Elecciones departamentales en Francia – Voto castigo al Partido Socialista que gobierna, victoria de la UMP (derecha) y persistencia del Frente Nacional (extrema derecha)

Por Ale Vinet, desde París para Socialismo o Barbarie, 24/03/2015.- El domingo 22 de marzo tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones departamentales en Francia. En las mismas se elige, a través de un sistema binominal mayoritaria a dos vueltas, los consejeros departamentales de cada cantón. Es decir, cada partido presenta dos candidatos, si ninguno de los binomios obtiene una mayoría absoluta, todos aquellos que hayan obtenido al menos el 12,5% de los electores inscriptos (no de los votos) pasa a la segunda vuelta, en la cual se elige el binomio que obtenga la mayor cantidad de votos. Los consejeros así elegidos constituyen el Consejo Departamental, que a su vez elige al presidente de cada uno de los 101 departamentos con que cuenta Francia.

Varios elementos se jugaban en estas elecciones. En primer lugar, cuál sería el resultado del gobierno y la amplitud del voto castigo contra el mismo. En segundo lugar, el papel de la UMP (Union pour un mouvement populaire), principal partido de la oposición que ha vuelto a capitanear recientemente el presidente Sarkozy, para el cual las elecciones constituyeron la primear prueba de fuego de cara a las presidenciales. Finalmente, el resultado del FN (Front national), que se había alzado con la victoria en las elecciones europeas de 2014 y para el cual estas elecciones eran una prueba de extensión territorial.

Aún falta la segunda vuelta de las elecciones, que definirá precisamente la elección de 1.500 cantones (sobre 2.074) lo cual a su vez repercutirá sobre la conformación precisa de los Consejos Departamentales y por ende en el presidente de cada uno de ellos. Sin embargo, las tendencias generales de la elección parecen estar llamadas a confirmarse, por lo cual nos dedicaremos a analizar los puntos citados y a delinear la política más general a defender por la izquierda revolucionaria.

Una derrota electoral del gobierno

El primer elemento a remarcar es la derrota del gobierno, que confirma el resultado de las europeas y lo pone en muy malas perspectivas hacia 2017. Los resultados precisos del escrutinio son difícil a evaluar, dado la presencia de múltiples denominaciones de parte del Ministerio del Interior: aquellos binomios donde ambos miembros son parte del PS, aparecen como Partido Socialista; aquellos compuestos por un miembro del PS y uno de otro partido (Ecologistas, Partido Comunista Francés, Parti de Gauche) aparecen como “Unión de la izquierda”; aquellos donde ninguno formaba parte del PS (combinaciones entre Ecologistas, PCF, PG, etc.) aparece como “Izquierda Diversa”.

Nos apoyaremos aquí, como la mayoría de los analistas políticos, en el resultado de la suma de las listas puramente PS (13,3%) con aquellas “Unión de la izquierda” (8,2 %) lo cual nos da un total de 21,5%. En las últimas elecciones cantonales, de 2011, el PS había totalizado (bajo su propia etiqueta) el 25% de los votos (+%2 del Parti Radical de Gauche, aliado hoy del gobierno), amén del 5% de la “Izquierda Diversa” en esa época mayoritariamente aliados del PS.

En todo caso, aparece claramente que el PS ha perdido un 12% si se lo compara con su propia votación sólo hace dos años, e incluso un 3,5% si comparamos el resultado PS+Union de la Izquierda con el del PS sólo de 2011; cabe destacar que el propio hecho de que el PS haya tenido que camuflarse bajo la “Unión de la Izquierda” (cuya votación es difícil de interpretar, puesto que incluye partidos diversos como los que hemos señalado) es una muestra de debilidad política.

Además de una votación más débil, el PS ganaba en la primera vuelta 150 cantones en 2011; ahora, en estas elecciones apenas ganó 20; en éstas elecciones, el PS ha sido eliminado en primera vuelta del 25% de los cantones, incluyendo algunos casos significativos como el hecho de haber sido eliminado de 27 de los 41 del departamento “Nord”, histórico bastión de socialistas y comunistas, centro de la industria minera y siderúrgica. Además, ya ha perdido toda posibilidad de mantener algunos departamentos: el Nord (el más poblado del país), la Seine-et-Marne en la región parisina, l’Aisne, l’Oise y la Somme en Picardía.

