Argentina – #Ni Una Menos – Multitudinaria movilización contra la violencia de género – Una cachetada para el gobierno y los sectarios

Medio millón de personas en la Plaza de los Dos Congresos

El pasado 3 de junio, en Argentina (en Buenos Aires y en la mayoría de las provincias del país) se realizó una importante y masiva movilización contra los femicidios y la viloncia de género. Esta convocatoria que sobrepasó los límites y las expectativas, hizo responsable al gobierno de la extrema y dura situación que atraviesan las mujeres en Argentina y exigió una serie de medidas para combatir y frenar este flagelo. Presentamos a continuación los artículos de nuestras compañeras del Nuevo Mas y Las Rojas desde Argentina.
Al cierre de esta edición estamos retornando de la impresionante movilización en la Plaza Congreso. Se trató, realmente, de una concentración histórica porque se movilizaron medio millón de personas alrededor de un reclamo tan sentido popularmente como el rechazo hacia la violencia hacia las mujeres.
Una movilización popular
Hay varias cosas que decir para caracterizar esta movilización.
Lo primero es que se trató de una acción que se expresó a lo largo y ancho de la Argentina: más de cien puntos de concentración hubo en todo el país, en muchos casos mediante marchas y concentraciones que desbordaron por su asistencia: como los 50.000 que se concentraron en Córdoba y Rosario, las 20.000 personas en La Plata y cifras por el estilo en todas las latitudes del país (ver crónica en las páginas centrales de esta edición).
Claro que la concentración más multitudinaria fue la de la Plaza Congreso donde, realmente, se concentraron 500.000 personas si no más. No se trata solamente que la plaza estaba literalmente colapsada; por Avenida de Mayo hasta 9 de Julio y más allá, por Callao y Entre Ríos en sus dos sentidos, por todas las paralelas a la plaza y por todas las verticales, multitudes se acercaron para ser protagonistas de esta jornada histórica.
Un elemento llamó muchísimo la atención y, en definitiva, es lógico que así sea (debido al peso de este flagelo de la violencia familiar): se trata de la composición popular de la movilización, de las mujeres y familias trabajadoras que se dieron cita en la Plaza Congreso desde muy temprano, por no olvidarnos de los gremios y sectores de trabajadores, incluso organizados, que participaron.
Esta composición social, a la que se agregaron enormes contingentes de estudiantes de todas las latitudes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, así como sectores de la clase media progresista, desmintió radicalmente la sucia campaña que el kirchnerismo había deslizado por lo bajo de que se trataría de un “cacerolazo gorila” como el de Nisman.
Nada más alejado de la realidad: se trató de una movilización realmente popular, mil veces progresiva, y que, además, se caracterizó por su carácter independiente.
Este fue otro elemento de importancia, incluso contra algunos que tuvieron reflejos sectarios hacia la concentración: el acto duró escasamente una hora. Pero a nadie le importó la duración del acto mismo: la concentración tuvo un carácter hasta festivo, de alegría, de lucha, de expresión de los reclamos de las mujeres y de rechazo de la violencia hacia ellas que no solamente fue muchísimo más allá que las convocantes; en realidad, a nadie mucho le importó mucho quién convocaba: en la convocatoria encontraron simplemente un canal para expresarse y expresar sus reclamos.
De ahí que desde mucho antes de las 17 hs. fueran llegando multitudes a la plaza y que cuando desde el palco (a las 18 hs.) se invitara a “desconcentrar”, no sólo la inmensa mayoría no se dio por aludida, sino que seguía afluyendo gente a raudales. Eran las 21 hs. y todavía había gente en la plaza.
Los problemas de las mujeres se instalan en la agenda nacional
Mucho se habló y se dijo en la previa acerca de qué “quedaría” luego de la movilización. En realidad, este fue un planteo de los propios K, que querían quitarle decibeles a una movilización que no podían controlar.
Incluso desde sectores de la “izquierda” se pretendió condicionar el apoyo a la concentración por cuenta de lo “limitado” de su programa. Pero, como dijo ya el viejo Marx un siglo y medio atrás, ¡todo paso real de los explotados y oprimidos vale más que cualquier programa!
Por otra parte, toda movilización multitudinaria como esta se instala, definitivamente, como un hecho objetivo de la lucha de clases. Esto hace que más allá de su programa expreso, o de lo que vayan a hacer los circunstanciales “dirigentes” de la movilización, el hecho enormemente progresivo de esta enormemente progresiva movilización es que ha dejado instalado (podríamos decir que definitivamente), la agenda de las mujeres en la escena nacional.
No porque lo hayamos vivido deja de ser significativo y sorprendente algo que se mueve en las profundidades de la sociedad alrededor de los problemas de esta índole (como de otros, en esta Argentina donde las relaciones de fuerzas creadas década y media atrás siguen presentes).
