El MAIS ingresa al PSOL

Se fortalece la alternativa de izquierda al lulismo

Antonio Soler, SoB Brasil

El MAIS, tras un año de ruptura con el PSTU y sus debates congresales, anunció el pasado viernes 4 de agosto la decisión de ingresar en el PSOL. Como parte del acuerdo con la dirección del partido y por razones estatutarias, los compañeros no podrán presentar documentos, ni participar en la elección de delegados en el proceso pre-congresual recientemente abierto, por lo demás participarán normalmente de la vida del partido.

Se trata de un colectivo de algunos cientos de compañeros, en su mayoría jóvenes y organizados en las principales ciudades del país. Desde el punto de vista de la cantidad de militantes, como la izquierda socialista está compuesta de organizaciones de vanguardia, ese anuncio significa un importante ingreso militante. Sin embargo, además de la cantidad de nuevos cuadros que ingresan en el PSOL, ese gesto puede ser una inflexión -no está del todo claro sus alcances todavía- en el largo proceso de fragmentación de la izquierda socialista, pudiendo ser un hito en el proceso de su recomposición.

 Importante inflexión en la fragmentación de la izquierda socialista

El movimiento que dio origen al PSOL estaba compuesto por corrientes políticas que estaban siendo expulsadas del PT debido al posicionamiento contrario a la reforma previsional de Lula en 2003, con el PSTU, figuras públicas e intelectuales de izquierda. Este movimiento inicial fue roto en su totalidad debido a la política llevada por el PSTU que exigía que el centralismo democrático (sic) era condición previa para que continuara en el movimiento por el nuevo partido.[1]

Obvio que no se puede atribuir responsabilidad política a los compañeros del MAIS por la política sectaria, hegemonista y auto-proclamatoria del PSTU, incluso porque la salida de esa organización significó una valerosa ruptura política. Por eso su ingreso en el PSOL acaba “corrigiendo”, después de 17 años, parcialmente, la ruptura que marcó la fundación, la ruta y la existencia del PSOL hasta hoy.

La participación del PSTU en el proceso hubiera permitido fundar una organización política con mucha más capacidad de aglutinar a los luchadores, intervenir en la lucha de clases, combatir la burocracia sindical y tener mayor presencia en todos los demás procesos políticos. Sin embargo, incluso ante una coyuntura política desfavorable como la que estamos insertos, la posibilidad de construir una alternativa de masas al lulismo nunca estuvo tan presente y hoy se plantea, junto con políticas eficientes de combate a la ofensiva reaccionaria, como uno de los principales desafíos de la izquierda socialista.

Ciertamente, la venida de los compañeros del MAIS con su militancia, experiencia política y disposición de lucha al PSOL contribuirá de manera significativa a enfrentar estos desafíos. Además, desde un punto de vista estratégico -la necesidad histórica de construir organizaciones revolucionarias que puedan tener peso real en la lucha de clases- la larga y tortuosa diáspora vivida por el marxismo revolucionario encuentra en ese gesto una perspectiva de reversión sobre la que tenemos que tratar con la máxima atención para que la militancia en el PSOL permita un equilibrio entre los desafíos constructivos inmediatos y estratégicos.

 Necesitamos un poderoso partido para la lucha de clases

El carácter del PSOL con el ingreso de los compañeros del MAIS vuelve a ser materia de interés, pues la disputa interna por su orientación gana nuevos contornos. Hoy el partido no es una organización revolucionaria de combate al capitalismo[2], se trata de un partido amplio, con insuficiencias políticas, organizativas y sin una profunda estructuración en la clase obrera. Pero en el marco de la crisis orgánica en que vivimos cumple un papel fundamental en el sentido de ser una referencia clasista e independiente de defensa de los intereses de los trabajadores y de los oprimidos, ética de la izquierda que no se vendió al capital y de pluralidad política capaz de contener a diversas tendencias de la izquierda socialista.

Además, es la única organización que hoy puede ser una alternativa real a la quiebra histórica del lulismo, en el sentido de acoger a los sectores de masas que rompen con esa burocracia, articular con las demás fuerzas la resistencia efectiva a las contrarreformas en curso y construir una representación política de los próximos procesos de radicalización de las luchas. Pero para que el PSOL pueda efectivamente dar cuenta de estos enormes desafíos son necesarios avances programáticos, tácticos y organizativos.

La disputa interna en el interior del PSOL en el sentido de construir un partido socialista para la lucha de clases, independiente, democrático, internacionalista y con influencia de masas como alternativa al lulismo gana otro importante aliado y abre el camino para que más organizaciones revolucionarias y militantes independientes ingresen en nuestro partido.

Para dar cuenta de los enormes desafíos que tenemos por delante, es necesario avanzar hacia la construcción de un programa para la transición socialista en Brasil, de tácticas dirigidas a la unificación de la lucha directa contra Temer y sus medidas regresivas y de una alternativa política estratégica de organización partidaria capaz de aglutinar y organizar la lucha de miles de trabajadores, jóvenes, mujeres, afrodescendientes y oprimidos en general. Todos estos son desafíos en los que, ciertamente, el MAIS dará una enorme contribución para superar. De esta forma, nos alegramos enormemente con el ingreso de los compañeros en el PSOL y nos sumamos al coro de bienvenida a los compañeros.

