Tras la gran “V”, el 9N en duda

Después de la gigantesca movilización del 11 de septiembre, crecen la tensiones entre el gobierno de Madrid y Catalunya

por Carla Tog,

La inmensa multitud que participó en la pasada Diada fue una expresión clara y contundente de la voluntad de la mayoría del pueblo catalán de ver concretado su derecho a decidir sobre su independencia de Madrid. Los casi dos millones de personas que marchando dibujaron la “V” en las avenidas de Barcelona, dejaron claro el mensaje: ¡queremos votar el 9N! Y se lo dijeron a la “comunidad internacional”, al gobierno de Rajoy en Madrid y también al gobierno catalán de CiU y sus socios de ERC.

En Catalunya, la Diada no recuerda un triunfo, sino que se conmemora una sangrienta derrota. El 11 de septiembre de 1714, después de una dura resistencia, Barcelona fue tomada por las tropas de los borbones, cuyos descendientes son hoy monarcas del Estado español. La derrota implicó la liquidación de las instituciones catalanas y la pérdida de la relativa independencia que había logrado desde hacía tiempo.

Pero, en este caso, conmemorar una derrota tiene su lógica, si se tiene en cuenta que, en un contexto económico-social y político profundamente distinto al del siglo XVIII, los borbones siguen reinando en Madrid y Catalunya sigue sin ser independiente.

En duda la consulta del 9N

Justamente, por la magnitud y el significado político de la demostración del pasado 11 de septiembre, la posibilidad de hacer efectiva la consulta el 9N está en duda por varios motivos.

El primero es la cerrada, intolerante y decidida postura del gobierno de Madrid de no ceder ni un milímetro, ni permitir consulta alguna, sea o no “vinculante”. Además, está el previsible fallo del Tribunal Constitucional de Madrid de prohibir el referéndum por considerarlo anticonstitucional. Por último, está en duda la consulta porque la coalición política que gobierna Catalunya (CiU y ERC) –que encabeza la “lucha por la independencia”– viene atravesada por una serie de tensiones y temores que ponen en cuestión que estén dispuestos a ir hasta el final en el proceso de autodeterminación.

Simplemente, el escenario es incierto. Eventualmente, todo esto podría desencadenar en una ruptura “desordenada” y violenta de la España de hoy, heredera del régimen del ‘78 (la Constitución que encauzó la “transición” desde la dictadura de Franco). Pero esto es algo que en última instancia difícilmente deseen ni Rajoy en Madrid, ni Mas ni Junqueras al frente de CiU y ERC en Barcelona. Por más nacionalistas que se reclamen, deberían estar dispuestos a un durísimo enfrentamiento con Madrid… en todos los terrenos.

Por eso, “¿qué pasará el 9N?” es todavía un interrogante abierto. Si el gobierno de Rajoy no da el brazo a torcer, como hasta ahora, ¿sacará igualmente Mas las urnas a la calle? Y si Mas pone las urnas para poder votar, ¿enviará el gobierno central fuerzas represivas y militares para impedirlo? Y si la consulta se realiza, ¿en qué condiciones y cómo se hará?

En este marco y ante la proximidad de la fecha y la presión social, todas las fuerzas políticas están entre la espada y la pared frente a un proceso que ya inició su marcha en 2012. Hoy, tanto frenarlo como desconocerlo acarrea enormes costes políticos. Lo cierto es que el 9N los catalanes quieren votar y decidir. Pero el gobierno de Rajoy está dispuesto a impedirlo hasta por la fuerza, y los partidos representantes de la burguesía catalana parecen no poder ni querer garantizarlo… por lo menos en ese terreno.

Los aprendices de brujo y las cuestiones nacionales que ponen en peligro al Estado español

Existe una seria cuestión nacional en el Estado español mismo. Es decir que bajo el régimen estatal, su monarquía, su gobierno y sus instituciones, existen varias nacionalidades históricas con personalidad propia, que fueron integradas más o menos a la fuerza. Eso también sucedió con los catalanes.

