GRECIA – Frente al referéndum convocado por Syriza para el domingo 5

¡Voto crítico por el NO!

¡Salir del euro tomando medidas anticapitalistas!

¡Ningún acuerdo con los ajustadores!

¡Ninguna confianza en Tsipras!

¡Todos a las calles para imponer un programa

al servicio de los trabajadores y el pueblo griego!

Luego de cinco meses de negociaciones con la Troika, al cierre de esta edición se mantenía el llamado a referéndum por parte del gobierno de Syriza. Con él se consultará al pueblo griego acerca de las exigencias presentadas por los acreedores. A ellas, deberá responder por “SI” o por “NO”. Este evento, que implica objetivamente una profundización de la crisis política, financiera y económica en torno a la deuda griega, concierne, en definitiva, a si el país seguirá sujeto a los diktats de los organismos imperialistas europeos o si se crearán las bases para un camino independiente para Grecia.

Negociar o negociar. El callejón sin salida de Tsipras

Las negociaciones con la Troika fueron un gran fiasco, marcadas por el retroceso cada vez mayor de Tsipras y la voluntad clara de las “instituciones” de hundir no sólo económica sino también políticamente al pueblo griego. Lejos de demostrar que “Europa es un espacio de negociación y de acuerdos beneficiosos para ambas partes” (como había declarado Tsipras luego de su escandalosa capitulación del 20 de febrero[1]), las negociaciones desnudaron la verdadera cara de la Unión Europea y sus aliados: una serie de instituciones al servicio del gran capital y de los gobiernos imperialistas, cuyo único objetivo es exprimir a Grecia hasta el último centavo.

De ahí que hasta ahora el acuerdo se haya frustrado a pesar de que los principales analistas lo daban por hecho y de que el mismo viernes se estaba solamente a “algunos millones de euros” de cerrarlo. En efecto: la Troika, envalentonada por los retrocesos sucesivos de Tsipras, se jugó a infligir una derrota política aplastante, una humillación en toda la línea que sirviera como escarmiento preventivo a todo aquel –en primer lugar España bajo un eventual gobierno de Podemos– que osara cuestionar una coma de los programas de austeridad de la UE.

La negativa a apelar a la movilización

Algunos ven en el llamado al referéndum una prueba de la “lucha de Tsipras contra la UE”, un verdadero acto “democrático” frente al avasallamiento de las instituciones imperialistas…

En realidad, no hubo tal lucha de Tsipras contra la UE. El acuerdo que la parte griega presentó el lunes 22 de junio a la Troika incluía las medidas antipopulares esenciales que la misma demandaba: reforma de las jubilaciones, aumento del IVA, continuación de las privatizaciones, excedente presupuestario primario, etc.

Sin duda, la propuesta de la Troika era aún peor: aumento del IVA más fuerte, negativa a discutir cualquier reestructuración de la deuda; etc. Se trataba claramente de un programa que apunta a descargar aún más la crisis sobre la clase trabajadora, dejando indemnes las grandes fortunas. Pero esto no quita el hecho que el acuerdo propuesto por Tsipras cruzó todas las “líneas rojas del gobierno”; acuerdo que Plataforma de Izquierda de Syriza (ala izquierda de dicho partido) calificó correctamente como “peor que los anteriores memorándums”.

El llamado al referéndum en sí mismo no es una “prueba de valentía democrática”, sino un acontecimiento contradictorio. Por un lado, expresa que la presión de los trabajadores y el pueblo griego, que comenzaban a protestar, impidieron una capitulación directa. La Troika fue demasiado lejos e intentó imponer condiciones humillantes que hubieran significado además el inmediato suicidio político de Tsipras y de Syriza. Desde hace meses que Tsipras repite que quiere capitular, ¡pero le ofrecieron una capitulación inaceptable!

Tiene razón el Paul Krugman, Premio Nóbel de Economía, cuando dice que la Troika fue peor que el mafioso Don Corleone, personaje de “El Padrino”, porque hizo una propuesta que sólo se puede rechazar.

Por otra parte, el llamado al referéndum es también el resultado de una presión interna importante y del descontento y hartazgo creciente entre sectores de la población griega. Cuando el gobierno presentó su propuesta del 22 de junio, la Plataforma de Izquierda (corriente interna de Syriza) salió a criticarlo duramente y sostuvo que votaría en contra si se presentaba al parlamento.

Pero al mismo tiempo, el referendum es también un peligro. Es que la dirección mayoritaria de Syriza se ha negado sistemáticamente desde que asumió a llamar a la movilización, algo que hubiera correspondido hacer ahora. De haberse llamado a los trabajadores y al pueblo a las calles, se hubiera obtenido una respuesta contundente… algo mucho más contundente que cualquier referéndum. Es que ahora está el problema de si el referéndum será ganado o no; muchas encuestas señalan que es el “SÍ” el que está arriba.

De manera tal que la estrategia de capitulación de Tsipras podría llevar a una derrota en el referéndum mismo. Esta derrota está fundada en que el punto de apoyo de Syriza ha sido siempre el electoralismo democrático-burgués, jamás la movilización directa de las masas obreras y populares.

La crisis en el seno de Syriza

La dirección mayoritaria de Syriza podría haber hecho pasar el acuerdo con apoyo de pro-europeistas furibundos como To Potami (“El Rio”, partido ultra-neoliberal) y los ex gobernantes de Nueva Democracia y el PASOK. Pero una victoria parlamentaria de ese tipo, con la oposición de casi la mitad de Syriza y el apoyo de lo más rancio de los viejos políticos que sumieron a Grecia en la catástrofe actual, hubiese sido una victoria pírrica. Habría desencadenado una crisis política y dejado a Syriza al borde de la ruptura.

Esta situación es un reflejo del estado de ánimo de la clase trabajadora y el pueblo griego, cada vez más hostiles a un acuerdo, que han empujado sin duda a la Plataforma de Izquierda a oponerse a Tsipras, y al mismo Tsipras a llamar a un referéndum. Las decenas de miles de personas que se movilizaron este lunes 29 de junio por el “NO” lo han demostrado.

Por otra parte, el referéndum en sí mismo tiene para la dirección de Syriza el objetivo de mejorar su posición en las negociaciones, no el de enfrentar ni menos aún romper con los verdugos de la Troika.

El mismo Alexis Tsipras declaró el lunes 29 de junio que “cuanto más grande sea la participación y la opción del ‘NO’, más fuerte será nuestra posición en la negociación”. Y que “nuestro objetivo es que el referéndum, una opción política, nos ayude a proseguir las negociaciones”.

Y el ministro Varoufakis agregó que “si nos presentan un acuerdo aceptable, no nos costaría pedir el ‘SÍ’ en el referéndum”. Es decir, el referéndum no tiene como perspectiva terminar con las negociaciones y la austeridad, sino negociar algunas migajas más.

Por eso, el gobierno de Syriza no propone ningún plan alternativo. Aunque formalmente llama a votar por el “NO”, su pro-europeísmo total y su negativa a tomar cualquier medida de fondo hacen que este llamado sea una abstracción. Mientras la UE desarrolla una campaña terrorista por el “SÍ”, ninguna solución de fondo es levantada por el gobierno de Syriza. Esto sin olvidar que las negociaciones no son “gratuitas”: en estos cinco meses, el gobierno de Syriza ha realizado un pago de 1.800 millones al FMI, y más de 5.000 millones se fugaron del país bajo la presión de la perspectiva del “Grexit”, la salida de Grecia del euro.

 

 

[1] Tsipras, discurso por TV al otro día de firmar los “acuerdos” iniciales con el Eurogrupo, Agencia EFE, 21/02/2015.