Egipto, Declaración de la corriente internacional Socialismo o Barbarie, 20/08/2013 ¡Basta de masacres! ¡Fuera los militares! ¡Asamblea Constituyente revolucionaria y democrática!

Por una alternativa de los trabajadores, la juventud y los sectores populares, independiente de todo sector burgués, sea militar o civil, islamista o laico, que arranque por la lucha democrática antigolpista y vaya hasta el final en un camino anticapitalista.


“Por sus rasgos particulares, por el hecho de haberle dado la forma de un golpe a la presión por la renuncia del presidente islámico que venía desde abajo, quizás la mejor manera de definir lo ocurrido, es que se ha tratado de una destitución militar más que de un golpe clásico; una destitución que, por su forma, aparece como realizando un ‘mandato’ que venía desde abajo, pero que es ‘administrado’ por las Fuerzas Armadas… Esta destitución llevada adelante por los militares… no es, entonces, un clásico golpe militar estilo Pinochet, para dar un ejemplo. Pero sus consecuencias pueden ser no menos peligrosas.”
(Declaración de Socialismo o Barbarie, 03/07/2013)

Las masacres que día a día tienen lugar en Egipto y que horrorizan al mundo, han confirmado lamentablemente ese pronóstico. Aunque no aparecía como un “clásico golpe militar estilo Pinochet”, sus resultados podían ser no menos graves. Y, en efecto, la intervención de los militares, que comenzó con el justificativo de ser los “ejecutores del clamor popular” de que se vayan Morsi y sus islamistas, tiene ya consecuencias gravísimas que no se limitan a los miles de muertos, heridos, presos y desaparecidos.

Apropiándose de ese reclamo de la amplia mayoría de los trabajadores y la juventud, y de gran parte de los sectores populares, las fuerzas armadas aprovecharon para volver al gobierno e iniciar una restauración contrarrevolucionaria cuyo símbolo viviente podría ser, en los próximos días, la liberación del ex dictador Mubarak. Ya su pandilla –los llamados “feloul” (“restos”, “sobras” o “remanentes” de la dictadura)– ocupan casi todos los cargos civiles del nuevo gobierno.

Al mismo tiempo, la sanguinaria represión a los islamistas no sólo es una respuesta al reclamo de reinstalación de Morsi. Es una muestra para los trabajadores, los jóvenes y los sectores populares de lo que les espera si siguen con huelgas y protestas.

El paso al frente de los militares aprovecha el “talón de Aquiles” de la rebelión popular que estalló en enero de 2011: la debilidad de las alternativas obreras y populares políticamente independientes de todo sector patronal, civil o militar, laico o islamista. De todos modos, esta peligrosa encrucijada del proceso revolucionario en Egipto no significa que ya esté derrotada, ni mucho menos, la extraordinaria rebelión de masas iniciada en 2011.

El curso político de Egipto tiene importancia mundial. Israel y Arabia Saudita se vuelcan decididamente en apoyo al nuevo régimen. EEUU y la Unión Europea habían jugado un año atrás la carta de Morsi, pero ante sus fracasos le soltaron la mano. Sin embargo, hoy dudan frente a al-Sisi. Quizás temen, como advierte el New York Times, que su salvaje represión convierta a Egipto en una “fábrica de islamistas”… ya no tan “moderados” como Morsi.

De la misma manera, es importante, que los luchadores de todo el mundo nos ubiquemos ante el trascendental proceso de Egipto.

De la caída de Mubarak al derrocamiento de Morsi

Al producirse la caída de Mubarak a principios del 2011, muchos hablaron del triunfo de la “Revolución Egipcia”. Dos años y medio después, el colosal movimiento contra Morsi dio motivo para hablar de la “Segunda Revolución Egipcia”. Pero este tipo de simplificaciones –que Trotsky criticaba como “fatalismo optimista”– no permiten entender cómo el resultado de la “Primera Revolución” fue el gobierno de los archi-reaccionarios Hermanos Musulmanes. Y el resultado de la “Segunda Revolución” es la vuelta de los militares al gobierno, un peligro aun más grave que los retrógrados islamistas.

Es que, como todo gran proceso revolucionario, el de Egipto está plagado de contradicciones y desigualdades que no hay que disimular sino entender. Esto se agrava porque en nuestros días, en la cabeza de las masas trabajadoras y populares, la alternativa del socialismo, de la revolución socialista, no está aún presente para la gran mayoría.

En el caso concreto de Egipto, la rebelión popular del 2011 obtuvo un gran triunfo: la caída de Mubarak. Pero esto simultáneamente tuvo limitaciones y contradicciones: se fue Mubarak pero quedaron intactas las instituciones de la dictadura, en primer lugar, las Fuerzas Armadas. Además, las primeras elecciones “libres” dieron la mayoría a los archi-reaccionarios Hermanos Musulmanes.

Desde 1952, la historia de Egipto ha sido una secuencia de dictaduras militares. Además, la “corporación militar” es en sí misma uno de los principales sectores de la burguesía, que controla alrededor del 25% del PBI. Pero ya desde antes de Mubarak, prudentemente, había una “separación” de las instituciones de gobierno (a las que se dio fachada “civil” mediante farsas electorales), y las instituciones propiamente militares, encabezadas por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA). Esto permitió que los militares y el CSFA, al estallar la rebelión, dieran un prudente paso al costado. O mejor dicho, se situaran como “por encima” del conflicto entre las masas y el dictador. Y, finalmente, lo dejaron caer.

En su momento, esto generó un gran aplauso a los militares de parte de un sector confundido del movimiento de masas. Pero el idilio fue de corta de duración: al poco tiempo las protestas eran también contra ellos. El CSFA fue obligado a acentuar su retirada táctica, convocando a sucesivas elecciones (parlamentarias y finalmente presidenciales).

