromiso sigue siendo firme: unir al partido”.

A pesar de la contundencia con la que la mitad del partido le ha dicho si a Sánchez, viéndose representada antes que nada en su rechazo a pactar con el PP, no es menos cierto también que un poco menos de la mitad permanece fiel a Susana Díaz, evidentemente la fractura y la sangría continúan y en el contexto anteriormente descrito.

Lo que explica y representa el triunfo de Sánchez

Aunque los modelos de Díaz y Sánchez puedan ser más o menos diferentes, ambos se empeñaron en que parecieran radicalmente distintos y de hecho ese fue el eje de la campaña, durante la misma no hubo ni una sola referencia a cuestiones programáticas esenciales que den respuesta a los problemas más acuciantes e inmediatos de los españoles como el paro o la precarización o a cuestiones de primer orden de la política nacional como Catalunya o los presupuestos, por ejemplo.

Pedro Sánchez achacó a Díaz la investidura de Mariano Rajoy vinculando esa decisión con lo que considera una derechización del partido y el discurso de Díaz apelando a la unidad y a los valores e identidad socialistas y contando con el aparato del partido no alcanzó.

La victoria de Pedro Sánchez ha activado las alarmas de preocupación del stablishment y la prensa burguesa, que sin dudar hubieran preferido que ganase  la representante de los patriarcas y el aparato del PSOE y ponen el grito en el cielo viendo en el triunfo de Sánchez  la perdición y al propio demonio “bolchevique” haciéndole responsable de las últimas derrotas electorales y de las divisiones internas que con su planteo “radical” y  “demagógico” deja al PSOE en uno de los momentos más difíciles de su historia. Claro, la burguesía, en este sentido, lamenta la crisis del PSOE, el socio del PP como garante del régimen del ’78 y de la gobernabilidad.

A pesar de estos lamentos y preocupación la campaña de Sánchez  situándose a la izquierda y haciendo hincapié en la lucha contra “el aparato” ha calado mucho más y no por ser superior desde el punto de vista del marketing político sino porque responde y expresa varias cuestiones de fondo que son las que explican y dan sentido al triunfo de Sánchez.

En artículos anteriores decíamos que el PSOE está pagando la factura  de la socialdemocracia europea que hace mucho tiempo ya que abandonó su afán reformista pasándose al neoliberalismo puro y duro y siendo directa e indirectamente la garante e impulsora de los planes de ajuste y las políticas austericidas de  la Troika. La socialdemocracia viene haciendo el trabajo sucio de la burguesía, los ejemplos españoles son  la reforma laboral Zapatero o la reforma exprés de la constitución… y eso se paga…  algunos desapareciendo como el pasok griego.

Junto con esto, la victoria de Sánchez  es una clara  manifestación de rechazo de las bases ante la brutalidad con la que la cúpula de dinosaurios del PSOE actuó favoreciendo el actual gobierno del PP, un mal trago, imperdonable e imposible de digerir para las bases militantes, sobre todo los más jóvenes, que no lo dejó pasar y se lo cobró dándole  su voto al abanderado del NO es No a Rajoy.

Asimismo desde algunas voces de la “izquierda” como Anticapitalistas se ve en el triunfo de Sánchez un “giro a la izquierda” y “la derrota del núcleo duro” y se vislumbra la posibilidad de formar, ahora sí, con el ala de izquierda del PSOE, “un bloque histórico mayoritario en el que los sectores rupturistas tengan un rol hegemónico”. (2)

Vemos este planteo sumamente  peligroso,  porque se funda sobre una falsedad y siembra ilusiones en ella,  que existe un ala izquierda del PSOE capaz de girar a posiciones rupturistas.  Falso en todo sentido. Insistimos una vez más en que el problema del PSOE es el PSOE como tal. Maquillaje más maquillaje menos, es uno de los dos partidos de la casta, artífice, garante y agente del régimen del 78, el PSOE de la reforma laboral de Zapatero y del 135, el PSOE respetuoso y defensor de la unidad del reino de España y su monarquía.  El PSOE  que ya demostró que prefiere cerrar filas con el PP en la “normalización” de la situación política del país para  garantizar el orden y la gobernabilidad antes que arriesgarse a darle un mínimo de aire a Podemos que lo corre por izquierda y le disputa el papel de oposición parlamentaria, esa es su condición y esencia, sea o no Sánchez su secretario general.

Porque no se trata de reforzar la gobernabilidad, se trata de que vuele por los aires junto al podrido régimen del 78, se trata de ir construyendo una alternativa independiente desde los trabajadores, los sectores populares y la juventud.

