¿Grexit?

Ante el referéndum en Grecia el próximo domingo

“Si votamos por el sí, los acreedores demolerán las pocas pensiones que recibimos y habrá que pagar en los hospitales públicos. Cuando nos quejemos porque nuestros hijos ya no pueden ir a la escuela porque habrán desmantelado la educación pública, nos dirán: ustedes lo aceptaron. Si decimos no, conservaremos la capacidad de luchar por un futuro mejor”. (Elefterios Trugalos, egresado de economía de la universidad de Atenas, La Nación, 1º de julio del 2015).

El mundo está en vilo alrededor de la crisis griega. Ayer 30 de junio el país heleno entró en default al dejar de pagar un tramo de 1500 millones de euros de su deuda. Sin embargo, Grecia sería declarada oficialmente en default recién a fines de julio.

Hasta último momento han seguido las negociaciones del gobierno de Syriza para obtener un acuerdo no tan humillante con las “instituciones” europeas (la Troika integrada por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI).

Al no conseguir que las autoridades europeas redujeran ni un milésimo sus pretensiones, Tsipras ha convocado un referéndum para el próximo domingo 5 donde deberá expedirse el pueblo griego por sí o por no a la última propuesta pública de Merkel y cía.

¿Terminará Grecia eyectada del euro?

 Quebranto

 Los 200.000 millones de dólares que las instituciones europeas “prestaron” a Grecia desde el 2010 no sirvieron para sacar al país de la crisis. Por el contrario, lo hundieron más llevando el nivel de endeudamiento a la escalofriante cifra de 360.000 millones de euros.

El grueso de ese dinero fue a cubrir a los bancos privados (mayormente alemanes y franceses) expuestos por la crisis del 2008, transfiriéndose esa deuda al gobierno griego, que debería pagársela a las instituciones europeas prestatarias (entre ellas el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, principal acreedor de Grecia, al que se le adeudan 130.000 millones de euros).

Como contraprestación, las instituciones de la Europa imperialista exigieron draconianas medidas de ajuste que llevaron a la pérdida de un 25% de su PBI: ¡la mayor caída del producto en un país europeo desde la Gran Depresión de los años 30!

El desempleo trepó al actual 24% de la población económicamente activa (antes de la crisis estaba en el 7%), se eliminaron los aguinaldos, se redujeron los salarios del sector público lo mismo que las jubilaciones, se aumentaron los impuestos al consumo, incluso se aumentó el costo de la electricidad (llegándose al punto de muchas viviendas con la luz cortada en pleno invierno).

Así las cosas, una verdadera catástrofe social se abatió sobre los explotados y oprimidos helenos sólo para salvar a los bancos imperialistas y los grandes capitalistas del país (entre ellos sus tradicionales y poderosísimos armadores navieros, de fama mundial, que ni siquiera pagan impuestos).

Si se tomaron semejantes medidas de ajuste, si se pagó puntualmente cada uno de los vencimientos de deuda, ¿por qué el país está a punto de caer en bancarrota?

Simple: la brutal receta del ajuste llevó a una dramática depresión económica, una caída incluso de los precios (deflación), condiciones en la cuales es imposible “licuar” deuda. Porque la deuda es una proporción respecto de la producción anual del país, los precios y la capacidad de generar excedentes.

Con ingresos decrecientes por caída del producto y deflación de precios mientras la deuda sigue nominada en moneda “dura” contante y sonante, evidentemente es imposible pagarla.

Esto es lo que pasa en Grecia: el país es insolvente, no tiene fondos, no es capaz de generar excedentes; menos que menos cuando tampoco puede maniobrar con su moneda para recuperar competitividad devaluándola.

El ajuste que le imponen las instituciones internacionales solo hace que el país se desangre cada vez más sin que la crisis toque fondo nunca.