[1] Eso era una evidente maniobra para dejar a las demás corrientes rehenes de su sello, pues si la discusión programática no prosperaba no habría tiempo hábil para la legalización de un nuevo partido.

[2] Lo que a nuestro ver es fundamental para que los procesos revolucionarios puedan ser victoriosos y encontrar el camino del socialismo, todos los grandes momentos de la lucha de clases comprueban eso.

¿Por qué ganó Macri?

La gran tarea es preparar la contraofensiva contra el gobierno

Por Roberto Sáenz

“El compromiso con una visión evolutiva del mundo [el autor se refiere a la teoría materialista y dialéctica de la evolución, RS] es un compromiso con la inestabilidad y el constante movimiento del sistema en el pasado, el presente y el futuro” (El biólogo dialéctico, Richard Lewontin y Richard Levins).

El domingo pasado Macri se alzó con un triunfo electoral de importancia que ratifica el rumbo del país. Es verdad que los porcentajes obtenidos por Cambiemos y las variantes del PJ (Unidad Ciudadana más peronismo clásico) fueron similares: 37.6% (8.499.338 votos) vs. 36% (8.137.894 votos).

Sin embargo, al alzarse el gobierno con triunfos en CABA, Córdoba y Mendoza, y ocurrir una suerte de “empate técnico” en la provincia de Buenos Aires, más a una leve derrota en Santa Fe (por no olvidarnos de los triunfos “psicológicos” de Cambiemos en Santa Cruz, San Luis y Neuquén, entre otros), sumado a la homogeneidad política relativa de su votación por oposición a la heterogeneidad del espacio peronista, no cabe dudas que Cambiemos fue el gran triunfador de la jornada. Un hecho que impactó negativamente entre amplios sectores populares y del activismo traduciéndose en una fuerte desazón.

Es verdad que el gobierno manipuló la carga de datos en la provincia de Buenos Aires. Pero también es cierto que se esperaba una derrota por varios puntos del oficialismo en el principal distrito; de ahí que el triunfo de Cambiemos desatara la algarabía de la patronal que ve ahora “despejado” el camino de sus contrarreformas (incluso empieza a hablarse de que Macri podría aspirar a la reelección, cosa que quizás sea algo apresurado todavía).

Para colmo es de preverse una polarización electoral mayor hacia octubre –salvo un cambio de circunstancias; un escenario donde Cambiemos tiene más terreno para avanzar que los K: pensemos en los votos de 1País, más proclives hacia el oficialismo, respecto de la exigua cifra de Randazzo sobre la que podría avanzar Cristina.

Es sobre estas circunstancias que el gobierno buscará un acuerdo con la burocracia y las fuerzas de la oposición patronal (incluidos los K) luego de octubre, esto para llevar adelante las contrarreformas laboral, jubilatoria e impositiva que viene adelantando.

De todos modos, convendría no apresurarse: no dejarse impresionar. La dialéctica de las cosas indica que existe un enorme sector que está en la oposición, que odia al gobierno (la suma de los votos K y de la izquierda están en este segmento); esto es así aun si electoralmente esta tendencia no llegó a ser la dominante.

A lo largo del año las coyunturas han sido cambiantes. Además, la estadística electoral siempre devuelve una imagen distorsionada donde los elementos dinámicos quedan diluidos; lo que para nada significa, de todas maneras, que el triunfo electoral del macrismo deba subestimarse.

La coyuntura podría ponerse muy dura; pero la dinámica permanece abierta. La elección de la izquierda, inferior a la esperada pero no por eso despreciable, deberá ser puesta al servicio de lo que plateó nuestra compañera Manuela Castañeira durante la campaña: ¡pararle la mano a Macri impulsando la más amplia unidad de acción en las calles!  

Esta es la tarea principal que tenemos por delante la militancia del Nuevo MAS y la Izquierda al Frente por el Socialismo en el período que viene; esto amén de disputar voto a voto en las provincias y municipios donde nuestro frente logró romper el piso proscriptivo, un importante triunfo que comienza a horadar el monopolio burocrático de la representación de la izquierda que venía ostentando el FIT hasta ahora.

En lo inmediato, las tareas son jugarnos con todo para la marcha convocada por la CGT el próximo 22 de agosto y redoblar los esfuerzos por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

El triunfo de Macri

En los lugares de trabajo, entre amplios sectores del activismo, causó impresión el triunfo del gobierno. Muchos se preguntan cómo puede ser que se haya impuesto cuando ya no es una novedad, cuando se sabe a qué viene, cuando es evidente que gobierna para los ricos.