El gobierno intenta disfrazar esta derrota, con el argumento de que el problema es “la división de la izquierda”, de que la misma en sentido amplio habría obtenido el segundo lugar (desplazando al FN) y atribuyéndose la “victoria de que el FN no sea el primer partido de Francia”, eje central de su campaña que fue tomado personalmente por el Primer Ministro Manuel Valls.

Pero los números son testarudos, el PS recula respecto a la elección anterior y perdería un número importante de departamentos. Sin duda, se trata de un voto castigo contra las políticas anti-obreras y anti-populares que el gobierno ha llevado adelante desde su comienzo. Esta política es la que abre el juego de la derecha y la extrema derecha, los grandes vencedores de la elección.

Sarkozy se perfila hacia 2017 con una victoria importante

La gran ganadora de la elección es sin duda la UMP de Nicolás Sarkozy y más ampliamente la Unión de la Derecha (UD), las listas comunes que presentó con el UDI (Union des démocrates et indépendants) y el MoDem (Mouvement démocrate), dos partidos de centro-derecha.

La derecha ha obtenido el 30% de los votos, constituyéndose en primera fuerza, ha ganado alrededor de 100 cantones en primer vuelta y se encuentra a la cabeza del 40% de los cantones (UMP y aliados) más 10% de la “Derecha Diversa”.

La derecha debería poder confirmar este progreso en la segunda vuelta, pudiendo pasar de dirigir 40% de los departamentos actualmente al 60%. Eso le daría una base territorial importante a largo plazo (estas elecciones tienen lugar cada seis años) sobre la cual catapultarse a las elecciones presidenciales de 2017. El sólo hecho de haber logrado atraer a los “centristas” del UDI y el MoDem hacia formulas electorales comunes demuestra el refuerzo de la UMP.

La victoria de la derecha es resultado directo del desbarranco del gobierno, que paga así el costo de su política de los últimos años. Es la prueba también de que, a pesar de la progresión del FN, una gran parte de los votantes desilusionados del PS se tornan hacia el UMP, que sigue “gozando de buena salud”, de una base territorial sólida y del apoyo orgánico de sectores importantes de la burguesía, siendo por ahora la principal opción de recambio de cara a 2017. El diario conservador Le Figaro, por ejemplo, publicaba días antes de las elecciones una lista de los “exabruptos” de candidatos del FN a lo largo y ancho del país: comentarios antisemitas, contra los inmigrantes o los “franc-masones”.

La elección ha sido una verdadera victoria para Sarkozy, de nuevo jefe de la UMP desde el 29 de noviembre del año pasado y probable candidato a la presidencia en 2017 por este partido. Sarkozy jugó un lugar importante en la campaña, marcando el tono del discurso de la UMP, con un claro giro a la derecha que tanto durante la misma como luego de conocerse el resultado.

En ese sentido, Sarkozy defendió en un reportaje televisivo el 17 de marzo la prohibición de la utilización del velo o “foulard” en la Universidad, que ya está prohibido en las escuelas, colegios y liceos. A su vez, se posicionó a favor de terminar con los “menús de sustitución” que son propuestos en los comedores escolares cuando el plato principal contiene cerdo, para ofrecer una comida alternativa a los estudiantes de confesión musulmana. Permitir la utilización del velo o “adaptarse” a las normas alimentarias de los musulmanes sería para el expresidente “contrario a los principios de la Republica”[1].

A esto se sumó el llamado de Sarkozy luego de conocerse los resultados electorales de no votar ni por el FN ni por el PS en la segunda vuelta. Se trata de un ruptura con la larga tradición del “Frente Republicano”, que implica que cuando el FN se encuentra en segunda vuelta contra el PS o el UMP, el partido de esos dos que tiene menos chances de ganar retira su lista, o llama a votar por el otro si no tiene lista. Con este llamado “ni-ni”, Sarkozy se opone no solo a los centristas del UDI y el MoDem, sino incluso a una parte de su propio partido que llama a votar al PS cuando éste sea el único capaz de vencer al FN en la segunda vuelta.

Se trata, en todo caso, de una progresión hacia la derecha de parte de Sarkozy, que quiere candidatearse hacia 2017 en parte sobre la base de seducir a una parte del electorado del FN. Más allá de esta estrategia, el partido de Marine Le Pen confirma su progreso.