 Negociar o negociar

 Es en este contexto que se dio el triunfo electoral de la coalición reformista Syriza en enero pasado. Presentándose como una alternativa anti-austeridad, le propuso al pueblo griego el “mejor de los mundos”: permanecer dentro del euro… pero acabando con los ajustes y logrando una reestructuración de la deuda externa del país.

El problema es que se trata de una propuesta imposible de concretar. Es decir: no hay cómo permanecer dentro del euro (¡lo que implica, además, pagarle puntualmente la deuda a los acreedores!) y, al mismo tiempo, acabar con las medidas de ajuste.

Esta “cuadratura del círculo” se llevó cuatro meses de negociaciones con las “instituciones” europeas; cuatro meses de crearles falsas expectativas a las masas populares de que se podría llegar a un acuerdo “mutuamente beneficioso” sólo para arribar al callejón sin salida actual, donde el imperialismo europeo exige una capitulación incondicional al gobierno centroizquierdista.

Las cosas tienen su lógica: en el ínterin, el gobierno de Tsipras fue socavando cada vez más su posición: realizando pagos millonarios para “afrontar los compromisos del país”, dejado operar una enorme fuga de capitales: ¡se estima que en los últimos meses Grecia perdió 45.000 millones de euros que no tiene forma de recuperar!

Debilitó así su posición en todos los planos: económica pero también políticamente, en la medida en que en ningún momento apeló a la movilización popular frente a las instituciones imperialistas. La salida del euro y el no pago de la deuda externa nunca estuvieron en sus planes: su estrategia era (¡y es!) negociar o negociar.

Una lógica descripta por Sthatis Kouvelakis (intelectual del ala izquierda de Syriza), que subraya esta circunstancia infernal donde una capitulación lleva a la otra dado el debilitamiento de la posición del gobierno frente al poder del imperialismo europeo.

Para salir del embrollo en que se metió (¡y para lavarse las manos!), ahora Tsipras llama al referéndum para que los griegos se expidan por sí o por no frente a las presiones de los organismos europeos.

Las razones son políticas

La realidad es que el referéndum es un enorme peligro, porque nadie garantiza que no pueda ganar el sí a la permanencia en la UE y el euro, habida cuenta de la campaña terrorista de los grandes grupos económicos, de los partidos tradicionales griegos, de los gobiernos e instituciones imperialistas de Europa: una campaña que afirma que salir del euro sería el fin del mundo…

Frente al referéndum, la posición de la izquierda revolucionaria debe ser el impulso a la más amplia movilización obrera y popular, movilización que Tsipras se ha negado rotundamente a convocar desde que asumió.

Una movilización así resolvería el problema de un plumazo, poniendo sobre la balanza el poder social y económico de la clase obrera y los sectores populares, y no la decisión en manos tanto de un trabajador, como de una monja o un empresario (como es la lógica del voto universal).

Con el prestigio que mantiene el gobierno de Syriza (¡atención que asumió hace solo medio año!), de convocar a las masas a las calles la movilización sería tan multitudinaria que saldaría el debate por el no a las instituciones europeas.

Grecia es un país con una enorme tradición de lucha, de resistencia popular a la invasión nazi, de guerra civil revolucionaria contra los partidos del sistema a la salida de la Segunda Guerra, de movilización popular para tirar abajo la “Dictadura de los Coroneles” en los años 70.

Sin embargo, tan reformista es el gobierno de Syriza que se cuida como de la peste de apostar a la movilización, incluso cuando es su propio pellejo el que está en juego: ¡Tsipras ha dicho que renunciaría y convocaría a nuevas elecciones si gana el SÍ en el referéndum!

Es decir: se trata de un gobierno ultra-reformista de base puramente electoral, parlamentaria; lo suyo son los votos y los enjuagues y negociaciones por arriba, y nada más.

Para colmo, el propio Tsipras socava la posición por el NO al abrir especulaciones y expectativas sobre negociaciones de última hora, llegando a decir que “estaría dispuesto a levantar el referéndum si se arribara a un acuerdo”…

Una perspectiva completamente falsa, porque la Merkel y Cía., confiados en que quizás pueda ganar el sí, sólo pretenden arrastrar por el fango a Syriza.