Pero las cosas son más complejas. La realidad es que el kirchnerismo gobernó 12 años y las heridas con él siguen abiertas entre amplios sectores. Gobernó más de una década, no produjo cambios de fondo y, para colmo, dejó sobre la mesa muchas de las consecuencias adversas típicas de todo gobierno “nacionalista-burgués”: corrupción, enriquecimiento al calor del poder, desastres en materia de infraestructura, etcétera, temas sobre los que vuelca su campaña el oficialismo capitalista neoliberal. Volveremos sobre esto más abajo.

La crisis del lulismo en Brasil, del kirchnerismo en la Argentina, la catástrofe del chavismo en Venezuela, etcétera, sin que se logre un desborde de masas hacia la izquierda revolucionaria –porque las condiciones no son revolucionarias todavía- produjeron un rebote hacia la derecha: la unificación de la burguesía y el imperialismo detrás de estos gobiernos de restauración conservadora liberal.

Como decíamos en nuestra declaración del domingo 13 por la noche, cabía la posibilidad de que el país oficiara de “contra-tendencia” a esta dinámica regional conservadora. Desde comienzos del año se vivió un deterioro del macrismo y una nueva coyuntura que abarcó varios meses: marzo, abril, mayo y junio.

Una nueva coyuntura que estuvo marcada por la bronca creciente por la situación de la economía, así como por la puesta en marcha de un amplio sector de vanguardia de masas que se expresó en las calles el 8 de marzo, en el paro general, en el conflicto docente de provincia de Buenos Aires, en la marcha contra el 2 x 1 a los genocidas.

Sin embargo, luego la coyuntura se dio vuelta (demostrando que la situación política no se había modificado de conjunto). Julio fue un mes de contraofensiva patronal con la oleada de despidos y cierres de empresas como Pepsico y varias otras, la reaccionaria campaña oficialista con la excusa del desmadre en Venezuela, el caso De Vido como excusa para atacar también a las izquierda, la desaparición de Santiago Maldonado, etcétera.

En estas páginas dimos cuenta de esa modificación y nos interrogamos acerca de las consecuencias electorales que podría tener esta nueva coyuntura. Los resultados están a la vista: en estas PASO se hicieron valer las tendencias conservadoras más de fondo (lo que en parte terminó afectando también el voto de la izquierda[1]), por oposición a la bronca que crece entre amplios sectores y que también está presente.

Esto se expresó electoralmente en una porción mayoritaria de las clases medias que, con motivaciones reaccionarias, apoyaron a Cambiemos en CABA, en los municipios sojeros del interior provincial en Buenos Aires, en Córdoba, en Mendoza, etcétera. También en la persistencia de una enorme confusión entre amplias porciones de la clase obrera argentina sobre las que sigue calando la hipócrita campaña macrista contra la corrupción.

A esta división de las clases medias (que no excluye un sector más a la izquierda, progresista, que vota a los K y la izquierda), se le suma un problema de fondo que tiene que ver con la subsistencia de la crisis de alternativas que sigue campeando entre amplios sectores de los trabajadores; sobre todo entre los más concentrados (un fenómeno no sólo nacional sino internacional[2]).

Es verdad que un sector minoritario, joven, de vanguardia, de los trabajadores incluso fabriles se inclina por el voto a la izquierda, lo que es un fenómeno muy progresivo y anticipatorio de tendencias dinámicas futuras que podrían ocurrir.

Pero subsiste el problema que una porción mayoritaria de los trabajadores de las grandes fábricas sigue en la confusión; se hubiera esperado que espoleados por el ajuste, las suspensiones y los despidos giraran hacia la oposición, pero no: una parte de los trabajadores votó nuevamente a Cambiemos como subproducto de cómo les cala la campaña oficialista de que “son todos chorros”, que “no quieren trabajar”, etcétera.

La propia burocracia de la CGT, cómplice a lo largo de todo este año y medio con el macrismo, titubeante, que en ningún momento rompió con él aunque se haya visto obligada a convocar al paro general de abril pasado, es un reflejo distorsionado -¡e interesado los muy traidores!- de este recorrido.

Nada de pasar a la oposición, nada de romper amarras con el gobierno aun cuando ahora se vea obligada a convocar a la marcha del próximo partes 22 si no quiere ser barrida de las negociaciones que se vienen por las contrarreformas macristas.

La derrota de Cristina

La otra pregunta a hacerse es porqué perdió Cristina. Es verdad que podría terminar imponiéndose en el escrutinio definitivo; sin embargo, aun ganando electoralmente la provincia, la sensación que queda es que políticamente perdió, que quedó frágil; incluso cabe la posibilidad que en octubre pierda la elección provincial por cierto margen.

Hay varios factores a entender con los resultados puestos. Primero, la dificultad de aparecer como alternativa luego de 12 años de gestión. Doce años donde hubo concesiones pero ningún cambio de fondo.

Aquí es interesante el contraste con los nacionalismos burgueses del siglo pasado. Perón asumió en el 1946 y fue depuesto con el golpe de Estado de 1955; por casi 20 años los trabajadores argentinos esperaron su retorno y lo consagraron nuevamente en 1973 (sólo para llevar adelante el gobierno asesino de las “Triple A”).