Todo suma a la inestabilidad.

El resurgimiento de la trama Gürtel (3), la citación por primera vez de un presidente en funciones a declarar en un caso de este tipo, la mediática detención de Ignacio González (4) y la dimisión de Esperanza Aguirre, dos figuras de alto rango y pesos pesados PP, la nueva imputación a Cristina Cifuentes y sumado a esto, lo que expresa la reciente victoria de Sánchez, ponen de manifiesto cuestiones de importancia. Por un lado, la situación de extrema debilidad y baja legitimidad del gobierno de Rajoy surgido luego de dos elecciones ganadas por minoría y de un acuerdo de investidura  alcanzado con Ciudadanos con más problemas políticos y personales que prácticos. Por otro, el de un escenario de relativa estabilidad, una estabilidad más teórica que real que por ahora parece atada más con hilo de seda que con cable de acero.

Si el triunfo de Sánchez representa una esperanza para muchos y un desastre para otros, lo cierto es que los resultados reflejan que la fractura del psoe continúa y que a los efectos de la estabilidad gobernabilidad agrega más contradicciones e incertidumbres que certezas. En este sentido el triunfo de Sánchez  juega como un elemento potencialmente más desestabilizador que atenuante de la situación de crisis de representación política, del sistema de partidos y de un débil gobierno del PP.

En última instancia, en el marco de un panorama internacional incierto y lleno de tensiones y de continuidad de la crisis económica y social, todos estos elementos y factores que venimos analizando son síntomas y reflejos de una estabilidad y un gobierno endebles.

Mientras las grandes preocupaciones de los españoles siguen siendo como llegar a fin de mes, el paro, la precarización, salud, educación, pensiones y un largo etcétera, vivimos una situación de crisis donde todavía la clase dominante tiene margen porque aún  todo se resuelve por arriba dentro de los canales democráticos y parlamentarios, no sin tensiones, pero nada los corre por abajo ni por izquierda. Lo que no quiere decir que en el futuro, y más que seguro, haya respuestas frente a los ataques del  gobierno.

Vivimos una situación de fragmentación, aislamiento y pequeñez de partidos, organizaciones, sindicatos y colectivos alternativos, combativos y de izquierda y de la inexistencia o peso casi nulo de una corriente, sector o polo de atracción que plante bandera y ofrezca una perspectiva de fondo levante una alternativa independiente y de clase y encarne un programa socialista de salida a la crisis de la mano de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Y todo esto lo decimos no para sacar conclusiones derrotistas ni escépticas, sino todo lo contrario, para redoblar los esfuerzos en la construcción de una alternativa de y para los trabajadores que enfrente en las calles al  gobierno de Rajoy y la Troika. Ahora ellos trabajarán duro en la normalización de la situación. Nosotros debemos ir trabajando  firme y pacientemente en la construcción de una alternativa socialista, que haga saltar por los aires este podrido régimen y refunde el país sobre nuevas bases.

Parece ser que el hastío social, que existe, no se hace notar y está un poco adormecido. Tampoco nadie ha hecho algo para despertarlo. Pero juegan con fuego, a veces, y sobre todo en tiempos convulsionados y cuando no hay duras derrotas, el hartazgo social lo desborda todo y no espera a nadie.

A eso apostamos desde Socialismo o Barbarie, a profundizar y revolver en el hartazgo de los trabajadores, las mujeres y la juventud en el camino de la lucha independiente y en las calles contra el capitalismo y por una perspectiva socialista revolucionaria.

Por Carla Tog, SoB Estado español

Notas

(1) Pedro Sánchez: 67.125 votos (50%), Susana Díaz 54.192 votos (40%), Patxi López 13.543 votos (10%)

(2) “Documento de análisis: el PSOE tras la victoria de Pedro Sánchez”. Anticapitalistas 24 de mayo 2017

(3) El caso Gürtel es el nombre con el que se conoce una investigación iniciada en noviembre de 2007 sobre una red de corrupción política vinculada al Partido Popular que funcionaba principalmente en las comunidades de Madrid y Valencia. Tiene el origen de su nombre en la traducción al alemán del cabecilla de la trama, Francisco Correa, principal responsable de empresas que formaban parte de un fraudulento holding de empresas dedicado a la consecución de adjudicaciones de contratos y beneficios urbanísticos gracias al trato de favor hacia ellas de ayuntamientos, especialmente de las comunidades de Madrid, Galicia y Comunidad Valenciana. Para ello, se valían de sobornos, regalos y otras contraprestaciones. El denominado caso Bárcenas, ex tesorero del PP, constituye una derivación del Gürtel, y recoge toda la contabilidad B del PP con recepción de donativos ilegales de constructoras y entrega de dinero en negro a los dirigentes del partido

(4) Ex presidente de la Comunidad de Madrid del Partido Popular. Fue vicepresidente de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre y presidente del Canal de Isabel II entre 2003 y 2012.