El FN continúa su progreso, extendiéndose sobre todo el territorio

El otro gran ganador de la elección es el Front national, que se posicionó como segundo partido con el 25% de los votos, ganando así diez puntos con respecto a las cantonales de 2011. En términos absolutos, pasaron de 1.400.000 votos (sobre diez millones de votantes, ya que solo se elegían la mitad de los cantones) a 5.150.000 (sobre veinte millones, lo cual da un crecimiento de un millón de votos si calculáramos sobre la base de 10 millones para compararlas a 2011.

Esta progresión a nivel nacional se confirma cuando analizamos las elecciones a nivel local, punto clave en tanto refleja el “enraizamiento” del partido en el territorio. El FN consigue ganar cuatro cantones desde la primera vuelta, cuando en 2011 solo había ganado dos luego de la segunda vuelta. Ha logrado presentarse en el 93% de los cantones, contra alrededor del 75% en 2011; participara de 1.100 segundas vueltas sobre 1.500 (400 sobre cerca de 800 en 2011); a su vez, llega en primer lugar en 343 cantones sobre 2000, contra solo 40 sobre 1000 en 2011. El FN llega primero en porcentaje en 43 departamentos sobre 101.

Como hemos dicho, el FN consolida así su extensión territorial. Sin embargo, a pesar de ser el mejor resultado en la historia para el FN en una elección de este tipo, ha quedado por debajo de las expectativas. En efecto, los sondeos de opinión preveían una elección más elevada del FN. Por otra parte, al quedar detrás de la alianza UMP-UDI-MoDem, ha perdido su lugar de “primer partido de Francia” conquistado en las elecciones  Europeas. A esto hay que agregarle el hecho de que al tratarse de una elección que se resuelve por mayoría, el FN a pesar de realizar un buen porcentaje a nivel nacional, podría obtener relativamente pocos consejeros si es derrotado individualmente en muchos cantones (en 2011 obtuvo el 10% y solo gano un cantón sobre 1.000), aunque de manera global parece evidente que obtendrá más consejeros que en 2011.

Hay que matizar sin embargo estos resultados, así como los resultados generales de las elecciones. Uno de los datos de estas elecciones es que hubo un 50% de abstención, lo cual no deja de ser una especificidad. No una especificidad en comparación a otras elecciones del mismo tipo: en las cantonales del 2011 hubo 55% de abstención. Pero sí en relación, esencialmente, a las presidenciales: en las últimas de 2012 tan solo hubo 20% de abstención[2].

Cabe destacar que los votantes del FN son los menos “abstencionistas”: es decir, hay mucha más “reserva de voto” en el PS y la UMP que en el Front National.  De ahí que las perspectivas de que el FN logre gobernar el país son aún muy lejanas.

Se trata entonces de un progreso importante, que se inscribe en la victoria de las europeas y la entrada del FN como uno de los “grandes partidos”. Sin embargo, el resultado ha tenido el limite importante de que el resultado ha sido menor que el esperado y ha perdido el lugar de primer partido de Francia. Más globalmente, el principal problema del FN es que el gran ganador de la elección ha sido la UMP, que reafirma su lugar central en el sistema político francés, su relativa resistencia a la erosión del bipartidismo y se perfila como principal candidato para suceder a Hollande.

Ningún « Syriza a la francesa »

Finalmente, analizaremos el resultado de la “izquierda de la izquierda”. El elemento central de la elección es que estas fuerzas (Ecologistas, Partido Comunista, Parti de Gauche) han realizado una peor elección que en 2011. Las ilusiones de crear una “Syriza a la francesa” cultivadas luego del meeting pro-Syriza en Paris del 19 de enero aparecen cada vez más lejos, y la victoria de Syriza en Grecia no sería suficiente para que los “vientos de cambio” soplen en Francia.