En el ballotage del 24 de junio de 2012, Morsi, candidato de la Hermandad Musulmana, ganó por el 51% de los votos a Ahmed Shafik, ex primer ministro de Mubarak y en buena medida representante de la “corporación militar”. El gobierno de Morsi, que asume el 30 de junio, funcionó inicialmente bajo un pacto islamista-militar. La Hermandad Musulmana representa un sector burgués importante y en ascenso, diferente al de la corporación militar. El pacto garantizaba los intereses de cada una de las partes.

Sin embargo, era un matrimonio desigual. Aunque la Hermandad asumía el gobierno y los militares daban un paso atrás, el pilar central del régimen, el núcleo del estado egipcio seguían siendo las Fuerzas Armadas. Todavía podían decir, como Luis XIV: “El estado soy yo”.

Lo decisivo es que Morsi fue incapaz de satisfacer (o derrotar) las demandas obreras y populares e imponer la “paz social”. El deterioro vertiginoso del nivel de vida fue acompañado de un tsunami de huelgas y protestas. Al compás de esa situación, el apoyo popular a los Hermanos Musulmanes se fue a pique. A eso se sumaron los intentos de “islamización” de la sociedad, que se expresaron en una Constitución autoritaria, votada en un plebiscito en que la gran mayoría se abstuvo o votó en contra.

Antes de cumplir un año, el gobierno islamista no sólo había perdido la mayor parte de su apoyo inicial: amplios sectores comenzaron a rebelarse y se multiplicaron las protestas. A fines de junio, Egipto estaba en una situación parecida a la de febrero de 2011 que llevó a la caída de Mubarak, pero con movilizaciones social y geográficamente incluso más amplias. Es en ese cuadro que los militares rompen el pacto con la Hermandad Musulmana.

Sin embargo, su actual jefe, el general Abdel al-Sisi, encabeza una jugada muy distinta a la de febrero de 2011. La Fuerzas Armadas no dan un paso atrás ni al costado, sino que se erigen en ejecutores de la voluntad popular, y echan a Morsi. Claro que esto implica, simultáneamente, que reasumen el gobierno aunque con una máscara civil que se les ha ido deteriorando rápidamente.

El principal maquillaje civil de este operativo –el “Premio Nóbel de la Paz”, Mohamed El Baradei– huyó despavorido al comenzar las masacres de islamistas. Los que quedan en el gabinete “civil” son en su casi totalidad “feloul”, ex funcionarios del dictador Mubarak. En este contexto, no sería una sorpresa que sea puesto en libertad los próximos días.

El gran chantaje militar: “nosotros o los islamistas”

Hay que reconocer que inicialmente el gran chantaje militar –“nosotros o los islamistas”– ha tenido éxito… aunque puede ser de duración limitada. Hay un amplio sector de masas, incluso del mismo movimiento obrero, que apoya al nuevo gobierno o por lo menos lo acepta resignadamente como “mal menor”.

Este es un gravísimo peligro, porque los militares no vienen a “salvar la democracia”, las libertades y el laicismo amenazados por la “barbarie islamista”, sino que regresan en plan contrarrevolucionario: acabar, por las buenas o por las malas, con el proceso abierto en 2011, terminar con las huelgas y protestas, y garantizar así que el capitalismo semicolonial egipcio vuelva a funcionar “normalmente”. Y al que se oponga, palo y a la bolsa.

La otra cara de la moneda de este chantaje la suministran los mismos Hermanos Musulmanes. Su debacle en apenas un año de gobierno no tiene precedentes. Una organización inmensa, con centenares de miles de supuestos militantes y decenas de miles de cuadros, quedó desmoralizada, paralizada e incapaz de responder a la ola de protestas populares que precedieron la caída de Morsi. Fue la dimensión colosal de esta legítima reedición –corregida y aumentada– de la rebelión de 2011, la que selló la suerte de los Hermanos en el gobierno.

Pero la rebelión popular no llegó a derrocar a Morsi por sí misma, ni menos a reemplazarlo por un poder propio. Y la intervención de los militares tuvo como uno de sus más nefastos resultados la resurrección de la Hermandad Musulmana. Aunque hoy sigan en minoría, los islamistas, al ser desplazados por los militares, recuperaron el aliento y pudieron volver a movilizarse en algunos de sus enclaves. Superaron relativamente la desmoralización del desastre del gobierno Morsi. Volvieron a ponerse de pie tomando en sus manos la bandera “democrática” de colocarse como víctimas de un golpe militar que pasó por encima de la legitimidad electoral.

Sin embargo, la resurrección de la Hermandad termina, en cierto modo, haciéndoles el juego a los militares, que la utilizan para “justificar” su bárbara represión y les da equivocadamente el apoyo de quienes rechazan a los islamistas. Es que la consigna principal de los islamistas, la reinstalación de Morsi, es inaceptable para la gran mayoría que se movilizó en junio exigiendo que se vaya. Esto es así, más allá de la lamentable realidad que el “brazo ejecutor” de su caída hayan sido los militares.

Además, la Hermandad ha desatado una guerra sectaria, inter-religiosa, impulsando pogroms y quema de iglesias en los miserables barrios de los cristianos coptos. También agreden a la minoría chíita. No es casual que los militares, mientras masacran las concentraciones islamistas, dan “vía libre” a las pandillas de los Hermanos para asesinar, violar y quemar iglesias. Es otro justificativo para apoyar a los militares, por lo menos como “mal menor”.

Todo esto ha golpeado sobre las organizaciones y movimientos políticos, sociales y obreros. Un importante sector apoya de una u otra manera al nuevo gobierno. El movimiento Tamarod (Rebelión) que desató la protesta contra Morsi, se ha fragmentado (nunca fue homogéneo ni centralizado), pero su núcleo original sostiene al gobierno. Y ni hablemos de las “izquierdas” de raíces nasseristas o stalinistas. Un intelectual como Samir Amin habría caracterizado al ejército egipcio como “una fuerza de clase neutral”.