Pasa que las razones de las instituciones europeas para no cerrar una negociación con Syriza no son sólo económicas, sino principalmente políticas: han administrado la receta del ajuste brutal en muchos otros países europeos: ¿qué pasaría si ahora cedieran en Grecia? Sin ninguna duda dejarían expuestos a la crítica por la izquierda a gobiernos como el de Rajoy en España, que ha hecho un alfa y omega de su gestión al ajuste (y que ya está asediado por el reformista Podemos).

La política del imperialismo europeo no es la “negociación” de un acuerdo “mutuamente beneficioso” (como reivindica ridículamente Tsipras) sino la capitulación total del gobierno Syriza; de ahí que dicho acuerdo no se haya podido resolverse aún, porque dicho partido es una formación reformista pero no está dispuesta, todavía, a suicidarse. 

Por una salida del euro con medidas anticapitalistas

Como decíamos al inicio, Tsipras prometió el mejor de los mundos cuando ganó la elección: la permanencia en el euro y acabar con la austeridad. La base de apoyo para esta demagogia estuvo en la falsa creencia de la población de que desde el 2001 son “europeos” (como si eso significara un avance en sí mismo).

Es verdad que el peso de la herencia de las dos guerras mundiales, del arrasamiento del país por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, es enorme. Se justifica que la idea de una Europa unificada donde no haya más guerras tenga su lugar. Lo mismo que es atractiva la perspectiva de que un país como Grecia, “sudaca”, pueda gozar de la prosperidad de países como Alemania o Francia.

Con las Olimpiadas del 2004 y consiguiendo créditos a tasas bajas por estar nominados en euros, se creó una sensación de falsa prosperidad: un espejismo que rápidamente terminó en la crisis actual.

El problema de fondo es que el euro establece un patrón igual (una medida igual) para economías desiguales (con distinta productividad): los costos en euros se hicieron altísimos para la productividad real de la economía griega, restándole competitividad.

Y para colmo, bajo la camisa de fuerza de una moneda no controlada por el propio Estado griego, que quedó así inhibido de maniobrar con la moneda regulando su valor (devaluándola o apreciándola según la conveniencia).

Desde el punto de vista de la naciones más fuertes de la UE (Alemania y Francia), el euro es un negocio porque aumenta los costos en los países más atrasados y los reduce en los avanzados por cuenta de su competitividad diferencial: ¡quizás no todo el mundo sepa que la potencia exportadora mundial que es Alemania destina la mayor parte de sus exportaciones a sus vecinos europeos!

Grecia no puede permanecer un minuto más en el euro. No tener moneda propia para un país de “segunda” o “tercera” de la UE, le quita un atributo fundamental para manejar su economía: un criterio elemental de proteccionismo burgués o incluso socialista plantea que un Estado, para ser viable, debe poder manejar su propia moneda; más aún si ese Estado es dependiente como Grecia (¡y ni hablar si fuera un estado obrero!).

Sin embargo, tampoco estamos proponiendo un programa burgués (o nacionalista) de salida del euro pero pagando la crisis los trabajadores. Ese es un programa capitalista donde la devaluación de la moneda se carga a la cuenta de los trabajadores: reducción de los salarios reales, alza de precios por cuenta de una moneda más débil, desempleo.

Ese no es el programa de los revolucionarios: la salida del euro que defendemos es una salida acompañada por medidas anticapitalistas para que sean los patrones los que paguen la crisis: no pago de la deuda externa, nacionalización de la banca y el comercio exterior, aumento de los salarios reales, estatización bajo control obrero de toda empresa que suspenda, despida o cierre sus puertas.

Está claro que no será un gobierno como el de Syriza el que irá a tomar medidas así: para ello hace falta impulsar la movilización independiente de los trabajadores y el pueblo en la perspectiva de un gobierno obrero y popular en el país helénico y de la unidad socialista de toda Europa.

