Macri en su peor momento: Histórica movilización docente a Plaza de Mayo

“La mitad de los chicos que hoy comienza la escuela pública en algún lugar de la Argentina, no termina (…) Cuatro de cada 10 del primario (…) no comprende textos y en la escuela privada son 2 de cada 10. Marca otro problema de fondo, la terrible inequidad entre los que pueden ir a escuela privada y aquel que tiene que caer en la escuela pública. (Mauricio Macri)

Los docentes de todo el país acaban de concretar una marcha multitudinaria a Plaza de Mayo, la mayor que le ha tocado en su propia casa a Macri desde el inicio de su gestión.

Con esta movilización ya son cuatro las jornadas históricas que jalonan este mes de marzo, y se viene la seguramente también multitudinaria movilización del 24 de Marzo en el 41° aniversario del golpe militar, y el paro general del 6 de abril.

¿Cuál es la significación profunda de estas jornadas? La ruptura de un sector de las masas con Macri. Como decíamos en nuestro editorial anterior, las “fichas” les están cayendo todas juntas a cientos de miles de docentes y de trabajadores en general, que están rompiendo políticamente con el gobierno al comprender su verdadera naturaleza patronal (antipopular): que lo repudian en todos los idiomas, que no se lo aguantan más y al que a muchos les gustaría verlo irse en helicóptero…

Esto no quiere decir que la pelea de los maestros (caso testigo de la coyuntura) sea sencilla. A pesar del carácter multitudinario de estas jornadas, el gobierno sigue firme en su orientación de quebrar la lucha de los docentes: hasta el momento no ha esbozado una sola concesión. Cuenta para esto con el apoyo de lo más granado de la patronal (que lo azuza a llevar delante “las reformas pendientes”) y de un sector de las clases medias altas que le hacen plafón a su discurso reaccionario contra la educación pública[1].

Además, por ahora el conflicto no ha desbordado a las direcciones tradicionales. A pesar de la “pirotecnia verbal” entre Macri y la Celeste (sobre todo la campaña de desprestigio de Baradel), todo el mundo sabe que CTERA y SUTEBA son una garantía de que las cosas no se “salgan de madre” (sobradas pruebas han dado de su rol traidor a lo largo de los años); de ahí que por lo bajo se esté hablando de una posible “tregua” hasta comienzos de abril; maniobra burocrática (esa o cualquier otra) que es el mayor peligro que deberá enfrentar la base docente a partir de ahora.

Simultáneamente, está el hecho que si la CGT se vio obligada a convocar al paro general, lo hizo recién para que el 6 de abril (es decir, intentando evitar que confluya con la histórica lucha docente) y con una modalidad pasiva, dominguera: no vaya a ser que se vea nuevamente desbordada como el 7 de marzo.

Así las cosas, marzo está marcando una pulseada durísima para las perspectivas del gobierno macrista; pulseada en la cual seguimos inmersos y cuyo final está abierto. Pero eso sí: es un hecho que amplios sectores de las masas han roto con el gobierno y difícilmente vuelvan a él.

No se ven por ningún lado bases materiales para esto: la inflación volvió a escalar y la economía no se recupera; todo el mundo siente que las promesas de “felicidad” de Macri fueron una estafa y muchos de los que lo votaron piensan ahora que hicieron una tontería.

Los docentes llegan a la Plaza

Cuesta recordar una movilización docente de semejante magnitud. Lo que se negó a hacer la CGT, lo hicieron los maestros. Posiblemente haya que remontarse al Maestrazo de 1988 para encontrar una jornada similar; esto sin olvidarnos que dicho conflicto alcanzó un grado de radicalidad y desborde incomparable con el que se aprecia hasta el momento.

Pero eso en nada disminuye la histórica jornada vivida este miércoles 22, subproducto de un conflicto cuya dinámica es por ahora ascendente (ver la multitud de actividades regionales, seccionales y por escuelas que se vienen desarrollando en todo el país).

Una jornada que por su masividad le mete sin duda presión al gobierno (¡el conflicto con los docentes le está costando carísimo en términos de popularidad!), pero también a la propia Celeste, a la que se le hará más difícil levantar por migajas.