Desde ya que ayudó que periodistas y personalidades del espectáculo (los “famosos”) hayan salido a convocar; que era casi “políticamente correcto” pronunciarse por “ni una menos”. ¡Pero que esto sea así es enormemente progresivo! ¡Que algo tan progresivo como el rechazo a la violencia hacia las mujeres sea tan masivo y concite tal adhesión, no deja de ser realmente revolucionario!
La actitud del gobierno con la marcha fue, por decir lo menos, vergonzante (o vergonzosa). Cristina empezó a hablar del tema por Twitter recién el martes 2 por la noche, y en uno de sus tantos discursos por cadena nacional al mediodía del 3 hizo algo así como un “llamado” a apoyar la convocatoria de hoy.
Pero el gobierno no pudo esconder que desconfiaba de la movilización; que por intermedio de algunos de sus voceros había salido a cuestionarla como un “cacerolazo” reaccionario; que incluso planteaba que había que marchar a Tribunales y cosas por el estilo.
Esta ubicación del gobierno, combinada con el hecho de que la movilización no tuviera “dueño”; que fuera una movilización popular de masas colocada en los hechos a la izquierda del espectro político, le otorgaron un carácter independiente a la jornada.
Por otra parte, el oficialismo pretendió imponer la idea de que la violencia de género se trata de un problema “educativo”, “cultural”, que ninguna autoridad y ninguna de las instituciones tienen responsabilidad sobre ella.
La multitud que se expresó hoy en todo el país no lo siente así. De ahí también que la marcha haya tenido ese carácter independiente, que el gobierno haya debido participar de manera vergonzante, que tampoco la oposición patronal haya podido montarse en ella.
La expulsión de Piombo de las universidades y el poder judicial marcó lo opuesto y trazó un camino: las autoridades tienen responsabilidad sobre la violencia. El gobierno tiene responsabilidad de “mirar para otro lado”. Los jueces y funcionarios que amparan a femicidas y violadores son responsables de este flagelo. Un flagelo que no es algo estrictamente del “ámbito privado” de las personas, sino un problema social y político de primer orden en el país. 
Entre la marcha de hoy y la huelga general del 9, el gobierno tendrá en menos de diez días dos grandes expresiones de protesta que, quizás, no tenía planeadas en su marcha “triunfal” hacia las urnas.
Una participación histórica de Las Rojas y el Nuevo MAS
Es en este marco que se debe ubicar la participación de nuestro partido en la jornada. Tuvimos el acierto de ponernos a la vanguardia de esta convocatoria desde el primer minuto en que fue anunciada.
Sin ningún sectarismo ni “prurito” (aunque con nuestras banderas), salimos a convocar con todas nuestras fuerzas y de ahí las columnas históricas que Las Rojas y el Nuevo MAS llevamos en varias partes del país.
En realidad, nuestro partido y Las Rojas se vienen extendiendo nacionalmente, y eso lo pudimos comprobar en la práctica hoy, llevando adelante participaciones muy importantes en varias provincias y capitales del interior, así como “apareciendo en sociedad” por primera vez en varias localidades.
No se puede decir lo mismo del F.I.T, Frente de Izquierda y de los Trabajadores (Frente electoral conformado por tres partidos de la izquierda trotskysta como el Partido Obrero, Partido de los Trabajadores Socialistas e Izquierda Socialista) que una vez más, como ante cada evento de la lucha de clases de este país, estuvo ausente. La nota vergonzosa la dio el P.O, que prácticamente estuvo ausente (o con una delegación muy pequeña) en el acto en Congreso.
El P.O y el P.T.S no tuvieron una participación común en esta jornada; ni siquiera fueron capaces de sacar una declaración común, algo que viene caracterizando cada vez más a esta “cooperativa electoral”, ahora frente a algo tan sentido como la violencia hacia las mujeres.
Enfrascados en una insoportable pelea por los “porotos” electorales, el FIT nuevamente faltó a la cita y no pasó la prueba.
Nuestro balance es exactamente opuesto: estuvimos a la vanguardia de esta jornada histórica en todo el país y así se expresó en nuestras columnas y en la posibilidad de ganar nuevas compañeras y compañeros para el partido en las próximas semanas.
El carácter multitudinario de la movilización significó también una ratificación de cómo se debe hacer política revolucionaria: se hace a partir de la lucha de clases, de un diálogo con ella; de ahí que cuando una organización revolucionaria piensa incluso en sus candidaturas para las elecciones, lo debe hacer partiendo de ese “diálogo” con la realidad.
Los problemas de las mujeres han pasado al centro de la agenda nacional, como así también los reclamos de los trabajadores (como se expresará en el próximo paro general del 9): con nuestra fórmula presidencial, Manuela Castañeira y Jorge Ayala, buscamos hacer una síntesis de estos procesos que emergen desde abajo, postulando una alternativa socialista frente a los candidatos del ajuste.
La tarea de la hora es abrir nuestros equipos en todo el país para incorporar nuevas compañeras y compañeros; prepararnos para participar con todo en los piquetes del paro general del 9 en todo el país y lanzar una enorme campaña presidencial por una alternativa socialista.