Pero esa es otra historia. El tema es el carácter duradero de ciertas conquistas por comparación con el carácter superficial de las concesiones la última década. Porciones de los trabajadores no parecen valorarlas como tales[3].

Hay que agregar que Cristina hizo una campaña casi ausente, escudándose en la Unidad Ciudadana; denunció el ajuste pero de una manera liviana, insistiendo en que quiere que al gobierno “le vaya bien”, sin comprometerse a nada real que no sea una “oposición parlamentaria” que no se sabe qué significará.

Por lo demás, no movió un dedo frene a los despidos; es más: llamó a que se levante la marcha del 7 de agosto de San Cayetano; contribuyó a aplacar la coyuntura (incluso si fue atacada brutalmente por el gobierno con la campaña de De Vido).

Cristina es una figura burguesa que quiere recuperar los favores de la patronal y para ello no tiene que hacer olas; lo que coloca un alerta rojo respecto del rol de los K para cuando venga la ofensiva “reformista” del gobierno luego de las elecciones.

La elección de la izquierda (y la tarea de preparar la contraofensiva contra Macri)  

La suma de todos estos factores terminó configurando el triunfo de Macri. Aquí cabe la precisión metodológica que debe hacerse en materia electoral: siempre es difícil hacer pronósticos electorales para organizaciones pequeñas como son las nuestras (¡esto aún más cuando además las encuestas electorales están todas falseadas!).

Si a la hora de las luchas se expresan los sectores más activos –fácilmente medibles en la lucha misma– en las elecciones todo el mundo vota –activos y pasivos políticamente- y la apreciación de eso es muy difícil (salvo que se tenga mil y un vínculos con las masas).

Durante la campaña llegamos a identificar en nuestra actividad una corriente de bronca que se expresaba desde abajo; incluso llegamos a hablar de una “vacancia política” buscando interpelarla alrededor de la simpatía de masas que generaron las intervenciones de Manuela.

Pero aquí caben dos precisiones más. La primera es que un mes atrás la coyuntura se había dado vuelta; vivimos una ofensiva de despidos y suspensiones que desató reflejos conservadores entre los trabajadores.

El sentimiento más profundo surgido de allí –¡combinado con la explícita inacción sindical!- fue el temor; esto pudo tener una manifestación conservadora a la hora del voto.

Por otra parte, si bien identificamos una creciente bronca contra el gobierno en las actividades de la campaña, señalamos siempre que la “variable independiente” era el voto obrero: poco y nada se llegó a conversar de las elecciones en las fábricas; el debate político se mantuvo en un nivel muy bajo, cuestión que se agrava por el clima dictatorialque se vive por la doble presión de la patronal y la burocracia.

Los sectores más activos arrastran a los más pasivos cuando las coyunturas son dinámicas; pero cuando esto no ocurre puede pasar que emerjan los sentimientos más conservadores, que es un poco lo que pasó en estas PASO.

Aquí es donde deben colocarse los alcances de la elección de la izquierda. Su votación se aproximó más a una elección presidencial que a una parlamentaria: se terminó verificando poco corte de boleta.

El FIT obtuvo nacionalmente algo en torno al 3.5% (sumando los votos de todos sus componentes) y la Izquierda al Frente por el Socialismo algo cercano al 1.2% (sumando aquí los votos donde el MST se presentó solo), una proporción interesante de 3.3 a 1.

Es verdad que no logramos el premio mayor: romper el piso proscriptivo en la provincia de Buenos Aires[4]. Sin embargo, como la experiencia también lo indica, la instalación de figuras representantes de la izquierda va mucho más allá de un mero resultado electoral.

Esto es lo que pasó con Manuela, la principal figura nacional de nuestro frente y una de las figuras principales hoy de la izquierda a pesar de su juventud; una figura que ha desatado enorme simpatía entre amplios sectores de los trabajadores, del movimiento de mujeres y la juventud (lo mismo que entre sectores simpatizantes del kirchnerismo con los que debemos sostener un diálogo para colaborar a que rompan hacia la izquierda).

Claro que para consolidar este desarrollo ascendente deberemos construir mucho más nuestro partido y la Izquierda al Frente como un todo: ganar en orgánica partidaria y territorialidad para poder encarar los futuros desafíos con mayor envergadura.

La instalación de nuestro frente es otro de los datos de las elecciones en el seno de la izquierda. Si bien no logramos tampoco pasar en CABA –y tenemos ahí un problema de figuras que no está resuelto- de todos modos haber quebrado el piso proscriptivo en casi todo el interior del país –con resultados de importancia en Neuquén, Córdoba y otras provincias- permite afirmar que nuestro frente comenzó a romper el monopolio burocrático de la representación de la izquierda que hasta aquí venía ostentando el FIT; no es descartable que esta elección signifique el comienzo del fin del mismo, la posibilidad de que se vaya reabriendo la discusión por la unidad electoral de la izquierda clasista, un logro nada menor[5].