El gremio docente es de masas. Cuando entra la base en la lucha como está ocurriendo hoy, se hace más difícil parar su dinámica; en todo caso, pararla conlleva más costos para la burocracia –recordemos que en el SUTEBA hay elecciones a mediados de mayo-.

Aquí ocurre algo que señalamos en nuestro editorial anterior: hasta el momento hay poco margen para que retroceda alguna de las partes. El gobierno ha ratificado sus miserables números, lo mismo que su cerrada negativa a convocar a la paritaria nacional. Retroceder le significaría una derrota política de magnitud; la confirmación de que es incapaz de llevar el ajuste hasta el final.

Por su parte, la Celeste estaría dispuesta a entregar el reclamo salarial (disfrazándolo un poco seguramente) a cambio de la convocatoria a la paritaria nacional (una formalidad, en definitiva); pero esto tendría un elevado costo político para Macri, amén de dejar de todos modos, malherida a la propia burocracia.

Nada de esto es óbice para que Baradel haya dado estas últimas horas gestos “contradictorios”. SUTEBA presentó como “un paso adelante” que Vidal los haya convocado el lunes pasado por fuera de la conciliación obligatoria; un “gesto” del cual no surgió nada.

Además, como señalamos arriba, ha trascendido en las últimas horas que la dirección docente daría una “tregua” al gobierno hasta el 6 de abril: ¡algo ridículo porque cuando se acuerda una “tregua” se concuerda en cesar los disparos de los dos lados, y en este caso Macri sigue disparándoles a los docentes con munición gruesa!

No se convocaría a nuevas medias de fuerza hasta el paro general. Esto sería gravísimo. Se enfriaría gratuitamente el conflicto frente a un gobierno que no ha dado señales de retroceder en nada: ni en la propuesta salarial, ni en los descuentos de los días de lucha, ni en la convocatoria a la paritaria nacional, ni en la campaña de desprestigio de la docencia y la educación pública.

Sobre este último aspecto nos interesa abrir aquí un pequeño capítulo. Hace a la naturaleza específica del gobierno de Macri su carácter no sólo ajustador sino reaccionario (ambos aspectos las dos caras de una misma moneda). Macri dejó deslizar ayer martes 21 esa infeliz declaración de los estudiantes que “caen en la escuela pública al no poder acceder a la privada”.

Habrá sido un “furcio” o un lapsus; pero no es ninguna casualidad. Macri es un privatista hecho y derecho y se mueve con la idea falsa de que por ser privada la educación, sería mejor que la pública. Pero esto no tiene ninguna demostración estadística ni de ningún tipo cuando se sabe que las escuelas, colegios y universidades privadas son, en general, de mucho peor nivel que las públicas. Instituciones públicas a las que, por lo demás, se viene hundiendo y desfinanciando desde los gobiernos macristas, kirchneristas y de todo tipo desde hace décadas. De ahí las declaraciones recordando que los premios Nobel argentinos, todos se formaron en la escuela pública.

Existe un segundo elemento que caracteriza a la actual coyuntura y queremos subrayar: la ruptura de los docentes y de sectores de los trabajadores en general con el gobierno.

Se trata de un dato de primera magnitud. El gremio docente es uno de los sectores de trabajadores en el cual amplias porciones se volcaron al voto a Macri. Esto ahora se ha venido abajo. No por nada algunos analistas están hablando de que el conflicto con los docentes tendría un aspecto similar aunque de signo político inverso, al que tuvieron con el campo los K, cuando perdieron los favores de amplios sectores de las clases medias agrarias y urbanas.

Aunque en ese momento el gobierno kirchnerista tuvo una crisis política que hoy no se verifica con Macri (no hay división burguesa), la comparación es justa en lo que hace al corrimiento político de todo un sector de la sociedad, corrimiento que en vez de ser hacia la derecha como en aquella oportunidad, hoy se está procesando hacia la izquierda.

¿Un paro contra nadie?