Una cachetada para el gobierno y los sectarios

Aunque ya hicimos un primer balance “en caliente” de la movilización #Ni Una Menos, nos quedaron algunos aspectos más finos en el tintero y algunos debates para profundizar.

En primer lugar, queremos reafirmar algo con lo que no vamos a dejar nunca de insistir: medio millón de personas movilizadas por un objetivo progresivo, es en sí mismo un hecho que mueve la balanza social y política en favor de los explotados y oprimidos.

Hay que insistir en esto por varios motivos. Primero, porque la joven generación de luchadores y militantes pos Argentinazo no tiene ninguna experiencia de esta clase de acciones masivas, sólo han vivido acciones de lucha de vanguardia, aunque sea una vanguardia muy amplia como la que se moviliza, por ejemplo, los 24 de marzo.

Segundo, porque esa falta de percepción de la cualitativa diferencia entre “mucha gente” y “multitudes” está intentando ser aprovechada por un montón de actores políticos para minimizar el peso y el significado de esta inmensa acción popular. Ellos son: el gobierno K; sus voceros oficiales y no oficiales; las corrientes centristas que aunque no lo confiesen quieren defender al gobierno; simples sectarios que se sienten tan desubicados en las acciones de masas que se ponen enseguida a buscarles defectos; machistas de toda laya y grado; agrupaciones feministas que se incomodaron porque unas convocantes que no son “del palo” les quitaron el espacio; partidos como el PO, que ni siquiera fue al Congreso y que para justificar tamaño desastre político pretende que el hecho no existió; y sigue la lista. Hasta los medios están anunciando los nuevos femicidios diciendo que “el mismo día de la marcha mataron a otra mujer”, “a dos días de la marcha, otro femicidio”, etc., como si alguien hubiera anunciado que la movilización iba a hacer desaparecer por arte de magia a todos los psicópatas del país.

