Unión Europea, contradicciones crecientes de un proyecto del capital imperialista

Por Claudio Testa, SoB. – Con Grecia, posiblemente llegó la “hora de la verdad” sobre uno de los temas que más ha confundido a la izquierda. Y al decir “izquierda” en Europa, no nos referimos a los partidos socialdemócratas, que ya ni siquiera son reformistas sino social-liberales. Tampoco a restos del stalinismo como el PCF o el PCE, que son de hecho sus camaradas de ruta aunque algo más “rojillos”.

Aludimos a esa franja muy heterogénea del espectro político que en Europa se suele llamar “izquierda radical”… un término demasiado impreciso, porque puede abarcar desde corrientes socialistas revolucionarias (en serio) hasta la coalición que fue Syriza o el fenómeno de Podemos en el Estado español.

Ese tema decisivo, estratégico, es el del carácter de la Unión Europea y su hijo mayor, el euro, así como la política que hay que tener frente a ellos. Hasta lo de Grecia, para la mayoría de la “izquierda radical”, la UE y el euro (aunque en distinta medida) eran incuestionables. A lo sumo podían estar mal “administrados” y peor “conducidos”, necesitar cambios y “reformas”… pero esas mismas propuestas “críticas” daban fe que eran indiscutibles en lo esencial.

En otros artículos, se explica cómo lo de Grecia ha dado un golpe demoledor a esas ilusiones y castillos de naipes. Aquí veremos algunos datos de qué son estructuralmente la UE y el euro, qué papel juegan para las burguesías imperialistas que los han constituido, así como las contradicciones que aparecen no sólo con los pueblos que explotan sino entre los mismos vampiros capitalistas que se han asociado.

“Entre los 28 países de la Unión Europea, 18 de ellos tienen una moneda común, el euro… Se observa una gran desigualdad entre los estados de la Unión Europea: los países industrializados y más fuertes de la UE son Alemania, el Reino Unido, Francia, Holanda, Italia, Bélgica y Austria; hay once países que provienen de la antigua Europa del Este (tres repúblicas bálticas –Estonia, Letonia y Lituania–, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania que formaban parte del bloque soviético); Croacia y Eslovenia (que constituían parte de Yugoslavia); y luego están los países fuertemente afectados por la crisis del euro: Grecia, Portugal, España, Irlanda y Chipre.”[1]

Esta desigualdad se expresa en todo, comenzando por un punto esencial, los salarios:

“La disparidad salarial es enorme: el salario mínimo legal en Bulgaria (156 euros de salario bruto mensual en 2013) es entre 8 y 9 veces inferior al de países como Francia, Bélgica y Holanda. Pero la desigualdad salarial puede ser también muy grande dentro de un mismo país de la UE. Por ejemplo, en Alemania 7,5 millones de trabajadores se deben contentar con un salario mensual de 400 euros, cuando es normal que sea de más de 1.200 euros (en Alemania no existe un salario mínimo legal nacional).

“Esta disparidad permite a las grandes empresas europeas ser competitivas, en particular las empresas industriales alemanas que trasladan una parte de su producción para que la realicen obreros y obreras de países como Bulgaria, Rumania y otros de Europa central y del Este. Luego se retornan las piezas a Alemania para su ensamblaje y el acabado del producto final. Por último, esos productos, cuyo coste salarial fue comprimido al máximo, se exportan a países de la Unión Europea o al mercado mundial. Hay que subrayar que en el interior de la UE no se pagan tasas de importación/exportación.”(cit.)

El curso de la Unión Europea ha sido el de reforzar cada vez más esas desigualdades estructurales entre los países del centro capitalista y sus periferias:

“En el curso de los últimos diez años, Alemania se lanzó a una política neomercantilista: logró aumentar sus exportaciones especialmente en el interior de la UE y la eurozona, reduciendo también los salarios de sus propios trabajadores. Ganó así competitividad con respecto a sus socios, y especialmente frente a países como Grecia, España, Portugal, Italia (que participan de la Eurozona) e incluso Rumania o Hungría. Éstos vieron cómo se instalaba o se profundizaba su déficit comercial con respecto a Alemania y a otros países del Centro.”(cit.)

Pero, en el cepo del euro, la mayoría de esos países no puede maniobrar mediante emisión ni devaluaciones. Con muy distintos niveles de desarrollo y productividad que Alemania y los países del “primer nivel”, usar la misma moneda (que además no manejan) ha sido un desastre. Sin embargo, ese desastre golpea ante todo a los trabajadores y sectores populares. Ahora, se le añade que los planes de austeridad que les imponen, están llevando con Grecia a configurar protectorados coloniales. Esto desnuda el verdadero carácter de la UE. En su bandera, las estrellas tienen el mismo tamaño. Pero en la realidad, hay amos y esclavos.