Las cosas no terminan aquí; ni termina aún este mes increíble. Pasado mañana estaremos protagonizando la quinta movilización multitudinaria del mes a propósito del 41° aniversario del golpe militar. Concluida dicha jornada (y redoblando la pelea por la continuidad del paro docente hasta quebrar la provocación oficialista), la próxima gran parada de estas jornadas históricas será el paro general del 6 de abril.

Desde ya que la realización del mismo, que se descuenta exitoso, planteará blanco sobre negro una suerte de cristalización del pasaje a la oposición del grueso de los trabajadores del país; un dato nada menor.

Partiendo de la simple contundencia de ese dato, el paro en sí mismo, como jornada de lucha, planteará un terreno de pelea con la burocracia cegetista.

Repetimos. La convocatoria del paro plantea un terreno de pelea. Carlos Acuña, uno de los repudiados triunviros de la CGT, confesó días atrás la verdad de las cosas: declaró que el paro “no sería contra nadie; simplemente un desahogo”. Quizás nunca se podría haber definido de mejor manera la intensión de la burocracia de hacer una jornada dominguera, pasiva y, en lo posible, apolítica.

¿Quién podría creer que el paro no será contra nadie? Esto se ha hecho más difícil de eludir en medio del estallido de la bronca contra Macri. Sí es real que darle un carácter activo a la jornada será toda una pelea. Aunque contando a favor con que la bronca por abajo puede llegar a expresarse en sectores de trabajadores que quieran manifestarse de manera activa el 6 y no simplemente “quedarse tomando mate en la casa”, como también expresó Acuña.

La dirección de la CGT no quería el paro general el 7 de marzo (¡por eso se negó rotundamente a ponerle fecha!) y tampoco lo quiere ahora. Simplemente se ha visto obligada a convocarlo porque ante el desborde del acto trasmitido en cadena nacional, el odio que despertó por la base su negativa a ponerle fecha al paro y la bronca que crece contra Macri, no convocarlo sería un incendio que llevaría de inmediato a la renuncia de los triunviros.

Así y todo una cosa debe estar clara: convoca al paro. Pero de ninguna manera pretende romper políticamente con el gobierno; y esto por una simple razón: el grueso de la CGT terminó apostando a Macri y no tiene, por el momento, un proyecto burgués alternativo detrás del cual encolumnarse (Massa es demasiado “veleta” y nadie sabe cómo le puede ir; el peronismo en su conjunto –K y no K-, todavía no se sabe qué dirección y rumbo tendrá).

De ahí que su intención sea convocar a una jornada pasiva (entre otras cosas, para no darle ningún lugar a la izquierda), “contra nadie”, simplemente un “desahogo”.

Esto es lo que plantea el terreno de pelea para el 6A. Una pelea que hay que organizar desde ahora mismo para darle un carácter activo a la jornada, pelea para la cual hay puntos de apoyo que podrían jugar a nuestro favor.

En primer lugar, la enorme bronca que crece desde abajo contra Macri. En segundo, el repudio masivo y la justa desconfianza que existe con los burócratas sindicales. De ahí la posibilidad de realizar e imponer asambleas, de empujar para el lado de hacer del 6 una jornada con piquetes, cortes de rutas, movilizaciones, etcétera.

Una jornada que planteará seguramente un desafío a la renovada pretensión represiva del gobierno, con un ala del oficialismo que exige la aplicación del protocolo anti-piquete.

Pues bien: las acciones que se realicen el 6 de abril significarán seguramente un desafío a este eventual giro represivo, razón por la cual deberá buscarse que sean lo más masivas y organizadas posible.

Aquí caben, también, las recientes declaraciones de Michetti. Se interrogó acerca de si no sería bueno “suspender por un tiempo las elecciones de mitad de término”…

Se trata de una idea ultrareaccionariaria; un eventual manotazo dictatorial que no tiene ninguna posibilidad de llevarse adelante hoy, pero cuyas razones son evidentes. Macri es un gobierno de base electoral. Y aunque la democracia burguesa sea la forma por excelencia de la dominación política patronal, de todas maneras, por sus propias características (se basa en el voto popular), impone límites.