A 80 años de las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona

La sublevación militar-fascista del 18 de julio del 36 se chocó en el camino con la fuerza del proletariado armado y fracasó dando lugar a una situación revolucionaria. La derrota del ejército por los obreros, no sólo socavó en los hechos el monopolio estatal  de la violencia sino también cuestionó y desbordó el poder “ficticio” del estado  burgués, abriendo la posibilidad de ir más allá del mismo.

Por toda España, allí donde la sublevación fascista había sido vencida el nuevo poder obrero se hacía efectivo manifestándose en la conformación de las juntas revolucionarias, de los comités, las milicias populares, las  barricadas, las patrullas de control, en la apropiación de cuarteles y fábricas, en el encarcelamiento y persecución a los patrones, militares y el clero como producto de esa situación en la que las masas obreras en armas se hicieron cargo de su defensa y de la lucha contra el fascismo.

En Barcelona fue donde más profundo caló el proceso y donde se jugó el desenlace de la guerra civil.  Donde se evidenció más hondamente esa situación de desborde y falta de legitimidad del Estado burgués cuando el gobierno central de la República y su representante en Catalunya (la Generalitat) habían perdido todo margen de acción y asistían pasivos ante la revolución que se estaba dando en Catalunya y que se extendía.  La Barcelona del 37 fue el epicentro donde el choque entre ese poder “formal” y el poder obrero “real”,  hecho comité y barricada, fue más crudo. Las jornadas de mayo pusieron de manifiesto que la “cuestión del poder” dejaba de ser una cuestión teórica y abstracta y se convertía en una ineludible necesidad material ante las circunstancias. Aquel mayo desnudó el pérfido rol contrarrevolucionario y asesino del  estalinismo del PCE y el PSUC que en su alianza con la burguesía se jugó todo por el fortalecimiento del gobierno burgués de la Generalitat y sus instituciones. La política estalinista iba de la mano con los objetivos de Lluis Companys (Presidente de la Generalitat): el debilitamiento y anulación de las fuerzas y perspectivas revolucionarias. Los acontecimientos de Mayo pusieron al descubierto la fatal y lamentable capitulación de la dirección de la CNT (y el seguidismo de POUM a esta) al poder burgués y su colaboración con la obra de pacificación y vuelta al orden del gobierno de la Generalitat  al renunciar al hecho de hacerse cargo de la situación, porque lo podía hacer, e integrarse al Frente Popular primero y al gobierno de la Generalitat luego. Pero también mayo del 37 puso de manifiesto la enorme fuerza de las bases cenetistas, poumistas y de los obreros en armas que aquel 3 de mayo, a pesar de sus dirigentes y contra su política se lanzaron a las calles y llenaron las barricadas en defensa de las conquistas del 19 de julio.

A 80 años de los hechos de Mayo, vaya nuestra valoración y reivindicación militantes a todos los obreros y milicianos que dieron su vida y enfrentaron al fascismo en una de las gestas históricas del movimiento obrero que fue la guerra civil española y un  ejemplo de solidaridad internacional.

En este sentido encontramos más que oportuno y elocuente el relato que reproducimos a continuación sobre las jornadas de mayo de M. Casanova. Este relato, parte de una obra más extensa  publicada en el 39,  no sólo tiene el valor de ser contado en primera mano, ya que el autor, militante de la sección francesa de la IV internacional fue combatiente de las Brigadas Internacionales en el Frente de Huesca sino que además tiene el valor histórico- político de ser un aporte militante que sirve para extraer las  mejores lecciones  y enseñanzas de esa heroica gesta del movimiento obrero en su lucha por liberarse  de las cadenas del capital y para formar y politizar a las nuevas generaciones que entran a la lucha.

Los acontecimientos de mayo de 1937

Casanova, “El frente popular le abrió las puertas a Franco”. Marzo de 1939.

