Movilizaciones en todo Brasil #Ele nao

Redacción Izquierda Web

En diversos puntos de todo el país se están realizando diversas concentraciones multitudinarias en rechazo de la candidatura del neofascista Jair Bolsonaro. En todos los grandes centros urbanos hay miles de movilizados: San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Salvador, Recife, Porto Alegre, Brasilia y muchos más.

Socialismo o Barbarie-Tendencia del PSOL, en la avenida Paulista

A pesar del carácter multitudinario de las convocatorias, todo indica que la cantidad de personas movilizadas es más pequeña que la del histórico “Él no” convocado por el movimiento de mujeres el pasado 29 de septiembre. Uno de los motivos de esta realidad es que el PT se ha negado a llevar la pelea en las calles y los sindicatos y movimientos sociales de masas históricamente vinculados a él han militado sistemáticamente que el ascenso del neofascismo no se tuerce en las calles sino haciendo campaña electoral. En su carácter de partido funcional al régimen político (y hoy hasta cierto punto al propio Bolsonaro) cumple un rol de bombero frente al terror que genera en amplias capas de la población el violento neofascista. Logra así que amplios sectores que ya habían rechazado al PT no tomen como propia la pelea contra el ex capitán del ejército durante la dictadura militar.

Mujeres contra Bolsonaro

El PT hace una única convocatoria: llama a quienes quieren enfrentar a Bolsonaro a hacer campaña electoral en los barrios. Transforma así la pelea por los derechos democráticos básicos de las amplias masas, la lucha por los derechos laborales de la clase trabajadora, la del movimiento de mujeres, en una mera campaña electoral a favor de un partido que tiene amplias responsabilidades en la actual situación brasilera.

Y todo parece indicar que la ventaja que lleva Bolsonaro sobre Haddad es muy difícil de revertir hacia el muy próximo 28 de octubre, cuando se definirá la pelea presidencial. Entre amplios sectores de masas hay poca conciencia de las implicancias de un declarado enemigo de los derechos de los trabajadores en la presidencia. La campaña engañosa sobre la “corrupción” ha golpeado en las conciencias de muchos sectores de trabajadores que perdieron la confianza en un partido al que supieron considerar como propio. No está de más señalar que quienes sostuvieron en sus manos el taladro de la campaña de la honestidad son todos funcionarios con las manos sucias de corrupción y fraudes, como el propio Temer, reemplazo de Dilma luego del Impeachment. Quien está ganando más votos en su cruzada anti corruptela, el propio Bolsonaro, acaba de ser golpeado por la denuncia del uso de 12 millones de reales para hacer campaña sucia y, sin embargo, nada indica que eso haya cambiado sustancialmente la tendencia que le daría la victoria.

La campaña de hacer del PT el alfa y omega de la corrupción del régimen brasilero golpeó sobre las cabezas de millones de trabajadores que ya venían haciendo una experiencia con él, no llegó en cualquier momento. Luego de más de una década de gobierno petista, el núcleo duro de su base social rompió ruidosamente con un partido que consideró como propio porque no hizo reforma alguna del régimen político y social brasilero, que no cambió en casi nada las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera, que incluso ajustó y atacó algunas de sus conquistas históricas. Sumado a eso, el chiquero de la gestión del Estado capitalista, corrompió a muchos ex luchadores y dirigentes obreros, haciéndolos parte de la dirección de una sociedad que tiene por base la explotación de las amplias mayorías en provecho de los ricos. Y dirigir esa sociedad y una parte de sus negocios necesariamente convierte a quién lo ejerce en uno más de los ventajeros que viven del trabajo ajeno. Y todo esto todavía llamándose “partido de los trabajadores”. La crisis de confianza en una organización que habló en nombre de los trabajadores, el giro a la extrema derecha de sectores de las clases medias, volcó a una parte de la clase obrera a votar para castigar a quienes los traicionaron. Esto explica que el PT haya perdido en el sur del país, su zona y clase social de origen.

Aunque no está todo dicho, está a un paso de ganar las elecciones algo mucho peor, un enemigo mortal de los trabajadores. Su base social se conformó en las movilizaciones pro impeachment de hace dos años, en las que capas de la clase media se radicalizaron hacia la derecha extrema, llegando a exigir la intervención del ejército. Ella tiene peligrosos rasgos neofascistas de odio a la clase obrera y sus organizaciones, a los movimientos democráticos y laicos, al inmenso movimiento de mujeres, a los sin techo, a los sin tierra. Se trata de todas formas de un movimiento aún inorgánico y muy electoral, no organizado como el fascismo clásico. El principal punto de apoyo organizado de Bolsonaro es aún así peligroso: el ejército. Conformando un gobierno que se apoya más en él y en alianza directa con empresarios, más que en las clásicas instituciones “republicanas”, la presidencia del ultra derechista cobraría sin dudas rasgos bonapartistas.

A pesar de los adverso que aparece el escenario político, hay aún reservas entre amplias capas de trabajadores y de clases medias de experiencia política, de conciencia respecto a lo que implica para ellos un gobierno extremadamente reaccionario como el que se avizora. Muchos de ellos están en este momento copando las calles de Brasil. De forma organizada la movilización de San Pablo, la ciudad más importante de Brasil, cuenta centralmente con la participación de las diversas tendencias del PSOL, entre la que están nuestros compañeros de Socialismo o Barbarie.

A pesar de la CUT y del PT, que se niegan a llevar la lucha a las calles, sin duda un gobierno de Bolsonaro radicalizará los choques entre las clases. Una avanzada directa contra los trabajadores, las mujeres, amplios sectores de masas, generará sin duda una reacción que definirá el curso de la política brasilera más allá del resultado del 28 de octubre. Las elecciones serán el primer día de la nueva situación política y de la lucha por su curso, no el último.

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