¿Por qué el número de gente movilizada es tan importante? 1) Muestra la magnitud de la barbarie a la que hemos llegado; 2) muestra que esa magnitud ya pasó el límite de horrores que la gente está dispuesta a soportar. Esta combinación de cantidad y calidad es lo que dejó al gobierno en descubierto. Más allá de los figurones de los medios, más allá de los funcionarios hipócritas que fueron, más allá incluso de las propias convocantes, la movilización dijo que aquí hay un genocidio y que el gobierno, como mínimo, no hace nada para pararlo. Y lo dijo de la única manera incontestable que hay: multitudes en el mismo lugar a la misma hora, multitudes de las que el gobierno no puede escapar. Ese fue el significado de la jornada del 3 de junio.

 La marcha fue objetivamente contra el gobierno

 Oficialmente no hablaron de la marcha hasta el día anterior, pero por abajo el kirchnerismo hizo de todo para desprestigiar la convocatoria. En los lugares de estudio y trabajo donde la gente se preparaba para asistir, los militantes K advertían que era una marcha contra el gobierno de partidos de derecha y de izquierda, que la gente iba a ser manipulada, que iba a ser como la marcha por Nisman y bobadas por el estilo. Taparon pintadas y carteles. Se unieron al coro machista en los lugares de laburo con la idea de que “una marcha no cambia nada”. Agitaron que “va la Pando” y “va Tinelli”, como si la marginal de la Pando le importara a alguien y como si el candidato K no hubiera ido al programa de Tinelli como primer acto de campaña.

También hubo presiones hacia las convocantes para que cambiaran el lugar de Congreso a Tribunales y para que sacaran del documento la denuncia sobre la falta de presupuesto y de aplicación de las leyes contra la violencia de género. Las convocantes, a pesar de ser partidarias del gobierno, mantuvieron su posición, y en su documento se pronunciaron además por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y reivindicaron al movimiento feminista.

Pero además, la mejor parte de la movilización empezó en realidad cuando las convocantes dieron por terminado el acto. Los cientos de familiares que se habían agolpado junto al escenario con las fotos de sus muertas, los ríos de gente que seguían llegando a la plaza, siguieron manifestándose y reconociéndose, y allí los cantos contra el gobierno de la batucada de Las Rojas fueron coreados por todo el mundo. Ni una sola voz de esas que escuchamos en otras ocasiones: “Chicas, no nos dividamos, acá estamos todos”… No, nadie en esa multitud dudaba de que al gobierno K le importa un pito la violencia contra las mujeres. Y en esa multitud estaban las mujeres de los barrios populares, las que cobran la AUH, los pibes y pibas que recibieron la netbook en la escuela pública, trabajadores y clase media baja…

 ¿Cómo seguir la pelea?

 Este hecho político de primera magnitud nos dejó una responsabilidad a los que luchamos por los derechos de las mujeres: organizar, al menos en parte, a esta corriente masiva de repudio a un aspecto central de la barbarie capitalista. La pregunta que mucha gente se hace después del 3 de junio, ¿cómo seguir?, tiene que ver con construir un movimiento unificado y con un plan de acción para exigir medidas concretas al Estado y al gobierno.

Las Rojas ya estamos llamando a plenarios abiertos en varias localidades, para empezar a discutir cómo aportar a esta tarea. El gobierno y sus aliados van a pelear para que la enorme fuerza que se mostró en la movilización se diluya. Tenemos que ser muchos para pelear por lo contrario, para que todo ese repudio se traduzca en un movimiento permanente y extendido que se dote de un programa para terminar con la violencia y con la insoportable desigualdad que sufren las mujeres.

En los plenarios, en los lugares de estudio y trabajo que se movilizaron, en las marchas de familiares de víctimas, vamos a llevar este debate y la convicción de que la bronca se puede y se debe organizar en un gran movimiento, que revolucione el Encuentro Nacional de Mujeres, que se plante con acciones unificadas por todo el país, y que siga tiñendo el año electoral con los sonidos y los colores de la lucha.

Te invitamos a sumarte con tus propuestas.

 Patricia López, Las Rojas-Argentina