Elecciones europeas 2014, el papel de la izquierda

Como señalamos en el artículo dedicado a las elecciones europeas en general, uno de los datos centrales de la elección ha sido la victoria de Syriza en Grecia. Esto ha funcionado como un contrapeso a las votaciones obtenidas por las formaciones de extrema derecha, y significó objetivamente un cuestionamiento por la izquierda a la política de austeridad que la Unión Europea lleva adelante desde hace años. La elección de la izquierda en sentido amplio es de enorme importancia para la caracterización de la situación actual; además, la aparición de estas formaciones reabre una serie de debates en la izquierda y constituye hoy día una de las divisorias de aguas en la izquierda revolucionaria.

Lo que nos interesa en este artículo es volver sobre lo que esa votación (y en menor medida, la de Podemos en España, que ha sido la verdadera noticia de la elección en ese país, aunque no ha trascendido internacionalmente) expresa del estado de ánimo de las masas. Además, desarrollaremos aquí una crítica a las orientaciones estratégicas de este tipo de organizaciones, que comienzan a configurar una serie de “reformismo del Siglo XXI” frente al agotamiento y traición de la socialdemocracia clásica. Finalmente, repasaremos someramente la política de la izquierda revolucionaria europea (centralmente, el Secretariado Unificado, cuya principal sección es el NPA francés) frente a estas elecciones.

La “izquierda radical” en el centro de la escena

Desde 2012, la eventualidad de una victoria de Syriza en Grecia, en las elecciones generales realizadas ese año, catapultó a esa formación y a su principal dirigente, Alexis Tsipras, a la fama internacional. Desde ese momento, Syriza es un actor central de la vida política griega, y principal alternativa electoral a los conservadores de Nueva Democracia. Finalmente, se han alzado con la victoria en Grecia en estas elecciones europeas, victoria que se combina con aquella obtenida en las regionales de ese país, en las cuales se hicieron con el Atica, región que concentra el 40% de la población.

Como ya señalamos, sería de un sectarismo ciego no comprender que la victoria de Syriza refleja el rechazo de millones de griegos a la austeridad impuesta por la Troika: se trata indirectamente y con la distorsión del prisma electoral de una expresión de la heroica lucha que el pueblo griego viene librando contra el ajuste desde hace ya más de 5 años. En este sentido, significa un cuestionamiento a la política económica de la UE, y podría reforzar las movilizaciones en ese país: el gobierno de Nueva Democracia (que cuenta con apenas 152 diputados sobre 300) se encuentra fuertemente cuestionado, y se trata del principal garante del ajuste de la UE.

Más allá de las esperanzas que el movimiento de masas tiene en Syriza, y que hacen de la victoria de ésta un signo de que la pelea contra la austeridad no está derrotada, la tarea de la izquierda revolucionaria es clarificar las orientaciones estratégicas y los límites de esta organización. Ya nos hemos dedicado extensamente al análisis de Syriza, cuyos límites principales son tres: su “fidelidad” al euro y la UE; la falta de un programa anticapitalista y socialista claro; el hecho de constituir una alternativa eminentemente electoral.

En cuanto al primer aspecto, se trata de la piedra angular de toda la falsa alternativa de Syriza: pretender rechazar los paquetes de austeridad y quedarse al mismo tiempo en la UE que los garantiza, es una quimera que no puede llegar muy lejos. El problema es, justamente, que el armado histórico de la UE corresponde a los intereses de sus burguesías centrales e imperialistas: la francesa y la alemana. En ese contexto, se ha aplicado en el seno mismo de la UE una especie de subdivisión entre centro y periferia, con países como Grecia, Portugal, Irlanda y en menor medida España que establecen una relación de dependencia frente a las economías centrales: no por nada los acreedores de la deuda pública griega son los bancos franceses y alemanes.

En este sentido, la Unión Europea y el euro no son una “cascara vacía”, a la que bastaría con cambiarle el contenido. Al contrario, la propia razón de ser de la UE es la de cristalizar una relación desigual entre los estados miembros, favorables a las economías centrales: el euro es la correa de transmisión que permite llevar adelante este objetivo. Por eso, pretender, como lo hace Syriza, que Grecia puede mantenerse en el euro y rechazar los planes de austeridad no resiste el menor análisis.