Los ecologistas, socios del gobierno del PS hasta la elección del gabinete Valls II, pagan caro esta alianza. Así, pasan 8% en las cantonales del 2011 a un 2% en 2015. Es difícil de estimar sin embargo el porcentaje real de este partido, que se presentó bajo todo tipo de fórmulas: en alianza con el PS, en alianza con los diversos partidos del Front de Gauche, con lo cual algunas de sus listas aparecen bajo la denominación “Izquierda Diversa”. Sin embargo, esto no deja de mostrar una debilidad de los ecologistas, divididos en torno a la cuestión de las alianzas (con el PS o con el Front de Gauche) lo cual se reflejó en el eclectismo de sus listas. Más allá de estas dificultades para el análisis, no deja de ser una evidencia que los ecologistas sufrieron un fuerte retroceso.

Veamos ahora los resultados del Front de Gauche, que reúne al PCF, el Parti de Gauche y otras fuerzas menores. Bajo la denominación “Front de Gauche”, obtuvieron el 4,72% de los votos, a lo que hay que sumarle 1,32% del PCF y 0,06% del Parti de Gauche: en total, 6,1%. Es decir, una caída del 3% respecto a las elecciones de 2011, donde habían obtenido el 9%. Nuevamente, una parte de los votos de los miembros del FdG han ido a parar a la denominación “Izquierda Diversa”, por ejemplo aquellos de listas Ecologistas-PCF o Ecologistas-PG. Como por los ecologistas, esto no deja de ser un signo de debilidad: las disensiones internas en el Front de Gauche, que han llevado a que en las últimas municipales el PCF decidiera hacer lista común con el PS nada menos que para Paris, dejando afuera al PG y desatando una guerra pública por las siglas y los logos.

Contando de manera global ambas fuerzas, se observa el mismo retroceso. En 2011, Ecologistas más Front de Gauche sumaban el 17% de los votos. En estas elecciones, la suma Front de Gauche + PCF + PG + Ecologistas + Izquierda Diversa alcanza solamente el 15%.

Está claro que la política ambigua de estas formaciones respecto del gobierno, el hecho de que se trate de alianzas puramente electorales y oportunistas que ni siquiera se mantienen en todos los cantones, y un clima político reaccionario donde la mayor parte del descontento hacia el gobierno es procesado por la derecha y la extrema derecha, le ha costado caro a estas organizaciones.

Enfrentar al gobierno en las calles

Las elecciones constituyen una nueva derrota política del gobierno, consecuencia como hemos dicho de sus políticas antipopulares. Sin embargo, mas allá de los reveses electorales, el gobierno sigue adelante con sus planes de austeridad y las “reformas” del mercado del trabajo que apuntan a destruir las conquistas históricas de la clase trabajadora y a aumentar la “competitividad” capitalista de la economía francesa. La ofensiva de la Loi Macron es una prueba de esto.

Sin embargo, entre la situación reaccionaria abierta por los  atentados contra Charlie Hebdo, el aplastante clima electoral y la omnipresencia del FN en la escena política y mediática, algunas luchas obreras aisladas comienzan a abrirse paso. Se trata de las numerosas huelgas de empleados de correos que han sacudido varias regiones, de la lucha de empleados de grandes supermercados como Auchan y Carrefour, de la huelga ilimitada de los empleados de Radio France, de la huelga del personal administrativo de la universidad Paris 8.

La irrupción de los trabajadores y sus luchas es la única manera de comenzar a revertir la tendencia reaccionaria que se ha instalado en los últimos meses, de poner en el centro de la escena política las condiciones de trabajo, los despidos, la degradación de la situación económica y aquellos que se movilizan para enfrentarla, en vez de las discusiones racistas acerca del velo, los “menús de sustitución” y otras cortinas de humo que solo sirven para dividir a los trabajadores. Hay que ligar y reforzar las luchas para que la clase obrera tenga su propia voz en la escena nacional y para hacer saltar por los aires los planes anti-obreros del gobierno.

En ese sentido, el llamado de las principales confederaciones sindicales (la CGT, Force Ouvrière y Solidaires) a una jornada de huelga interprofesional y manifestación el 9 de abril contra los planes anti-obreros, en particular la Loi Macron, y por aumento de salarios, debe ser una de las prioridades de la izquierda revolucionaria en el próximo periodo. Para evitar que solo sea la derecha la que sigue golpeando al gobierno desde las urnas, hay que construir las movilizaciones para pegarle por izquierda en las calles.

Notas

[1] La eliminación del “menú de sustitución” fue sin embargo criticada por varios presidentes de Consejos Regionales de la UMP, que se opusieron a las declaraciones de Sarkozy.