En todo caso, y como dijera Manuela, la gran tarea sigue siendo pararle la mano a Macri y su ajuste en las calles. La perspectiva de los 20 o 30 diputados que esbozó Del Caño como objetivo de la izquierda, como orientación y política, se reveló como una bancarrota en menos de lo que canta un gallo. Porque la campaña electoral también procesó un debate estratégico en el seno de la izquierda y los resultados están a la vista.

Mientras nos jugamos a hacer una gran elección en todos los distritos donde rompimos el piso proscriptivo, la gran tarea es construir el Nuevo MAS y la Izquierda al Frente como un todo, sosteniendo de manera intransigente su carácter de independencia de clase, y empujando cada manifestación de resistencia al gobierno que se desarrolle para pasar a la contraofensiva contra Macri.

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[1] Vamos a retomar esta cuestión más abajo y en otras notas de esta edición, pero es evidente que se llegó a especular en un voto general y un corte de boleta más alto para varias de las candidaturas de la izquierda incluyendo en esto a nuestra compañero Manuela Castañeira que no se llegó a verificar; si la coyuntura no se hubiera dado vuelta, si el voto a la izquierda en la provincia de Buenos Aires hubiera totalizado el 6%, es muy probable que hubiéramos roto el piso proscriptivo. 

[2] Es un dato de la coyuntura mundial corrida hacia la derecha como en los más diversos países –de los Estados Unidos, pasando por Francia e incluso en Gran Bretaña y otros, aunque sin excluir contra-tendencias como el reciente voto a Corbyn- la clase obrera muestra desorientación político-electoral, además de una dificultad persistente para un ascenso de sus luchas de conjunto.

[3] Un ejemplo limitado de esto es como para noviembre se termina el “Fútbol para todos”; un tema sensible que en esta elección no parece haber tenido importancia. A veces ocurre que los trabajadores necesitan tener un tema en sus narices para tomar conciencia del mismo: ¡y no solamente temas “futbolísticos” sino de muchísima más importancia aún!

[4] Ya hemos señalado que con una votación algo mayor para la izquierda de conjunto hubiéramos quebrado el piso proscriptivo; un objetivo del que quedamos muy cerca: a no más de 20 mil votos.

[5] Todavía habrá que esperar para esto a los resultados de octubre; la circunstancia es que solamente en provincia de Buenos Aires podría el FIT elegir un nuevo diputado perdiendo las representaciones en todos los demás distritos. Sin embargo, incluso en la provincia de Buenos Aires, debido a la polarización que se adelante, este objetivo se avizora muy difícil colocando más al rojo vivo el problema de la unidad entre ambos frentes.

Un balance extraordinario

Apuntes sobre la campaña electoral

Por Roberto Sáenz

 

A la hora de desarrollar un balance de la campaña electoral de nuestro partido hay que tomar estos apuntes como un borrador inicial.

Lo primero a subrayar es que realizamos la campaña electoral más importante en la historia de nuestro partido. Desde la iniciativa de aprovechar el giro político en la situación con la asunción de Macri para llamar a conformar un frente electoral de independencia de clase con el MST (con el que veníamos y subsisten enormes diferencias políticas y estratégicas), pasando por la mudanza estratégica de Manuela a la provincia de Buenos Aires, los ejes políticos que desarrollamos en la campaña, la actividad desplegada por el partido en todo el país, y el hecho que estuvimos muy cerca de romper el piso proscriptivo en la provincia de Buenos Aires, además de lograrlo en todo el interior del país, el balance de la campaña electoral es extraordinario.

Dicho balance podemos dividirlo en tres partes. Nuestra iniciativa de conformación del frente propiamente dicho, la apuesta política a la instalación de Manuela Castañeira como una de las principales figuras emergentes de la izquierda argentina y la política que sostuvimos a lo largo de la campaña, en todos los rubros el balance de la campaña es de un éxito enorme, más allá de no haber podido lograr el objetivo de quebrar las PASO en la provincia.

Una política electoral revolucionaria

Arranquemos por nuestra política electoral. Lo primero a señalar es la ratificación de los ejes que sostuvimos en la campaña. Señalemos que la campaña procesó un debate estratégico en el seno de la izquierda. Desde el vamos partimos de la idea que debíamos presentar un programa global, no sólo consignas sueltas.

Es que si no podía colocarse el problema del gobierno en su conjunto –no estuvo planteada la salida de Macri- sí se colocó en el centro de la escena -y se ratificó con las contrarreformas que impulsa el gobierno-, el problema de su orientación de conjunto.

El planteo de un Plan B aun si requería -y requiere- una explicación de medidas pedagógicas específicas, partió correctamente de esta globalidad (por oposición a la suma de consignas fragmentarias, que es lo que caracterizó la campaña del FIT[1]).

Pero el transcurso de la campaña puso en el centro de la escena el problema del ajuste, así como colocó un debate estratégico en el seno de la izquierda.