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GRECIA – Frente al referéndum convocado por Syriza para el domingo 5

¡Voto crítico por el NO!

¡Salir del euro tomando medidas anticapitalistas!

¡Ningún acuerdo con los ajustadores!

¡Ninguna confianza en Tsipras!

¡Todos a las calles para imponer un programa

al servicio de los trabajadores y el pueblo griego!

Luego de cinco meses de negociaciones con la Troika, al cierre de esta edición se mantenía el llamado a referéndum por parte del gobierno de Syriza. Con él se consultará al pueblo griego acerca de las exigencias presentadas por los acreedores. A ellas, deberá responder por “SI” o por “NO”. Este evento, que implica objetivamente una profundización de la crisis política, financiera y económica en torno a la deuda griega, concierne, en definitiva, a si el país seguirá sujeto a los diktats de los organismos imperialistas europeos o si se crearán las bases para un camino independiente para Grecia.

Negociar o negociar. El callejón sin salida de Tsipras

Las negociaciones con la Troika fueron un gran fiasco, marcadas por el retroceso cada vez mayor de Tsipras y la voluntad clara de las “instituciones” de hundir no sólo económica sino también políticamente al pueblo griego. Lejos de demostrar que “Europa es un espacio de negociación y de acuerdos beneficiosos para ambas partes” (como había declarado Tsipras luego de su escandalosa capitulación del 20 de febrero[1]), las negociaciones desnudaron la verdadera cara de la Unión Europea y sus aliados: una serie de instituciones al servicio del gran capital y de los gobiernos imperialistas, cuyo único objetivo es exprimir a Grecia hasta el último centavo.

De ahí que hasta ahora el acuerdo se haya frustrado a pesar de que los principales analistas lo daban por hecho y de que el mismo viernes se estaba solamente a “algunos millones de euros” de cerrarlo. En efecto: la Troika, envalentonada por los retrocesos sucesivos de Tsipras, se jugó a infligir una derrota política aplastante, una humillación en toda la línea que sirviera como escarmiento preventivo a todo aquel –en primer lugar España bajo un eventual gobierno de Podemos– que osara cuestionar una coma de los programas de austeridad de la UE.

La negativa a apelar a la movilización

Algunos ven en el llamado al referéndum una prueba de la “lucha de Tsipras contra la UE”, un verdadero acto “democrático” frente al avasallamiento de las instituciones imperialistas…

En realidad, no hubo tal lucha de Tsipras contra la UE. El acuerdo que la parte griega presentó el lunes 22 de junio a la Troika incluía las medidas antipopulares esenciales que la misma demandaba: reforma de las jubilaciones, aumento del IVA, continuación de las privatizaciones, excedente presupuestario primario, etc.

Sin duda, la propuesta de la Troika era aún peor: aumento del IVA más fuerte, negativa a discutir cualquier reestructuración de la deuda; etc. Se trataba claramente de un programa que apunta a descargar aún más la crisis sobre la clase trabajadora, dejando indemnes las grandes fortunas. Pero esto no quita el hecho que el acuerdo propuesto por Tsipras cruzó todas las “líneas rojas del gobierno”; acuerdo que Plataforma de Izquierda de Syriza (ala izquierda de dicho partido) calificó correctamente como “peor que los anteriores memorándums”.

El llamado al referéndum en sí mismo no es una “prueba de valentía democrática”, sino un acontecimiento contradictorio. Por un lado, expresa que la presión de los trabajadores y el pueblo griego, que comenzaban a protestar, impidieron una capitulación directa. La Troika fue demasiado lejos e intentó imponer condiciones humillantes que hubieran significado además el inmediato suicidio político de Tsipras y de Syriza. Desde hace meses que Tsipras repite que quiere capitular, ¡pero le ofrecieron una capitulación inaceptable!