[2] Subrayemos que la única vez que el Front National accedió a la segunda vuelta de una elección presidencial, en 2002, fue en aquella que tuvo la mayor tasa de abstención de la historia de la V Republica: 28,4% (la misma fue del 21,6% en el 95; 16,22% en 2007; 20,52% en 2012). El voto castigo al PS de Lionel Jospin se expresó masivamente a través la abstención de su electorado. En esa ocasión el efecto del “Frente Republicano” en la segunda vuelta hizo que Jacques Chirac de la derecha aplastara a Le Pen: 82,21% (19,88% en la primera vuelta) contra 17,79% (16,86% en la primera vuelta).

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Victoria de Syriza en Grecia

El rechazo absoluto y categórico a la austeridad debe ser una palanca para movilizar a las masas

Declaración de la corriente internacional Socialismo o Barbarie,  26/01/2015

En las elecciones parlamentarias de este 25 de enero, Syriza se ha alzado con el 36,34% de los votos, siendo la primera minoría con 149 diputados. En segundo lugar se encuentra Nueva Democracia, partido de derecha que gobernó los últimos tres años, que obtuvo 27,81% y 76 parlamentarios.

Los siguen el neo-nazi Amanecer Dorado (6,28%, 17 diputados), «El Río», partido liberal y pro-europeo (6,05%, 17 diputados), el Partido Comunista Griego (KKE, 5,47%, 15 diputados), los Griegos Independientes (ANEL) partido de derecha nacionalista que surgió como desprendimiento de Nueva Democracia en 2012 (4,75%, 13 diputados) y finalmente el PASOK (socialdemócratas) aliado de Nueva Democracia en el gobierno, que se desplomo al 4,68%, con 13 parlamentarios.

Antarsya (Coalición de la Izquierda Radical) no alcanzó a superar el 3%  requerido para ingresar al parlamento y no tiene diputados. Tampoco, el recientemente formado Movimiento Socialista Democrático, del ex primer ministro Yorgos Papandreu.

Con estos resultados, Syriza está en condiciones de formar gobierno. De hecho, ya lo está haciendo a partir de un acuerdo firmado con los nacionalistas de ANEL. Así, esta misma tarde,  Alexis Tsipras asume como Primer Ministro de Grecia. Mañana anunciará su gabinete.

El nuevo gobierno de Syriza pondrá a prueba la política de “equilibrio” que Tsipras promete establecer entre mantenerse fiel a la UE y sus instituciones, y al mismo tiempo resolver los problemas más acuciantes de la miseria social a la que la Troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea de Bruselas) ha sometido a Grecia.

Rechazo masivo a las políticas de la tropa, en el contexto de una grave crisis económica y social

Lo primero a destacar es que la elección constituyó una prueba clara del mayoritario rechazo de los trabajadores y el pueblo griego a las medidas de austeridad impuestas por la Troika desde el comienzo de la crisis. Desde ese punto de vista, el resultado de las elecciones es, de manera deformada, la muestra de un importante desarrollo de la conciencia de los trabajadores y el pueblo griego, y es de alguna manera el “hijo bastardo” del proceso de movilizaciones y radicalización que se inauguró en 2008.

La situación económica en Grecia, de la que hablamao en numerosas ocasiones, es de una verdadera crisis económica y social. Lejos de atenuar los efectos de esta crisis, los planes de “salvataje” de la Troika no han hecho más que profundizarla: la deuda pública pasó del 89,5% del PBI en 2007, al 175,5% en 2014; el desempleo de un 7,8% en 2008 a un 25% hoy. A esto se suman las decenas de ataques contra las jubilaciones,        el cierre de la televisión pública ERT, los despidos de miles de trabajadores estatales, los recortes en salud y educación.

Frente a esta situación, los trabajadores y el pueblo griego han dado sobradas pruebas de combatividad. La revuelta juvenil de 2008, contra el asesinato por la policía de un adolescente, marcó el comienzo de un ciclo de luchas y de radicalización creciente. Más de 30 huelgas generales, movilizaciones masivas y el movimiento “Occupy” que tomó las plazas del país. Recientemente, incluso luego de las elecciones de 2012 y de que Syriza comenzara a perfilarse a un lento pero sostenido crecimiento electoral, ha habido grandes luchas: la pelea contra el cierre de la televisión estatal ERT, que incluyó la ocupación de la misma; las movilizaciones masivas en apoyo a la huelga de hambre de Nikos Romanos, anarquista griego, amigo del joven asesinado en 2008, y que peleaba por su derecho como preso de asistir a la universidad.