Es por eso que a medida que iba acercándose a la posibilidad de gobernar, Syriza fue bajando el tono: de la anulación pura y dura del memorándum, se pasó a la simple “renegociación”. Para poder mantener los pies en el plato (es decir, en la UE), Syriza tiene que hacer los deberes y mostrarse como una opción responsable: se trataría, hoy en día, de los únicos que pueden “gobernar” Grecia, y eso implica establecer nuevas condiciones en los paquetes de rescate que tengan en cuenta las relaciones de fuerza que fueron desarrollándose en los últimos años.

El segundo aspecto que señalamos tiene que ver con el proyecto de conjunto de Syriza: se trataría de una especie de “capitalismo con rostro humano”, tan caro a las alternativas populistas de centro-izquierda que se desarrollaron en Latinoamérica en la última década. Es significativo en ese sentido que poco después de los resultados obtenidos en las elecciones generales de 2012, Tsipras se paseara por Latinoamérica para “alabar” el modelo de Lula, Evo Morales y Kirchner. Para Syriza, la salida devaluatoria de Argentina de la paridad dólar-peso seria el modelo a seguir para sacar a Grecia de su situación actual.

Pero Syriza se sube tarde al falso tren del “capitalismo amigable”: luego de una década en el poder, esos gobiernos se encuentran en una grave crisis que solo ha alimentado a la derecha más recalcitrante. El caso más ejemplar de esto es el de Venezuela: los límites del chavismo, que no logró cambiar radicalmente la estructura económica del país, lo han llevado a una verdadera encrucijada, y puesto sobre el tapete la posibilidad del regreso de los sectores más pro-imperialistas de ese país. En el contexto de la crisis económica del capitalismo, no hay ningún margen para variantes reformistas, para “edulcorar el capitalismo”: la alternativa cada vez más actual es socialismo o barbarie.

Finalmente, se trata de una alternativa puramente electoral: al contrario de las luchas que han atravesado Grecia los últimos años, la única perspectiva de Syriza es lograr ser gobierno, como si la acción parlamentaria fuera una fórmula mágica. En este sentido, los miembros de Syriza se han opuesto a algunas huelgas (como las de los profesores del año pasado), con el argumento de que alcanzaba con “esperar las próximas elecciones”; durante las movilizaciones contra Amanecer Dorado que siguieron el asesinato de Pavlos Fyssas, Syriza se negó a movilizar a las sedes de este partido, con el argumento de mantener el orden.

Pero la acción parlamentaria no puede de ninguna manera ser la perspectiva central: a lo largo de la crisis, gobiernos de distinto pelaje han pasado por distintos países, con un sólo denominador común, el respeto de la sacrosanta austeridad. Para derrotar los planes de la UE, no bastará ni con 50 ni con 500 diputados de izquierda: hace falta construir las huelgas, paralizar el país, tomar las calles de a cientos de miles. Al canalizar toda la contestación popular hacia las urnas, Syriza la lleva a un callejón sin salida, desmovilizando las peleas que se llevan adelante contra el ajuste.

La elección de Podemos

En el marco de la continuidad de la crisis la buena elección de la joven formación política Podemos ha dado la nota en estas últimas elecciones europeas en España. Cuando ninguna encuesta le daba más de dos escaños ha obtenido cinco con 1,2 millones de votos, situándose como la cuarta fuerza política más votada en el Estado Español y la tercera en Madrid. Asimismo, las fuerzas representantes del bipartidismo PP y PSOE, si bien se ubican en primer y segundo lugar respectivamente, perdieron varios escaños1.

Debemos decir antes que nada que esta importante elección de Podemos, no sólo por la nada despreciable cifra de 1,2 millones de votos, expresa varias cuestiones. Refleja el estado de ánimo de un amplio sector claramente contrario y contestatario a las políticas de austeridad de la Troika, harto del bipartidismo y de la corrupción que salpica a todos, incluida Izquierda Unida (coalición del Partido Comunista Español).