La campaña de nuestro partido, nuestro frente y de Manuela colaboró de manera muy concreta en alertar a amplios sectores de los trabajadores, las mujeres y la juventud, sobre los ataques y el ajuste que se viene. En esto el rol de Manuela fue extraordinario, objetivándose en un papel de un verdadero tribuno popular; una cuestión sobre la que deberemos seguir desarrollando.

Un tribuno popular recoge los sentimientos, aspiraciones, que vienen desde abajo, las broncas, y les da una perspectiva de conjunto, una perspectiva política, una perspectiva que busca contribuir a la conciencia de clase[2].

Por lo demás, la campaña desarrolló un debate estratégico de enorme importancia (además de uno metodológico y principista, que veremos más abajo). La acentuación de Del Caño y el FIT alrededor de la elección de 20 o 30 diputados como el objetivo de la campaña fue realmente un desastre por donde se lo mire: estratégica y concretamente[3]. Un objetivo no solamente irreal sino oportunista, que no educa a los trabajadores en las perspectivas correctas que tienen que ver con tomar en sus manos todas las tareas, en confiar solamente en su movilización, sino en un cálculo de aparatos por lo demás ridículo.

Cuando Manuela retrucó que al gobierno “se lo castiga en las urnas y se lo derrota en la calles” colocó la perspectiva correcta hasta por el hecho que a lo sumo la izquierda (de la mano del FIT) podrá elegir un diputado por provincia de Buenos Aires en octubre.

Finalmente, no desarrollaremos aquí in extenso el escándalo principista de los ataques provocadores contra Manuela, las impugnaciones del frente en la justicia electoral, el intentar dirimir representaciones de la izquierda con el arbitraje de nuestros enemigos de clase, el querer quitarnos votos en el escrutinio definitivo, etcétera.

Todo esto debe ser materia de una reflexión mucho más profunda que la que podemos hacer aquí, pero que remite a la sustitución de la política revolucionaria por las maniobras; a la pérdida de criterios elementales de principios en función de un curso aparatista.

También en esto nuestro partido y nuestro frente dimos un ejemplo distinto en esta elección: la de la construcción de la izquierda revolucionaria que no tiene por qué ser una cloaca metodológica, que supone una lucha de tendencias durísima, mortal, pero con los métodos de la clase trabajadora y no de nuestros enemigos de clase.

La conformación de Izquierda al Frente por el Socialismo

El segundo acierto fue la conformación del frente con el MST. Esto ocurrió dadas las circunstancias de cerrazón del FIT y aprovechando el giro político nacional que significó la asunción de Macri, que abrió una posibilidad de acuerdos políticos entre nuestros partidos.

Un acierto que educa en que la política revolucionaria es concreta, que se formula en función de las circunstancias concretas y no en base a abstracciones fuera de tiempo y lugar; un acierto que alejó al MST de sus alianzas de conciliación de clases –más allá del caso de Santa Fe- y lo trajo –aun así sea provisoriamente- hacia un acuerdo de independencia de clases; es decir, hacia la izquierda.

La realidad es que a pesar de las enormes diferencias con el MST, el carácter poco claro –desde el punto de vista de clase- de sus llamados a la unidad, además de otros problemas estratégicos, de momento los integrantes de la Izquierda al Frente por el Socialismo tenemos quizás más acuerdos políticos que lo que ocurre entre las fuerzas del FIT, donde el PO recae en una orientación que pierde de vista el centro en el enfrentamiento al gobierno de Macri, que fabula que en la Argentina habría un “cogobierno oficialismo- oposición”, que llegó a definir a Macri como “más de lo mismo” en relación a los K y otra serie de definiciones bordiguistas o del tercer período, o una IS que apoya a los escuálidos en Venezuela…

Estos son problemas políticos que de momento no tenemos en la Izquierda al Frente, esto más allá que subsisten con el MST –entre otras diferencias, como por ejemplo, frente al tema De Vido[4]– el problema que nunca está claro el alcance de clase de sus llamados a la unidad (ver otra vez el caso de Santa Fe).

En todo caso, la conformación de Izquierda al Frente y su primera experiencia electoral permitieron colocar a la ofensiva el problema de la unidad de la izquierda, cuestión que se refuerza de aquí en más, incluso debido a que pasamos las PASO en el interior del país; sumado a esto que el FIT no logre consagrar nuevos diputados, podría colocarse con fecha cierta la finalización de su monopolio de la representación de la izquierda.

La instalación de Manuela como figura nacional

Por último pero de la máxima importancia, está toda la inmensa experiencia de la instalación de Manuela como una de las principales figuras de la izquierda argentina. A fuerza de política revolucionaria, de pasión, de sensibilidad, de valentía y coraje en la confrontación con los representantes políticos burgueses, de una política de diálogo hacia la base K, así se fue forjando la figura de Manuela, que sale de esta campaña electoral con un nivel de instalación y conocimiento sin precedentes.