Por otra parte, el Movimiento 6 de Abril (que jugó un papel fundamental en la lucha contra Mubarak) se mantiene, correctamente, opositor. Asimismo, la principal organización trotskista –los Socialistas Revolucionarios– también denuncia y enfrenta la trampa contrarrevolucionaria de al-Sisi, aunque luego de una posición inicial algo confusa respecto de la destitución de Morsi por parte de los militares.

El movimiento obrero: presiones para apoyar a los militares, crisis por las cooptaciones y esbozos de alternativas independientes

Lógicamente, el movimiento obrero, gran opositor a Morsi, también ha sido impactado por estas presiones.

En Egipto se ha desarrollado la mayor experiencia mundial de recomposición del movimiento obrero. Tras el derrocamiento de Mubarak, fue un proceso impresionante, con un millar de nuevos sindicatos independientes, el semi-derrumbe de la vieja central burocrática y estatizada, y ola tras ola de huelgas.

Pero esta extraordinaria recomposición ha sido demasiado “sindicalista”. Desde allí no se generaron alternativas políticas independientes igualmente fuertes. Este flanco débil está siendo aprovechado a fondo por los militares en un hábil operativo de cooptación. Eso tiene peores consecuencias que la represión pura y dura de los islamistas contra los sindicatos independientes.

Lo más grave es que el Ministerio de Trabajo ha sido ocupado por Kamal Abu Eita, presidente de la EFITU (la principal central de sindicatos independientes), y reconocido luchador desde antes de la caída de Mubarak. Como ministro, Abu Eita ha llamado a los trabajadores a suspender las huelgas y producir más. “Los héroes de las huelgas deben convertirse en héroes del trabajo y la producción”, sostiene hoy día.

Asimismo, en los sindicatos independientes, otro punto de crisis ha sido la actitud ante la convocatoria del general al-Sisi a movilizarse para “combatir al terrorismo islamista”. Es decir, apoyar a los militares en la masacre de la Hermandad.

Las dos centrales independientes (la EFITU y la EDLC) y la vieja central burocrática (EFTU) firmaron una declaración conjunta en apoyo al reclamo de al-Sisi. Y el Sindicato Independiente de Maestros llegó a decir que “respondemos al llamado de nuestro gran Ejército para salir a las calles a completar nuestra revolución enfrentando al terrorismo…”

Pero no hay unanimidad, de ninguna manera. Otros dirigentes y organizaciones salieron al cruce de esta deriva desastrosa.

Fatma Ramadán, una destacada dirigente, miembro del Ejecutivo de la EFITU, se opuso públicamente a dar semejante apoyo a los militares y el nuevo gobierno. Y el presidente de la nueva Unión Obrera Independiente de la empresa de agua de El Cairo lo rechazó, llamando a “no repetir la historia de suprimir las libertades en nombre de la ‘lucha contra el terrorismo’”.

Además de una crisis, esto ha llevado al mismo tiempo a un replanteo que puede abrir un nuevo capítulo político en el sindicalismo independiente. Es que tanto en la cooptación de Abu Eita como en relación al apoyo a los militares, pesa no sólo la experiencia con la Hermandad en el gobierno sino también las ilusiones políticas “nasseristas”. Es decir, el sueño utópico de otro nacionalismo militar “progresista”, al estilo del gobierno de Gamal Abdel Nasser (1952/53-1970). El mismo Abu Eita es dirigente de Al Karama, el partido nasserista de izquierda.

Pero ni el general al-Sisi (que también se reclama “nasserista”) ni las Fuerzas Armadas que hoy viven de las subvenciones de EEUU, tienen el menor parecido con Nasser en cuanto a enfrentarse con el imperialismo e Israel, o hacer concesiones a los trabajadores. En lo único que al-Sisi se parece a Nasser es en la persecución a los islamistas.

Por eso, ya comenzaron los choques entre el gobierno y el movimiento obrero. Mientras Abu Eita es ministro, vuelven a ser reprimidas las huelgas… igual que con Morsi. El ejército intervino para romper una “sentada” de los obreros de la Acería de Suez. Hay varios activistas detenidos y amenazados con penas de hasta cinco años de cárcel. ¡Los militares no tienen nada que envidiar a los islamistas!

En la cabeza de los trabajadores y activistas siguen pesando decisivamente los duros enfrentamientos con el gobierno islamista. Pero ya han comenzado a hacer la experiencia con el nuevo gobierno.

Una situación peligrosa que debe remontarse

En síntesis: una situación peligrosa, visto los planes contrarrevolucionarios del nuevo gobierno y el relativo apoyo popular que ha logrado gracias a la repulsa de los islamistas.

Sin embargo, hay que evitar conclusiones apresuradas. Un año atrás, al subir Morsi, infinidad de charlatanes hablaban del “Invierno Islamista” que duraría 20 ó 30 años al menos…

Ahora abundan los análisis impresionistas que dan por hecha una nueva dictadura militar…

Sin embargo, las masas trabajadoras, juveniles y populares de Egipto, que protagonizaron dos inmensas rebeliones, todavía no han sido derrotadas sino engañadas… Son dos cosas muy distintas. Contradictoriamente, el camino está lleno de peligros pero no sólo es inevitable recorrerlo sino que también es necesario para que las masas hagan la imprescindible experiencia.

La única manera de superar masivamente las ilusiones en el islamismo fue el gobierno de Morsi. Lo mismo vale para las ilusiones en al-Sisi y los sueños “nasseristas”.

En ese terreno habrá que luchar por independizarse de cualquier opción patronal –sea laica o islamista, civil o militar–, para poner en pie una alternativa obrera y socialista que parta de tomar en sus manos las banderas democráticas del momento: la lucha implacable contra la represión del gobierno militar, y por una salida revolucionaria a la crisis actual.