Límites que se hacen muy concretos cuando cada dos años hay elecciones, y si un gobierno aplica un plan de ajuste brutal como pretende hacer Macri, quizás no logre imponerse en las elecciones. (Aquí rige la paradoja de que Cambiemos haya llegado al gobierno sin una gran crisis que justifique duras medidas; recordemos que cuando Menem las mismas se vieron legitimadas por el trauma dejado por la hiperinflación).

Un poco lo que Michetti suscita es la idea de un gobierno de excepción para aplicar duras medidas. Algo como lo declarado por Michael Temer, presidente interino de Brasil, cuando dijo que “no le importaba irse con un 5% de aprobación si había tomado las medidas de ajuste que debía tomar”…

Pero está claro que como Temer es un presidente interino, pueda hasta cierto punto no importarle la popularidad; un gobierno normal como el de Macri, electo, no puede no contar con las elecciones para legitimarse.

De ahí que incluso los inversores estén a la expectativa de que el gobierno gane las elecciones este año y ratifique el rumbo antes de decidirse a invertir (un dato es que el año pasado cayeron las inversiones; algo muy lejos de la “lluvia” que esperaba Macri).

Vacancia política e independencia de clase

Junto con el desarrollo de la lucha docente y de la bronca que crece en la sociedad, está el fenómeno de la vacancia política. Vacancia que se ha recreado nuevamente al calor de esta nueva coyuntura. La situación política se ha dinamizado. Amplias porciones de trabajadores se están desplazando hacia la izquierda.

Por otra parte, si bien el kirchnerismo es un “cuco” para la burguesía, difícilmente logre acaparar todo el voto opositor a Macri; gobernaron 12 años, se ha hecho una experiencia con él.

Esto coloca un enorme desafío para la izquierda; ocurre que la izquierda es vista como una alternativa distinta por crecientes sectores: la que está junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud en sus luchas.

Pasa aquí algo paradójico que habla de las desigualdades que siempre existen en la realidad. En otros momentos históricos, quizás, la izquierda argentina tuvo mayor peso orgánico (pero menos peso político-electoral).

Hoy su peso orgánico no es despreciable; pero sigue siendo de amplia vanguardia. Sin embargo, su ubicación política general, electoral, “mediática”, es creciente, impactante, podríamos decir.

Por lo demás, se trata de la izquierda revolucionaria propiamente dicha: de las organizaciones que defendemos la independencia de clase y no de la centro-izquierda, la “izquierda popular” o cualquier otro nombre que se le quiera poner a aquella izquierda que defiende la conciliación de clases con los patrones, que configura hoy un fenómeno en decadencia.

Este es otro dato de enorme importancia porque atañe, de manera propiamente dicha, al trotskismo (al éxito creciente que está teniendo éste hoy en nuestro país): al FIT y a la Izquierda al Frente por el Socialismo conformada entre nuestro partido y el MST.

En este sentido, no podía haber mejor momento para el lanzamiento formal de las principales candidaturas de nuestro frente que la reciente y exitosa conferencia de prensa; esto sobre la base política de nuestro Manifiesto, Programa y declaraciones políticas recientes.

Hay que entender el actual momento político; la palanca que podría conformar el terreno electoral para ir desde la izquierda hacia más amplios sectores de masas que los habituales. La herramienta formidable que podría ser la Izquierda al Frente por el Socialismo para las organizaciones que lo integramos siempre y cuando, claro está, se sostenga de manera intransigente sus características de un frente de independencia de clase; y un frente que ha dado muestras iniciales estos meses de una potencialidad de ir algo más allá de una mera cooperativa electoral; todas estas una serie de conquistas que debemos defender y profundizar.

En todo caso, las tareas inmediatas de nuestro partido y de la Izquierda al Frente como un todo (además de conformar una enorme columna unificada mañana viernes 24), serán redoblar la pelea por el triunfo de la lucha de los docentes, organizar en frente único de toda la izquierda clasista los piquetes para el paro del 6, y redoblar los esfuerzos para la instalación de nuestro frente luego de la exitosa conferencia de prensa realizada.