Tiene razón el Paul Krugman, Premio Nóbel de Economía, cuando dice que la Troika fue peor que el mafioso Don Corleone, personaje de “El Padrino”, porque hizo una propuesta que sólo se puede rechazar.

Por otra parte, el llamado al referéndum es también el resultado de una presión interna importante y del descontento y hartazgo creciente entre sectores de la población griega. Cuando el gobierno presentó su propuesta del 22 de junio, la Plataforma de Izquierda (corriente interna de Syriza) salió a criticarlo duramente y sostuvo que votaría en contra si se presentaba al parlamento.

Pero al mismo tiempo, el referendum es también un peligro. Es que la dirección mayoritaria de Syriza se ha negado sistemáticamente desde que asumió a llamar a la movilización, algo que hubiera correspondido hacer ahora. De haberse llamado a los trabajadores y al pueblo a las calles, se hubiera obtenido una respuesta contundente… algo mucho más contundente que cualquier referéndum. Es que ahora está el problema de si el referéndum será ganado o no; muchas encuestas señalan que es el “SÍ” el que está arriba.

De manera tal que la estrategia de capitulación de Tsipras podría llevar a una derrota en el referéndum mismo. Esta derrota está fundada en que el punto de apoyo de Syriza ha sido siempre el electoralismo democrático-burgués, jamás la movilización directa de las masas obreras y populares.

La crisis en el seno de Syriza

La dirección mayoritaria de Syriza podría haber hecho pasar el acuerdo con apoyo de pro-europeistas furibundos como To Potami (“El Rio”, partido ultra-neoliberal) y los ex gobernantes de Nueva Democracia y el PASOK. Pero una victoria parlamentaria de ese tipo, con la oposición de casi la mitad de Syriza y el apoyo de lo más rancio de los viejos políticos que sumieron a Grecia en la catástrofe actual, hubiese sido una victoria pírrica. Habría desencadenado una crisis política y dejado a Syriza al borde de la ruptura.

Esta situación es un reflejo del estado de ánimo de la clase trabajadora y el pueblo griego, cada vez más hostiles a un acuerdo, que han empujado sin duda a la Plataforma de Izquierda a oponerse a Tsipras, y al mismo Tsipras a llamar a un referéndum. Las decenas de miles de personas que se movilizaron este lunes 29 de junio por el “NO” lo han demostrado.

Por otra parte, el referéndum en sí mismo tiene para la dirección de Syriza el objetivo de mejorar su posición en las negociaciones, no el de enfrentar ni menos aún romper con los verdugos de la Troika.

El mismo Alexis Tsipras declaró el lunes 29 de junio que “cuanto más grande sea la participación y la opción del ‘NO’, más fuerte será nuestra posición en la negociación”. Y que “nuestro objetivo es que el referéndum, una opción política, nos ayude a proseguir las negociaciones”.

Y el ministro Varoufakis agregó que “si nos presentan un acuerdo aceptable, no nos costaría pedir el ‘SÍ’ en el referéndum”. Es decir, el referéndum no tiene como perspectiva terminar con las negociaciones y la austeridad, sino negociar algunas migajas más.

Por eso, el gobierno de Syriza no propone ningún plan alternativo. Aunque formalmente llama a votar por el “NO”, su pro-europeísmo total y su negativa a tomar cualquier medida de fondo hacen que este llamado sea una abstracción. Mientras la UE desarrolla una campaña terrorista por el “SÍ”, ninguna solución de fondo es levantada por el gobierno de Syriza. Esto sin olvidar que las negociaciones no son “gratuitas”: en estos cinco meses, el gobierno de Syriza ha realizado un pago de 1.800 millones al FMI, y más de 5.000 millones se fugaron del país bajo la presión de la perspectiva del “Grexit”, la salida de Grecia del euro.

 

 

[1] Tsipras, discurso por TV al otro día de firmar los “acuerdos” iniciales con el Eurogrupo, Agencia EFE, 21/02/2015.

Estado Español