Esa salida no puede ser la restitución de Morsi, que fue echado por las masas populares, sino la convocatoria inmediata a una Asamblea Constituyente revolucionaria y democrática que tome en sus manos las riendas del país y pueda dar lugar a una maduración de la experiencia hacia un gobierno de los explotados y oprimidos.

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Argentina: histórica votación de la izquierda

 

 

El domingo pasado ocurrió un hecho de enorme trascendencia política desde el punto de vista de la izquierda revolucionaria en nuestro país: entre las tres fuerzas agrupadas en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y nuestro partido totalizamos alrededor de un millón de votos, algo con pocos antecedentes.


Balance de la votación del FIT y el Nuevo MAS

Una elección histórica para la izquierda, un duro golpe al kirchnerismo

Roberto Sáenz

El domingo pasado ocurrió un hecho de enorme trascendencia política desde el punto de vista de la izquierda revolucionaria en nuestro país: entre las tres fuerzas agrupadas en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y nuestro partido totalizamos alrededor de un millón de votos, algo con pocos antecedentes. Es verdad que en los años 80 el viejo MAS obtuvo votaciones importantes como parte de un frente con el PC. Y que en octubre del 2001 la votación que obtenía la izquierda (sumando Izquierda Unida, el frente PO-MAS, Zamora, el Partido Humanista y el PTS) alcanzaba 1,2 millones de votos, anticipando el clima que se viviría dos meses después con la rebelión popular. Sin embargo, que entre el FIT y el nuevo MAS se totalice ahora un millón de votos, desplazando, además, a los proyectos oportunistas de la izquierda reformista, que entraron en una bancarrota casi total, configura un hecho que requiere explicación.

El kirchnerismo pierde una franja de votos por la izquierda

Pocos años atrás Luis D’Elía justificaba el oportunismo del “peronismo revolucionario” y de todos los que desde la izquierda se subieron al carro de los K con la afirmación de que “a la izquierda del kirchnerismo sólo está la pared”. Pero resulta ser que uno de los fenómenos de la reciente elección es, justamente, lo contrario: una franja político-electoral de inusitada magnitud se expresó a la izquierda del kirchnerismo.

Si bien los medios escritos no le dieron la importancia que tiene a este fenómeno, es evidente que si los K perdieron unos cuatro millones de votos respecto de 2011, más de medio millón (cifra nada despreciable) fue a parar a la izquierda revolucionaria: ¡400.000 al FIT y 100.000 al Nuevo MAS (de los cuales hay miles de anécdotas entre nuestros compañeros al respecto)!

Para llegar a estos guarismos, el FIT pasó de los 520.000 votos de las PASO de agosto del 2011 a los actuales 900.000 votos (había obtenido 580.000 en octubre de ese año); mientras tanto, el Nuevo MAS, en lo que configura una verdadera hazaña política dada la desproporción de medios materiales, presencia televisiva y de todo tipo con las que debió encarar la campaña, pasó de escasos 16.000 votos en provincia de Buenos Aires obtenidos en las PASO de aquél año a totalizar nacionalmente prácticamente 115.000 votos (provincia de Buenos Aires, Córdoba, Capital Federal y Neuquén) multiplicando por siete nuestra elección y resultando la correlación electoral con el frente en estos distritos de cinco a uno (el FIT obtuvo en ellos medio millón de votos).

El millón de votos obtenido y la ubicación de las fuerzas de la izquierda (en plural, como lo presentó el diario Clarín) como la quinta votación en el total nacional significa que una franja minoritaria pero aun así de masas del electorado decidió votar a la izquierda clasista. Este dato es de enorme importancia político-estratégica para lo que vendrá, amén de desafiarnos a redoblar el esfuerzo en la construcción orgánica de nuestras organizaciones, que está cualitativamente por detrás de los resultados obtenidos, todavía más en nuestro caso que en el del PO y el PTS, que de todos modos tienen sus fuertes claroscuros.1

La polémica por el balance

Luego de la valoración de conjunto de la votación de la izquierda, comienzan a tallarse los balances más finos y las duras polémicas al respecto. El Partido Obrero, jefe incuestionable del frente, ha salido a decir por boca de Altamira que “la conclusión política que se desprende de esta elección es que la izquierda argentina es el FIT”. Esta afirmación, además de falsa, tiene la paradoja que, entonces, el interlocutor enseguida se preguntará “bien, pero, ¿qué es, entonces, el FIT?”, pregunta de no fácil respuesta.

La afirmación de Altamira encierra tantas contradicciones que con sólo dar cuenta de algunas de ellas se cae todo este andamiaje autoproclamatorio. Si así fuera, además, el actual triunfo electoral se transformaría, a la vuelta de la esquina, en una tragedia sin nombre: ¡la izquierda argentina desaparecería al otro día de la eventual división del FIT!