[1] Señalemos la aversión de la burguesía a volver a nada parecido al kirchnerismo; factor de más para apoyar a Macri de manera unificada: “No teníamos ningún futuro de crecimiento y desarrollo con el régimen populista” (Jaime Campos, presidente de la Asociación Empresarial Argentina, La Nación, 12 de marzo 2017). Se entiende que si no se trata de un simple cambio de gobierno sino de todo un “régimen” político, la cosa es más profunda; la elección por Macri más “existencial”.

Roberto Sáenz

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Una coyuntura de creciente polarización: Hagamos un paro activo

Por Martín González Bayón, 30/3/17

Paro-activo

Estas últimas semanas han ido configurando una coyuntura política inusualmente dinámica y ante todo de final abierto. Como ya venimos anotando en nuestro periódico, durante el transcurso del mes de marzo se ha producido un cambio en la coyuntura política nacional. La bronca que se vino acumulando lentamente durante todo el 2016 hizo eclosión y se plasmó en multitudinarias movilizaciones que ganaron las calles. La bronca se hizo sentir repetidamente en la movilización docente del 6, en la concentración de la CGT del 7, en el paro de mujeres del 8, nuevamente en la inmensa marcha de los maestros que coparon la Plaza de Mayo el miércoles 22, y finalmente, durante la larga jornada del 24 de marzo. Y como si esto fuera poco, al cierre de esta edición, los docentes están organizando una nueva marcha en respuesta a las provocaciones del gobierno de Vidal que quiere imponer no sólo una baja en el salario docente, sino que además busca introducir una cláusula “antihuelga” bajo el manto de un bono por “presentismo”.

Una coyuntura de polarización

Insistimos en el hecho de que no es común que en un solo mes se acumulen cinco movilizaciones masivas en contra de un gobierno. Estas movilizaciones junto con la lucha docente, son el factor más dinámico en la actual coyuntura política; y son la expresión de que se está produciendo un rompimiento de sectores de masas con el gobierno.

La contracara de esta realidad es que el gobierno de Cambiemos, pese a estar sufriendo una constante erosión de su imagen frente a amplios sectores, no ha dado el brazo a torcer, no ha retrocedido en su política. Lejos de dar marcha atrás, se ha endurecido y ha impreso una orientación aún más reaccionaria a su política.

Es en este contexto que hay que entender los continuos ataques de Macri y Vidal a los docentes, la defensa descarada de la educación privada y el desprecio por la escuela pública; la cada vez menos solapada defensa de la represión durante la última dictadura militar y el negacionismo respecto al genocidio; y, junto con esto, el intento de endurecer el régimen político mediante las amenazas de represión a la protesta social y a los cortes de calle.

Este endurecimiento se debe en buena parte a que Macri y el gobierno de Cambiemos consta del apoyo político de la burguesía nacional y del imperialismo en pleno. Son estos apoyos los que le dan la cohesión necesaria para evitar (por el momento) que se abra una verdadera crisis política.

En este sentido, en la actual coyuntura política se están configurando dos desplazamientos en simultáneo, pero en sentido opuesto. Mientras que sectores de masas de trabajadores giran a izquierda, rompen con el gobierno y manifiestan su bronca por medio de movilizaciones masivas; el gobierno de Cambiemos gira a derecha, se endurece, y apuesta a un discurso más reaccionario y a la derrota de la lucha docente.

Claro que esta erosión no es un tema menor, y menos en un año electoral en el cual Cambiemos debe refrendar su legitimidad por medio del voto.

Una economía que no despega y alimenta la bronca

Es en los magros resultados económicos en donde debemos encontrar la base de toda la bronca acumulada. Es que Mauricio Macri y su cohorte de “ceos” han transitado todo el 2016 y estos meses de 2017 haciendo promesas y más promesas acerca de un horizonte promisorio que nunca llega y siempre se aleja. Lo cierto es que lo que se vive en millones de casas es que la plata no alcanza, que las suspensiones en las fábricas amenazan con transformarse en despidos, que la desocupación aumenta y la pobreza la sigue como la sombra al cuerpo.