Existía en España la dualidad de poder, aunque bajo una forma incompleta y parcial, en los primeros meses que siguieron al 19 de julio. El segundo poder, el embrionario poder obrero, se expresaba en los comités obreros que se habían creado en todas las ciudades y hasta en los más pequeños pueblos de la España gubernamental. Estos comités, en cuyo seno entraron los representantes de todas las organizaciones proletarias, tomaban diversas formas: eran los Comités de Defensa que aseguraban el orden público por medio de las Patrullas de Control y que administraban los pueblos y las ciudades. En las fábricas se habían formado los Comités de fábrica. Los transportes y toda la administración tal eran controlados por los delegados sindicales. En los barcos los marinos formaban sus consejos. Las milicias eran organizadas desde un principio por los partidos y los sindicatos. En base a la propuesta del presidente Companys se creó en Cataluña el Comité Central de las Milicias Antifascistas. Formalmente, era un organismo de la Generalitat; en la realidad fue, en el primer periodo, el único poder efectivo en Cataluña. El gobierno de la Generalitat era una apariencia tolerada porque las organizaciones obreras no habían tenido el valor de liquidarla.

Sin embargo, fue esta apariencia del poder, la Generalitat, la que venció sobre el poder del pueblo y de los comités Los jefes de las organizaciones obreras inyectaron sangre nueva a esta institución agonizante. Se liquidó el Comité Central de las Milicias Antifascistas y se formó el ministerio de coalición de Tarradellas, en Cataluña, a fines de septiembre. Un mes después los anarquistas entraban igualmente en el gobierno central. A partir de la formación de esos gobiernos de coalición, la situación evolucionó en la España “gubernamental” hacia el debilitamiento del poder de los Comités y el reforzamiento del poder central burgués.

Las razones de esta evolución reaccionaria residen íntegramente en la política de los partidos obreros.

La consigna central del partido comunista español y de su filial catalana era: “¡Todo el poder al gobierno!”. A esto, los comunistas añadían “¡Más pan y menos comités!”. Los estalinistas hacían responsables a los comités, es decir, a la revolución, de todas las dificultades administrativas, de la falta de organización y del desorden del abastecimiento. Sin embargo, la supresión de los comités por el partido de Comorera no hizo sino aumentar las dificultades. Los Comités fueron destruidos, pero el pan se hizo más escaso. En su campaña por la destrucción de los Comités de Defensa, de las Patrullas de Control, de los Consejos de Marinos, los comunistas fueron apoyados firmemente por los elementos burgueses y nacionalistas. En este trabajo contrarrevolucionario les apoyaban, en Cataluña, la “Esquerra Catalana”, el partido democrático burgués, y el “Estat Catalá”, partido catalán nacionalista y separatista. En cuanto a los anarquistas, iban a la cola del bloque estalinista-burgués. Si la dirección de la CNT aparentaba resistirse, era por la presión de la base, es decir, de los obreros anarquistas que querían conservar las conquistas de la revolución. En Cataluña, la revolución ha ido más lejos desde el punto de vista social que en el resto de España. No tiene nada de sorprendente que el conflicto entre los dos poderes haya tomado allí formas más agudas.

Los decretos de la Generalitat de Cataluña sólo eran ejecutados si las organizaciones obreras y, en primer lugar, la CNT, lo querían. Por ejemplo, después de 1936 las milicias habían sido militarizadas y había sido formado el “Ejército Popular” por decreto de la Generalitat. Jurídicamente, ambos dependían solamente del Consejo de Defensa y del Estado Mayor del gobierno central. Pero, de hecho, las milicias dependían de los organismos dirigentes de los partidos y sindicatos. Ocurría lo mismo en el terreno del orden público.

La dualidad de poder, fenómeno general al inicio de cada revolución, no puede ser más que un periodo transitorio. Uno de los dos poderes antagónicos debe desaparecer. Con mayor razón, la dualidad de poderes no podía subsistir en el período de guerra civil contra el fascismo. La centralización del poder era ineluctable y necesaria. Según nosotros, bolcheviques-leninistas, debía realizarse sobre la base de los comités obreros generalizados, democratizados y coordinados. Según los estalinistas y los republicanos, sobre la reconstitución de la república burguesa.

Ciertos anarquistas se imaginaban, es cierto, que la competencia entre estos dos poderes puede prolongarse indefinidamente. ¿No es esto anarquía? La dualidad de poderes, en efecto, tiene de común con la anarquía, en el sentido vulgar de la palabra, que el conflicto de competencias entre los poderes no permite la formación de un poder centralizado. Pero esta “anarquía”, o mejor, este desequilibrio de la sociedad culmina siempre, en el curso de las revoluciones, en un enfrentamiento entre los poderes rivales. Después de este enfrentamiento, siempre sangriento, un poder se impone al otro y elimina a su rival. Tal fue el sentido de los acontecimientos del 3 al 6 de mayo en Barcelona.