El primer problema de una afirmación de este tipo es, entonces, que soslaya olímpicamente el hecho incuestionable de que el FIT es una sumatoria de fuerzas distintas: una cooperativa electoral, según la jerga de la izquierda. Y una cooperativa que llegó a las elecciones mucho más dividida en su actuación cotidiana que dos años atrás (a todos los efectos prácticos, desarrolló una campaña con cada uno de sus integrantes actuando por separado). Además, se vio una hegemonía desproporcionada del PO, que inevitablemente será fuente de agudas crisis recurrentes en su interior, ocultas de momento por la excelente elección obtenida.2

En segundo lugar, subsiste el hecho que el FIT es un frente electoral de organizaciones que por separado, eso es indudable, obtendrían una cantidad de votos sustancialmente menor a la actual. En este caso, como en otros, el todo es más que la suma de las partes, y de eso se está beneficiando este frente electoral. Pero este “todo” está cristalizado como frente electoral y nada más. Ese frente electoral no puede ir hacia delante, porque requeriría dar pasos en la unificación de sus organizaciones, ni para atrás, porque implicaría la división del FIT y el fin del “negocio electoral” que éste constituye para sus integrantes.3

El tercer problema es que esta pretendida “única izquierda argentina” sólo se muestra como tal en el terreno electoral, que opera como una representación distorsionada de la realidad de la lucha de clases cotidiana. Allí, no solamente otros componentes de la izquierda sino los mismos integrantes del FIT aparecen tirando cada uno para su lado, sin ponerse de acuerdo en las cuestiones más elementales de la política nacional: cacerolazos, apoyo a los gendarmes, intervención común en los gremios en que están sus componentes, etcétera. Si hasta es un hecho que donde existen parlamentarios del FIT (básicamente en Neuquén; en Salta está sólo el PO) no se han puesto de acuerdo en la gestión colectiva de esas bancas.

Cuarto problema: el FIT como frente ha existido para estas elecciones solamente en ocho distritos, es verdad que en varios de los más importantes: Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Neuquén y Jujuy, obteniendo en ellos 730.000 votos. Pero en otros seis solamente existe el PO (con 130.000 votos), IS en tres (30.000) y el PTS en uno (3.000). Esta desproporción en las relaciones de fuerza en su anterior, aunada a que las principales candidaturas “expectables” están en manos del PO, es una base de las tremendas contradicciones que recorren al FIT, y cuya perspectiva es a las multiplicaciones pasadas las ensoñaciones electorales.

Nuestros 115.000 votos

La quinta cuestión es que por fuera del FIT se presentó el nuevo MAS que obtuvo la nada despreciable cifra de 115.000 votos entre cuatro distritos (provincia de Buenos Aires, Córdoba, CABA y Neuquén). Si se comparan los cuatro distritos donde se presentó nuestro partido con la elección del frente en ellos (comparación que es la que corresponde), lo que se obtiene no es una proporción de “mil a uno” que permitiera afirmarse como “única izquierda”, sino de cinco a uno, lo que muestra que sacando Santa Fe (donde no tenemos legalidad, aunque tampoco el FIT es fuerte allí), en el centro del país –que es el que más importa estratégicamente– es completamente forzado el presentar al FIT como “la única izquierda” en exclusión de nuestro partido.

En suma: uno de los fenómenos impactantes de la elección de la izquierda es la cuestión que de cada cinco votos que perdieron los K, cuatro fueron al FIT y uno al nuevo MAS. Se trata de un logro extraordinario de nuestro partido que nos coloca, objetivamente, como parte integrante de pleno derecho de la franja que por izquierda rompió con el gobierno, y no hay autoproclamación porotera y oportunista desde los medios por Altamira y Pitrola que nos lo pueda arrebatar.

El balance de nuestro Partido, el Nuevo MAS

Cuando la política se sobrepone a las relaciones de fuerzas adversas

Roberto Sáenz

La política revolucionaria como aplicación ‘subjetiva’ (en el sentido de hecha por un sujeto) a un campo de determinaciones objetivas puede mover montañas en la medida que adquiera terrenalidad deduciéndose lógicamente de sus mismas premisas; o, como pidiera Lenin en sus Notas filosóficas a Hegel, que sepa atrapar los eslabones más fuertes de la cadena de la propia realidad” (Ciencia y arte de la política revolucionaria).

Como parte del fenómeno objetivo de giro a la izquierda de una franja del electorado en ruptura con los K, nuestro partido realizó una elección histórica: nunca en su historia el Nuevo MAS había obtenido semejante elección y, menos que menos en condiciones tan adversas en lo que tiene que ver con el grado de instalación, medios materiales, acceso a la televisión, magnitud militante y demás con el FIT como tal, sin olvidarnos del carácter de frente de la izquierda del mismo. De ahí las felicitaciones y declaraciones públicas de voto que hemos recibido de activistas, luchadores, compañeros de trabajo, periodistas como la “Negra” Vernaci de la Rock & Pop y muchos otros, militantes de otras corrientes, incluyendo muchos kirchneristas y otros.

Una hazaña política

Desde ya, las grandes masas no han comentado la elección de la izquierda (se habla de Massa, los K y no mucho más; en esto hay que guardar las debidas proporciones: el 95% del electorado ha votado a las fuerzas burguesas4). Pero si se trata de la amplia vanguardia y un poco más allá, ya el público es mucho más informado y festeja la elección del FIT, pero no deja de sorprenderse, también, por la nuestra.

Esto nos remite a la explicación de nuestra votación. Aquí hay varios factores políticos y “estructurales”. Los políticos tienen que ver, sin duda alguna, con el acierto de la política electoral con la que encaramos la campaña. Nuestro partido no podía encarar una campaña con la globalidad con que sí podía hacerlo (y, en cierto modo, desaprovechó) el propio FIT.

Optamos, por el contrario, por establecer ejes políticos bien claros de campaña que reflejaran reivindicaciones sentidas de la clase obrera, la juventud y el movimiento de mujeres, aprovechando a la vez la palestra electoral para denunciar los responsables políticos de esos flagelos, siempre desde una perspectiva de oposición de clase al gobierno kirchnerista, y de pelea y no de adaptación a las reglas de juego del régimen político. Algo que el FIT no podría afirmar honestamente de su propia campaña, marcada por todos lados por rasgos poroteros.

Este aprovechamiento revolucionario de la palestra electoral se demostró de una fuerza tremenda respecto de nuestras posibilidades materiales reales, como ocurre siempre que se formula correctamente la política revolucionaria y se la considera como una palanca transformadora, apoyándose en ciertas premisas.