Es esta combatividad y este rechazo a las políticas de austeridad las que se reflejan de manera distorsionada en el resultado electoral. No nos hacemos ninguna ilusión en Syriza, formación reformista que ya viene retrocediendo en su programa. Pero no cabe duda que los griegos la han votado porque la consideran una formación “anti-austeridad”, opuesta a la Troika y a la UE, que va a acabar con las medidas anti-sociales.

En este sentido, el elemento más objetivo a retener de la elección es ése: que los griegos han votado masivamente contra la austeridad, pulverizando a los partidos clásicos del régimen. Ese hecho va a ser fuente de contradicciones, crisis y conflictos, en un gobierno que va a quedar atrapado en una pinza entre los Diktats de la Unión Europea y su resolución de no salir del euro, y las presiones del movimiento de masas.

Es un dato de importancia capital que se surja en Grecia, uno de los países más golpeados por la crisis y la política de la Troika, un gobierno burgués “anormal”, que no pertenece a los partidos clásicos de la burguesía. En 2007, Nueva Democracia y el PASOK concentraban aun el 80% de los votos; en estas elecciones, estos dos pilares del bipartidismo griego apenas arañan el 33%. Asistimos entonces a una crisis política profunda, que no dejará de tener sobresaltos, y que refleja la erosión, aun con límites, de los regímenes bipartidistas clásicos de la burguesía.

El ascenso de Syriza podría ayudar a profundizar estos fenómenos centrífugos en otros países de Europa. En las semanas previas a las elecciones, las formaciones reformistas como Podemos (España) o el Front de Gauche (Francia) intentaron subirse lo más posible a la “ola de Syriza”. La victoria de esta formación constituye un empujón a estas corrientes, y más en general, internacionalmente, muestra el desarrollo de “un canal de sensibilidad político-electoral” a la izquierda de las formaciones tradicionales.

Un espaldarazo para el “nuevo reformismo” europeo

Como venimos señalando, además de Syriza, el otro ganador de esta jornada electoral es el “nuevo reformismo” europeo, representado por corrientes como Podemos y el Front de Gauche. Los principales diarios del continente señalan que una “nueva era” se abre en Grecia, pero también en el conjunto de Europa.

La campaña griega estuvo cruzada por el aprovechamiento que diferentes organizaciones europeas hicieron de la misma. En el cierre de campaña de Syriza, se mostraron con Tsipras Pablo Iglesias de Podemos, Cayo Lara de Izquierda Unida, y Pierre Laurent del Front de Gauche. Todos pugnan por apropiarse del capital simbólico que representa Syriza.

La victoria de Syriza dará sin duda nuevos aires a estas formaciones. El mitin pro-Syriza organizado en París reunió a miembros críticos del PS, a los ecologistas (que hasta hace poco participaban en el gobierno de Hollande), al Partido Comunista Francés y al Parti de Gauche. La esperanza que los unía era la de crear “un Syriza a la francesa”.

En España, el gran beneficiado por la victoria de Syriza es sin dudas Podemos y su dirigente Pablo Iglesias. Su ascenso fulgurante en las encuestas lo convirtieron en una de las “estrellas” del cierre de campaña de Syriza, y sus dirigentes se aprestan a declarar que los “vientos de cambio” también llegarán a España. Izquierda Unida, otro candidato a aprovechar el ascenso de Syriza, se encuentra en una crisis importante, y su ascenso ha sido fuertemente bloqueado por el partido de Iglesias.

Sin embargo, no son sólo los “nuevos reformistas” europeos los que esperan beneficiarse del “efecto Syriza”. En ese sentido, dirigentes de la derecha española, del Partido Popular, declararon que esperan que un gobierno de Syriza mostrará los límites de un tal proyecto y la obligación de “pactar”. Y que eso significara un freno al ascenso de Podemos.