Muchas cuestiones podríamos desarrollar aquí que son enormemente importantes y que han dejado enormes enseñanzas; preferimos abordarlas en un texto específico trabajado más en profundidad.

La cosa parte de una suerte de mix entre el peso hoy de las personalidades políticas, así como su proyección al campo político, el terreno de los medios, la representación de una figura que no es un político profesional: es una militante proveniente del movimiento de mujeres, que expresa a las nuevas generaciones, una joven trabajadora no docente.

La apuesta a darle ese contenido de renovación política militante –“la izquierda renueva sus fuerzas”- se reveló también como un enorme acierto. Pero no sólo como un tema de “imagen”, como una persona sin atributos propios (ver otras figuras de la izquierda en este sentido), sino como la emergente de un movimiento real, en el caso de Manuela, repetimos, del movimiento de mujeres, con una personalidad propia que se hacer valer como tal en todas las luchas, en las relaciones con los trabajadores, con la juventud, en la polémica en los medios, etcétera.

De esas confrontaciones Manuela salió con un enorme reconocimiento mostrando elementos de objetivación creciente entre sectores de masas, con los más de cien mil votos obtenido en provincia, teniendo en cuenta además que Manuela colaboró a los votos del frente en todo el país transformándose sin duda alguna en la principal figura nacional de nuestro frente.

No cabe duda que la proyección de Manuela como figura de la izquierda ha dado un salto cualitativo sin antecedentes, lo que es otro logro enorme de nuestro partido en esta campaña.

La actividad del partido

Finalmente, cabe destacar la titánica actividad del partido en esta campaña, de toda su militancia, la fiscalización enorme en la provincia de Buenos Aires, el que toda una nueva camada de militantes se haya fogueado en la campaña, saliendo de los “nichos de la vanguardia” hacia un diálogo amplio con sectores de masas.

El partido fue más allá de sus límites; el partido se extendió a nivel nacional en provincias y regiones donde no estábamos, abrimos decenas de nuevos locales, toda una actividad inconmensurable que todavía no podemos evaluar en todos sus verdaderos alcances.

En todo caso, lo que queremos señalar es la maduración de toda la militancia partidaria y cómo el partido está para más en materia organizativa y territorial a partir de esta campaña; cómo el partido debe ir a más en ambos terrenos.

La campaña electoral ha sido un éxito inmenso para el partido, un triunfo de proporciones aun si debemos ser objetivos que el objetivo de romper las PASO en provincia no se logró, lo que no dejó de ser un trago amargo dentro del éxito inmenso de esta campaña.

Pero está claro que el Nuevo MAS está acercándose a un salto histórico en su desarrollo; salto histórico para el cual venimos acumulando cada vez mayores condiciones.

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[1] Esto más allá que el FIT tomó correctamente como uno de sus ejes de campaña el conflicto del Pepsico, lo que de todas maneras no obsta para su habitual auto-referencialidad.

[2] Un elemento de importancia aquí fue el esfuerzo por desnudar el carácter empresarial del gobierno de Macri, su profundo sentido de clase, además de dejar en evidencia como todas las fuerzas de la oposición patronal de una u otra manera vienen colaborando para dejar que pase el ajuste,

[3] Del Caño repitió varias veces que ese era el objetivo del FIT en la campaña; que con “20 o 30 diputados, senadores, la represión en Pepsico no hubiera ocurrido”… una perspectiva falsa por donde se la mire, más allá que tácticamente es de enorme importancia poder tener diputados de la izquierda.

[4] Al igual que el MES en Brasil, el MST defiende una orientación que no es de clase frente al tema de la corrupción patronal y burguesa.

El balance del FIT y de IFS: Una buena elección y una nueva distribución de los votos de izquierda

Por Marcelo Yunes

La elección de la izquierda estuvo en general en línea con las últimas dos votaciones (2013 y 2015). La suma de los dos frentes (FIT e IFS) da un total de unos 1.150.000 votos. De esa cifra se desprenden dos conclusiones. Por un lado, está claro que laizquierda logra mantener un piso del orden del millón de votos que es un terreno conquistado y que la ubicado como un actor real, aunque minoritario, del escenario electoral nacional. Por el otro, también está a la vista que la izquierda en su conjunto, justamente al repetir resultados anteriores, no logró transformarse en un canal electoral que capitalizara de manera significativa la bronca que hay en amplios sectores de la población, sobre todo en el Gran Buenos Aires, contra el gobierno. Queda entonces un sabor agridulce, ya que la consolidación de un espacio político de más de un millón de votos no alcanzó para aprovechar la oportunidad electoral que daba el desgaste de la gestión de Macri. Por otro lado, si el propio kirchnerismo no pudo hacer una votación más contundente que le infligiera una derrota al macrismo en la provincia, eso significa que quizá la bronca no ha madurado tanto a nivel más amplio como para traducirse en un rechazo electoral contundente al gobierno. En ese sentido, la elección de la izquierda está enmarcada dentro de los límites de la elección en general.