Luego están los factores materiales. Encaramos la elección del 2011 con la exclusión sin principios del FIT y una sola legalidad: la de la provincia de Buenos Aires. No nos dejamos impresionar por la adversidad electoral, por la paupérrima cosecha en votos que obtuvimos, ni por la votación del FIT, que en sus versiones más oportunistas auguraban nuestra “desaparición”. Es otra enorme enseñanza de la lucha revolucionaria: nunca hay que dejarse impresionar por la propaganda del enemigo de clase o los adversarios en el campo de la izquierda: la realidad es siempre menos chata y homogénea de lo que los propagandistas de cualquier tipo quieren presentar; está plagada de contradicciones y plantea siempre puntos de apoyo para un desarrollo ulterior o para dar vuelta una situación adversa. Lo que labora detrás de los fenómenos es un conjunto de desarrollos opuestos, “un entresijo de procesos dialécticos que tienen lugar en un mundo inacabado” (Ernst Bloch) y que siempre dan pie para una lucha si ésta es realmente revolucionaria.

Frente a esta adversidad –que tuvo, sin embargo, el beneficio de templar a las nuevas generaciones partidarias– votamos un plan de trabajo abnegado que nos permitió llegar a esta elección con cuatro legalidades, al borde de reunir las condiciones para reclamar la nacional. Así, parte importante de la juventud de nuestro partido se volcó todo el verano pasado a la obtención de la legalidad partidaria en la provincia de Córdoba, donde hicimos una elección histórica.

Junto con esto, nuestro partido desarrolló una gran campaña electoral militante, buscando llegar a más amplios sectores que los habituales, y haciendo el uso más eficiente posible de nuestros escasos recursos. Esto último es, también, una de las artes políticas: la máxima utilización de escasos recursos.

Se trata de una ley de desarrollo de nuestros partidos: los saltos en calidad constructivos de las organizaciones revolucionarias se producen a partir de una concentración de todos los recursos políticos en un solo punto (como recomendaba Clausewitz en el arte de la guerra) buscando dar ese salto con una política que se hace fuerte porque parte de ciertas premisas materiales y objetivas.

Una reseña de la elección distrito por distrito

En la Capital Federal obtuvimos algo menos de 20.000 votos, una cifra impactante en una proporción de uno a cuatro con el FIT y en dura competencia con otras alternativas: Luis Zamora (figura excluyente del viejo MAS y dos veces diputado nacional), Lozano (actualmente diputado nacional) y el MST (cuyo candidato, Bodart, es legislador por la ciudad).

Para la evaluación de nuestros resultados en CABA no puede soslayarse que nunca tuvimos votos en este distrito: nuestro piso era prácticamente cero. Con una acumulación histórica mucho menor que los integrantes del FIT, pero con un creciente peso juvenil y el impacto de nuestro trabajo en el movimiento de mujeres con Las Rojas, logramos casi el 1% de la votación.

Es cierto que no pasamos el corte proscriptivo del 1,5%, lo que hubiera coronado un enorme esfuerzo militante. Sin embargo, instalamos el debate por el derecho al aborto y la figura de nuestra compañera Manuela Castañeira de manera pública, visible y objetiva, y salimos de la campaña con prestigio y visualización entre amplísimos sectores, mucho más allá de los límites orgánicos de nuestro partido: una franja minoritaria, pero de masas.

El desafío ahora es extender nuestro partido por toda la geografía de la Capital, así como hacerlo muchísimo más orgánico no sólo en la juventud universitaria y secundaria, sino entre crecientes sectores de trabajadores.

En la provincia de Buenos Aires obtuvimos prácticamente 70.000 votos, una cifra similar a la obtenida por el PO cuando se presentó solo en ese distrito en 2009. Inclusive, el frente centroizquierdista Podemos (integrado por las fuerzas Unión Popular, el PCR y el MST) apenas obtuvo unos pocos votos más, un sapo notorio siendo que eran tres partidos.

Nuestro compañero, el “Chino” Heberling, volvió así a encabezar una boleta que obtuvo decenas de miles de votos, luego de que ocurriera lo propio en 2009 a la cabeza del FITS en la provincia (integrado en aquella oportunidad junto al PTS e IS). Decayó en 2011, pero volvió a surgir en esta elección, creándose mejores condiciones para avanzar en su instalación como figura, sin olvidar el conocimiento creciente entre las franjas de la vanguardia obrera de nuestro compañero Jorge Ayala de FATE y de Laura Granillo entre el movimiento de mujeres y la juventud estudiantil de la provincia.

El de Córdoba es, quizá, el resultado que más se aproxima a la definición de hazaña política que venimos manejando para nuestra elección. Allí, la total desproporción con el FIT (que está encabezada por una figura como Liliana Olivero y tiene un alto piso de votos) fue quebrada, logrando nuestro partido casi 25.000 votos: ¡una relación de cuatro a uno con el frente en la segunda provincia más obrera del país!

Posiblemente sea en este estratégico distrito donde el Nuevo MAS hizo su elección más trascendente, lo que crea mejores condiciones para avanzar en su extensión nacional. Una provincia que tiene una estratégica composición obrera y estudiantil, y que está en el centro del país e irradia a todo el resto del norte argentino.

Haber consolidado una regional inicialmente juvenil allí y que tiene en la mano la responsabilidad de semejante elección abre inmensas posibilidades constructivas nacionales del Nuevo MAS como partido de vanguardia.

Por último, en el caso de Neuquén es donde más cerca quedamos de quebrar el piso proscriptivo. Dada la instalación que tiene el FIT en él, la votación fue extraordinaria: obtuvimos unos 4.500 votos en condiciones absolutamente desiguales. Es verdad que la figura de Alcides Christiansen excede con mucho la envergadura de la regional partidaria. Sin embargo, aquí también logramos prácticamente quebrar el peso de la inercia político-electoral, instalando al Nuevo MAS en la provincia de manera cualitativamente superior a cualquier intento anterior. Cabe recordar que la única vez que pudimos presentar a Alcides en la provincia como Nuevo MAS fue en 2011 con la candidatura a intendente, con solamente 1.000 votos; multiplicamos ahora casi por cinco dicha elección y establecimos una relación de cuatro y medio a uno con el FIT.