Los numerosos pasos atrás que ha dado Syriza, le dan un fuerte sustento a esa expectativa.  Es que a medida que Syriza se reforzaba como alternativa de gobierno, su programa se iba acercando cada más a las exigencias de la Troika. Esto hasta ahora es así, aunque no debemos perder de vista la presión que podrían ejercer las masas populares sobre el nuevo gobierno. E, incluso, la posibilidad de un desborde por la izquierda del flamante gobierno de Tsipras, en  caso de que lleve a cabo una capitulación demasiado escandalosa.

Los pasos atrás de Syriza y su rol de contención

Lejos han quedado las promesas de Syriza de interrumpir unilateralmente el pago de la deuda externa, de salir de la OTAN y otras bravuconadas que se había permitido prometer durante las elecciones parlamentarias de 2012. Este último período de Syriza como “gran oposición”, ha sido el de una larga travesía para asegurar a los dirigentes europeos y los bancos que no tienen nada que temer.

El propio Tsipras comenzó por expresar su admiración por gobiernos como el de Kirchner o Lula que, a pesar de su discurso “anti-imperialista”, han sido pagadores seriales de la deuda externa. En ese sentido, se ha abandonado el programa de cesación de pagos, para poner en pie el mucho más tibio de “reestructuración” y “auditoría” de la deuda. Es decir, de renegociar las condiciones del ajuste.

A esto se suma la promesa de mantenerse en la Unión Europea, cueste lo que cueste. Ahora bien, mantener el euro y el sometimiento a la UE, y al mismo tiempo rechazar las medidas de austeridad, es una contradicción insalvable.

Como decíamos luego de las elecciones europeas: “Es una quimera que no puede llegar muy lejos. Justamente el problema es que el ‘armado histórico’ de la UE corresponde a los intereses de sus burguesías centrales e imperialistas: la francesa y la alemana. […] La Unión Europea y el euro no son una ‘cascara vacía’, a la que bastaría con ‘cambiarle el contenido’. Al contrario, la razón de ser de la UE es la de cristalizar una relación desigual entre los estados miembros. Una relación favorable a las economías centrales: el euro es la correa de transmisión que permite llevar adelante este objetivo. Por eso, pretender, como hace Syriza, que Grecia puede mantenerse en el euro y rechazar los planes de austeridad no resiste el menor análisis.”

Syriza también ha retrocedido en otros aspectos de su programa. Ya no defiende la salida de la OTAN, sino “respetar las obligaciones previstas en los tratados”. De la reivindicación de un salario mínimo de 1.300 euros, ahora se defiende uno de 750. De la nacionalización de la banca, se pasó a la simple presencia de “dirigentes estatales” en la dirección de los principales bancos. Su programa constituye una alternativa “neokeynesiana”, a todos los efectos prácticos inviable en el contexto de una crisis económica internacional que sigue su curso, e incluso amenaza profundizarse en países claves como los emergentes.

La consecuencia de esta “carrera a la gobernabilidad” será una política reiterada para mantener controlada e, incluso, frenar la movilización de las masas. Pero es probable que la movilización se redoble, dadas las expectativas en el nuevo gobierno “de izquierda”, considerado seguramente por muchos como “propio”. Pero también es un hecho que con la confianza inicial en el nuevo gobierno entre amplios sectores, Tsipras puede lograr no sólo controlar sino también llamar a la “calma”, a que las masas se queden en sus casas.

Por supuesto, no se pueden descartar contradicciones con los “mandamases” de Europa. Pero, dado el momento histórico en el que estamos, es muchísimo más probable que el nuevo gobierno de Syriza se disponga a concretar algún tipo de acuerdo reduciendo a su mínima expresión el programa “anti-ajuste” y trabajando, de paso, por desmovilizar a las masas. 

Se trata de una política consciente de este tipo de organizaciones, que además, son de base estrictamente parlamentaria, y cuyo peso en las organizaciones obreras y populares es muy limitado. No ha sido casual que hace algunos días, Pablo Iglesias (principal dirigente de Podemos) declaraba en España que “la hora de las protestas pasó, ahora es la hora de las elecciones”. De la misma forma, los dirigentes sindicales de Syriza se han opuesto a huelgas en la educación, con el argumento de que había que “esperar las elecciones”.

Por estas razones, Syriza no será de ninguna manera el “puntapié” de una revuelta popular, ni se trata de una organización “indefinida” que bastaría con “empujar” para que rompa con el capitalismo y tome la vía revolucionaria (como se teorizó frente a gobiernos como el de Chávez o Evo Morales).