Esa cuestión nacional era clara durante la Segunda República (1931-1939). Luego fue falsamente escondida mediante la represión bajo la dictadura de Franco (1939-1975). Luego, con la “transición”, fue mal solucionada mediante la Constitución de las Autonomías. Hoy, bajo los golpes de la crisis, tanto de la economía como del régimen político, el Pacto Constitucional se agrieta y la cuestión nacional recobra fuerza.

El nacionalismo catalán, que existía desde antes, ahora recobra inusitada fuerza. Han operado dos actitudes antagónicas pero que han generado el mismo resultado: darle fuerza de masas y radicalizar los planteamientos independentistas. Estas dos actitudes antagónicas han sido, de un lado, la propaganda consciente y subvencionada por el dinero público del gobierno de la Generalitat a favor de la “nación catalana”; y del otro, la cerrazón del gobierno central, igualmente subvencionada con dinero público y su campaña provocativa contra el “secesionismo catalán”.

Efectivamente, desde Madrid, la actitud del gobierno de Rajoy no ha hecho sino fortalecer el nacionalismo catalán. Pero es preciso también reconocer que ha conseguido aislar ese nacionalismo del resto del Estado español cuyos pueblos hoy no simpatizan en general con la causa catalana.

Por su parte, el tándem CiU-ERC desde el gobierno de la Generalitat ha utilizado y propagado el fervor nacionalista a modo de cortina de humo para ocultar su política ante la crisis. En esencia, es la misma que la del gobierno central de Madrid: recortes del estado del bienestar, rescates bancarios, reducción de derechos democráticos, represión de las movilizaciones… Esa cortina de humo ha tenido un resultado contradictorio.

De un lado, ha confundido en gran medida al pueblo catalán sobre la identidad del enemigo: no sería el gobierno de Artur Mas sino sólo el gobierno central. Por eso, la crisis electoral del bipartidismo se ha traducido en Madrid en la debacle tanto del partido del gobierno (PP) como el de la oposición (PSOE). Por el contrario, en Catalunya, eso no tiene parangón, ni con la menor perdida electoral de CiU, ni mucho menos con el notable crecimiento de ERC.

Pero, por otro lado, esto ha generado radicalismo independentista que ni CiU ni la gran patronal catalana (que difícilmente quieran la independencia), saben hoy cómo revertir. Cual aprendices de brujo, han despertado un genio que ahora no se sabe si podrán controlar.

Con la movilización en las calles exijamos el derecho a decidir

La única garantía para que no se vea frustrada la voluntad del pueblo catalán de ejercer su derecho a decidir el 9N, es con la movilización independiente en las calles. Esto implica enfrentar en serio al gobierno central de Madrid, que le niega al pueblo catalán su derecho a la autodeterminación. Pero también, hacer frente a las maniobras de CiU-ERC, representantes de burguesía catalana.

No puede depositarse confianza alguna en esas fuerzas políticas, en ningún sentido. Incluso, aunque formalmente no capitulen a las presiones de Madrid, no pueden caber ilusiones en que vayan a enfrentar consecuentemente a Rajoy con la única arma eficaz en última instancia, que es la movilización permanente de las masas trabajadoras y populares.

En medio de la crisis económica y social –que sigue sin solucionarse tanto en el Estado español como en la UE– dieron impulso al “soberanismo” como medio de presión en las disputas por arriba de una “tarta” cada vez más pequeña.

Pero, asimismo, la política con que han conducido este conflicto ha contribuido a enajenar o reducir el necesario apoyo a Catalunya de los otros pueblos del Estado español.

Esto es doblemente decisivo, porque tiene que ver con la salida de fondo. En ese sentido, apoyamos incondicionalmente el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán (como también de los vascos, gallegos, etc.), que además implicaría el fin de una monarquía impuesta por la dictadura de Franco. Pero la salida de fondo no es la fragmentación en pequeños estados, bajo la bota de una Unión Europa que significa la dictadura, desde Berlín y Bruselas, del gran capital financiero. La única salida favorable a nuestros intereses es la libre asociación de nuestros pueblos en una República Federal de los Trabajadores y Socialista.