Hacia la construcción del Nuevo MAS como partido de vanguardia

Que en condiciones tan adversas hayamos logrado quebrar la inercia, abriéndonos paso por entre la votación de la izquierda y estableciendo una relación de cinco a uno con un FIT en pleno ascenso en los principales distritos es una hazaña político-electoral que muestra el enorme progreso y consolidación del proyecto socialista revolucionario que expresa el Nuevo MAS. El límite ha sido, somos conscientes de ello, que no hayamos podido quebrar el piso en ninguno de los cuatro distritos donde nos presentamos, aunque quedamos muy cerca en Córdoba y Neuquén.

En cualquier caso, las tareas del momento son muy claras: las elecciones pasaron, para octubre falta mucho y de lo que se trata es de retornar a las actividades cotidianas y salir a una ofensiva de captación para nuestro partido. Muchísimos compañeros y compañeras nuevas nos han ayudado en la campaña; logramos que centenares fueran fiscales: debemos llamar a todos estos compañeros y compañeras a sumarse a nuestro partido, comenzando por la discusión del balance electoral.

Para esto hay dos tareas clave: garantizar la distribución y cobro del periódico semanal y abrir nuestros equipos –o formar nuevos– para la incorporación de más compañeros y compañeras, apuntando a la extensión nacional de nuestro partido.

Debemos hacer esto con la compresión de que acabamos de dar un paso de trascendencia hacia la instalación del Nuevo MAS como organización de vanguardia de pleno derecho. En nuestro Congreso realizado en marzo pasado discutimos que una de las condiciones para el salto a partido de vanguardia era lograr un determinado piso electoral propio. Un hecho trascendente de la elección de la izquierda es que nuestro partido ha logrado establecer proporciones con el FIT en este terreno. Se trata de un enorme triunfo que, de consolidarse, nos permitirá avanzar en el desafío que nos propusimos de transformarnos, en lo constructivo, en partido de vanguardia. Esta elección constituye un paso de enorme importancia en ese camino.

1 Mantenerse dentro de firmes criterios orgánicos es la base para la comprensión de un conjunto de contradicciones a la hora de la evaluación del voto a la izquierda y de pinchar los globos autoproclamatorios de los integrantes del FIT. Por ejemplo, del PO, que ha multiplicado desproporcionadamente su hegemonía dentro del FIT. El PO es una organización relativamente fuerte territorialmente, en el movimiento estudiantil y entre docentes y estatales, pero sin embargo en su inserción obrera y estructural viene demasiado por detrás. A este respecto es relativamente más fuerte el PTS, que sin embargo aparece estratégicamente a la defensiva y prácticamente carece de “frentes de masas”. Por último, IS es una organización que languidece constructivamente, caracterizada por una generación militante vieja, y es cualitativamente más débil que sus compañeros del FIT.

2 Esta realidad es responsabilidad sobre todo del PTS, que le cedió ese peso al PO como carta de negociación para dejar afuera al nuevo MAS de dicho frente. Para estas elecciones le concedieron al PO que encabezara las principales candidaturas en los dos principales distritos del país, lo que transformó a Altamira y Pitrola en los excluyentes portavoces del frente; de integrar nuestro partido dicho frente, habría otro tipo de contrapesos. Pero ese contrapeso nos hemos visto obligados a construir desde fuera, y obtuvimos un claro triunfo político al respecto en esta elección, a pesar del límite de no haber pasado el corte proscriptivo del 1,5%.

3 La propia dirección del PO define sin prurito alguno al FIT como “negocio electoral”. Así lo plantearon los compañeros en la única cita que tuvimos este año tratando de rediscutir la incorporación del nuevo MAS al mismo. Tal definición transforma a “toda la izquierda argentina”, según Altamira, en una romería mercantil y porotera.

4 Aquí cabe una observación metodológica: la votación obtenida por la izquierda puede significar mucho o no tanto dependiendo de las condiciones de la lucha de clases y de la inserción orgánica de la izquierda revolucionaria. Así como un resultado electoral puede actuar achicando su peso real, también puede hacer aumentándolo: aquí hay todo tipo de proporciones variables. En todo caso, la clave es si la situación es revolucionaria o no, y cuál es el peso orgánico de los socialistas revolucionarios entre la clase obrera, en sus principales bastiones, en la juventud, los sectores populares y demás. Esto da la pauta del trabajo que tenemos por delante para aprovechar esta votación no solamente en el terreno electoral, sino en el cotidiano, para convertir a nuestros partidos en fuerzas históricas desde el punto de vista de la transformación socialista de nuestra sociedad.

Instalamos los derechos de las mujeres en la agenda nacional

Manuela Castañeira

Luego de una larga y agotadora campaña electoral, donde las compañeras y compañeros del Nuevo Mas y Las Rojas se jugaron a fondo por dar una pelea política para que se oigan las voces de las mujeres, de la juventud y de los trabajadores. Luego de semanas de recorridas por los barrios, con mesitas en las esquinas hablando con miles de personas, con los compañeros que se plantaron contra todos los aparatos a pegar cientos de miles de afiches en toda la Ciudad de Buenos Aires. Luego de una agotadora jornada de domingo donde militantes, simpatizantes y amigos se sumaron a una ardua fiscalización y defensa de nuestros votos. Con una alegría inmensa por haber salido a plantar bandera en las calles con todos los medios que tuvimos a nuestra disposición. Con el resultado en las manos es momento de bajar un cambio y detenernos a hacer un balance de lo obtenido, de las enseñanzas que nos dejó esta fructífera experiencia, y de los pasos que tenemos por delante.