El Banco Central con su política de tasas de interés alta apuesta a mantener “controlada” la inflación mediante el recurso de quitar pesos del mercado, encarecer el crédito y planchar la economía.  El Ministerio de Energía, con Aranguren a la cabeza, sigue mirando sus planillas de Excel y aplica un sistemático plan de ajuste tarifario que socava los bolsillos de los trabajadores. El ministro de Transporte (Dietrich) tuvo que cajonear momentáneamente el aumento de los colectivos y trenes, pero sólo a la espera de un mejor momento para anunciarlo. Triaca en su rol de ministro de Trabajo (en tándem con los empresarios y la burocracia sindical) sostiene una cruzada contra los trabajadores tratando de garantizar que las paritarias de este año consagren la pérdida salarial de 2016 y que los aumentos en 2017 no superen el 18 o 20 por ciento. Todo esto genera, por un lado, una caída del consumo popular, un deterioro en la calidad de vida de los asalariados; y por el otro, un achicamiento de la economía y un crecimiento de los despidos y las suspensiones.

Los datos de la economía que se publicaron estos últimos días no son alentadores. La inflación del primer trimestre ronda el 6%, alcanzando más del 31% si tomamos los últimos 12 meses. La promesa de una inflación anual del 14-17% es una fantasía que ni el mismo gobierno puede repetir. Las consultoras económicas, todas simpatizantes del gobierno nacional, pronostican que la inflación de 2017 no va a estar por debajo del 25%, y este cálculo es conservador. En este marco la propuesta de Vidal y los acuerdos firmados por algunos gremios como Comercio y UPCN alrededor del 18% constituyen un verdadero robo al bolsillo.

De todos modos, el problema que subyace es que no está nada claro para el gobierno cuál es el factor dinámico que puede hacer salir a la Argentina de esta larga recesión. En palabras de Cambiemos, la clave estaría en la tan esperada lluvia de inversiones. El gobierno repite como un mantra que hay que ordenar al país para que vengan las inversiones, que hay que bajar la conflictividad, que hay que aggiornar el régimen laboral, que hay que darles garantías a los empresarios y un largo etcétera; todos en el mismo sentido y en beneficio de los mismos sectores. Se repite hasta el hartazgo que las inversiones son la panacea que todo lo cura, que ante este nuevo “dios” hay que sacrificarlo todo y a todos.

Ante esto primero hay que hacer una aclaración. El gobierno habla de inversiones en general, y con esto oculta el modelo de país que tiene en mente. No es cierto que la llegada de capitales extranjeros redunde en más fuentes de trabajo, ni en mejores condiciones laborales, ni en mayores salarios. Esto depende en primer lugar de qué tipo de inversiones lleguen, en qué condiciones y quién las administre. La década del 90 nos dio una clara muestra de que las “lluvias de inversiones” pueden terminar en un desierto de desocupación, y por su parte la “déKada ganada” le entregó en bandeja a las compañías imperialistas mineras y petroleras inmensas ganancias configurando un fenomenal saqueo de los recursos naturales.

Pero más allá de esto, lo cierto es que, pasados quince meses, las tan esperadas inversiones no llegan. Macri visita España y Holanda a la espera de que caiga alguna gota de la tan mentada lluvia. En esos viajes el matrimonio presidencial puede lucir sus mejores galas y de paso conseguir que los reyezuelos de todo tipo y color, los inunden con elogios y felicitaciones… pero las inversiones no aparecen y las nubes en el horizonte presagian lluvias pero de otro tipo.

Todo esto a esta altura ya es inocultable, el horizonte se aleja y el bolsillo aprieta. Esta realidad cotidiana vivida por millones de personas es el sustrato del que se alimenta la bronca popular y que está dinamizando la coyuntura, al mismo tiempo que se procesa una ruptura política de amplios sectores de trabajadores con el gobierno nacional.

