Exigimos la inmediata liberación de los diputados presos

¡Hay que pararle la mano a la deriva ultraderechista de Erdogan!

El pasado 3 de noviembre el Estado turco comenzó a encarcelar a los diputados del Partido Democrático de los Pueblos[1], bajo la acusación de “complicidad con el terrorismo”. El PDP es el partido pro-kurdo y de izquierda que en las elecciones de junio de 2015 obtuvo un 13% de los votos (más de seis millones de personas), conquistando 80 bancas y quedando entre los cuatro partidos más votados del país.

Entre las detenciones del jueves, se destacaron la de su principal figura pública y dirigente, Selahattin Demirtaş, y la de su codirigente, Figen Yüksekdağ. Al momento de escribir este artículo más de 10 diputados de dicho partido fueron detenidos. Los operativos se realizaron en el marco de un bloqueo generalizado del acceso a Internet para evitar la organización de protestas populares.

El encarcelamiento de los diputados y líderes del PDP es la culminación de una avanzada ultra-reaccionaria por parte del presidente Erdogan y su partido islamista.  Desde el fallido intento de golpe de Estado ocurrido a mediados de julio, el gobierno viene profundizando una deriva cada vez más autoritaria y derechista.

Ésta comenzó inmediatamente terminada la asonada militar, con la purga de más de 100 mil empleados dependientes del Estado. Entre ellos se encuentran no solamente militares acusados –con o sin razón- de simpatizar con el Golpe, sino muchísimos trabajadores estatales, incluidos docentes de colegios y universidades. En esta purga el partido gobernante se encargó de dejar fuera del Estado y sin empleo a aquellos trabajadores que estaban agremiados en sindicatos de izquierda o progresistas.

En simultáneo, el gobierno avanzó en el cierre de medios opositores, especialmente aquellos ligados a los kurdos. Pero fue mucho más allá: en las últimas semanas clausuró el diario “Cumhuriyet” (“La República”), uno de los medios más importantes del país y órgano tradicional del republicanismo laico, creado en 1924 por allegados a Ataturk, el fundador del Estado moderno de Turquía. En los últimos tres meses, más de 150 medios fueron clausurados, más de 100 periodistas encarcelados y más de 700 credenciales de prensa revocadas. Esto quiere decir que el Estado turco decidió liquidar la libertad de prensa y establecer una dictadura del discurso oficial, amparándose en el pretexto de combatir contra supuestos “golpistas” y “terroristas”.

Con respecto a los kurdos y el PDP, el reaccionario gobierno de Erdogan viene también avanzando desde hace mucho tiempo. Primero fueron la ocupación militar de las ciudades y poblaciones kurdas –comenzada el año anterior-, los Estados de sitio, los bombardeos a los barrios sublevados, las detenciones masivas de jóvenes luchadores y la ejecución sumaria de muchos de ellos, etc. Luego continuó con la remoción sistemática de los alcaldes democráticamente electos de las ciudades gobernadas por el PDP: más de 30 alcaldías fueron intervenidas, incluida la de Diyarbakir, considerada por los kurdos como su capital y ciudad más importante. Alrededor de 180 alcaldes y concejales electos por el voto popular fueron encarcelados, junto a otros 300 dirigentes locales. Estos elementos, sumados a la detención de los diputados nacionales del PDP, significan en la práctica una ilegalización del partido, que en cualquier momento podría formalizarse en un decreto o fallo judicial explícito.

Esta avanzada represiva es amparada por el “estado de emergencia” que decretó Erdogan luego del golpe de Estado, y que sin duda va a seguir extendiéndose indefinidamente. Esto le otorga poderes para gobernar por encima del Parlamento y de los derechos constitucionales y legales. Pero más allá de todo andamiaje legal, el partido gobernante está decidido a ejercer su dominación en las calles a través de grupos de choque. Sus bases islamistas ya se encuentran en proceso de armamento[2], organizado directamente desde el Estado y desde el poder religioso –con involucramiento directo de las mezquitas-. No se trata aquí de “milicias populares” progresivas[3], sino de escuadrones archi-reaccionarios enormemente peligrosos para la izquierda, las minorías étnicas-nacionales-religiosas (como los kurdos), los sindicatos independientes, el movimiento de mujeres y LGTTBI, y la oposición laica, republicana y democrática en general. Si estos escuadrones continúan su desarrollo y no son frenados por la movilización popular, pueden adquirir un carácter abiertamente fascista.