Por eso, y para que las capitulaciones de Syriza no favorezcan a la derecha como ha sido el caso de la crisis de los “nacionalismos burgueses del siglo XXI” en América Latina (donde, de todos modos, en algunos casos, se han logrado desbordamientos electorales a la izquierda como en la Argentina), se hace más que nunca indispensable la construcción de una alternativa revolucionaria independiente, que pueda plantearse llevar el proceso por una vía realmente anticapitalista.

Construir una alternativa revolucionaria independiente

Como hemos dicho, el pueblo griego ha demostrado enormes reservas de combatividad en los últimos años, y la votación a Syriza refleja, aun de manera deformada, un giro a la izquierda de la misma. En el contexto de una crisis internacional que continua, habrá luchas de envergadura en las cuales intervenir; luchas que abrirán un enorme auditorio para la izquierda revolucionaria.

Ninguna salida de la crisis vendrá de la mano de la “renegociación”, del “respeto a los acuerdos” o de las transacciones con la Troika. Aunque estén dispuestas a ceder algunos centímetros, las burguesías europeas ya han dejado en claro que su perspectiva estratégica es seguir exprimiendo al pueblo griego hasta su último aliento.

Para resolver la crisis de manera duradera, la única solución es profundizar la lucha revolucionaria contra el capitalismo griego y europeo. La anulación de la deuda, la nacionalización de la banca, la nacionalización bajo control obrero de los sectores claves de la economía, la salud y la educación publicas sólo podrán ser obtenidas con la movilización de la clase trabajadora y el pueblo.

Y esto pasa, también, por una salida anticapitalista del euro, la moneda de la Unión Europea. Sin una moneda propia, obtenida sobre la base de un gobierno realmente de los trabajadores, será imposible derrotar la austeridad, el ajuste, la miseria y la explotación capitalista. De ahí que el plan de Tsipras y Syriza sea la cuadratura del círculo.

Hay que retomar y extender las luchas que venían dándose antes de las elecciones, sin depositar confianza alguna en el gobierno de Tsipras. Hay que desarrollar la auto-organización desde abajo, como única garantía de desbordar a las direcciones sindicales burocráticas y construir una verdadera democracia directa: organismos propios independientes de los sectores en lucha (organismos que en Grecia están aún muy escasamente desarrollados).

Para pelear por esta perspectiva, se hace indispensable la construcción de una organización revolucionaria independiente. Una organización que se plante de manera consecuente contra cada atropello o imposición de los organismos de la Unión Europea, y que al mismo tiempo sea inclaudicable en su independencia del nuevo gobierno, que pelee de manera frontal contra cada ataque que Syriza intente realizar contra la clase trabajadora, que denuncie de manera implacable cada eventual traición a las justas aspiraciones del pueblo griego.

Una organización que se dé como tarea estratégica construirse de manera orgánica entre la clase obrera y la juventud, para echar raíces en los sectores que encabezarán las luchas contra la austeridad. Que tienda lazos con los trabajadores del resto de Europa, victimas también del        austericidio impuesto por la UE.

No nos caben dudas de que existen enormes reservas de combatividad en el proletariado y el pueblo griegos. Es más: la enorme alegría que se está expresando hoy por el triunfo de Syriza, podría manifestarse mañana en grandes luchas en los lugares de trabajo, de estudio, en las calles.

Bajo el fuego de la crisis económica, el gobierno de Tsipras tendrá un margen de maniobras muy acotado y seguramente no tardará en desentenderse sus promesas, como lo demuestra el gobierno que está construyendo con los nacionalistas xenófobos de Griegos Independientes. Es que no hay manera de salir de este tipo de enjuagues sobre una base puramente parlamentaria. Ése es el otro enorme límite estratégico del nuevo gobierno: no se basa en la movilización revolucionaria de las masas, sino solamente en el juego político-parlamentario. Es decir, simplemente, que su perspectiva no es revolucionaria sino limitadamente reformista.

Nos solidarizamos con estas luchas a venir, y apostamos con todas nuestras fuerzas a la construcción de organizaciones revolucionarias independientes en Grecia en la perspectiva de un gobierno de los trabajadores en el país heleno.

Estado Español