Podemos se presentó a las elecciones con un programa orientado a la construcción de una “Europa social” opuesta a la actual UE y con una serie de medidas y propuestas tales como el derecho al aborto, la autodeterminación de los pueblos, el control público de los sectores estratégicos de la economía, la separación de la iglesia y el estado, la expropiación de inmuebles vacíos para garantizar el derecho a la vivienda, el no pago de la deuda, la derogación de la reforma laboral y la ley antiterrorista, por señalar sólo algunas de las más significativas, que por ser tan “radicales” o “extremistas” irritan y asustan a la derecha y a la burguesía, pero que por eso mismo también ilusionan y entusiasman a miles, los miles que sufren las consecuencias de la crisis.

Propuestas como la reducción de los sueldos de los eurodiputados -los cinco diputados de Podemos no cobrarán más de tres veces el salario mínimo, 1.930 euros- o la de renunciar a viajar a Estrasburgo en primera clase atraen la simpatía de la población. Pero la solución no es ir en bicicleta al parlamento; hay que ir más allá. Se trata de poder realmente cambiar las condiciones materiales de vida, concretas, de los trabajadores y las personas.

En este sentido, acordamos con su programa (que no se diferencia mucho del de IU), en líneas generales. Pero contrariamente al discurso mayoritario de Podemos, la solución no es más democracia. No se puede ser consecuente hasta el final con este programa porque para que realmente se pueda expropiar y dar tierra y vivienda a todos, para que realmente las mujeres decidan sobre sus cuerpos libremente, para que los pueblos verdaderamente se puedan autodeterminar y para cumplir con todas estas promesas, el parlamentarismo no sirve, no alcanza: es en definitiva en las calles, en la lucha directa con los enemigos de clases, oponiendo una alternativa política y construyendo una relación de fuerzas favorables como los intereses de la clase trabajadora lograrán imponerse.

Además una cosa es lo que se escribe en el programa y con lo cual se hace campaña y otra es lo que después realmente se haga… Iglesias ya ha dicho que apoyará al líder de la izquierda radical de Syriza, Alexis Tsipras, para que sea el próximo presidente de la Comisión Europea. Con respecto al escenario político español, desde el principio Pablo Iglesias se mostró favorable a discutir con Izquierda Unida; luego de los comicios europeos, Pablo Echenique, diputado electo, declaró que había que formar un “frente popular” con organizaciones como IU.

En este sentido, su programa no se diferencia mucho en el terreno económico del de los “progresismos” latinoamericanos: auditoria de la deuda, “banca social”, mayor transparencia. En segundo lugar, se trata centralmente de una orientación “democrática radical”: más control sobre los mandatarios, más “transparencia en la toma de decisiones”, etc.; el problema es que no se trata de “más democracia” en abstracto, sino de comprender que la democracia actual no es “reformable”, que se trata de un sistema que garantiza la explotación de la clase capitalista sobre la clase trabajadora.

Como en el caso de Syriza, Podemos también hace aguas en el punto central de la política frente a la Unión Europea y el euro: en sus 36 páginas de programa electoral, ni una palabra sobre la moneda común o sobre la permanencia o no de España en la UE. Justamente, ese “democratismo radical” se refleja también en el terreno de la Unión Europea: de lo que se trata para podemos es de “reformar” las diferentes instancias de la UE, como si se tratara de plastilina y no de un proyecto histórico de la burguesía europea, que apunta a determinados intereses políticos y económicos.

Como señalamos, estas organizaciones aparecen hoy día como lo más “objetivo” a la izquierda de la socialdemocracia tradicional: efectivamente logran reflejar el descontento de un sector importante de la población, y su desilusión con los partidos “socialistas”. Sin embargo, su perspectiva estratégica sólo puede llevar a un nuevo fracaso: reformar la UE (y en primer lugar, no romper con ella), construir un capitalismo “responsable”, llevar todo por la vía electoral, sólo puede llevar a un callejón sin salida. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, que presentan características comunes con estas formaciones (y que les sirven en gran medida de inspiración), han demostrado los límites de este tipo de perspectiva. La tarea de la izquierda revolucionaria, precisamente, es de preparar las condiciones para que el fracaso del “nuevo reformismo” no sea el fracaso de toda la clase trabajadora.

La política de la izquierda revolucionaria

Es sobre estas coordenadas que tuvo lugar la intervención de la izquierda revolucionaria. Ya hemos desarrollado en otros artículos nuestras diferencias con las corrientes del trotskismo europeo: nos dedicaremos aquí específicamente a la posición frente a las elecciones.