La ocupación de la Central Telefónica por los guardias de asalto sólo fue un pretexto por parte de la coalición estalinista-burguesa para desarmar al proletariado. A consecuencia de la desidia del POUM y sobre todo de la dirección de la CNT y de la FAI, y de sus abandonos y capitulaciones sucesivas, los estalinistas y burgueses republicanos, que, en los primeros meses, no osaban enseñar la nariz, se sintieron a primeros de mayo de 1937 suficientemente fuertes para intentar su golpe de fuerza contra la revolución y sus organismos.

La Central Telefónica, como otras instituciones de utilidad pública, estaba gestionada desde julio por los comités obreros, con representación de las dos centrales sindicales, UGT y CNT. La CNT predominaba en Cataluña. La ocupación de la Central Telefónica por los guardias de asalto fue ejecutada tras un complot urdido por los estalinistas y republicanos, sin que el gobierno catalán, la Generalitat, fuera puesta al corriente. Los ministros anarquistas ignoraban la decisión de ocupación de la Central Telefónica.

Los obreros cenetistas de Barcelona reaccionaron espontáneamente construyendo barricadas. Comprendían que querían desarmarlos y arrebatarles sus conquistas del 19 de julio. El POUM se unió al movimiento. No obstante, su dirección esperaba las decisiones del Comité Regional de la CNT. El movimiento llegó a ser muy poderoso. Los obreros revolucionarios de la CNT dominaban la ciudad. La CNT tenía en sus manos todos los triunfos: el apoyo de la mayoría del proletariado, las armas en cantidad suficiente, los transportes, lo que le permitía impedir la llegada de tropas de Valencia. La provincia catalana seguía el desarrollo de los acontecimientos. La base de la CNT sólo esperaba la orden del centro para pasar al ataque.

Del otro lado de la barricada, en Barcelona, estaban la policía y los estalinistas; pero la policía, en numerosos lugares, no se decidía a intervenir, vista su inferioridad, y se declaraba neutral. En cuanto a los estalinistas, si bien se sentían suficientemente fuertes para asesinar a militantes revolucionarios aislados como Berneri, Barbieri y otros, tampoco osaban pasar al ataque. Esperaban ayuda de Valencia.  La dirección de la CNT, por la situación, estaba llamada a jugar el papel de centro dirigente de la insurrección proletaria, pero jugó el papel de agente del enemigo. Traicionó al movimiento exhortando a los obreros a no atacar, después a abandonar las barricadas, y, de esta manera, entregó al proletariado de Barcelona a la reacción estalinista-burguesa.

“¡Pero no podíamos entablar la batalla a fondo ya que esto habría exigido la retirada de nuestras milicias del frente y, en consecuencia, habría favorecido a Franco!” argumentaban los anarco-ministros. Lo curioso es que este argumento no existiera para el ala derecha del Frente Popular, es decir, los estalinistas y los burgueses. A estos últimos, no les inquietaba enviar a Barcelona las tropas que el frente necesitaba.

Pero la CNT, para dominar la situación en Barcelona, en Cataluña, y en Aragón, no tenía ninguna necesidad de retirar del frente a las milicias cenetistas. En la retaguardia disponía de fuerzas suficientes. Los dirigentes cenetistas evocaban peligros imaginarios con el fin de justificar traiciones. Por el contrario, la liquidación del poder burgués, es decir, de la Generalitat, y el paso del poder a manos de los Comités de Defensa, creados espontáneamente en el curso de la lucha, habría sido un golpe terrible contra Franco. La revolución proletaria triunfante en Cataluña habría cambiado por completo la situación en toda España. Habría impulsado a los obreros de Madrid y de Valencia, que habrían seguido el ejemplo de Barcelona, habría centuplicado la energía y la combatividad del proletariado, habría tenido repercusiones en la retaguardia franquista, que se habría levantado, habría tenido repercusiones incluso fuera de las fronteras de España.

García Oliver y Federica Montseny[1] optaron por la otra vía. Siguieron a la burguesía y a los estalinistas. No obtuvieron su recompensa: tres semanas después fueron despedidos. El negro ha hecho su trabajo, el negro puede marcharse. El gobierno de Largo Caballero fue reemplazado por el “Gobierno de la Victoria”, el del doctor Negrín. Los obreros cenetistas fueron desarmados. Las patrullas de control, disueltas. Las conquistas económicas del proletariado fueron progresivamente eliminadas.  El aplastamiento de los obreros revolucionarios de Barcelona abrió la puerta a la reacción estalinista-burguesa y, en consecuencia, a Franco.

[1] García Oliver y Federica Montseny eran los dos ministros de la CNT en el Gobierno de la república presidido por Largo Caballero

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