Empecemos por lo más objetivo: la lista del Nuevo MAS y de Las Rojas rondó el 1% superando los 18.000 votos. Este es un caudal político inmenso y es un punto de partida enorme para seguir avanzando. Cuando lanzamos nuestra campaña por los derechos de las mujeres nos decían desde todo el arco político de derecha a izquierda (sí, ¡¡¡a izquierda!!!) que éramos unos suicidas, que cómo se nos ocurría hablar del derecho al aborto en una elecciones. Que era piantavotos, que eso está fuera de agenda y de la realidad, cómo proponer debatir sobre los derechos de las mujeres cuando se ha elegido como papa a un argentino, que con Bergoglio el tema estaba desterrado.

Nosotros no nos dejamos impresionar, no nos dejamos arrastrar por la marea clerical que inundó a todo el mundo, de derecha a izquierda (sí, una vez más, ¡¡¡a izquierda!!!). Decidimos hablar claro a las mujeres, a los trabajadores y a la juventud. Ni Cristina ni la sotana de Francisco nos iban a callar; no íbamos a caer en el cretinismo de no hablar de la tragedia que significa la situación de la mujer en la Argentina, de la masacre que se efectúa cotidianamente vía la condición de clandestinidad a la que se condena a las jóvenes mujeres: son cientos las que mueren por año, son cientos las que son secuestradas con la complicidad del Estado, son miles las que viven aterradas en un clima de violencia, son millones las que sufren una doble y triple explotación en los trabajos que las condenan cotidianamente.

Para nosotros lo que manda no es una encuesta de opinión, sino los problemas reales que sufren los explotados y oprimidos diariamente. Ese es un mérito que nos enorgullece, fuimos la única voz que se alzó en este maremoto clerical. Contra corriente, sufriendo el boicot absoluto y confeso de los medios televisivos, que nos plantearon claramente que a nosotros no nos querían dar pantalla, porque no les querían dar voz a los reclamos que levantábamos.

Nuestra tozudez de hablar de lo que nadie quiere hablar nos cerró las puertas de los de arriba, pero nos abrió un universo por abajo. Fue una constante durante toda la campaña las muestras de apoyo a nuestra candidatura. Venían a nuestras mesas de agitación, se quedaban charlando, nos reconocían la valentía del reclamo. El mismo día de la elección, los fiscales de las otras listas (muchos de ellos voluntarios que se anotaron por Internet y les tocó por sorteo fiscalizar alguna lista), nos decían “yo estoy acá por la lista de Terragno, pero los apoyo a ustedes”, “yo estoy fiscalizando para el MST, pero voto a Las Rojas”. Esto nos deja una enorme enseñanza. Los sectores explotados y oprimidos sabemos por nuestra experiencia cotidiana, que para defender nuestros reclamos tenemos que enfrentar a todas las instituciones del régimen imperante, y para esto tenemos solo dos armas, la política y la organización. Fue nuestra política organizada la que permitió que crucemos algunas barreras (no todas aún). Ser claros, honestos y terrenales (es decir hablar de lo que ocurre en la realidad, no de las ocurrencias de comité), hablar en voz alta y sin tapujos hizo que se nos respete, que se nos quiera oír.

Conseguimos que algunos sectores que aún se reconocen kirchneristas pero que no les cierra el curso clerical y misógino de la política de Cristina, nos abran los micrófonos. Conseguimos que algunos periodistas nos dieran su apoyo, como es el caso de Carla Conte y Elizabeth Vernaci. Si todo esto fue posible en estas condiciones tan adversas, es porque el Nuevo MAS y Las Rojas cuentan no solo con una firmeza política que destaca en el clima oportunista que caracterizó la campaña, sino porque además cuentan con una militancia de fierro, abnegada, que se puso al hombro esta pelea política, que se organizó y la llevo a todos los rincones de la Capital. Si pudimos recoger estos apoyos, fue gracias a que primero nos supimos hacer oír.

Claro que en medio de la inmensa alegría que nos da el saber que hicimos una campaña extraordinaria, nos queda un sabor amaro en la boca. Las PASO cumplieron su cometido, lograron en esta oportunidad que todo este reclamo sea suprimido en las elecciones nacionales de octubre. Pero esto también es una enseñanza: cuando sostenemos que las PASO son una trampa del gobierno contra los sectores populares, lo que denunciamos es esta realidad. Y en esto también tenemos el orgullo de ser el único partido de izquierda que estuvo a la altura de las circunstancias. Donde todos callaron, nosotros alzamos nuestra voz, pero no en solitario: hubo 18.000 personas que la alzaron con nosotros. Un caudal político que vamos a saber defender y tenemos el desafío de consolidar y multiplicar de aquí en adelante.

Las perspectivas que tenemos son inmensas, no empezamos esta lucha hace dos meses. Las Rojas y el Nuevo MAS somos, quizás, la corriente política que más tenaz y coherentemente sostiene estas banderas en el día a día. Por eso invitamos a todos los compañeros, amigos y simpatizantes que acompañaron esta lucha a discutir el balance y resultados de esta campaña, y a sumarse para seguir dando esta batalla.

Nuestra lista, por poco, no superó las PASO, pero los ecos de nuestras voces siguen retumbando en la agenda política nacional. Esos ecos seguirán retumbando al compás de la batucada de Las Rojas que ya esta poniéndose en marcha. La voz de las mujeres seguirá sonando en las calles porque no nos van a callar, ya estamos organizando una gran movilización por el derecho al aborto para este 28 de septiembre, Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe. Tenemos el desafío de organizarnos entre todos y seguir multiplicando las voces y las fuerzas por este reclamo.

Estado Español