Surge una nueva organización socialista revolucionaria

Por Roberto Sáenz y Antonio Carlos Soler – Socialismo o Barbarie Internacional – 7/7/16

“Para arrancarle la alegría al futuro”

Al cierre de esta edición se ha hecho público el “Manifiesto por la construcción de una nueva organización socialista y revolucionaria en Brasil”. Se trata de una importante ruptura del PSTU, el mayor partido de la izquierda revolucionaria de dicho país.

Esta ruptura, que supone un verdadero “cataclismo” en la izquierda brasilera, no es del todo inesperada. La visible inercia del PSTU frente a los acontecimientos revolucionarios de junio del 2013 ya podían anticiparla. Si en general, toda ruptura de nuestras pequeñas organizaciones no debe ser festejada, esta escisión luce de todos modos enormemente progresiva.

La evaluación de si se podía seguir conviviendo bajo un mismo techo, corresponde enteramente a sus militantes. Pero nos parece categórico que las posiciones que esbozan los compañeros y compañeras que fundan esta nueva organización, expresan una superación de su cuadro de actuación anterior.

Ocurre que internacionalmente la LIT venia cometiendo un error tras otro. Apoyada en un abordaje extremadamente objetivista de los asuntos (que reduce la importancia de la maduración de la conciencia y organización de los trabajadores a cero), venía confundiendo los puntos de referencia elementales: desde Egipto hasta Venezuela, pasando por Cuba y Ucrania, sus posicionamientos fueron unos más desatinados que los otros (por ejemplo, en el primer país, festejando como una “revolución” el golpe de Estado del general Al-Sisi).

Yendo del mundo a Brasil, la política del PSTU en relación a la crisis del gobierno del PT fue completamente errada. Se perdió de vista un aspecto fundamental del análisis marxista, de que no es lo mismo que un gobierno burgués de mediación (o de colaboración de clases), sea derrumbado por la acción de las masas que por una ofensiva por la derecha.

Durante meses el PSTU alentó el impeachment a Dilma Rousseff cuando era evidente que no se estaba en 1992 (cuando la amenaza de juicio político a Collor de Mello y su renuncia se procesaron por la izquierda). Porque lo que terminó sacando del poder a Dilma y su gobierno ajustador fue una movilización de las clases medias reaccionarias, apoyadas en la pasividad de los trabajadores (producto del deterioro del PT, dada su gestión enteramente capitalista de los asuntos). La mayoría del PSTU pareció no aprender nada de las otras experiencias de la región (Argentina, Venezuela), que plantearon poner en el centro una política de intransigente independencia de clase: ni con los gobiernos progresistas, ni con la oposición patronal de derecha.

La minoría, que en realidad es la mitad del partido, se vio obligada así a romper levantando banderas que nos parecen absolutamente correctas: considerarse -contra toda autoproclamación- como una parte del marxismo revolucionario internacional, tomar el conjunto de las reivindicaciones de los explotados y oprimidos, concebir la revolución socialista como un proceso de autoemancipación de los trabajadores, defender una concepción verdaderamente leninista del partido (que combina el centralismo en la acción y la más amplia democracia en la discusión), levantar una perspectiva de independencia de clase y revolucionaria por oposición al reformismo, el economicismo, el sindicalismo y el electoralismo que signifique, al mismo tiempo, impulsar la más amplia unidad en la lucha y los frentes únicos que sean necesarios para el avance de la organización de los revolucionarios.

Incluso la forma en que los compañeros presentan su salida del PSTU, expresa una renovada sensibilidad: con una frase de un poema de Maiakovski que mostraba la confianza de éste -¡aún en las condiciones de la burocratización de la Revolución Rusa!- en el futuro.

Saludamos entonces la formación de esta nueva organización socialista revolucionaria en Brasil y nos ponemos a disposición de sus militantes para que con sus tiempos vean la posibilidad de iniciar una relación fraternal con nuestra corriente internacional. Su ruptura reabre el juego del trotskismo en la región: descongela las cosas planteando potencialmente la posibilidad de nuevas confluencias. Que así sea.