La gran burguesía y en especial el capital bancario de esos países han hecho negocios formidables con esas desigualdades, que le han servido tanto para especular como de palanca para imponer planes de hambre en su propia casa. Por eso, personajes como Rajoy aparecen en escena entre los más rabiosos enemigos de Grecia.

Nota:

 1.- Eric Toussaint, “The euro crisis and contradictions between countries in the periphery and centre of the EU”, CADTM, 21 November. 2013.

Alemania y Francia: tensiones entre socios cada vez más desiguales

Pero las contradicciones de la Unión Europea no se dan no sólo entre el centro de capitalismos imperialistas –Alemania über alles– y su sometida periferia, de la que es parte Grecia. También hay grietas en ese centro. El Reino Unido, por ejemplo, puede ir a la ruptura en un próximo referéndum.

Sin embargo, el Reino Unido siempre estuvo con un pie adentro y otro afuera. Aunque todavía potenciales, lo más peligroso son las grietas entre Francia y Alemania. Se manifestaron en el tema Grecia, y si se profundizaran, se acabó el euro y quizás la UE.

Francia y Alemania fueron los dos impulsores de la Unión Europa, mucho antes de que se llamara así. También el euro fue un negocio común franco-alemán. Pero ambos socios, al crear el euro, tenían distintos objetivos muy diferentes. Y en esa sociedad quién ganó fue el imperialismo alemán.

“Francia y Alemania –señala un especialista en el tema– tenían esperanzas y aspiraciones contradictoras con el euro. Para Francia, la cuestión clave era poner fin a la dependencia monetaria del dólar y de la hegemonía regional del marco alemán, y establecer una moneda de reserva global que enfrentase al dólar, como parte de un nuevo orden monetario internacional. Por el contrario, la principal preocupación alemana era contrarrestar la amenaza de un marco alemán fuerte, que debilitara la competitividad de Alemania dentro de Europa. La sobrevaluación de su moneda chocaba con su modelo de crecimiento basado en las exportaciones. […] Sin duda, Francia es la que ha visto decepcionadas todas sus esperanzas en el euro.”[1]

Es parado desde esa incómoda (y más débil) situación estructural del imperialismo francés, que Hollande “interviene” en la crisis con Grecia… además con la necesidad política de parecer algo más “humano” que los caníbales de Berlín. Un artículo de un corresponsal de El País de Madrid[2] relata varias anécdotas tragicómicas. Repetidas veces, Hollande propuso algún detalle menos brutal contra Grecia… pero generalmente se retiró con el rabo entre las piernas después de un ladrido de la Sra. Merkel o de su Gauleiter de finanzas Wolfgang Schäuble.

El corresponsal en Bruselas de la Agence France-Presse (AFP)[3], recoge opiniones más dramáticas de diversos analistas:

“Aunque no ha cambiado radical e inmediatamente la zona euro, este largo fin de semana de negociación ha deslizado a Europa en un engranaje y ha dejado en evidencia una fractura conceptual entre Francia y Alemania sobre lo que debe ser la unión monetaria.

“«Grecia es un peón en el juego entre Francia y Alemania», dice Pawel Tokarski, analista de Fundación de Ciencia y Política (SWP) en Berlín: «Lo que está en juego es la dirección que debe tomar la zona euro, la que dicte Alemania o Francia».

“Christopher Dembik, analista de Saxo Bank, opina que «más allá de la unidad mostrada ante las cámaras, el enfrentamiento es inevitable. Y si degenerara, podría conducir a un cisma entre el norte y el sur de Europa».

“Por su parte, Erik Nielsen, economista jefe de UniCredit, piensa que «en las últimas 48 horas se ha librado un combate para determinar el tipo de Europa que tendremos en el futuro. Esto se resume en un enfrentamiento entre Alemania y Francia».”

Notas:

1.- Jörg Bibow, “On the Franco-German Euro Contradiction”, Social Europe, May 1, 2013.

2.- Carlos Yárnoz, desde París, “La crucial relación franco-alemana ha resultado lastimada por las diferencias ante Grecia”, El País, 13/07/2015.

3.- “¿Grecia podrá salirse de la zona Euro?”,AFP, desde Bruselas, 13/07/2015