Dicho esto, queda evidenciado una vez más que la pretensión del FIT de aparecer como “la única izquierda” está, sencillamente, fuera de la realidad. Hubo dos listas de la izquierda, y entre esas dos listas hubo, además, relaciones proporcionales bien definidas, que ya se habían manifestado en elecciones anteriores. Los casi 900.000 votos del FIT (incluyendo los distritos donde se presentó como tal y aquellos en los que la legalidad correspondía a uno solo de sus integrantes) y los 265.000 de IFS (computados con el mismo criterio, aclarando que, por supuesto, no consideramos los votos del frente que hizo el MST en Santa Fe) muestran que el FIT no es “la única” representación electoral de la izquierda, sino el 77% de ella. El 23% restante le corresponde a Izquierda al Frente por el Socialismo. De hecho, las proporciones entre el FIT y el IFS muestran que, lejos de borrar del mapa al resto de las fuerzas de izquierda, el FIT debe compartir incluso más que antes el espacio electoral “rojo”.

Antes de pasar a considerar la performance de ambos frentes, una aclaración. En el marco de una elección buena pero no rutilante para la izquierda, no se verificó la posibilidad de un sector importante del electorado que detesta a Macri se radicalizara políticamente. Fue perfectamente lícito y correcto haberse jugado a esa posibilidad, que finalmente no se dio, pero esa apuesta debía tener algunos parámetros de realidad.

Fue lo que no sucedió con el PTS, que parece haberse contagiado de su socio el PO la vocación por la aritmética delirante. En efecto, en cada aparición pública de los candidatos del PTS, sobre todo Nicolás Del Caño, se insistía con la importancia de lograr “20 o 30 diputados de izquierda”. Para decirlo rapidito: si los resultados de agosto fueran los definitivos, el FIT no lograría “20 o 30 diputados”. Ni siquiera lograría la décima parte de eso, es decir, 2 o 3 diputados. De hecho, no habría obtenido ni un solodiputado. Y tal como viene la elección, y salvo que alguna novedad política fuerte cambie el panorama sustancialmente, la máxima aspiración del FIT es justamente lograr 1 (un) diputado en la provincia de Buenos Aires.(1)

A las metas electorales fantasiosas del PTS se acopló, con total seguidismo, el PO. Si fueran consecuentes, su balance debiera ser que la campaña del FIT fue un fracaso total: cero diputados sobre veinticinco. Por suerte, no lo son, y hacen un balance un poco más cercano a este planeta: una vez descartadas las alucinaciones, queda la sobria realidad de una elección razonablemente buena que mantiene el lugar de la izquierda en la escena nacional.

Cabe mencionar la notable elección del FIT en Jujuy, donde obtuvo un 12,5%. Felicitaciones a los compañeros, entonces, por ese resultado, pero ojo con subirse al caballo blanco. No hay que perder de vista que se trata de fenómenos casi puramente electorales, muy poco o nada orgánicos, que así como aparecen de manera súbita pueden desaparecer o debilitarse, como ocurrió con “Salta la trotska” (PO, que deliraba con ganar la gobernación) o con el 15% en Mendoza que logró el PTS y que llevó a Del Caño al Congreso.

En cuanto a la campaña de Izquierda al Frente por el Socialismo, para no repetir, señalaremos lo siguiente. En primer lugar, se trata por lejos de la mejor campaña y performance electoral de nuestro partido, el Nuevo MAS. Si bien no se logró sumar mucho más allá de la suma de los votos obtenidos por el Nuevo MAS y el MST en 2015, el saldo es sumamente positivo, por dos razones. Primera, la categórica instalación de Manuela Castañeira como una de las figuras públicas indiscutidas de la izquierda trotskista en la Argentina. No sólo por sus apariciones, su crecimiento en el nivel de conocimiento y los más de 100.000 votos en la provincia, sino por el perfil político, la frescura y la pasión militante que le aportó al conjunto del espacio de izquierda. Faltaron apenas algo más de 30.000 votos para sortear el piso del 1,5 por ciento en la provincia de Buenos Aires, pero el avance en el terreno de conquistar un lugar para las posiciones y el perfil del Nuevo MAS en el panorama político nacional es inmenso. Y segundo, por primera vez nuestro partido, en un frente con el MST, logra sortear el escollo proscriptivo de las PASO en varias provincias, entre ellas algunas de las de mayor importancia y visibilidad política del país, como Córdoba, pero también Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, La Rioja y otras cuyo mérito corresponde sobre todo a los compañeros del MST.

Los 265.000 votos obtenidos por IFS representan, además de un activo importantísimo para que el Nuevo MAS afiance su proyección como partido nacional y de la figura de Manuela, una muestra innegable de que la izquierda trotskista en Argentina está representada, en lo electoral, por dos frentes. No queda margen para la autoproclamación y para que quienes tienen la mayoría, sí, pero de ninguna manera la totalidad de los votos de izquierda sigan ignorando la realidad política, militante y también electoral de Izquierda al Frente por el Socialismo y el Nuevo MAS

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