La política de la corriente más importante del trotskismo europeo, el Secretariado Unificado, ha sido la de apoyar estas organizaciones de centro-izquierda que acabamos de describir. En el caso de España, Izquierda Anticapitalista, sección del SU, ha estado a la cabeza de la creación de Podemos: la diputada electa Teresa Rodríguez, segunda de la lista, es militante de ese partido, y varios de los dirigentes centrales de Podemos son de IA2.

Con respecto a Syriza, la posición es la misma: a pesar de que la sección oficial griega del SU forma parte de Antarsya, la dirección del SU había apoyado en las elecciones de 2012 a Syriza. Frente a las elecciones europeas, no han publicado ninguna declaración oficial, pero no deja de ser significativo el hecho de que, más allá de que la OKDE-Spartakos, que participa en Antarsya, siga siendo la sección oficial, el Secretariado Unificado haya aceptado a Kokkino como sección simpatizante, y a DEA como invitado permanente, dos organizaciones que forman parte de Syriza.

Esta orientación se ve confirmada además por la política llevada adelante en Francia. Allí, el NPA se presentó solo, obteniendo el 0,3% de los votos a nivel nacional. Sin embargo, esto no fue producto de una política independiente de la dirección mayoritaria: al contrario, el NPA realizó un llamado al Front de Gauche para realizar listas comunes, que éste rechazó. Es decir, que la “soledad” fue más bien impuesta por las circunstancias, y la política de la mayoría del NPA consistía en intentar editar en Francia un nuevo Syriza.

La política del Secretariado Unificado es, entonces, la misma que viene llevando adelante desde hace una década: la de la construcción de partidos “amplios”, sin delimitaciones estratégicas claras, con un acento electoral importante. Es esta política la que ha llevado a la disolución de su sección portuguesa en el Bloco de Esquerda, o a la crisis de su sección italiana.

Pero lo más significativo para la izquierda revolucionaria es la política de Antarsya en Grecia. Allí, más allá de las enormes presiones a las que están sometidos por el peso de Syriza, los militantes revolucionarios de Antarsya han decidido de levantar una voz independiente en las elecciones europeas, contra los planes de austeridad, y por la salida de la UE y del euro. Han alcanzado así en las elecciones regionales el 2%, y en las europeas menos del 1%.

Más en general, los camaradas de Antarsya se proponen la construcción de una organización revolucionaria, independiente, que se centre en las luchas de los trabajadores y no en las elecciones, con un programa claro de ruptura con la UE y el euro. En este sentido, se han delimitado claramente de Syriza, tanto en las elecciones generales de 2012 como en las europeas que acaban de terminar.

Por las razones que expusimos anteriormente, consideramos que el apoyo a las organizaciones de centro-izquierda electorales sólo puede llevar a un impasse. Se trata de los mismos sectores que durante años sostuvieron que Chávez había abierto “la vía al socialismo”, y que hoy en día son incapaces de explicar la crisis actual de Venezuela. No hay “atajo electoral” posible en lo que respecta a la construcción de las organizaciones revolucionarias: se trata al contrario de una dura pelea cotidiana, de lenta acumulación, que sólo puede realizarse mediante la participación activa en cada una de las luchas que se vienen realizando contra el ajuste.

En ese sentido, defendemos la construcción de organizaciones revolucionarias independientes, claramente delimitadas de Syriza, Podemos, el Front de Gauche y otras expresiones del reformismo europeo, que se limitan a una perspectiva puramente electoral. Al contrario, de lo que se trata es de construir la lucha en las calles contra el ajuste, de apostar a implantarse en los sectores centrales de la clase trabajadora. En ese sentido, la política de Antarsya es un punto de apoyo y un ejemplo a seguir para los revolucionarios. No podemos sino saludar la intervención de los compañeros, y seguir apostando a la construcción de fuertes organizaciones revolucionarias de vanguardia, que se propongan relanzar la pelea por el socialismo en este comienzo de siglo convulsionado por la crisis capitalista internacional.

1El PP obtuvo 16 escaños con el 26%; el PSOE 14 con el 23%; IU 6 con el 10%; Podemos 5 escaños con el 8%

2En Lucha, sección española de la IST, impulsada por el SWP británico, también forma parte de Podemos.