Ninguna tregua frente al gobierno provocador; apelar a la comunidad para fortalecer el paro

En la actual coyuntura la lucha docente es un caso testigo. Macri y Vidal han optado por hacer de la derrota de los maestros un punto central de su programa. El objetivo de Cambiemos no es sólo aplicarles el ajuste a los maestros y así ahorrarse unos miles de pesos. Claro que eso está entre sus planes, pero en este caso es más que una puja sindical. Para Vidal y Macri esta es una batalla política. Quieren infringirles una derrota a los maestros, quieren cuestionar el derecho a huelga, quieren revertir las conquistas que quedan en el estatuto docente, quieren cuestionar el derecho a las licencias por enfermedad. Así lo expresó Vidal en una entrevista radial cuando afirmó que quiere “premiar” a los docentes que van a trabajar hasta cuando están enfermos.

Pero si la lucha contra un gobierno reaccionario es en sí misma muy dura, más difícil lo es cuando se debe remontar el lastre de la burocracia “progresista” de la Celeste de Baradel y Yasky. La CTA había convocado la semana pasada a un paro general para el jueves 30, el cual fue levantado sin importarle que los docentes (su principal gremio) estén siendo ferozmente atacados por el gobierno nacional y provincial. Así sin más, como quien no quiere la cosa y en nombre de la unidad, dejaron la lucha docente aislada. En el mismo sentido actuó CETERA que sin ninguna justificación paso de un paro de 48 horas a un de solo 24 dejando en banda las luchas provinciales, y esto a pesar que el gobierno lejos de aflojar sus ataque los redobló una vez más. Esto es una clara muestra de que Yasky, Baradel y la Celeste apuestan a desmontar la lucha y preparan la entrega. Hay que redoblar la lucha, apelar al apoyo de toda la comunidad y preparar un paro nacional educativo de 72 horas para derrotar a Macri.

El resultado de la huelga docente puede decidir el desenlace de la actual coyuntura y configurar un verdadero cambio en la situación política. Como venimos desarrollando, la coyuntura actual está caracterizada por una creciente polarización entre sectores de masas que giran a izquierda y un gobierno que se endurece virando a posiciones aún más reaccionarias. Un triunfo de los maestros sería un revés que dejaría en jaque el plan de ajuste reaccionario de Cambiemos, y le abriría una crisis política al gobierno de Macri, al mismo tiempo que fortalecería a todas las luchas de los trabajadores.

Es por eso que “¡Fuerza docentes!” es el grito que encierra en la actual coyuntura los intereses de todos los sectores populares, el triunfo de los maestros es una victoria de todos los trabajadores.

6A: hay que transformarlo en paro activo

En esta situación es que la CGT se vio obligada a convocar a un paro nacional para el 6 de abril, el cual al haber sido impuesto a los burócratas es profundamente progresivo, pero al mismo tiempo limitado por esos mismos dirigentes traidores.

Está claro que en la cúpula de la central sindical ningún burócrata quería llamar a este paro. El triunvirato hizo todo lo posible para evitar que esto ocurriera. Tanto hizo que al final se pasó de rosca y se le escapó la coneja. Los elementos de desborde que se pusieron de manifiesto en el acto del 7 de marzo, luego de que los oradores se negaran por enésima vez a convocar a una medida de lucha contra Macri, los dejó sin margen para seguir maniobrando y patear la pelota para adelante. El papelón de haber salido como ratas por tirante de su propio acto y custodiados por los matones de seguridad fue una escena que se vivió con gran regocijo en las fábricas y lugares de trabajo. Ya un anticipo de eso se había vivido el día anterior en la marcha docente cuando Acuña se vio apabullado por el grito de “paro general” que salía de los docentes.

Fueron esos gritos, fue esa felicidad de las bases frente al papelón de los popes de la CGT lo que les impuso el paro a los burócratas. Nadie lo quería, pero la bronca que se respiraba por abajo los obligó a hacer lo que no querían… Por otro lado, no se puede perder de vista que el paro es una acción política colectiva de los trabajadores como clase, por medio del cual se puede terminar de cristalizar una ruptura política de amplias franjas de masas con el gobierno. Esto es lo que le da todo el carácter progresivo al paro del 6A. Sería de una miopía estúpida no ver esto.