La política exterior de Erdogan: volviendo al imperialismo otomano

A la deriva ultra-reaccionaria de Erdogan en política interior se suma el giro -también ultra-reaccionario- en la política exterior.

Hace ya algunos meses[4] las FFAA turcas habían ingresado en el territorio sirio, con la excusa de combatir al Estado Islámico y el objetivo real de bloquear el avance de las fuerzas kurdas y sus aliados. Allí no sólo utilizaron a grupos islamistas y jihadistas locales, sino también a algunas formaciones fascistoides creadas directamente por turcos, tales como la brigada “Sultan Murad”. Esta organización reivindica abiertamente a los “Lobos Grises”, partido fascista turco conocido por sus masacres a izquierdistas en las décadas de los 70 y 80. Últimamente apareció también en el norte de Siria otra organización que directamente toma el nombre y los símbolos de los “Lobos Grises”. El objetivo de estos grupos en Siria es expulsar a los kurdos de las ciudades y poblados para derrotar todo posible proyecto de autonomía local.

Pero en el plano internacional, la novedad en las últimas semanas está centrada en Irak. Allí las FFAA turcas habían ingresado sin autorización del gobierno central, con el objetivo autoproclamado de combatir a ISIS. Con el comienzo del operativo para liberar Mosul se desató un fuerte conflicto entre el gobierno turco y el iraquí, ya que este último exigía la retirada inmediata de las tropas turcas. Erdogan se negó e insistió en su derecho a participar en la operación de Mosul “y en las mesas de negociación posteriores”. Así proclama abiertamente su pretensión de ejercer control o influencia directa sobre territorios turcos.

Pero todavía peor que lo anterior es la justificación enarbolada por Erdogan. Con el comienzo de las discusiones por la operación de Mosul, las oficinas gubernamentales, partidarias y mediáticas oficialistas desempolvaron viejos mapas de Medio Oriente, anteriores al tratado de Laussane de 1923. En esos mapas Turquía incluía a Mosul, junto a otros territorios que actualmente pertenecen a otros Estados (como Grecia). Así el gobierno de Erdogan directamente se proclama continuador del Imperio Otomano y de sus fronteras, retrotrayendo la situación a 90 años atrás.

Todos estos elementos, tomados como una globalidad, demuestran una deriva realmentepreocupante. El intento de restituir el imperialismo otomano, la liquidación de la libertad de prensa, la ilegalización de partidos opositores y de sus diputados, el encarcelamiento de activistas, políticos y periodistas, la destitución de alcaldes electos democráticamente y el armamento de una milicia partidaria de tipo fascistoide –todos esos elementos avanzan en la misma dirección-. Se trata de la puesta en pie de una dictadura ultra-reaccionaria y expansionista, que podría desestabilizar todavía más la región en función de sus intereses retrógrados.

Los gobiernos de Estados Unidos y de Europa tienen una enorme responsabilidad en esta deriva. En primer lugar, porque Turquía sigue siendo miembro de la OTAN. En segundo lugar, porque más allá de las tibias declaraciones diplomáticas, ninguno de ellos tomó ni una sola medida política contra el régimen turco.

Es necesario derrotar la deriva reaccionaria con la movilización popular, tanto en Turquía como en todo Medio Oriente, y con la más amplia solidaridad internacionalista.

Notas

[1] Conocidos por sus iniciales en turco como HDP, Halkların Demokratik Partisi.

[2] “El riesgo de enardecer a las masas turcas – La transformación del partido de Erdogan en una fuerza armada aterrizó a los pocos días del fallido golpe”, Yavuz Baydar,Diario El País (España), 2/11/16 –http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/01/actualidad/1478016773_282332.html#?ref=rss&format=simple&link=guid

[3] Ejemplos de milicias populares revolucionarias son las surgidas en España en 1936 contra el levantamiento fascista de Franco, o en el proceso de la Revolución Rusa (derivando en la formación del Ejército Rojo), o inclusive en experiencias derrotadas como la revolución alemana de 1918-1923. En todos esos casos, el epicentro era el movimiento obrero, su dirección eran los partidos y sindicatos de izquierda (anticapitalistas), y su ideología era socialista revolucionaria. En el caso turco, la composición de las “milicias” de Erdogan es mucho más parecida a la del fascismo italiano y alemán: sectores policlasistas –formados por la clase media, sectores desarrapados y trabajadores no organizados como clase-, dirigidos políticamente por partidos reaccionarios y orientados por una ideología profundamente conservadora.

[4] Ver nota “¡Fuera los tanques turcos de Siria!”, Por Ale Kur, 29/8/16 – http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8532