Claro que esto no significa que la burocracia haya sido desbordada y que ya haya perdido el control de la situación, ni que ésta haya roto con el gobierno. Nada de eso. La bronca acumulada y el affaire en el palco el 7 de marzo dejaron a los burócratas sin margen. El llamado al paro del 6A, aunque nadie lo quería hacer, es el medio por el cual la CGT busca evitar que la cosa se le desmadre. Ese es el motivo por el cual el llamado al mismo se hizo de forma tal de tratar de garantizar que la jornada trascurra lo más pasiva posible, que no vuele ni una mosca. La apuesta de la burocracia de la CGT es sencilla: que el paro descomprima el ambiente y luego seguir negociando con el gobierno del cual continúan siendo aliados.

Pero una cosa son los deseos y otra la realidad. El 6A es una jornada abierta y en disputa: la izquierda y el activismo tienen la posibilidad (y toda posibilidad en política conlleva una obligación) de hacer que el paro tenga un carácter activo. Es por eso que es importante que ese día los partidos de trabajadores junto con el activismo salgamos a las calles, que ayudemos a garantizar el mismo por medio de cortes de calle y piquetes. La izquierda en la Argentina tiene un peso político que supera su fuerza sindical. La experiencia con los cortes y piquetes desarrollada en anteriores paros, tan o más “domingueros” que este, son un punto de apoyo para disputarle el carácter de la jornada a los burócratas; es una base sobre la cual debemos proyectarnos y a la cual no podemos renunciar. Esto al mismo tiempo que no se puede perder de vista que los cortes en sí mismos son un factor que ayuda a miles de trabajadores a sumarse al paro, al mismo tiempo que funge como excusa frente a sus patrones.

Una enorme posibilidad para la izquierda

La actual coyuntura deja planteada una serie de oportunidades y responsabilidades para la izquierda revolucionaria. En primer lugar, y como lo dijimos más arriba, ésta debe jugarse con todo para hacer del 6A una jornada activa con cortes de calles y piquetes. El paro es objetivamente una piedra en el zapato tanto para los burócratas como para el gobierno. Y esta piedra puede ser aún más grande en la medida que pueda servir de vehículo por el cual se puedan expresar los reclamos más urgentes de los trabajadores; en primer lugar, el triunfo de la lucha docente, la derrota del plan de ajuste, frenar los despidos y suspensiones y quebrar el techo salarial que nos quieren imponer.

Pero además se abre otra posibilidad enorme. El desgaste prematuro del gobierno sumado a la crisis del PJ y la experiencia frustrada de amplias franjas de trabajadores con el kirchnerismo, han dado como resultado una enorme vacancia política que la izquierda puede aprovechar.

La izquierda roja tiene un enorme prestigio entre los trabajadores que reconocen que es “distinta” a los partidos del régimen. Nos reconocen que somos laburantes, que no transamos, que no somos corruptos. Es factible que en la actual coyuntura se estén acumulando factores que puedan cristalizar en un salto en la influencia política de la izquierda, el cual eventualmente también se pueda reflejar en las elecciones legislativas.

En este sentido, desde el Nuevo MAS hemos puesto en pie la Izquierda al Frente por el Socialismo junto a los compañeros del MST. Este frente electoral ha sabido sostener una postura de independencia de clase y la ha manifestado públicamente por medio su programa, de una serie de declaraciones políticas conjuntas, campañas de afiches y actividades comunes. Este importante recorrido político que hemos hecho en estos pocos meses son una plataforma importante sobre la que nos debemos apoyar para intentar dar ese salto.

Las posibilidades están, esto se manifiesta diariamente en el reconocimiento que recibe en las calles nuestra compañera Manuela Castañeira, quien además tiene la enorme responsabilidad como principal candidata de la Izquierda al Frente como candidata a diputada nacional en la provincia de Buenos Aires.

Es por todo esto que el Nuevo MAS se va a jugar con todo para que este 6A el activismo y un sector de los trabajadores puedan hacer del paro nacional una jornada activa, por el triunfo de la lucha de los docentes y por avanzar en hacer de la izquierda y el socialismo una fuerza poderosa en la Argentina.

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